Presentación en la UNEAC de Los barcos terminados, novela de Emerio Medina

Sobre la novela Los barcos terminados

Rafael de Águila


Tengo hoy el privilegio de presentar el sexto de los libros de cuentos de EM, Los barcos terminados, Ediciones Unión, 2015. Con el séptimo acaba de ganar el premio Alejo Carpentier. Resulta común que los escritores tratemos de lograr para nuestros libros un presentador que, de alguna manera, honre y prestigie el libro que se presenta. En este caso es el libro y este colega que tengo acá a mi lado quien prestigia y honra a este presentador. EM es quizá el narrador cubano que, afanado en el cuento, ha ganado en los últimos años la mayor cantidad, se diría que casi la totalidad, de los más meritorios premios. Y para los que descrean de los premios, porque los premios se los inventamos a la realidad, los premios en puridad son acontecimientos extraliterarios, pues ahí está esa realidad, fuerte, sana, vigorosa, que son los libros de EM.

Alguna vez escuché decir que EM era un narrador lleno de trucos. Yo prefiero llamarle oficio. Mago sin oficio no tiene trucos. Mago sin trucos no tiene oficio. No es mago. A los iniciados los trucos les cuecen las manos. Los conejos no les salen del sombrero. Los buenos escritores son como buenos magos. Tienen muy buenos trucos, y los conejos, todos los conejos, les emergen muy vivos de los sombreros.

Trece cuentos contiene este libro. Trece. Cualquier otro habría eludido esa cifra. Pero los magos, los dueños de los buenos trucos, no temen a la numerología. Ni a la mala suerte.

Vamos a intentar desentrañar algunos de los trucos de los que se vale EM para escribir sus cuentos. Apenas unos pocos porque esos otros, la mayoría, los mejores trucos, esos que levantan y alzan una obra, que la hacen meritoria, esos, son imperceptibles.

En primera instancia abordemos el Espectro temático de este nuevo volumen de cuentos. Esa mixtura Absurdo / Realismo que lo caracteriza. O Fantasía / Realismo, como prefiere llamarle EM. El autor se mueve del absurdo al realismo y viceversa. Una ciudad en la que no sale el sol… (La noche larga); unas chicas que danzan desnudas a un lado de un campamento de hombres….(La villa);… un antílope echado en un balcón; un hombre al que le corretean por encima hombres diminutos. La realidad y el absurdo en EM se mixturan con la naturalidad de quien intuye que las fronteras entre uno y otro nunca han logrado definir lindes, que viven ahí, invadiéndose, -quién más real, quién más absurdo- complementándose, delineando vasos comunicantes, enlazando océanos. Fronteras que se desdibujan, se derrumban, se desvanecen, a menudo en la última oración o las últimas frases del cuento. A los finales de EM volveremos más tarde. EM fabrica un realismo absurdo. La realidad está ahí pero lo que se respira es otra cosa. EM hace implotar la realidad en sus cuentos. En una supernova la implosión ocurre ante los conflictos de masa y densidad. En estas historias la densidad del absurdo va, lenta, insidiosamente, vulnerando la realidad, esa masa que es la masa, la piel de la realidad, el non plus ultra de la realidad,  En estas historias la densidad del absurdo, de la fantasía, va, lentamente, vulnerando la masa, la piel, el non plus ultra de la realidad, para colocarnos (recolocarnos) de golpe y porrazo, más bien de una patada, al final, en apenas tres/cuatro palabras de la última oración, en una tierra otra, de la aparente realidad de todo un cuento se llega al absurdo que lo resuelve en apenas tres / cuatro palabras de la oración final. Un realismo absurdo. O una fantarrealidad.

Aquí y allá, ocultos entre el paisaje común, el autor coloca sutiles artefactos, tropezará con ellos el lector, sospechará de ellos, mas solo al final advertirá su logos, su esencia, su entelequia. Piglia y su revolver de la página 7, ese que será obligatoriamente disparado en la página 23. 

La dramaturgia aristotélica nos ha legado, desde la Poética, una tipología estructural, según la cual toda historia resulta tríptica, inicio, clímax y desenlace. Ese mago que es EM tiene trucos para cada una de las partes de esta tipología. De alguna manera, además, hace estallar una de ellas.

Comienzos in media res. Este podría ser uno de los “trucos” mas emerianos, más personales, de EM. Precisamente la magia del oficio lleva a este narrador a elegir para estos cuentos comienzos in media res. EM idea para algunos de sus cuentos una suerte de comienzos que arrancan a mitad del cuento. En mitad del asunto. Inicios trucados. Inicios que demandan (a modo de desambiguar y recontextualizar) el uso de flashbacks / flashforwards, analepsis y prolepsis, esa virtualidad que es ir y venir en la cinta del tiempo de una historia, para recolocar a personajes (y recolocar a lectores). Así ocurre en La villa. En muchos.

Recurso anaforizante como plataforma de desarrollo. Uno de los procederes más marcados de EM resulta el empleo de ritornelos o recursos anaforizantes, propios de la música, o de la poesía, para llevar adelante sus textos. Recordemos que la anáfora, como recurso, nos llega desde la retórica. Alberto Marrero llama a esto “narración en espiral”. Estos cuentos poseen cierto ritmo interno. Cierta recursibilidad. De alguna manera respiran. Y la anáfora es la respiración de estos cuentos. Ciertas formas musicales muestran un tema dominante al que se regresa una vez y otra durante toda la pieza. Recordemos la forma sonata o el rondó. La fuga. De alguna manera ese recurso sostiene esas piezas, las desarrolla y las lleva al final. EM echa mano a esas iteraciones de temas dominantes en función de sostener, desarrollar y llevar adelante sus textos, son textos cuyo desarrollo acaece en espiral, de ahí que frases, palabras, motivos, nombres, aparezcan una vez y otra en tanto asciende la historia, de inicio a fin, y la historia asciende desde (y por) ellas. Son temas fugados. Y el autor los emplea como peldaños. Peldaño a peldaño va a llevar arriba el texto, a sus personajes, y con ellos, a todos nosotros, sus lectores.

El cierre abrupto. EM se especializa en ellos. No creo que en la cuentística cubana actual existan, cuantitativamente hablando, tantos cierres abruptos y, cualitativamente, tan abruptos como los empleados asiduamente por EM. La pieza no pocas veces se articula, dato que se ofrece aquí o allá, esas minas caza lectores, pensando y preparando (de alguna manera anunciando) esos cierres abruptos. Se tiene la impresión de que el autor ha construido alguno de estos cuentos… desde el final. Cuentos como caligrafía árabe. El autor nos sorprende con cierres en apenas una frase, una oración, unas pocas palabras, cierres que definen el nivel de realidad de la historia (y definitivamente la descubren). Desde la letra mayúscula inicial hasta las primeras letras de la última oración EM obligará al lector a moverse en una historia real, para, en las cuatro /cinco palabras previas al punto final, esas, las postreras, abrir la puerta, más bien descerrajar la puerta, de una patada no prevista, no esperada, fenomenal, para dejar libre, ante todos los asombros, los alisios del absurdo o la fantasía. Si antes elegía inicios in media res, ahora urde finales que mixturan clímax y resolución. Porque en EM el clímax de la historia no es aristótelico, no se ubica a la clásica mitad, se ubica al final. Son finales emerianos, de una fuerza enorme.

Estilo propio. En nuestro entorno tiene lugar un fenómeno con arreglo al cual asoma el rostro el espectro (no precisamente ectoplasmático) de cierto mimetismo temático / estilístico, fenómeno al que Gina Picart denominara “instinto gregario”; Yoss bautizara como “relaciones incestuosas” y al que alguna vez he llamado hibridaje. En no pocos casos no se logra personalizar procederes. O temas. Se ahcen comunes los QUE ESCRIBO y los COMO ESCRIBO. Cierta homogeneización. EM, en cambio, se adentra, aparentemente, en el mismo common land para… tomar un atajo. Un atajo que lo lleva a sus propias tierras. EM exhibe procederes absolutamente ajenos al common land, modus operandi que huyen de lo gregario, lo incestuoso o lo híbrido. Procederes que (felizmente) lo identifican. Tienes sus propios QUE NARRO y sus propios COMO NARRO.

Comienzos in media res, desarrollos anaforizantes (o en espiral) y cierres abruptos constituyen el núcleo duro, el eje estilístico formal, sistémico de este libro. Al menos los núcleos y ejes advertibles. Ello deviene proceder, elemento distintivo, modus operandi. Dígase sin temor: estilo.

A ello puede agregarse: el uso de oraciones cortas, una marcada economía de lenguaje (las palabras exactas, nunca más). Y algo en extremo inusual. La actual literatura cubana se mueve en un hirviente maremágnum de hirviente sexo. En EMo el sexo queda bye. Apenas se insinúa, flota, gira, coquetea, parece anunciarse, y… ahí se queda. Ahí se queda para devenir, una vez más, una cosa otra. No existen en este libro felaciones o menage a trois. Tampoco penetraciones que desgarren o falos enormes. Ni sexo en grupo. Ni gays. Ni lesbianas. Ni coitos o felaciones. Nada. Cero. Si existen desnudos están esos desnudos muy lejos de la contextualización de la cópula. Pueden parecer al lector que esta es inminente. Y repito, asomará otra cosa. Nadie se masturba. Nadie eyacula. No se trata en modo alguno de una literatura asexuada repleta de personajes asexuados. Por el contrario. El sexo flota ahí. Respira y se respira. Hasta puede, a lomo de ciertas mentes morbosas, esas, las de ciertos  lectores, llegar a intranquilizar. Son historias sexuadas…sin sexo. A menos sin esa suerte de pandemónium de sexo que invagina, penealiza y anolifica la literatura cubana actual.

Escupitajos, en casi todos estos cuentos los personajes sueltan escupitajos al entorno en el que medran. En La frazada se escupe un rosal; en Los barcos terminados se escupe a uno de los leones de Prado. Los personajes de EM, pudiera decirse, odian la realidad en que deambulan porque esa realidad los victimiza. Y ellos la escupen.

La ambigüedad actancial. En algunos de estos cuentos no alcanzaremos a saber quiénes son los personajes. Por qué hacen lo que hacen. QUIEN / QUE / POR QUE quedan ambiguos. Omitidos. En La niña la puta y tú no sabremos qué demonios hacen esos tres seres viviendo juntos en un cuarto. ¿Por qué viven allí? ¿Qué los une? ¿Quiénes son los hombres del campamento al que acuden las chicas de LA VILLA? En Ella se vestía de bruja no sabremos quiénes son los dos personajes que en esa historia van a moverse. Alguien se viste de bruja, otro la contempla, la cuida, la golpea. El fantasma de la polisemia asola. Queda libre. EM cree en la polisemia como el Papa en Dios Padre. Dejemos a la polisemia, a cada lector, decodificar esos códigos. Desambiguar la ambigüedad. Cada uno lo hará a su muy santa manera. Recordemos aquella pregunta clásica de nuestras pruebas de inglés: fill the space in blanck. Precisamente eso desea EM: que llenamos los espacios en blanco.

El resuello de la distopia. Cierta urdimbre filosófica, existencial, marca estos textos: el resuello de la distopia, podría llamársele. Una épica distópica, si la hubiera. Porque el desastre en EM  nunca es individual, aislado, nunca involucra a un solo ser. Involucra al grupo, es gregario, de todos. Es la épica gregaria y utopista del Boom mixturada con la distopia individualizante del post boom. Ello crea una épica distópica. En el Boom los personajes luchan colectivamente contra el entorno. En EM el entorno parece luchar contra los personajes en colectivo. Por lo general el entorno en una historia existe como locus obligado. Las historias ocurren en un tiempo y un lugar. El cronotopo bajtiniano. En EM el locus, el sitio sobre el que se mueven los personajes, es un personaje más. Y es también un outsider. Los personajes son reses. El entorno el camino al matadero. Son seres en mitad de la oscuridad, de un campamento, una costa, una villa, una taberna, un cuarto, y esos sitios no son solo el locus, esos sitios predeterminan la suerte de los personajes. Los marcan. Serán sus mataderos. El sitio en EM es el viento. Los personajes solo izan las velas.

Y los personajes de EM, inmersos en esa distopia, son outsiders. No se trata de los outsiders típicos del dirty realims, ni del norteamericano, ni del nuestro. Es un outsider otro, muy Emeriano: un pobrecito. Y ese grado de pobrecitud lo muestran hasta aquellos personajes que alcanzan ciertas cotas de emeriana felicidad. Esos son los outsiders que moran en el cuento que da título al libro. Los outsiders que moran en todo el libro. Son los caminantes de La noche larga. El personaje reasentado o repatriado de Los barcos Terminados. Son los amigos de Holoturia. Son los personajes de El viejo, el funcionario y el pez, los 3 son outsiders, incluimos al pobre pez. Todos los bebedores de vinos de Las puertas olvidadas. El pobre loco de Nueva York, el mangle y el hacha. Todos outsiders. No sabremos si lo son también el mangle y el hacha. Y no serán outsiders a lo lobo estepario. No a lo Bukoswky. No a lo Pedro Juan. Serán outsiders agónicos. Pobrecitos. Emerianos. Un viejo loco que sueña con N. York. Un bebedor que habla de literatura en una taberna. Alguien que vive con una puta y una niña en un cuarto. Un viejo que pesca en un muro y se queda dormido. Outsiders OTROS. No habrá mayor distopia en este libro que el deseo, Eros, devenido en asco. Un chiquillo púber erotizado por una joven adulta, una mujer sexualmente entrenada, bella, sexy, el chiquillo es besado mas no le agradará el beso. Es el primer beso del chiquillo, el primero con lengua. Algo deseado como el non plus ultra devendrá el plus ultra de la distopia.

Ausencia de exergos. En ese otro pandemónium de exergos que anega nuestros libros EM descree de ellos. Ni exergos ni dedicatorias. En Café bajo sombrillas junto al Sena, aquel libro Premio UNEAC, aquellos catorce cuentos del 2009, no había ni uno. En estos 13 cuentos de hoy hallaremos solo 1. Digamos que obligado. Los fantasmas de la intertextualidad y la referencialidad no parecen seducir al autor.

No todo es distópico, sin embargo. Si todo lo fuera… pobres de nosotros. Como escritores. Como lectores. Como seres humanos. Quizá todo lo sea… pero nos negamos a aceptarlo. Al menos EM se niega eso. De ahí un cuento como La Frazada. Magia genésica, dos huellas en una cama que se funden, por obra y gracia de ya sabrán ustedes quién, se funden. Obra, y sobre todo gracia, de un arcángel díptico, dual, emeriano. EM desacraliza la sacra magia de María de Nazareth y su único arcángel para inundar con esa magia, no por ello menos sacra, a dos innominados seres. Desacraliza lo sacro bíblico para hacerlo humanamente sacro. Tan real que… nos negaremos a que ese cuento sea solo un cuento. Nos negaremos a que esas criaturas dípticas no se nos aparezcan alguna vez, cuando las necesitemos, todos alguna vez necesitamos de ellas, se nos aparezcan y nos llenen de esa santa beatitud. Si yo me permitiera aconsejar un cuento para concluir la lectura de este libro, sería este.

Hemos transitado por algunos de los trucos de ese narrador que es EM. Otros muchos trucos tiene seguramente este narrador nato pero de los buenos magos no se alcanza a desvelar los mejores trucos. Y esos, los mejores trucos, alzan la obra. Alzan a sus lectores. De esos trucos, de los mejores no hemos dicho una palabra. Porque esos, los mejores trucos, lo sabemos todos, no se ven.

Precisamente la conjunción de todos esos trucos, los que vemos, y de aquellos otros, los que no vemos, conforman la cuentística de este narrador que vive a 900 km de La Habana, y que hoy por hoy, es uno de los mejores narradores del país. Se dice que escribiendo y leyendo se crece. EM reconoce que ha crecido escribiendo. Nosotros, sus lectores, hacemos votos para que EM siga escribiendo y creciendo para que, de la mano de sus libros, llevados y traídos por la magia de sus libros, podamos crecer nosotros, sus lectores.

Aquí esta pues, Los barcos terminados. Subamos todos a bordo y… buen viaje.

Muchas gracias.