
A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Manuel Neto Dos Santos? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Manuel Neto Dos Santos, el ser humano y Manuel Neto Dos Santos, el poeta, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.
De verdad, el hecho de que desde niño haya sentido la voz poética en mí me ha hecho convertirme en la persona que soy actualmente: soy todo fruto de la poesía y de mi fascinación por mi lengua materna, por su musicalidad, su cadencia y su destino. Toda mi vida ha tenido, tiene y tendrá sentido sólo bajo la égida de las palabras.
¿Cuándo sentiste por primera vez ese deseo de escribir que, como se ve por tu amplia obra, cambiaría el sentido de tu vida? ¿Cómo fueron esos inicios?
Hijo de campesinos analfabetos, fue la musicalidad de la voz de mi padre recitando de memoria versos de poesía popular lo que despertó en mí esta fascinación por la rima, las palabras y las «historias» contadas en verso. Tardes de las interminables noches de verano, una calle llena de vecinos de una sencilla aldea algarvia escuchando leyendas de moras encantadas, canciones sobre la naturaleza, el trabajo en la tierra, sueños de amor… todo entonces se quedó indeleblemente impreso en mi alma de niño, en el timbre de mis oídos. Al unísono, la voz melódica de mi madre contestándole a mi padre en fados clásicos… no es de extrañar que ya a los 7 u 8 años empezara a escribir mis primeras «rimas».
Si te preguntaran por el origen de tu mirada poética… ¿de dónde se nutre Manuel Neto Dos Santos para escribir poesía?
Cuando se sufre la ausencia del primer amor… a los 15 años, la poesía fue mi forma de desahogo confesional. El hombro amigo sobre el que sobrevivir. Soy el eterno poeta de la infancia, del amor, de la naturaleza… Más tarde, la influencia arábigo-andaluza en la lengua portuguesa y en mi esencia como algarvio, la mitología greco-latina, la lectura compulsiva de clásicos, un poco de todo el mundo… y la escritura como diario ritual, aun más.
En el mercado del libro y la literatura es un verdadero reto insistir en la poesía, ya que es un género que pocas editoriales quieren publicar. Sin embargo, tú insistes en hacer poesía y en traducir al portugués a otros poetas. ¿Cómo se percibe ahora mismo en Portugal a los poetas?
A nivel general y universal, estos días son días en que las editoriales andan en la búsqueda del beneficio a toda costa. Portugal no es una excepción. Las editoriales portuguesas vienen sufriendo este paradigma de los poderes editoriales que sostienen la «edición en masa». Hay autores «famosos» (a los que nadie lee) con ediciones de miles de ejemplares en cada edición, cuyos libros luego son destruidos; los «aprendices de editores» prestan su sello editorial cuando, en realidad, es el propio poeta quien paga la edición. En mi caso personal, al principio de mi vida «editada» ya lo hacía pero… con más dignidad: iba pidiendo puerta a puerta a mis amigos el compromiso de que compraran ejemplares y sólo entonces acudía a la imprenta. Hoy en día… pocas son las editoriales que consideran a los creadores literarios como un eslabón esencial en la preservación de la cultura portuguesa.
¿Qué razones crees que influyen en que la literatura de Portugal, salvo los casos muy conocidos de Pesoa y Saramago, no sea tan mencionada en el escenario de la literatura internacional?
Tanto Pessoa como Saramago tomaron la dirección de la universalidad de la escritura. Hay otros autores mucho más importantes que ellos, pero no están «de moda». Pessoa, con su tragedia personal, eligió «desdoblarse» en heterónimos para sobrevivir al vacío de una existencia abrumadora de desasosiego. Su obra ha sido requisada en innumerables «estudios» de corta y pega por eruditos que jamás han escrito un simple poema… buscando sólo créditos para sus pavoneantes egos curriculares… ¿Saramago?… se embarcó en la irreverencia de la escritura provocadora de la no puntuación. Irreverencia en una “carcel mental” te convierte en un heroe. Ganó puntos en su registro, ganó un Nobel…, ganó casi todo; escribió como quien habla, en un «exilio» de su elección… fuera de Portugal. Lanzarote fue su «centro del universo». Los cientos de grandes poetas restantes… son poco «vendibles», demasiado portugueses debido a la profundidad y sinceridad de sus almas genuinas, más que producto comercial son esencia, por eso escapan al gusto común.
Uno de los poetas que has traducido al portugués es el cubano Rafael Vilches Proenza, que forma parte del Consejo Editorial de OtroLunes. Cuéntanos cómo descubres la poesía de Vilches Proenza y cómo fue la experiencia de traducir a uno de los más importantes poetas cubanos de la actualidad.
No creo en las coincidencias. Un día, paseando por Facebook, me topé con un poeta de quien nunca había oído hablar: Rafael Vilches Proenza. En un impulso traduje uno de sus poemas y lo compartí. Me respondió, contento. No sabía yo que estaba delante de uno de los más grandes poetas que conozco. Así llegó a mi vida y así tuve, más tarde, el honor de traducirlo. Más… Un magnifico POETA, con sangre lusa en sus orígenes: «Proenças». Desde el primer momento, el compromiso ante mí mismo (como siempre hice con los 23 poetas que le precedieron): leer y releer en voz alta, sentir que sólo prestaba mi voz lírica, mi linguaje, a un hermano de esencia. De los muchos cientos de poemas, elegí unos setenta, le di la idea de una «antología» y, poema a poema, con los que más me identificaba, De la isla-carcel a la flor de la libertad poco a poco aparecía. Meses y meses, verso a verso, poema a poema, en un acto de respeto y humildad ante un Enorme Poeta. Espero, de todo corazón, haberle rendido el debido homenaje.
Si tuvieras que explicar la poesía que va a encontrar un hipotético lector en tu poemario “Abundatia Cordis”, publicado recientemente en Ilíada Ediciones, ¿qué le dirías a ese lector?
Sin sombra de duda, Abundantia Cordis es el libro de mi madurez como poeta, una bandera, desplegada, meciéndose a manos de las brisas de quien, de hecho, soy. Concebido, escrito, en una estructura de casa que por mis propias manos se levantó, más que una compilación de poemas es mi retrato más perfecto: lírico, homosexual, místico, agnóstico, sensual, nostálgico, panteísta, amante incondicional de la Lengua Portuguesa. Un hombre de esperanza en la desesperación. El eterno niño que pide pan, limosna, ropa en un país bajo el yugo fascista. Un poeta que lo sea de verdad tiene que desnudarse en la plaza pública. La poesía, en su registro dictatorial, no admite máscaras. Mucho mejor el rostro acariciado por los aplausos, arrugado por los sueños que aún espero que se hagan realidad.
Sabemos que eres un escritor incansable… ¿en qué proyectos de escritura andas ahora mismo?
De momento ando en la traducción de varios poetas y, al mismo tiempo, reviso textos de edición (bilingües o sólo en portugués) de los siguientes títulos: El libro de Demeter, Vita Brevis, Opus Numero Cero y El libro de los retornos.



