Tengo hoy el privilegio de presentar el octavo, si mi memoria no me coloca ante una celada, de presentar el 4to de los libros de cuentos de Emerio Medina: Una cita en Estambul. Se diría que esta no es, en puridad, una cita en Estambul, esa ciudad mítica del Bósforo, la antigua Constantinopla, cita, la del libro, macabra, sino una cita en Holguín, esta ciudad no menos mítica, de escritores y parques, de una Loma con una Cruz, de calles trazadas en ángulos rectos, ciudad que tiene, muy cerca, a EM, ese autor prolífico que en su morral carga más premios que algún otro, que en un medio donde culebrean rencores y petulancia es un hombre ajeno a tales bacterias, con la conciencia, sin embargo, de ser quien es, EM a quien tengo también el privilegio de llamar mi amigo. Porque esta, la de Holguín, no es cita macabra, es cita de amigos. Y para los que descrean de los premios, porque los premios se los inventamos a la realidad, los premios son acontecimientos extraliterarios, pues ahí está esa realidad, fuerte, sana y vigorosa, que son los libros de EM. Que es este libro.
Veinte cuentos contiene este libro. Veinte. Un poliedro de 20 caras recibe el nombre de icosaedro. La primera dentición, cuando se completa, exhibe 20 dientes. Algunos de estos cuentos inéditos, de su 1era fase, ese primo tempo en que soñamos escribir muchos y buenos cuentos, primo tempo de denticiones primeras, que delatan lo que un día se fue, eso que un día fue EM, sus elementos iniciáticos, primigenios, sus tics, modus operandi y temas de un día, simiente que tiempo y esfuerzo y soles y golpes y hechos de vida llevaron a hacer crecer, para devenir eso que es hoy EM, los tics, los modus operandi y los temas de hoy, esos que de seguirse las huellas en este libro con olfato de sabueso lector, se muestran como herederos de aquellos otros, los brotes primigenios y exultantes de este libro.
Una vez más, fiel a su leitmotiv, a su pathos, a su imaginario, a eso que anda y desanda detrás de la piel de ese narrador de recia estirpe que es EM, asoma la mixtura Absurdo / Realismo, mixtura que va a signar la obra cuentística y hasta novelística de EM. Fantasía / Realismo, prefiere llamarle EM. Porque realidad y absurdo en EM se mixturan con la naturalidad del agua que de dos arroyuelos acude a la misma poza, aguas que nunca han definido único cauce, que viven ahí -quién más real, quién más absurdo, cauces que se desdibujan, se desmoronan, se desvanecen. La cosa realidad está ahí pero lo que se respira es otra cosa. Veamos sino ese cuento que es EL MURO. Kafkiano, pudiera decirse. Emeriano, preferiría decir. En una supernova la implosión ocurre ante conflictos de masa y densidad. En estas historias la densidad del absurdo, lenta, insidiosamente, vulnera la realidad, esa realidad que es la masa, para colocarnos, de golpe y porrazo, más bien de un empujón no anunciado, en una tierra otra, en la cual desde la aparente realidad de todo el cuento se llega, vehiculado desde un soberbio empujón, al absurdo que lo resuelve e imanta todo. Se trata de un equilibrio inestable, un sistema donde impera un realismo absurdo. O una fantarrealidad.
En esta fantarrealidad tienen los mitos un papel muy especial. Mitos emerianos. EM no cabalga sobre mitos / ritos que llegan desde el cauce de la historia, EM crea los suyos, que no por suyos dejan de parecer reales. He ahí cuentos como ERA DICIEMBRE. Un insólito rito de iniciación, dos viejos ahogan a un chico de 13 años para, más tarde, acudir al sitio del ahogamiento, regresar al chico a la vida tras el convite a una sopa. EM nos hace deglutir a nosotros, sus lectores, la sopa de lo Kafkiano. Ahí está PLANO SECUNDARIO, un pintor se funde con su lienzo, eso para que los críticos desbarren con soberana ignorancia. He ahí también LA BODA, un no menos extraño, y muy emeriano, rito, esta vez nupcial. Todas recreaciones de mitos desde la fantarrealidad, esa fantarrealidad guajira koljosiana de EM; porque si respira en ERA DICIEMBRE un innegable hálito eslavo, un inocultable olor a samovar ruso y acanelado tono de isba de roble, en la LA BODA nos anega la sospecha de rotunda y campesina cubanía. Un detalle insoslayable: EM mixtura el absurdo y su genésica ritualidad con los entretelones mismos de la realidad social, si en nuestro mundo un viejo se procura los favores sexuales de una chica pago mediante EM nos presenta la escena, nos hace respirarla, para, una vez creído seguro el supuesto entorno y enhiesta nuestra muy santa lujuria, hacer reptar una bandada de chicos por una pared, hecho este que va a deshacer, en minutas kafkianas, emerianas, el entorno social y la lujuria.
Entre los modus operandis más emerianos, más personales, de EM, lo dije en una ocasión, está el elegir para muchos de sus cuentos, comienzos in media res. Comienzos que arrancan a mitad del cuento. En mitad del asunto. Inicios que demandan el uso de flashbacks / flashforwards, analepsis y prolepsis, virtualidad que es ir y venir en la cinta del tiempo de una historia, para recolocar a personajes (y recolocarnos a nosotros, sus lectores). Así ocurre en UNA CITA EN ESTAMBUL, uno de los mejores, sino el mejor, de los cuentos que aparecen en este libro.
He ahí también el empleo de recursos anaforizantes, algo muy en la música, o en la poesía. Recordemos la forma sonata o el rondó. Los temas fugados. Recordemos la anáfora, ese recurso que nos llega desde la retórica. Muchos de los cuentos de EM se levantan como “narraciones en espiral”, poseen cierto ritmo interno a partir de fraseos dominantes a los que se regresa una vez y otra durante todo el cuento. En EM este recurso sostiene las piezas, las desarrolla, las lleva al final. Fraseos, palabras, motivos, acciones, nombres, van a aparecer una vez y otra en tanto asciende la historia, de inicio a fin, y la historia asciende desde (y por) ellos. Son temas fugados, el autor los emplea como peldaños para, peldaño a peldaño, llevar arriba el texto, arriba a los personajes, y con ellos, llevar arriba a sus lectores.
EM se especializa en cierres abruptos. No creo que en la cuentística cubana actual existan, cuantitativamente hablando, tantos cierres abruptos y, cualitativamente, tan abruptos, y particularmente tan bien abruptados, como los empleados por EM. La pieza no pocas veces se articula pensando, preparando (de alguna manera anunciando) esos cierres abruptos. Voy a repetir algo expuesto en pasadas presentaciones: se tiene la impresión de que el autor ha construido esos cuentos… desde el final. Cuentos como caligrafía árabe. Cierres en apenas una frase, una oración, unas pocas palabras, cierres que no pocas veces van a definir el nivel de realidad de la historia. Desde la letra mayúscula inicial hasta las primeras letras de la última oración EM obligará al lector a moverse en una historia real, para, en las cuatro /cinco palabras previas al punto final, esas, las postreras, abrir la puerta, más bien descerrajar la puerta, y de ese empujón no previsto, no esperado, llevarnos, asombrados y de bruces, a la realidad otra de un cuento otro. En EM el clímax de la historia no es aristótelico, no se ubica a la clásica mitad, se ubica al final. Son finales emerianos, de fuerza inusitada.
En la literatura cubana, en especial la escrita por los más jóvenes, asoma el espectro de cierto mimetismo temático / estilístico, Gina Picart lo denomina “instinto gregario”; Yoss ¨relaciones incestuosas” y yo mismo alguna vez lo he llamado hibridaje. En no pocos casos no se logra personalizar procederes. O temas. Se padece de cierta homogeneización. Suprímase el nombre del autor de la portada del libro y pocos entendidos alcanzarán a desambiguar el estilo para desambiguar al autor. EM exhibe QUE y COMO propios, temas y estilo muy emerianos, porque EM se ha hecho de un estilo, un estilo por demás elegante, diáfano, exacto, estilo en el que no sobra ni falta algo, muy ajeno al common land, nada incestuoso, cero híbridaje. Son procederes que lo identifican. Lo hacen ser quien es. Inconfundible. Suprímase el nombre de EM de la portada de este libro. Todos sabremos que está escrito por EM.
Ahí está el uso de oraciones cortas, nerviosas, llegadas a retazos, a golpes de látigo, una marcada economía de lenguaje, una sintaxis sui generis, como la empleada en El martillo y la hoz, el uso de la muy difícil 2da persona -asombra incurra en ello repetidamente, una muy cuidada y elegantísima 2da persona-, como esa voz indefinible que nos habla en CANCION DE MAYELIN; esa otra voz que asoma, de fuente no menos imprecisa, en USTED RECUERDA ESE OLOR. Y está la ausencia de sexo, de sexo explícito. En EM se insinúa, flota, gira, coquetea, parece anunciarse, y… ahí se queda. El sexo en estos cuentos es, una vez más, una cosa otra. Puede ser el chasis de estos cuentos, nunca las ruedas. La luz, nunca lo que se ve. No existen en EM felaciones, menage a trois, penetraciones, masturbaciones, sexo en grupo, gays, lesbianas, eyaculaciones, coitos vaginales o anales. Nada. Cero. No se piense en una literatura asexuada repleta de personajes asexuados. Por el contrario. El sexo flota ahí. Y es un flotar muy insinuante. Por momentos inquietante. El sexo respira y se hace respirar. Son historias muy sexuadas…sin sexo.
Una urdimbre filosófica marca alguno de estos textos. Una épica distópica, si la hubiera. Porque el desastre en EM rara vez resulta individual, aislado, rara vez involucra a un solo ser. Involucra al dúo o al grupo, es gregario, de todos. Es la épica gregaria y utopista del Boom mixturada con la distopia carnavalizante e individualista del post boom. Ello crea una muy rara épica distópica. En el Boom los personajes luchaban colectivamente contra el entorno. En EM el entorno parece luchar contra los personajes. Y casi siempre vence el Entorno. Los personajes son reses, el entorno el matadero.
Los personajes de EM, inmersos en esa distopia, son outsiders. No son los outsiders típicos del dirty realims. O el outsider estepario Hessiano. Es un outsider otro, muy Emeriano: un pobrecito. Los personajes de El viejo, el funcionario y el pez, los 3 son outsiders, incluimos al pobre pez. Lo mismo para esos pobrecitos que recorren La Habana en LOS BARCOS TERMINADOS. No serán outsiders a lo lobo estepario. Ni a lo Bukoswky. Ni a lo Pedro Juan. Serán outsiders agónicos. Pobrecitos. Digámoslo otra vez: Emerianos. La distopia aullará a puro aullido en este libro, he ahí el absurdo de EL MURO; una sociedad dividida por un muro que la aísla y la aprisiona -vaya premonición cuando un multimillonario orate devenido amo y señor desea fabricarnos algo similar en la frontera norte mexicana- he ahí esa otra distopía que se enseñorea desde el deseo, Eros devenido asco, en EL BESO, un chiquillo erotizado por una joven sexualmente entrenada, bella, sexy, para el chiquillo será el primer beso, una lengua ajena deambulará dentro de su boca, un beso, el non plus ultra del deseo que de la mano del asco devendrá esta vez plus ultra para la distopia.
Urge referirse a lo lúdico literario en EM, ese recrear historias de otros, meterse debajo de la piel de esas historias para desde la piel de la muy cubana realidad hacer surgir una epidermis otra. He ahí historias como LA LECCION, un chico entrega a Don Miguel de Cervantes y Saavedra el manuscrito de El Quijote para que el Manco de Lepanto se lo apropie; una 2da aparición de lo cervantino, esta vez de su personaje, en EL TERCERO, visita de Don QUIJOTE a nuestras ciudades para ser denunciado a las autoridades, tras hacérsele sospechoso, a la Presidenta de un CDR. No olvidemos El AGUJERO, Gregorio Sánchez, escolar cubano, émulo del Gregorio Samsa kafkiano, despierta una mañana con un agujero en mitad del pecho.
Acá está, pues, UNA CITA EN ESTAMBUL el 8vo de los libros de cuentos de EM, el 4to que he tenido el privilegio de presentar. La cita no ha sido en esa ciudad dividida por el Bósforo, ha sido en nuestra muy cubana Holguín, ciudad mirada desde lo alto por una Cruz. EM, que alguna vez navegó bajo el puente que une ambas mitades de Constantinopla, ese autor prolífico que en su morral carga más premios que algún otro, que vive ajeno a petulancias en su no menos mítico Mayarí, y a quien tengo el privilegio de llamar amigo, nos ha regalado, agradecidos todos, un nuevo libro. Para los que descrean de los premios, acontecimientos puramente extraliterarios y vanos y fatuos, ahí está esa realidad, fuerte, sana, vigorosa, ese acontecimiento, este sí, puramente literario, que es este nuevo libro y excelente libro de EM.
Muchas gracias.
