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Treinta años después, un deplorable anciano de 77 años es rescatado del olvido y expuesto a la curiosidad variopinta de la televisión cubana. Como uno de los monstruos de mentirijillas, un desvencijado Bela Lugosi salido de los estudios de Ed Wood e incapaz de asustar a un niño, Luis Pavón padece su segunda traición. Monigote de barraca de feria al que se lanzan pelotas, deberá representar, resignado, la maldad y la infamia de una época olvidada durante tres décadas. Una época que ahora -vísperas del estreno de un nuevo rostro del régimen-, en un magnificado auto de fe, debe ser purgada.
Ágil ahora, y no lo reprocho, la sociedad literaria cubana cae en la trampa e irrumpe, enfática, en el espectáculo premeditado y, obviamente, tolerado, si no estimulado. Lo que algunos han creído entender como una provocación en la nostálgica recuperación del Represor no es más que su puesta a disposición del respetable para que ejerza su tan pospuesta anagnórisis. La puesta en escena la completa la fingida solemnidad de un ministro de Cultura que enarca las cejas, como agobiado por graves preocupaciones ideológicas.
La farsa montada por el régimen ha hecho posible, taumatúrgico modo, que se haya olvidado el verdadero resorte del benignamente llamado "quinquenio gris", en una menos lenitiva expresión (pero también insuficiente) "década negra". Todos mordieron sobre la flácida carne de Luis Pavón, arrojada al espacio público para ello, al tiempo que olvidaban, silenciaban, ocultaban el nombre del máximo responsable. Todos sabían ya a estas alturas que desde la proclamación del célebre trick or trick, aquel que proclamaba, calculadamente ambiguo, dentro de la revolución todo, fuera de la revolución nada, hasta aquello otro de que la cultura es un arma de la Revolución, el innombrable, mostró de manera consistente su desprecio por esa sociedad literaria que ahora buscaba saciar el desconsuelo de sus padecimientos y humillaciones en el desgarro de la envejecida piel del instrumento circunstancial, de la prótesis intercambiable, del Represor a la carta.
Pero lo que hace más penoso este episodio de reacción retardada es que la infamia no se detuvo con el cese de Pavón. Los padecimientos y las humillaciones acumuladas sobre la sociedad literaria continuaron a lo largo de las décadas siguientes. Y el silencio fue el mismo. El disimulo y el enmascaramiento. Luis Pavón no es responsable de que le rompieran la boca a María Elena Cruz Varela, de que se maltratase a Manuel Díaz Martínez, de las vejaciones en el curso de los sucesos de Mariel, de la grosera manipulación del caso Elian con la complaciente lírica de los recitales oportunos, del encarcelamiento de los 75 periodistas independientes, de la condena a prisión de Raúl Rivero...
Con todo, no se trata tanto de enjuiciar el temor a la exclusión, a ser convertidos en fantasmas, a no poder publicar ni viajar al extranjero, a la cárcel, a la pérdida de las concesiones que les han otorgado a los antiguos represaliados..., todo ello es humano, demasiado humano, aunque se pague con la existencia acompañada de una conciencia permanentemente escindida, con ese profundo malestar hacia sí mismos.
Se trata de que esa misma sociedad literaria descubra en las reflexiones de Milosz, en la experiencia de Stanislaw Wielgus, en la imagen destrozada de G. Benn el amargo reflejo del régimen que los fuerza a doblegar el espíritu y la dignidad. No, queridos amigos, ni Pavón, ni Serguera ni Quesada tienen más culpa que la de ser instrumentos, meros accidentes, de un mal superior a ellos. Y ése es al que hay que poner al descubierto o seguir callando.
Habría que parafrasear a Bruto. No, Luis Pavón no fue más que un miembro prescindible y basto del Innombrable, del primer culpable. Está bien que se pidan cuentas, pero no olvidemos que también en el mal existen jerarquías. No confundir lo accesorio con lo necesario. No, por favor, no seamos carniceros.
Por
Rafael
Alcides
Yo no tengo ni teléfono, Amir. Ni teléfono. El correo me llega a través de una piadosa amiga. El electrónico. El otro, si es de afuera, del extranjero, sencillamente no me llega, y si me llega es abierto. Cosas del cartero, me imagino.
Por
Amir
Valle
Dicen que a la tercera es la vencida. Eso espero. Hace unos años, cuando en esa isla que llamamos Cuba no existían las revistas literarias digitales que hoy pululan, a cierto escritor se le ocurrió...
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Costamagna
"Hay hijos que nunca vieron a su padre, ni en fotos. Y hay otros que probablemente estén llenos de fotos de su padre, y sin embargo nunca lo hayan visto bien, o nunca se hayan tocado el alma"...
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Ya a mediados del siglo pasado Carlos Gustavo Jung alertaba sobre la catástrofe que acecha a Occidente desde su flamante entrada a la modernidad; no por la modernidad misma, sino por la neurosis colectiva que produce el distanciamiento del hombre de lo numinoso...
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Hércules Poirot, el detective belga, andaba por el mundo resolviendo casos con arrogancia y displicencia. Bajo de estatura, calvo y con mostachos, Poirot era una figura cómica, una suerte de pariente cercano de Chaplin.
Por
Ladislao
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Cuando se produjo el fin de los sistemas comunistas de Europa del Este, los intelectuales(...) "No sabían reinventarse en condiciones libres, no sabían qué hacer con la libertad"...
Imagen de portada:
"José Martí"
Damaris Betancourt. 2005