
En «Los lobos», Emerio Medina aborda una historia a primera vista intrascendente, que no anuncia mayores sobresaltos. Observada más de cerca, el lector descubre ondulaciones profundas, hipnóticas, como las lentas evoluciones de un animal acuático. El arranque es cadencioso: «La idea de ver lobos marinos me gustó desde el principio. Patricia los mencionó en la calle Sarandí cuando almorzabamos juntos en una mesa al aire libre y el sol de la primavera naciente me calentaba la cara». Abundan los acercamientos visuales. La heroína mordisquea una manzana: «Dejaba que la lengua recorriera un amplio espacio sobre la corteza roja y en un impulso lento arrancaba un pedazo minúsculo con los dientes y masticaba con calma». Todo aporta cierto aire de música de cámara. La que interpreta el cuarteto (si contamos los compases finales de los lobos marinos) que forman el narrador, un escritor cubano de visita en Uruguay, su anfitriona argentina y Gustavo, «un hombre maduro y enjuto», profesor por más señas, al parecer una celebridad local.
Asistimos al almuerzo de nuestro escritor con la belleza argentina, dúo inicial al que se suma Gustavo, que parece cortejar a la mujer. Los dos no muestran mayor interés por el cubano, quien decide alterar el ritmo de la tarde, introducir las discordantes notas de un relato más o menos pormenorizado sobre las escabrosas prácticas sexuales de ciertos adolescentes en Cuba. La escritora reacciona incrédula: «Vos estás bromeando?» y se ruboriza luego, escandalizada. Pero el cubano le ha ganado la partida al local. La mujer desplaza su interés hacia el mensajero de tan bárbara otredad, pide detalles. Tras plática tan intensa solo queda ir al puerto a ver los lobos marinos, el único elemento exótico en aquel balneario tan preñado de gente de bien.
El texto es fecundo en tramas. Sus personajes aparecen muy bien delineados. Bien pudiera tratarse del arranque de una novela. Abre, sin embargo, el libro de cuentos La línea en la mitad del vaso, con que Emerio Medina ganó el Premio Alejo Carpentier del año 2016. Cinco cuentos integran el volumen de 104 páginas en el que lo cubano se presenta al sesgo con una prosa tamizada, evocativa.
Confieso que no conocía la obra de Emerio Medina. Entiendo que desde ahora buscaré sus otros libros. Invito a los lectores de OtroLunes a que hagan otro tanto.