Divagaciones y reflexiones sobre arte

Con el arte uno puede hasta divagar

La cuestión entre formas y significados se mantiene vigente aunque las disimulemos bajo capas de retórica doctrinal y filosófica. Y a través de este dilema y su discurso se pone de manifiesto la verdadera naturaleza cambiante del arte, que es la de hacer perceptible el mundo.

Si por una parte esté el ver, mirar, contemplar, observar y percibir, por la otra se encuentra el hacer pensar -sin imágenes es casi imposible el pensamiento-, actuar, reflexionar, descubrir, entender, discernir e interpretar. Que con ello aparecen contradicciones claras entre la creación y su traducción reveladora, es evidente. Tanto como si divagando sobre Budapest estuviese describiendo el desierto del Sahara.

Salvador Dalí: «Face of war», 1941.

Pero es que este punto hay que abordarlo partiendo del significado del arte, de su carácter absolutamente, espiritual, etéreo, simbólico, poético, porque de lo que se trata -en tal apreciación parece haber una total coincidencia- es de dar una visión profunda y completa de la realidad, no en su apariencia sino en su esencia, si bien este tipo de proclamas ya ni siquiera son extras de comedias de salón.

Después, en un paso más adelante, se presentan interrogaciones, disyuntivas, opciones, como es el de tomar la imaginación como un estímulo para la transmisión sensible e inteligente, o incluso, tal como pensaba Susan Sontag, una manera de ponerse en contacto con nuestra propia locura.

En los surrealistas hubo una exploración del inconsciente individual y colectivo -tampoco es que lo descubrieran, ya estaba ahí- a través de mitologías y culturas, de imágenes y primigenias y arquetipales, y ahora en cierto modo todos los somos. En los concretos la cuadriculación y división del mundo horizontal y verticalmente llegó hasta una abstracción que reivindicó la acción de la disolución de la forma en el color. Es en ese momento cuando se produciría la liberación del hombre a través de una iluminación y apertura de la visión. Pues ni fumando llega.

El colofón, por tanto, no podría ser otro que el que el arte se convirtiese en una realidad que formase parte de nuestra vida, estuviese al servicio de nuestro desarrollo espiritual, constituyese un sistema generador de formas  y no dejase de faltarle el aire y la libre respiración, y no acomodarse en una especie de avillanamiento y travestimiento (Nietszche).


William Blake me acusó de todo

Wiiliam Blake: «The_Song_of_Los», 1795.

William Blake se subía todos los días a los espacios de sus visiones -especialmente durante la noche y la madrugada- y solamente bajaba de ellos para comer y leer sobre platonismo, neoplatonismo, misticismo, hermetismo, gnosticismo, esoterismo, etc. Él se creía todo espíritu y el mensajero de Dios que no dudaba en bajarse al infierno. Despreciaba lo material y desoía a aquellos que le susurraban que la materia guardaba secretos y los revelaba, como lo demuestra el hecho de que sea el propio artista el que tiene la capacidad de obtener de ella el empuje de aquellos descubrimientos que pasarían después a constituir la base y fundamento de su obra.

Pero su mensaje fraguó sólo en parte, porque son las corrientes artísticas posteriores a él las que propugnaron -y todavía lo hacen- el diálogo de los creadores con los poderes de la materia -la misma que utiliza-, dándole presencia y participación, con independencia de la influencia del entorno cultural, social y físico que les rodea.

¿Son, pues, los materiales los que abren la inspiración del autor? Cierto, si bien Blake dejó señalado que la inspiración es espontánea y que junto a la ejecución de la obra conforman el mismo procedimiento.   

Para Jung, los artistas visionarios como William Blake se encuentran en contacto con la dimensión nocturna de la vida, ya que en sus obras se vivifican los sueños, los miedos nocturnos y los siniestros presagios de las tinieblas del espíritu.

Por consiguiente, sea materia y/o espíritu, el artista ha de actuar, como conclusión probada, como un cauce de comunicación con el mundo espiritual que él ha conocido, concebido y proyectado. Así es como el arte se ofrece tal que una dimensión de la existencia, bien que su vocación sea siempre ir más allá  de un infinito que exige una búsqueda permanente al no ser toda creación definitiva.

¿Resulta, entonces, necesaria la contemplación y visión estéticas para descubrir los territorios más auténticos de la existencia humana? 


H de hereje e híbrido

Ernst Beyeler (Alemania, 1921 – 2010) / Jean Dubuffet (Francia, 1901 – 1985)

Bastó solamente el que haya utilizado las palabras de Jean Dubuffet, relativas a que hay que procurar no echar a perder la frescura ni agotar la capacidad de recepción del espíritu, o las de Ernst Beyeler, referentes a que los grandes artistas dicen algo nuevo, profundo y simple siempre de manera muy sencilla y alejada del intelectualismo de la historia del arte, para que todos los agentes del mundillo del arte me expulsaran después de haberme marcado en la frente la letra “H”.

Creí que con ese castigo quedaba todo resuelto y yo machacado, pero, para mi sorpresa y asombro, me ofrecieron la oportunidad de volver al redil si dejaba que me injertasen un rabo en el culo y me vistiesen con una capa amarilla pintada –adivinen a quién se le habría ocurrido tal crueldad-, en la que figuraban unos diablos rojos empujando a las almas de los herejes al infierno con unas largas horquillas.

Naturalmente me resigné a no oponer resistencia y a dar mi conformidad a esta endiablada –nunca mejor dicho- y bondadosa oferta, visto que los presupuestos de partida y llegada de esta secta –la única que sabe de arte- tienen unos cerrojos de seguridad a prueba de inocentes, ingenuos, pobres y creyentes de buena fe.

No hay más alternativas, si estás fuera lo estás para siempre, porque así son las cosas y las reglas que impusieron, aunque, por lo menos, protesté por el hecho de que, dada mi estrenada y peculiar belleza, no encargasen el hacerme un mísero retrato.     


Estoy sin nada

Flavia Rainone

¡Qué difícil es partir de la nada y que esa nada sea auténtica! Somos hijos cada vez más perdidos de un complejo mundo de situaciones, circunstancias, realidades, locuras y factores diversos. Los poderes y capacidades humanas sólo llegan a añadir, sumar, agregar, reformar, lo que no pasa de ser aparente o incluso, en el mejor de los caos, sustancial. Abundando en ello, apunta El-Salahi, que tal empresa sería además imposible sin ser conscientes de nosotros mismos en el entorno cultural al que pertenecemos y sin conocer en su disparidad, ideas, tradiciones, sueños, legados, ambiciones y experiencias.

Por eso asistimos a redescubrimientos y reencuentros actualmente a través de la aparición simultánea de abstractos -neo y post-, neoconstructivistas, neofigurativos, neo y postimpresionistas, neoexpresionistas, neopopistas, neodadaístas, neofuturistas y así hasta la invención de los masones recitando misereres y deshojando flores.  Algunos se manifiestan en contra debido a las supuestas contradicciones que tal fenómeno conlleva, otros, por el contrario, alegan que se trata de un signo de la disimilitud de expresiones en nuestra época. Y tampoco hay que molestarse tampoco por la declaración de Giacometti de que esta manía de expresarse sea del mismo orden que el vuelo de las moscas alrededor del globo de una lámpara apagada al amanecer.

Tanto en unos casos como en otros hemos de partir de la base de nuestras carencias, vacíos e impotencias a la hora de describir y analizar las complejidades y contradicciones del ejercicio del arte, si bien es posible que no tengamos que preocuparnos de ello más  adelante, pues para la enorme mayoría de la gente las controversias sobre las finalidades sociales, morales o meramente estéticas en el mismo, son inútiles y están fuera de lugar, en cuanto por su parte lo llamado arte es el cine, los juguetes, el sexo, los carteles, la comida, la televisión, los objetos publicitarios y todo aquello que precisamente no se ajusta o no se considera apriorísticamente como tal.


¿Esto es un museo o me he equivocado?

Cálmate, Michel Leiris, no se puede exagerar tanto. Que museos de pintura y escultura –vamos, todos- sean teatros de ocultas lubricidades es pasarse de rosca, entre otras cosas porque nunca las he presenciado en mis numerosas visitas a los mismos. Y aún sí fuese verdad no me sentiría escandalizado.

Lo que sí es cierto y escandaloso es que se acabó el silencio, la paz, la contemplación pormenorizada, la reflexión y el disfrute. Claro que esto debe ser por mis inclinaciones burguesas innatas. Porque señalar que acabo de experimentar tales oquedades no parece artísticamente correcto. Y no es ni la milésima vez que me ha sucedido.

Imagínense que nada más entrar les embiste un cochecito de bebé – ¡pues sí que uno de los dos es precoz! -, después les pisan, a continuación, se ponen delante mirándoles y no les dejan ver –se suponía que eso era por lo que estaban allí-, si se mueven ustedes también ellos, les pasan por delante constantemente, les empujan o chocan cuando por fin han conseguido un buen sitio (si les meten mano mejor se callan); y si se ponen a la cola les tirarán las gafas o el bolso, y le mirarán como si fuese un imbécil. Ya puestos, presenté una denuncia por no disponer de un punto de venta de palomitas, pipas y caramelos. No me extraña por eso que Jean Clair, ante esta masificación, haya escrito que como buenos masoquistas vamos a los museos para medirnos ante el vacío o la nada.

Entonces ¿qué es lo que acontece? Pues simplemente que todos los pensionistas – ¡con la cantidad de excursiones que pueden hacer! – además de escolares, turistas y mamás con rorros, los han tomado masivamente con ínfulas de invasores y conquistadores. Y no les digo nada cuando van en grupo y con guía, en ese caso sí que hay que aplicarse para tratar de buscar, ante el rosario de la aurora que se forma, un hueco o rendirse y dejarlo por imposible.

No se trata ahora de llegar a ese dilema del arte contemporáneo o de cualquier otro, del que habla Castro Flórez, referente al deseo de abarcar imágenes y valores que hablen a un amplio público, sino de preguntarse: ¿Sabrán lo que miran y lo comprenderán? ¿Tienen sensibilidad e información para hacer posible la transmisión del significado? Pues claro, me contestan, si es muy fácil, sólo tiene que fijarse, si a esas imágenes únicamente les falta hablar. Sí, ya, y hasta bailan la jota, no te fastidia.  Me convenzo de que es así como puedo entenderlo, pero como soy más lento y zote, a mí tiene que llegarme con calma, sosiego y conocimiento. Raro que es uno.

La conclusión no puede ser otra que requerir que haya otra organización más racional y acorde con la función y finalidad de tal institución, que no es la de un centro de ocio corriente y moliente. Por lo tanto, han de adoptarse medidas conducentes a devolver al museo la auténtica misión que ha de tener: aquella en la que el arte se exprese en condiciones en que pueda ser percibido, examinado y experimentado en toda su plenitud. Porque por mucho que píen los posmodernos de los posmodernos van a seguir existiendo, sin ninguna duda.

Sobre la protección de la creación y el artista en Cuba

¿Qué autoridad es la que tememos que vaya a asfixiar nuestro espíritu creador? ¿Qué compañeros del Consejo Nacional de Cultura?

Fidel Castro Ruz: Palabras a los intelectuales, 30 de junio de 1961

El proyecto emancipatorio de la Revolución[1]apenas tardó en ocuparse del ámbito de la cultura artística y literaria. Resueltas unas cuantas cuestiones esenciales ―la declaración del carácter socialista del nuevo estado fundado en Cuba, como elemento cardinal de tal proceso ―, el incidente provocado por la censura del documental PM ofreció al gobierno la ocasión para verse las caras con los intelectuales.

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Voz y voces en la novela de Paul Auster

Poco antes de terminar el último párrafo de la novela Moon Palace o El Palacio de la Luna (1989), concluí que toda esa historia narrada por el personaje Marco Stanley Fogg, a lo largo de siete capítulos, proclamaba constantemente ese necesario afán por comprenderse quién a ciencia cierta era.  Desde las explicaciones sobre las vicisitudes y el pasado de su tío Víctor hasta las recreaciones de la vida de un Salomón Barber que termina siendo su padre, ese continuo ir narrativo hacia el ayer, me hacía considerar como probable, un planteamiento de fondo, dado por el propio autor Paul Auster, sobre la importancia de conocerse uno mismo, a partir de las interrelaciones no sólo en el campo físico-geográfico, sino en el entorno interhumano-emocional e intersubjetivo.

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De estética, dignidad y arte

Soy incapaz de acabar esta historia

Kenneth Clark (Gran Bretaña, 1903 – 1983)

Las señales visivas no se multiplican, pero cuando lo hacen, siempre de manera imprevisible, es en el momento que la propia verdad del artista queda inscrita en la obra en toda su significación y magnitud.

Tal fenómeno queda claro si nos atenemos a la observación de Kenneth Clark respecto a que las experiencias visuales de los autores no sólo controlan, en gran medida, nuestra imaginación, sino también nuestras percepciones directas.

Añadamos a ello que el hombre ha necesitado instintivamente desde el inicio imágenes para hacer accesible su modo de vida y pensamiento. Primero fue el arte, y después vinieron la revelación y la ciencia. A través de este proceso es como el conocimiento ha aprendido a sustentarse a sí mismo para seguir comprendiendo e innovando.

Cierto es que esa transmisión de verdades de las que el arte es sujeto creador y depositario, dada su identidad e idiosincrasia, no puede expresarse más que en la forma que le es propia. Por lo tanto, son verdades, aunque sean mentiras, reveladas simbólica y definitivamente.

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A través del espejo VIII: La escopeta nacional

Luis García Berlanga (España, 1921 – 2010)

No es casual que hayamos elegido para continuar la saga de los filmes españoles críticos de la dictadura franquista (1936-1976) a La escopeta nacional, del ícono del cine español de posguerra civil Luis G. Berlanga y el no menos ilustre Rafael Azcona1, aclamados por la crítica y el público, respectivamente, como imprescindibles director y guionista españoles de todos los tiempos.

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Cuba: utopía desmerengada o la ex-utopía

Jean Paul Sartré, Simone de Beauvoir y Fidel Castro – Ciénaga de Zapata, Cuba, 1960.

“Un mapamundi que no incluya Utopía ni siquiera merece un vistazo”

Oscar Wilde

“Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas”

Henry Miller

Jean Paul Sartre en su visita a la gran isla del Caribe durante los 60’s, halló un eco existencialista de la gloriosa revolución francesa. Encontró que la libertad escaseaba en aquel momento, pero eso se podía obviar porque Cuba era entonces una plaza sitiada, donde disensión es traición.  Cuando llegaran a la sociedad prometida, ya serían libres. Igualdad si abundaba (casi todos reptaban orgullosamente en la pobreza) y la fraternidad la encontró por toneladas porque los cubanos son buenos anfitriones. No se sabe si llegó a conocer que a algunos visitantes con afinidades ideológicas, se les ofrece un tour especialmente diseñado, con facilidad para acceder a muchachas y jovencitos necesitados y accesibles. Los compañeros de causa son atendidos con explicaciones entre tragos, sabanas y a la vez le mataban el hambre a algún siervo de la gleba local, que en retribución se esmeraba en explicar la felicidad que le provoca su apartheid.

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Poetas cubanos exiliados en España (1959-2022)

Gastón Baquero – Lydia Cabrera – Ernesto Lecuona

y los muertos echan brotes y florecen

PAUL CELAN

El exilio cubano en España desde 1959

Una de las consecuencias más trágicas y negativas de la Revolución cubana ha sido el masivo, sucesivo y gigantesco éxodo de ciudadanos cubanos durante estos 63 años de poder totalitario en Cuba.

Desde sus inicios a nuestros días, el régimen castrista del 59 ha provocado un destierro de más de cinco millones de cubanos, de los cuales casi dos millones han muerto en el extranjero sin posibilidad de retornar a su patria. En la actualidad, se estima que unos tres millones de desterrados cubanos residen en cualquier parte del mundo.

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Una nueva interpretación de la polémica filosófica en La Habana

Sinopsis

La polémica fue un importante evento cultural durante el siglo XIX en Cuba. De 1838 a 1840 se debatieron en los principales periódicos de la isla temas en torno a la metafísica, la epistemología, la ética, la pedagogía y la influencia del eclecticismo de Víctor Cousin. Exploro en esta investigación brevemente algunos de los hechos históricos que antecedieron a esta polémica. Arguyo que es inexacta la interpretación predominante que esta polémica fue motivada por el deseo de independizar a Cuba de España. Tal interpretación promueve un mito de emancipación.  Según mi análisis, cuando en su intervención en la polémica José de la Luz y Caballero apela al patriotismo, establece sin saberlo un precedente peligroso que usarán los autodenominados protectores del patriotismo para restringir los debates públicos.

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Literatura de los migrantes / III

Una de las más numerosas minorías en Alemania es la población turca. Los primeros contingentes, inmediatamente después de la guerra, llegaron como Gastarbeiter / Trabajadores invitados, que contribuyeron a la reconstrucción del país y aquí se convirtieron en anfitriones y fundadores de las siguientes generaciones de migrantes turcos, actualmente nos encontramos ya con turcos-alemanes que mantienen aún su cultura como forma de vida aliada a la cultura alemana. Se dice que las leyes que norman la migración en Alemania se dictan contra la población turca, lo cual podría significar que todas las otras minorías son insignificantes para la economía y la política germana.

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