El descubrimiento de un narrador

Café bajo sombrillas junto al Sena

Graziella Pogolotti



Café bajo sombrillas junto al Sena, de Emerio Medina, ediciones Unión  2010, es un texto que señala una ruptura respecto a una zona considerable de la narrativa cubana de los últimos veinte años. Sin desconocer aspectos sensibles de la realidad nacional asociados a la crisis que siguió al derrumbe del campo socialista europeo, no reducidos tan solo a las condicionantes de la vida  material, supera el costumbrismo que matiza muchas obras recientes. Por  razones explicables a través de un análisis histórico-sociológico más que literario aparecieron con fuerza en los últimos decenios asuntos vinculados a los  tradicionales tabús en torno a la sexualidad, así como aquellos que  acusaban síntomas de un deterioro de valores. El jineterismo, la estampida de los  balseros, la violencia intrafamiliar configuran un referente contextual,  señales  todas de un lugar en el tiempo y en el mundo. Con una perspectiva  ambivalente,  situada dentro y fuera del personaje, el escritor explora, en asedios  progresivos, el magma oculto en lo profundo del sujeto, siempre, en lo esencial,  un solitario. El pausado desarrollo de la trama conduce a un desenlace  abrupto,  cuando ya irremediable en tanto súbito despertar a la verdad. De ese  precipicio  dramático se desprende, sin embargo, por el artificio utilizado en la  construcción del relato, un compromiso participante en el ejercicio de la  lectura de profunda raigambre solidaria.

Ante la mirada del balserito, recostado en la lancha impulsada por el suave  ronroneo del motor, se yergue la imponente figura del padre y se escucha  su voz autoritaria. Nada extraordinario parece suceder. Su atención se centra en la niña que también viaja hacia un mismo destino, ya desmadejada. Sin  palabras,  se  reconoce en la angustia de ella. En los recuerdos –la despedida de la  madre, el  despertar de un amor no consumado- se acumula el registro de las pérdidas. Tiende las manos hacia las gaviotas en reclamo silencioso de un suave  picoteo. El desastre previsible se precipita. Hundida la embarcación, las gaviotas  han devorado los ojos del niño. Todo ha transcurrido a través del encadenamiento  estricto y suficiente de imágenes visuales mediante una puritana economía  de  medios expresivos.

Al modo de parábolas, los cuentos de Emerio Medina replantean las interrogantes que, desde tiempos remotos, contribuyeron a entretejer los vínculos entre cultura y valores, sustentados en una reflexión acerca de la condición humana.  De acuciante actualidad, en Cuba y más allá de los límites de la isla, las  circunstancias particulares de nuestro contexto establecen una  articulación  orgánica con problemas que trascienden lo local. Se trata ante todo, de la patética orfandad de la criatura humana, asediada por la ambición y la  violencia, por la búsqueda de una felicidad ilusoria, atrapada en las  fronteras de su soledad. Absortos en sus conflictos, incapaces de desentrañar las  señales  del mundo que los rodea, solitarios, los personajes de Emerio medina  sobrepasan  lo coyuntural, navegan sin rumbo y se replantean, en términos  contemporáneos,  las interrogantes fundamentales que han animado desde siempre la creación  literaria. Ahora, solo nos queda esperar por la publicación de su reciente  premio Casa de las Américas.