Comentarios seleccionados sobre su obra

Varios Autores

Michael Hernández Miranda

Palabras de contracubierta de Plano secundario.

La universal temática amorosa hila varias de las historias de este libro, en el que la fluidez de su escritura y el terso dominio de atmósferas y escenas dan cuenta de la feliz irrupción de una voz en ascenso. Sus situaciones, aunque pertinentemente microlocalizadas, pueden ser trasladadas a cualquier paraje de lo humano, dondequiera que existan seres sensibles debatiéndose en soledades, miserias existenciales, traiciones y esperanzas.

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Mariela Varona

Palabras de contracubierta de Rendez-vous nocturno para espacios abiertos.

Espectros y seres del mundo real conviven en estos relatos inconcebiblemente lúcidos. La frontera entre ciertos vicios citadinos de nueva aparición y las costumbres heredadas por el hombre rural, que ya no encuentra manera pura de serlo, se diluyen como demostración del torbellino cotidiano. Desgarramiento de la identidad, las otredades del sexo, situaciones límite en el devenir del cubano de a pie, se alternan en este libro con la atmósfera de secretos mundos posibles.

Escritos con la maestría del oficio y sin embargo con la impronta de la urgencia creativa, los cuentos de Rendez-vous nocturno para espacios abiertos destellan y conmueven, atrapan y estremecen. Las historias redondas constituyen un sello de Medina, pues consigue que estructura y tema jamás se estorben en estas piezas sin costuras y sobre todo, logra instalarnos en el sabor de una verdad que juraríamos que existe hasta que acabamos de leer estas páginas.

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Dunia Verdecia Carmenate, Editora

Palabras de contracubierta de la edición en la colección de La puerta de papel de Rendez-vous nocturno para espacios abiertos.

Con una ductilidad que abarca la tradición y la conjetura, lo fantástico y lo trillado, las diez piezas de este libro dan fe de una enorme capacidad de observación. Ello no resulta, empero, una pose del que puede escribir; el saber observar permanece enfocado hacia nosotros, y nos obliga a una lectura también sabia. Con bien calculadas vueltas sobre temas como la identidad, el honor y el destino, Rendez-vous nocturno para espacios abiertos es un suntuoso ejercicio de escritura, y al mismo tiempo una indagación en el proceder del hombre cuando éste no tiene más juez que su pensamiento.

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Fidel Fidalgo Moncada

Editor y presentador de Sarubí, el preferido de la luna,

En Sarubí, el preferido de la luna, el autor ha recreado, en una fantasía heroica, el mundo en que se mueven estos duendes de los montes y las aguas, con los valores universales de todas las épocas por las que ha transitado la humanidad, sin ñoñerías ni paternalismos y sin pretensiones didácticas, si no, con la esperanza de que un mundo mejor es posible y que aceptaremos al entrar a estas páginas cargadas de sabiduría y de un interesante manejo de la palabra en el buen arte de contar al que ya nos va acostumbrando Emerio, esta vez, apuntando al lector más sincero que podemos tener.

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Laidi Fernández de Juan

«Sarubí el preferido de la luna: un asombroso libro antiguo»

Una de las primeras virtudes que asombra en este volumen que me atrevo a considerar una novela para niños y jóvenes, es su exquisito lenguaje. A la vieja usanza de los libros infantiles, no aparecen vocablos conocidos, ni nombres propios comunes. Tampoco las descripciones de la flora y la fauna, que con tanto esmero el autor adorna, resultan conocidas. Una elocuente belleza se va desbordando en la medida en que se visitan, se conocen, se recorren los caminos por donde transitan los tres mosqueteros de esta novela, sorpresivamente no humanos. Parecería difícil que con las características mencionadas, este libro pudiera atraer al más exigente público lector, si se tiene en cuenta que los niños y jóvenes (en términos femenino y masculino) prefieren el acercamiento a temas por ellos manejables, de fácil acceso y de rápida comprensión. Sin embargo, nada más alejado de la realidad. Nombres como Rudel, Aruní, Quelot, Yapeté, Capul, Alupí y quien da título al libro: Sarubí, provocan desde las primeras páginas, una curiosa fascinación. No sólo por la rareza de cómo se llaman, sino por la esencia misma de quiénes son. Se trata de güijes nada más y nada menos. Profundamente arraigados en nuestra cultura, estos extraños personajes pertenecientes a la sabiduría popular, que suscitan una mezcla entre simpatía y miedo, son las figuras primordiales. Su autor, Emerio Medina, con evidente empeño en adentrarse en lo más raigal de nuestras tradiciones, apuesta por la imaginería y la convierte en generadora de criaturas que según él, existen.

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De belleza antigua está bañada esta novela, al mismo tiempo que de un aprendizaje que por hábil, deviene inolvidable. Nada de lecciones moralistas, apiñadas u obvias hallaremos en los dieciséis capítulos que componen el libro, pero sí elevadísimos conceptos que deben guiar la conducta cuando se intenta educar a niñas y a niños. El diablo, personaje malvado por antonomasia, e importante para la solución del conflicto que enfrenta el protagonista, se lamenta de no tener amigos. Al menos de uno que sea capaz de arriesgar la vida por él. Sólo tienes que hacer el bien y verás que todos te querrán, dice Sarubí. La naturaleza depredadora de los humanos es reprochada una vez más, pero de un modo tan elegante, que pudiera pasar inadvertido el regaño, si no fuera por el momento preciso que escoge el autor para introducir el tema, escapando hábilmente del retoricismo.

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Orestes Martín Solís Yero

Palabras de contracubierta de El puente y el templo.

La expansión progresiva del espacio y el tiempo es el efecto fundamental que producen las historias de este volumen. El autor, dueño de una prosa cuidada y flexible, al punto de mostrar lenguajes diversos en cada relato, es capaz de explotar con maestría los conflictos vitales de los personajes, marcados por la crueldad y la belleza.

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Miguel Mejides

«Miguel Mejides, disquisiciones de un jurado»
Tomado del artículo «El cuento tiene que contar» de Pedro de la Hoz

Fue una grata sorpresa para mí descubrir a un autor nuevo para mí. Yo no conocía ni siquiera había leído un texto de Emerio Medina. De modo que no es extraño que la proclamación de su obra como ganadora del Premio Julio Cortázar haya causado sorpresa en los medios literarios de la capital. De lo que estoy seguro es de que cuando el texto se haga público tanto la crítica seria, como los lectores van a encontrarse con una narración atractiva, ingeniosa, exigente y reveladora de un escritor que, al menos en este caso, ha sabido contar algo que es sumamente interesante, y que refleja, de una parte, la herencia de lo mejor del género entre nosotros, y de otra, la percepción de realidades y conductas muy cercanas en el tiempo.

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La vocación literaria de Medina confirma algo que ya sabemos pero en lo que conviene insistir: la existencia y el desarrollo de los talentos a lo largo del país. Sin embargo, no deja de verse todavía como cosa extraordinaria que un autor tenga éxito fuera de las capillas literarias, que no solo funcionan en La Habana sino en otras provincias, ni que provenga de un ámbito, como es el caso de Medina, aparentemente ajeno a los menesteres intelectuales. Él es ingeniero. Sentí al leer su relato que es un escritor que siente la necesidad de expresar vivencias y situaciones, y que posee herramientas para hacerlo.

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Del acta del Jurado

Palabras de contracubierta de Los días del juego y otros relatos

Sobre la narración «Los días del juego», del cubano Emerio Medina, señala el acta del jurado que le otorgó el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2009: «Hace con éxito una especie d viaje de regreso a las virtudes clásicas de la fábula, el arte de contar historias, y al mismo tiempo, emulsiona con mucho vigor la experiencia sentimental del sujeto en un mundo lejano y, a la vez, cercano».

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Laidi Fernández de Juan

Palabras de contracubierta de Café bajo sombrillas junto al Sena.

Emerio Medina no parece ser un autor que se deje intimidar por una moda, por una tendencia o por la avidez del mercado. Ni siquiera le interesa experimentar. No busca temas que no hayan sido tratados sino que concentra la fuerza de su lenguaje en contarnos anécdotas con la mayor cantidad de vocablos posible. Podría decirse que algunos de los profundos dolores que padecemos hoy están reflejados literalmente en este libro bajo el manto de una metáfora exacta, una peripecia que nos parece conocida, pero que en el modo de contar resulta original. Emerio inventa historias de pseudoamor, de mezquinas maniobras, y nos hace sentir solidarios ante las víctimas