Los emigrantes [somos] polvo de estrellas

Mayra y Waldo en Miami – Foto: Ulises Regueiro

«Los emigrantes son polvo de estrellas, sal de la tierra, árboles con alas».
La emoción de las cosas, Ángeles Mastretta

«[…] las raíces, aunque uno viva trasplantado en otras tierras, se llevan dentro, alimentando, a través del tiempo y el espacio, la vida, no siempre fácil del emigrado, del desterrado».
La Línea de la Concepción en mis recuerdos, Gerardo Piña-Rosales

«La tragedia y los problemas de Cuba deben ser conocidos y dados a conocer por quienes la aman. Los que no la aman, no pueden entender sus problemas actuales ni la necesidad de emular los esfuerzos de los fundadores de la nación».
Cuba: la nación que agoniza, Luis A. Gómez-Domínguez 


En Cuba…

A Mayra del Carmen y a mí nos preocupaba cuándo abandonaríamos el país, porque desde décadas atrás se nos hacía cada vez más difícil la cotidiana existencia, al punto de que no podíamos ni queríamos seguir (sobre)viviendo en la Isla-Cárcel, pues, entre otras, dos muy serias complicaciones tuve en las dos revistas en que laborara.

En la boda con Mayra.

Sin llegar a la grave situación que décadas atrás le aconteciera a mi suegro, Osvaldo Hernández —valiente prisionero torturado en las ergástulas castristas durante nueve años—, yo tendría a finales de mi labor periodística en Cuba, entre 2010 y 2011, serios «problemas políticos», por los que devendría persona non grata en Bohemia, Mujeres y Muchacha, revistas en las que fuera periodista cultural durante casi tres lustros.  

Primero: en la Bohemia del 2010 ―donde integrara desde años atrás el equipo cultural― una mañana, al llegar me diría sotto voce una querida colegamiga [cuyo nombre no digo, pues sobrevive en Cuba, y podrían tomar represalias contra ella] que me expulsarían al día siguiente, por haber publicado la víspera en el diario Juventud Rebelde, una entrevista con un poeta, compositor y, entonces, colegamigo, por su reciente premio en un concurso nacional de canciones. Enseguida fui a la dirección y renuncié ante el inculto y hoy fallecido director, José R. Fernández Vega, Alias «Pepito», de la [In]seguridad de Estado y adulador de uno de los más longevos miembros del Comité Central del Partido (CCP): José Ramón Machado Ventura, dinosaurio/Tyrannosaurus y mediocre líder al que este Pepito de los cuentos verdes o «de relajo», enseguida solía llamar, apenas confrontaba uno de los cuantiosos líos que se agenciaba por su cotidiana jactancia e inveterado machismo. Entonces llamaba al CCP a su “jefe”, tal lo renombraba ya fuera de la oficina, en el salón de la redacción central, casi gritándolo a los cuatro vientos, corroborando así su “amistad” diligente con el vetusto dirigente, agarrado al poder desde los inicios de la ROBOlución;

y Segundo: ya trasladado por mi deseo a Mujeres ―donde había laborado años atrás, al inicio de mi labor periodística—, sin embargo, en esta segunda y breve etapa, pues, poco después, sería «separado», eufemismo edulcorado del término «expulsión», empleado por la tullida directora, fallecida al poco tiempo de su falaz «actuación» conmigo.

Mas, regreso atrás para explicarlo mejor: En la primera etapa de inicios durante los ‘80s, laboré con la Editorial de la Mujer —a la que había entrado gracias a la gestión de mi entonces amiga Ángela Oramas y otras periodistas, con las que creamos la «hermana menor» de Mujeres, tal denominé a Muchacha, donde, como luego en la propia Mujeres y en Bohemia —anoto que desde hace años Muchacha desapareció y Mujeres solo es digital, mientras que el exangüe bodrio Bohemia es un ¿cadavre exquis?— yo crearía secciones de Poesía y Poesía para Niños; pero en Muchacha, además, instauré el Concurso «Mirta Aguirre» de Poesía y Cuento, dedicado a jóvenes autores, inéditos o no, cuyos textos premiaran poetas, narradores y ensayistas cubanos de varias generaciones, tales: Félix Pita Rodríguez y Dora Alonso, Enrique Saínz y Salvador Arias, entre otros que yo integraba, por la revista.

Con la mítica escritora Dora Alonso.

Otro aspecto que me satisfaría y aun satisface fue dar a conocer a no pocos de los entonces noveles poetas y narradores, algunos de los que, poco después, serían figuras de las letras cubanas, como los reconocidos narradores y amigos: Amir Valle y Sindo Pacheco. El primero cuyo cuento premiado en el «Mirta Aguirre» —según me confesara y revelara en su antiguo blog— lo salvaría de la expulsión de la Universidad santiaguera, para luego devenir el célebre autor de Jineteras (Planeta, 2006), Habana Babilonia. La cara oculta de las jineteras (Ediciones B, Zeta Bolsillo, España, 2008, por solo mencionar este exitoso libro entre otros títulos galardonados y publicados en Europa]. El otro galardonado sería Sindo Pacheco. Y Sindo Pacheco [uno de cuyos valiosos cuentos mereciera premio en el mencionado concurso «Mirta Aguirrre» y más tarde alcanzara lauros en eventos internacionales], hoy es merecedor de significativos premios internacionales.

Mayra, el escritor Amir Valle y Waldo en Miami, 2019.

Asimismo, en Muchacha yo publicaría textos de diversos poetas y narradores jóvenes poco conocidos o inéditos, preferiblemente de autores de provincias pues sabía el provechoso estímulo que ello significaba, como, en mi caso, antes lo recibiera de grandes voces, tales: Fina García Marruz, Rafaela Chacón Nardi, Carilda Oliver Labra, Serafina Núñez, Eliseo Diego, Félix Pita Rodríguez y Onelio Jorge Cardoso, entre otros.

Tiempo después, a instancias de los entonces colegamigos: el periodista y poeta Luis Sexto y el también periodista y narrador Pedro Juan Gutiérrrez, me trasladaría al equipo de Cultura de Bohemia, en la que desde antes colaborara con comentarios, publicados por un amigo inolvidable y ya fallecido: Juan Antonio Pola, en ese tiempo director del mencionado staff y luego, por su exitosa labor como crítico de la música de concierto, llamado a dirigir mi emisora preferida en Cuba: CMBF. Radio Musical Nacional, en la que antes yo dirigiera el noticiero cultural matutino: Ámbitos.       

Mas, sería breve mi segunda y última etapa en Mujeres, como en el resto de prensa cubana, pues sería «trasladado o separado» o mejor: expulsado por mi actitud «no confiable» —término edulcorado de la voz: castigo— con la consiguiente rebaja del salario: a partir de ese momento, solo devengaría un sueldo mucho menor del máximo que hasta entonces tuviera como periodista evaluado con la máxima calificación por mi extensa e intensa praxis en la prensa cultural y especializada durante tres lustros, aparte de mis colaboraciones desde antes de mi ingreso oficial al gremio, iniciadas en Juventud Rebelde y el mensuario El Caimán Barbudo.

Hasta ese momento de expulsión, colaboraría con Revolución y Cultura, Casa [de las Américas], Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, Santiago [de la Universidad oriental] y Signos [original revista dirigida por el inolvidable poeta, narrador, dramaturgo y folcloristamigo Samuel Feijóo].

Mas, igualmente, lo haría con las especializadas en teatro: Conjunto [de Casa de las Américas] y tablas [de la Dirección de Teatro, del Ministerio de Cultura], como la única del país sobre artes plásticas: Arte Cubano [de la Dirección de Arte, del Mincult].

Por supuesto, con el antes comentado y nuevo status, se complicaba aún más nuestra ya compleja existencia; pero gracias al reclamo desde Miami de mi cuñado Osvaldo Hernández [al que conozco desde sus 17 años] y su magnífica esposa, Daisy López, algún tiempo después, podríamos dejar atrás nuestra tierra natal, tras casi una vida residiendo allí: 65 años en mi caso y 60, en el de Mayra del Carmen.


La memoria de los trabajos y los días    

«[…] abandonar el país entrañaba desdeñarlo, desampararlo, condenarlo, renunciar a la patria […]».
La mirada viva, Alberto Roldán 

«Los libros enseñan a vivir y a morir».
Petrarca

«Solo es nuestro lo que hemos perdido».
«[…] Tengo libros. […] son conversaciones. Por eso da tristeza que se pierdan […].
La emoción de las cosas. Ángeles Mastretta 

«Nadie rebaje a lágrima o reproche
Esta declaración de la maestría
De Dios, que con magnífica ironía
Me dio a la vez los libros y la noche».
«Poema de los dones», Jorge Luis Borges

«La lectura hace al hombre completo; la conversación, ágil; el escribir preciso».
Francis Bacon

Waldo y Mayra en Cuba.

No era fácil dejarlo todo atrás, porque partir no era solo abandonar nuestra hasta entonces fecunda vida cultural que nos hacía olvidar apenas por días u horas —gracias a los numerosos eventos en que participábamos— la falta de libertad, como la autocensura que padecíamos todos, si bien jamás borráramos de nuestra memoria los hesiódicos trabajos y días [des]vividos por Mayra del Carmen y por mí durante la mayor parte de nuestra vida.

Y, aunque les parezca increíble a quienes no me conocen a fondo: una de mis más sentidas pérdidas era abandonar mi enorme biblioteca que ―edificada durante décadas con la asidua adquisición, no solo en La Habana, sino en cualquiera de las provincias, ciudades y pueblos que asiduamente visitara— de novedades y antiguas ediciones en «librerías de viejo». 

En consecuencia, los libros ocuparían no pocos espacios de los tres apartamentos en los también tres municipios en que residimos: primero, en el Reparto Calixto Sánchez, Boyeros; después en San Lázaro e Infanta, Centro Habana y, por fin, en Infanta y Manglar, El Cerro, en los que atesoré miles de volúmenes de diversas materias, junto a los 56 escritos y publicados por mí en Cuba, Colombia y Ecuador de poesía, ensayo y crítica literaria, entre otros, de los que apenas pude traer un solo ejemplar.

Y subrayo mi endémica pasión por la lectura y los libros, que en el exilio seguiría indemne, por lo que, a solo cuatro años de nuestro arribo a Miami, comenzaría a publicar nuevos títulos: el poemario Trazo estos signos en la arena (Col. Poesía, Ediciones Baquiana, 2015), como los de crítica y estudios de narrativa: Ejercitar el criterio (Col. Ensayo, Editorial Primigenios, Miami, 2019, reeditado en 2021) y de verso: La Poesía, esa voz que llega a nosotros (Col. Cuadernas, Ilíada Ediciones, Alemania, 2021).

Tal hábito ―transmitido a mi invariable esposa y ejemplar editora Mayra del Carmen desde los inicios de nuestro noviazgo a mediados de los ‘70s―, tras mi pertinaz e invariable insistencia desde nuestra llegada en 2011 a Miami, al fin, en 2021, la convencería y, por fin, publicaría dos de sus tres estudios/ensayos laureados en Cuba con sendos Premios Nacionales, revisados y ampliados aquí por ella para estas nuevas ediciones [que no reediciones]: Hombres necios que acusáis (Veinte años después). Estudio sobre el discurso femenino en la décima cubana) (Col. Cuadernas, Ilíada Ediciones, Alemania, 2021) y Ámbito de amar: La poética de Rafaela Chacón Nardi (Editorial Primigenios, Col. Ensayo, Miami, 2022), de los que, igualmente, traería un solo ejemplar, como asimismo solo una de las numerosas antologías prologadas, editadas y publicadas por ella con la poesía de Carilda Oliver Labra, Serafina Núñez y las nueve de Rafaela Chacón Nardi, dejando atrás libros editados por ella de otros grandes poetas y narradores cubanos y extranjeros, en sus cuarenta años de labor en el Instituto Cubano del Libro, en varias editoriales (Orbe, Arte y Literatura y Letras Cubanas).

Sí, fue lamentable abandonar los miles de libros que poseíamos en Cuba; pero, infatigable lector desde la adolescencia, apenas llegados a Miami, yo comenzaría a rastrear y adquirir ―como desde la juventud haría en la capital, donde residiera desde 1964, con 18 años― cientos de títulos de la genuina historia de Cuba, como de autores censurados, en nuestra atenazada patria, que integran la que denomino «Mi Biblioteca del Exilio», en la que compiten evocaciones y sueños, alegrías y tristezas, tal en este testimonio que, de algún modo, conforma no pocas etapas de mi vida que —por decirlo con la galardonada novela del japonés Haruki Murakami Kafka en la orilla (2002)—«se apagará algún día […] se irá borrando, inevitablemente».  

Así, gracias a mi ¿vicio? de invariable husmeador/rastreador de títulos, en Miami (re)comenzaría mi afanosa búsqueda de librerías y, al poco tiempo, «descubriría» un excepcional ámbito: Ediciones Universal, redenominado por mí «Centro Cultural», por sus variadas actividades literarias (presentaciones de nuevos títulos) y teatrales.

En este hoy desaparecido espacio, cerrado en el 2013, por su creador: el indoblegable luchador anticomunista, infatigable editor y agudo promotor cultural Juan Manuel Salvat —quien contaría siempre con la colaboración de su inseparable esposa Marta— cuya extensa e intensa labor «ha sido un orgullo […] muy grande para nosotros haber ayudado a mantener la cultura cubana y latinoamericana […]».

En tal sentido, el periodista y narrador Carlos Alberto Montaner, subrayaría: «No se puede escribir la historia cultural de este medio siglo sin colocar en un lugar muy destacado a Juan Manuel Salvat y su editorial». 

Allí, en ese ámbito de libros, arte y cultura que hoy evoco con nostalgia, no solo pude amistar con el admirado editor y su esposa Marta, sino también adquirir los cientos de volúmenes, con los que, tal dije atrás, conformara «Mi Biblioteca del Exilio», como asistir a las tertulias y presentaciones de títulos, con los que ―fuentes excepcionales― desde entonces me documento para escribir ensayos, artículos y crónicas de temas políticos, históricos y literarios como de poesía, narrativa y teatro.

Surgida en 1965, durante su larga existencia, la entidad publicaría más de mil títulos en español de temas políticos, sociales, biográficos, arte y literatura, como ensayos, crítica, poesía, narrativa y teatro, tales investigaciones científicas, educación, fotografía y otras, logrando conformar la mayor y mejor editorial de la Florida, hasta ubicarse entre las más conocidas en español de los Estados Unidos; y, entre las Colecciones que prefiero, figuran Cuba y sus Jueces y Félix Varela.   

A fines del 2022, supe, por el Semanario Libre,que la valiosa pareja se despediría, en la edición de ese año, de la Feria Internacional del Libro, y no quise faltar al encuentro. De tal suerte, estuve un buen rato charlando con ellos y, al final, adquiriría veinte libros, entre los que mucho me satisfizo escoger, de la Colección Félix Varela, el invaluable volumen: ¡Pobre Cuba! Mis memorias, del colega de luchas de Salvat desde la juventud, Alberto Muller, cuya amena lectura no solo me gratificaría, sino además enriquecería el presente testimonio.

«[…] la cultura representa la suprema personalidad de una nación
y […] la más fuerte garantía de su persistencia y albedrío».
La crisis de la alta cultura en Cuba, Jorge Mañach

«[…] el legado de nuestra cultura dentro de la gran masa de los emigrados en Norteamérica, corre el peligro de agotarse si, como toda cultura, no recibe continuamente el aliento creador, la devoción
y el culto de sus valores». 
Cuba: la nación que agoniza, Luis A. Gómez-Domínguez

«[…] en un libro de memorias nunca se dice todo. Son las argucias legítimas que tiene a su favor el autor […] Algunos secretos se sellan en el alma y el autor, por alguna razón de absoluta privacidad, prefiere no compartir, generalmente son dolores muy agudos o asuntos muy íntimos que se guardan con celo para llevarlos con uno a la tumba. Este es el sagrado tesoro de la intimidad, de la dignidad y de la libertad […].
¡Pobre Cuba! Mis memorias, Alberto Muller                  


Primer tiempo en Miami

En Chaparra, con su padre, María del Carmen y amigos.

Mas, no dije antes que, muchas décadas atrás: en 1957, cuando apenas yo tenía once años, viajaría con mis padres y mi hermano a esta tierra anhelada por tantos: La Ciudad del Sol ―donde residiríamos un mes con la familia de mi tío Raúl Pardo, cuya esposa, Aurora, era una de las hermanas de mi madre y, de hecho, mi tía―. Aquella estancia sería una de las más hermosas experiencias de mi adolescencia, pues descubriría la metrópoli que, para los cubanos de la Isla, ya era, es y ojalá siga siendo la «Capital de las Américas»».

Por ello, apenas llegados aquí, 54 años después de aquella primera visita: el primero de julio del 2011, disfrutaría la plena libertad prohibida en Cuba desde 1959. Por ello, quizás, en muy escasos momentos he nostalgiado mi intensa vida cultural en Cuba, pues, como dice mi colegamigo, el narrador y dramaturgo Rodolfo Pérez Valero: «Waldo, tú haces aquí lo mismo que allá: participar y divulgar la vida cultural».

Cierto, apenas llegados, gracias a la amistad con mi excondiscípulo de la Escuela Nacional de Teatro, tendríamos nuestra iniciación escénica miamense: el estreno de un monólogo de la conocida actriz cubana, residente en España: Emérita Ramírez, en la Sala del realizador Juan Roca, ubicada entonces en La Pequeña Habana.

Pero llegaría la pandemia del Covid, desatada por el [des]gobierno chino, y debimos, como todos, suspender nuestros planes, incluidas, por supuesto, las salidas nocturnas; pero hasta ese drástico momento, apenas arribamos, participaríamos en la vida cultural miamense, en especial, la teatral, la literaria y la de artes plásticas, porque en aquella Habana que fue y hoy aún más hambreada, eran entonces las únicas maneras de disfrutar, al menos en espíritu. Que son, asimismo, los sueños frustrados y desesperanzados de nuestros compatriotas que ni duermen, pues se mantienen en vigilia para partir.

De cualquier modo, amigos que me conocen desde Cuba o los nuevos de aquí, en no pocas ocasiones me sugerirían contar mi complicada vida en la Isla-Prisión, idea que rechacé, en primer lugar, por no ser yo narrador [aunque sí un lector agonista]. Por otra parte, pensé que testimoniar mi intensa y extensa existencia, acaso podría resultar una abrumadora y cansina labor, tanto para mí como (quizás) para muchos lectores.      

Pero no olvido los múltiples contratiempos que marcarían mi infancia, juventud y madurez en la Cuba que dejé atrás, aunque solo en algunas ocasiones, evoque momentos de aquellas duras etapas que siempre recordaré, como que, al llegar, juré no volver a pisar mi paupérrima terra Nostrum, mientras los poscastristas continuaran destruyéndola.

Por tanto, por todo, nunca olvidé la sugerencia de esos entrañablesy, tras meditar largo tiempo, llegué a una ¿salomónica? conclusión: Sí, creo que vale la pena contar los numerosos momentos de adolescencia, juventud y madurez vinculados con las complejas situaciones que me acaecieron durante el castrismo: difíciles eventos impuestos por la ¿revolución? o, mejor, robolución, porque la ratería fue y es una de las marcas distintivas del maléfico régimen desde sus inicios en 1959. En fin, comienzo esta suerte de introducción de mi complicado testimonio con mis avatares Así, pues…

«El comunismo […] fascismo del pobre»
Guillermo Cabrera Infante

«[…] esta tragedia que ensombrece nuestras vidas hace más de seis décadas».
Breve historia personal de «Criterio Alternativo» y «Carta de los 10».
Anuario Histórico Cubanoamericano, María Elena Cruz Varela 

«Simulación:
Tu nombre es comunismo.»
La mirada viva, Alberto Roldán

«Cuba, El Paraíso de los terroristas».
Perfil siquiátrico de Fidel Castro Ruz, Julio Garcerán de Val

Al fin, escapamos de la isla gulag

Waldo en Miami

A veces resulta imponderable dejar de cumplir con un deber. Y en nuestro caso, Mayra del Carmen tuvo en sus manos el cuidado de su mamá, quien padecía una enfermedad mental, en tanto su único hermano, Osvaldo, en 1998 vendría al anhelado exilio con su familia. Así, veríamos partir a mi cuñado y, cinco años después, a nuestro único hijo, al que no pudimos ver durante ocho años. Y así estuvimos hasta el 2008, cuando mi suegra falleció.

Ya entonces, sin ninguna atadura que nos impidiera lograr nuestro objetivo, el primero de julio del 2011, casi en secreto ―pues solo lo sabrían muy pocos vecinos del edificio de Infanta y Manglar, El Cerro― escaparíamos de la Isla Gulag y de los avatares sufridos a diario, dejando a muy escasos amigos, como asimismo a taimados enemigos quienes, de saber que nos íbamos, habrían disfrutado viendo cómo desaparecíamos de nuestra hasta entonces intensa vida cultural a lo largo del país, pues éramos invitados a integrar jurados en eventos internacionales, nacionales y provinciales de literatura, sino además, en mi caso, de teatro, como a presentar ambos nuestros nuevos títulos en las Ferias Internacionales del Libro. 

Sí, de alguna manera, nos apenaba dejar a los escasos y buenos amigos en nuestra querida tierra, ya hacía tiempo en plena destrucción por la tiranía que ni antes, ni después, ni ahora, en fin, nunca se ocuparía, ni se ocupa, ni se ocupará del paupérrimo status socioeconómico ni de la hambruna de millones de coterráneos, en la Cuba que, hasta 1959 conformara con Uruguay y Argentina, la exitosa tríada de los más adelantados países de la región; pero, como todos saben, el fatídico surgimiento del feroz castrismo, iniciaría el deterioro/exterminio de nuestra hasta entonces adelantada Patria.

Con ello, Cuba devendría ―por la ambiciosa y torpe actuación del monstruoso Fidel Castro y su secuela― otra república bananera y tercermundista, desde décadas atrás destruida por el cáncer del castrismo/comunismo que ―desde sus inicios y hasta este paupérrimo 2023― batiría el triste récord de cientos de asesinatos y fusilamientos en la Sierra Maestra, pues, apenas tomara el poder con engañifas, aumentaría a miles, sin olvidar que mantiene prisioneros a cientos de compatriotas, que no sé cómo sobreviven bajo esa terrible autocracia de oprobio y escarnio, mientras las grandes economías de los países desarrollados de Europa, como las organizaciones internacionales ONU y OEA, haciendo caso omiso de sus propósitos enunciados en su razón de ser, «buscan el bienestar de sus países miembros» y, «como el bonzo sobre su ombligo» ―tal dijera Jorge Mañach en «La crisis de la alta cultura»―: hacen caso omiso a tan lacerante situación y, en numerosos casos, apoyan al castrismo, otorgándole millones de dólares a la satrapía que, tras la muerte del tirano en 2016, es ¿conducida? por su medio hermano, Raúl, de pésima  calaña igualmente, pues, tras las bambalinas de su Retablo de la avaricia, la lujuria y la muerte ―pentarquía de piezas escénicas publicada en 1927 por el también poeta y novelista Ramón Valle Inclán― impone sus malévolas ideas a través de las detestables imagen y voz del fantoche Miguel Díaz Canel.   

«¿Qué fue lo que determinó que una población socialmente alerta […]
se hundiera en la sumisión más ciega ante un caudillo de ideas pobres, malamente definidas?».
«Tres desgracias ―entre otras muchas― deja la tiranía castrista a Cuba:
la opresión civil, el presidio político y el destierro físico». 
Agustín Tamargo, 1991


En estas páginas…

…narro lo concerniente a mis distintos/distantes sucesos desde los inicios [des]vividos en mi adolescencia, como en mi lejana juventud y madurez ―¿o vejez?; ¡pero no senectud!―, las que aún distingo entre la bruma del recuerdo de mis hoy 77 años que conforman mi, repito, extensa e intensa existencia.

En su vida literaria: con Francisco Garzón Céspedes, Senel Paz, Eduardo Heras León y Gustavo Eguren.

Así, pues, continúo mi testimonio, con el propósito de que mi dura praxis: «esta larga tarea de aprender a morir» ―por decirlo con un hermoso verso del poeta, narrador y Premio Nacional de Literatura Félix Pita Rodríguez―, sirva a los lectores cubanos de las dos orillas, como los de otros ámbitos, para enfrentar la peste/pandemia comunista que antes del 2020, creímos desaparecería; pero no fue así, porque hemos visto renacer la maldita hidra de cien cabezas: el Comunismo, ambicionando destruir Latinoamérica, como otras regiones de este mundo ancho y ajeno, parafraseando la mejor novela del narrador peruano Ciro Alegría, quien, por cierto, viviera en la Isla pocos años en los ‘50s del siglo pasado, por lo que no sufriría los embates del SUcialismo.  

Entonces, con esta, llamémosla confesión ―ustedes, amigos de antes o ahora, contemporáneos o quizás presuntos lectores actuales o futuros―, conocerán, si no todo, al menos buena parte de lo que, como cientos, miles, millones de cubanos, padecí durante seis décadas y media de esta ya larga vida, trazada acaso como un barroco mapa del Laberinto borgeano, que me dicta sin remedio: «No esperes que el rigor de tu camino / que tercamente se bifurca en otro, tendrá fin».

Sin duda, por haber vivido y padecido lo suficiente en mi extensa e intensa existencia, no pueden faltar en este prontuario anécdotas de los males que, como millones de compatriotas, sufrí durante mi difícil sobrevivencia, por culpa del dantesco Inferno castrista que aún mantiene apresados a millones de coterráneos en nuestra patria.

Así, en estas páginas de remembranza, incluyo gratos momentos de infancia y adolescencia, juventud y madurez, evocados en estos años de exilio, cuando, «poeta en vacaciones», aunque, dedicado desde varios años atrás, sobre todo a la crítica literaria, nunca dejo de hojear/ojear versos de poetas de cabecera, como el Premio Nacional de Literatura, Eliseo Diego, quien premiara y prologara, en el Concurso «13 de Marzo» 1976, mi cuaderno para niños Poemas y canciones. Justamente de este notable poetamigo, recuerdo uno de sus múltiples y hermosos versos, por cuanto se aviene a este testimonio que escribo «con la melancolía de quien redacta un documento».

Mas, igualmente, evoco, del narrador, poeta y Premio Nobel portugués: José Saramago ―cuyo traductor y narrador cubano Rodolfo Alpízar nos presentara, en su primera y única visita a La Habana― el siguiente verso-símil de su veedora novela Ensayo sobre la ceguera: «como quien va escribiendo un diario».

Sin duda, me resulta necesario hacer este preámbulo de mi testimonio, en el que evoco situaciones y acontecimientos de mi triste país, padecidos por muchos; pero como cada uno tiene su historia, es la mía la que aquí cuento.

Así, en estas páginas, aparecen cientos de recuerdos que no escapan de mi «mala memoria» (v.g. Heberto Padilla), pues me acompañan los infaustos, sobrevividos en mi tierra castrada por el castrismo, como los padecidos en la cultura, durante en el Primer Decenio Gris (según canonizara la terrible y conocida etapa mi amigo y profesor de Historia del Teatro Rine Leal), claro, sin  olvidar los colores Azul, Rojo y Blanco que adornan nuestra bandera, como la de este gran país que nos acogiera el primero de julio del 2011.

«[…] la Antigua Perla de las Antillas, hoy destruida…».
Perfil siquiátrico de Fidel Castro Ruz, Julio Garcerán de Val

  «La violencia que ha desolado a Cuba en estos […] años, no es una revolución; es una revuelta reaccionaria que ha destruido las libertades que nos legaron los fundadores de la nación, ha arruinado la economía de la Isla y ha traído la dislocación social y la miseria al pueblo de Cuba».
Cuba: la nación que agoniza. Luis A. Gómez-Domínguez

«Fidel Castro nunca ha tenido ideología. Si hubiera realizado su revolución en la época de Hitler,
se habría declarado nazista».
Carlos Márquez Sterling (escritor, periodista y político cubano)

«Nadie instaura una dictadura para salvaguardar una revolución,
sino que la revolución se hace para instaurar una dictadura».
George Orwell (escritor, periodista y crítico británico)


¿Diario de un loco?                                 

No olvido que, desde el inicio del mayor desastre sociopolítico acaecido en la Cuba de 1959, mi generación, como otras, padeció los mil y un males surgidos, tal arte de birlibirloque, en la enferma demente mente [y valga la rima] del infausto barbudo, peor que los narrados por Lu Sin en su Diario de un loco, en fin, el caudal de mórbidas y asesinas obsesiones engendradas, durante décadas para imponerlas en su «país experimental» o «de cola de paja» (v.g. Mario Benedetti), que tal era nuestra pequeña Isla para el repugnante personaje de ópera bufa que la desdirigiera a su antojo. 

Muchos años después, en Miami, gracias a la lectura de numerosos libros ―entre otros, resalto en especial: Perfil siquiátrico de Fidel Castro Ruz, del abogado y ensayista Julio Garcerán de Val, y ¡Pobre Cuba!, Mis Memorias, del abogado, periodista y narrador Alberto Muller―, yo profundizaría en la enajenada mente del «paranoico, mitómano, sicótico […], maquiavélico y pistolero», cuya «psiquis rara, delincuencial y megalómana», ya durante su conflictiva etapa de pésimo estudiante en la Universidad capitalina, «con excelentes credenciales de gánster […] y dotes indiscutibles de autócrata contemporáneo» arma al cinto, mediante, tendría «dos causas de asesinato en su prontuario», como luego, el propio líder del asalto al Cuartel Moncada, quien traicionaría/abandonaría a los hasta entonces crédulos que lo seguían ciegamente, otro de los numerosos hechos que tipifican al Cobarde y Despavorido Capitán Araña.

A tal fin, Garcerán analiza los desarrollos paranoides que se producen entre dos tipos de personalidades, donde resalta el segundo, ejemplificado a la perfección por el Esquizofrénico lamentablemente nacido en Cuba: «A) Los fanáticos luchadores, que se distinguen por el excesivo desarrollo del amor propio […] la obstinación y la terquedad […] el delirio suele ser de tipo litigante, que los lleva a promover pleitos…».

Y enumera los rasgos típicos del síndrome paranoide, corroborados en Fidel: Desconfianza, Megalomanía, Egoísmo, Poca afectividad, Antisocial, Desajuste social, Intelectualidad, Egocentrismo, Emotividad, Ingratitud, Hostilidad, Irritabilidad teatral, Posición defensiva contra el mundo, Complejo de superioridad, Inseguridad, Intimidación, Astucia, Suspicacia, Orgullo, Proyección de su conducta en otros, Racionalización, Agresividad, Causticidad, Mitomanía, Falsedad de juicio, Discrepancia, Inhumanidad, Narcisismo, Simulación y Jactancia.

Con tal cuadro clínico, corroboramos la torcida personalidad del demente que, apenas arribara al poder, iniciaría la indetenible destrucción de nuestro país, al imponer sus locas ideas y, aun inconforme, exportar el socialismo a países latinoamericanos, europeos y africanos, provocando el desastre, la pobreza y la muerte en esos pueblos, tal hacía en nuestra paupérrima Isla experimental con su desquiciamiento: laboratorio de ensayos donde el maligno Merlín urdía sus enajenadas maquinaciones hitlerianas.   

En consecuencia, con cada nueva locura ―concebida por su «espíritu grandilocuente», imitado al calco de su admirado Hitler―, el déspota dimensionaba su particular universo tropical que, secundado por otro asesino, el parigual matón argentino, intentara extender a otros países latinoamericanos, como Bolivia… ¿acaso llevado por un «delirio trágico de ópera wagneriana», copiado del nazismo…? Mas, no creo del todo que le arrobara tal predilección de tan alto nivel musical, pues su ínfima cultura y su odio/desprecio por artistas y escritores, le impedirían acceder a tal manifestación que, en cambio, sí era gustada por su admirado asesino Hitler ―del que fuera ávido lector de su Biblia: Mein Kampf (Mi lucha)― quien cautivara al asesino de Birán, desde los días de ¿prisión fecunda… u hotelera casi cinco estrellas?, disfrutada en Isla de Pinos: el Presidio Modelo, tras el asalto al Cuartel Moncada, en el que ni siquiera participara, pues traicionaría a sus fieles seguidores, huyendo de la riesgosa acción, como el cobarde que siempre fue, sin por ello, dejar de imponer su estilo «autoritario y egocéntrico».

Incluso, ya en 1958, el traidor «comenzaba a negociar con los soviéticos la ayuda militar y económica que necesitaba para desviar el proceso cubano hacia las tensiones y los desencuentros de la Guerra Fría. Ingratitudes de la historia y del propio Fidel Castro», como bien denuncia Alberto Muller, en sus Memorias.

No gratuitamente, en su ensayo «De Marx a Fidel Castro» ―incluido en su socorrido volumen Cuba: la nación que agoniza―, subraya y pregunta Luis A. Gómez-Domínguez:

El fracaso del marxismo y su propensión a la tiranía eran bien conocidos en Cuba cuando Fidel Castro llegó al poder en 1959. ¿Cómo logró imponerse? ¿Qué ventajas políticas y sociales podía ofrecer al pueblo de Cuba este aventurero cuando emprendió el camino del comunismo a sabiendas de que nuestro pueblo lo repudiaba? ¿Ha sido un innovador dentro de la concepción marxista del poder revolucionario?

Y responde:

Para engañar al pueblo de Cuba, Fidel Castro empleó, al triunfar la revolución ―muy burguesa en su origen y alimentada por los ricos―, las tácticas recomendadas por Mao-Tse-Tung, denunciadas por Eudocio Rabines, en El camino de Yenán: buscó la colaboración de los líderes democráticos y contemporizó con ellos hasta donde pudo, en tanto llegaba a un acuerdo con los rusos. Logrado este, cambió la apostura y el gesto martiano que dramatizaba hábilmente desde el asalto al Cuartel Moncada. Y como Carlos Rafael Rodríguez se dejaba la barba a lo Lenin, él decidió subirle la parada al otro simulador y caracterizar a Marx con el gesto y la barba imponente, tumultuosa y arremolinada.   

Por fin, precisa en su excelente análisis:

Pero para ser un verdadero émulo de Marx, debió convertirse en el teórico tercermundista del «socialismo científico» y hacer su propia revolución agraria: multiplicar los conejos, las vacas, los cerdos, los «guanajos», y poblar la isla de cafetos y cañaverales. Ha logrado el milagro de acabar con todo, «con la quinta y con los mangos», según el decir cubano. A cambio de crear su propio imperialismo militar y político para intervenir en el Tercer Mundo […] Su mejor recompensa ha sido el odio implacable de los cubanos de la isla y del exilio. […].   

Asimismo, en la primera sección: «Fidel Castro se alinea con la URSS» del sexto capítulo: «El estalinismo en Cuba», de sus valiosas Memorias Pobre Cuba, el anticomunista y anticastrista Alberto Muller ofrece un testimonio de primera mano que, por su completez, bien vale la pena reproducir el siguiente fragmento. Recluso durante quince años en las crueles ergástulas castristas, (sobre)viviría aquellos duros tiempos iniciales del (des)gobierno de Castro, de quien evoca que

desde los primeros días […] se preocupó en ir poniendo en posiciones de mando a miembros del Partido Socialista Popular […], a pesar de que esta agrupación marxista […] había hecho alianza política con Fulgencio Batista en 1940, y se había negado a sumarse al proceso revolucionario que se desarrolló en Cuba desde 1952 hasta mediados de 1958 y se negó a apoyar la huelga revolucionaria del mes de abril de 1958. Adicionalmente, el PSP fue un crítico sistemático del ataque […] al Cuartel Moncada en 1954 […]. Comenzaba para lo que […] analistas ya auguraban era el cronograma de compromisos secretos de Fidel Castro con la inteligencia de los soviets. […] ya a mediados de 1959, Fidel Castro discutía con los dirigentes de la Unión Soviética la […] visita a Cuba de Anastas Mikoyan […] que había ordenado a los tanques rusos aplastar el levantamiento libertario del pueblo húngaro en 1956.

Todo en Cuba tomaba visos de totalitarismo estalinista […]  Desaparecieron con […] rapidez del ámbito social y económico los colegios y negocios privados. El Estado intervino todas las concesiones a empresas extranjeras […] Se expulsó de Cuba a los sacerdotes extranjeros y a los nacionales que el régimen […] consideraba desafectos o peligrosos […] Las grandes empresas agrícolas privadas, como la azucarera, la arrocera, la cafetalera y la ganadera fueron confiscadas y estatizadas.

[…] Cuba se convirtió aceleradamente en un estado policial al mejor estilo estalinista, a pesar de que Fidel Castro se llenaba la boca para decir, una y otra vez, que «la Revolución no era comunista», hasta que, en la coyuntura de la invasión de Playa Girón y Playa Larga, desveló el carácter socialista-marxista de la Revolución cubana.

[…] Jugó hábilmente a buscar un liderazgo en el Tercer Mundo, tanto entre los Países no Alineados, como entre los […] de la órbita soviética.

Sin lugar a dudas lo logró, mientras implantaba en la isla un régimen de represión extrema y de estatización plena. La Cuba comunista (o castrista) queda definida desde entonces, como un país comunista, sostenido por la represión política y orientado hacia la estatización forzada e improductiva de todos los recursos […] del país.

Fue un proceso […] rápido de mucha decepción para todos, pues a a la vez que el régimen castrista pudo consolidar su poder, comenzó en toda Cuba la represión política agresiva, los paredones de fusilamientos, el presidio político y la tortura como método por excelencia del terror castrista.            

Sobre otro rasgo del autosuficiente dictador, creo, asimismo, válido recordar un libro de Carlos Franqui, quien fuera cercano colaborador del tirano en la Sierra Maestra: el documentado testimonio personal, humano y político:Retrato de familia con Fidel (Editorial Seix Barral, S. A. 1981), sobre el que publiqué, tiempo atrás, en Ego de Kaska, mi crónica: «¿Era culto Fidel Castro?».

Este invaluable Retrato, sería calificado, por su veracidad, como el testimonio más impresionante, polémico y valeroso que sobre el tirano, se haya escrito, no solo por alguien que la vivió por dentro, sino que estuvo en los núcleos del poder, por lo que poseía información de primera mano sobre los atrabiliarios momentos padecidos por los cubanos, a causa de las inesperadas reacciones del infiel Fidel.

Sin duda, en muchas de las quinientas cincuenta páginas, escritas con pasión y honestidad, Franqui ―como tantos crédulos creyentes de los cantos de sirena del traidor― evidencia su frustración al ver que el ideal de su juventud había fracasado con el «fidelismo», por lo que pronto atisbara el engaño del «líder», quien durante décadas ocultara al pueblo y a sus compañeros de lucha, sus canallescos propósitos: imponer el socialismo en Cuba, donde hasta 1959 ―como expresé anteriormente― por su estatus económico, social y cultural, sobresalía junto a Uruguay y Argentina, integrando la tríada de países latinoamericanos más adelantados en estos y otros rubros.  

Del apasionante volumen, incluyo un fragmento donde Franqui denuncia algunos rasgos del Fouché tropical y sus supuestos afanes «culturales» que corroboran el desvelamiento y la fractura de un mito aún mantenido por la falsaria prensa de la Isla.  

He aquí, pues, el fragmento «Zoo o Picasso», del capítulo «Viaje a los Estados Unidos» (pp. 57-58), tomado del mencionado Retrato…, donde, al revelar la genuina incultura del sátrapa, subraya Franqui:

Quise llevarle al Museo de Arte Contemporáneo. Visitar el Guernica, la Jungla, el cuadro del cubano [Wifredo] Lam, allí en permanencia frente a Les demoiselles d’Avignon, de Picasso. Iniciar así el movimiento cultural, la búsqueda de cuadros. El apoyo de Picasso. Nada. Fidel me respondió:

―Tú y tu pintura. Queriéndome alfabetizar. No voy y no voy. Y no valieron las tentaciones de publicidad que la visita implicaría. Un jefe de Gobierno visitando Guernica. Segura entrada a Europa. ―Me voy al Zoológico. Me meto, si es necesario, en la jaula de los leones ―riéndose―. Los Picasso no muerden, Fidel ―contesté, riéndome también. Nada. Ni en Nueva York, ni en Washington. Quise llevarlo al Metropolitan. Si no los modernos, al menos los clásicos. Nada. No tuve su apoyo para llevar a Cuba la famosa Colección Cintas, el millonario y embajador cubano, muerto en Estados Unidos. Una extraordinaria colección de obras de arte. Nada de nada. Fidel prefería leones, caballos, toros y texanos. Irse a Texas y Canadá…

Asimismo, evoco otra demencial actitud del sátrapa: de acuerdo con su costumbre impuesta desde los inicios de su dictadura: nombrar cada año con una consigna según las metas perseguidas, 1969 sería nombrado el «Año del Esfuerzo Decisivo» […] que debía lograr el pueblo cubano para alcanzar los resultados en la zafra azucarera de los 10 millones».

Ni por un segundo pensó en el enorme sacrificio que tan loca idea impondría/causaría a la ya paupérrima economía que, desde el inicio de su férrea dictadura, él destruiría, en tanto implicaba infinitos gastos a su país, al que consideraba su particular finca. Y tras el fracaso de su estúpida idea, llegaría 1970, al que aún no conforme, denominaría «‟Año de los 10 Millones”», en referencia a la cantidad de toneladas de azúcar que se proponía alcanzar el país en esa zafra [y] aunque el reto no se cumplió, aquella contienda azucarera pasó a la historia como una de las más productivas del país en todos los tiempos. La hazaña se recuerda todavía».

Con el escritor y opositor Armando Valladares y Vivian Pérez, hija del gran humorista Leopoldo Fernández.

A propósito, recuerdo que en las dos revistas en que laboré: Bohemia y Mujeres, no pocos «inteligentes» colegas elogiaban, en coro, el «lúcido» pensamiento del dictador, quien, según afirmaban tales ¿tontos útiles? o mejor  imbéciles, no necesitaba descansar ni menos dormir, ya que, al despertar de su «sueño de la [sin]razón» —jamás goyesco— confesaba su hiperbólica idea surgida de su «genial cerebro», transmitida desde el Más Allá por el Espíritu Diabólico, pues era el Demonio quien le susurraba al oído la «iluminación» —jamás rimbaudiana— que descendía de su Hades particular…

Y es que sabíamos todos que «El Comandante» no aceptaba ni una sola sugerencia de su vasto equipo asesor, conformado por «los más destacados especialistas del país», quienes ni osaban sugerir/proponer nada, pues temían el pésimo carácter y la aún peor violencia del Tirano quien, si era molestado durante sus brillantes ensoñaciones de Plagiario Mayor, enviaba al pobre amanuense que osaba interrumpir su descanso al retiro o… al cementerio.

He aquí un tácito ejemplo: Recuerdo cuando en 1993, durante la reunión televisada desde el Palacio de Convenciones, el hoy fallecido doctor Héctor Terry ―entonces viceministro de Salud y encargado de Higiene y Epidemiología―, ante el temido Tirano, en el amplio salón del Palacio de Convenciones, lleno de médicos, se atrevió a informar la existencia en Cuba de la epidemia de neuropatía, que afectaba al sistema nervioso, en especial el nervio óptico y los periféricos, enfermedad que, asociada a la falta de vitaminas, no solo provocara la incidencia visual ―según constaté con un vecino, que debió jubilarse por su casi completa ceguera― sino como decisiva causa: la hambruna que causara el fallecimiento de cientos de cubanos desde finales de 1992, y cuya primera víctima política sería el ya mencionado especialista, destituido por Castro, oculta verdad que me revelara sotto voce el propio doctor Terry, a quien conocí, en 1993, al pocos tiempo de su destitución, cuando ambos hacíamos fisioterapia en el Hospital Cardiovascular de El Vedado, donde el respetado médico atendía su maltrecha salud por el duro castigo impuesto por el tirano: «ser trasladado» del Ministerio de Salud Pública al policlínico a solo dos cuadras de Bohemia, donde un día, lo encontré, cuando ambos llegábamos a nuestros respectivos centros laborales.

Los siguientes datos de su vida corroboran el rechazo y el odio de Castro a quienes, aunque fueran sus colaboradores, jamás les perdonaría las «traiciones» de los «canallas» que podían morir por negarse a seguir sus lineamientos:

El mejor ejemplo es, sin duda, el propio doctor Héctor Terry, quien, previo a la robolución militara en el Directorio 13 de Marzo y el Movimiento 26 de Julio, y, al triunfo del castrismo, fuera secretario de las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI) en Rancho Boyeros, tal asimismo durante siete años consecutivos, delegado al III Congreso del Partido y Vanguardia Nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud, hasta graduarse de doctor en Medicina en noviembre de 1965.

Asimismo, Miembro de Honor de las Sociedades Científicas de Higiene y Epidemiología e Higiene de los Alimentos, recibió reconocimientos nacionales e internacionales. Desarrolló diferentes funciones en el Sistema Nacional de Salud: subdirector de Higiene y Epidemiología en Manzanillo, director provincial en Oriente Sur durante ocho años, director de Higiene y Epidemiología en el Ministerio de Salud Pública, director del Instituto Nacional de Higiene, Epidemiología y Microbiología y, entre 1980 y 1993, se desempeñó como viceministro de Salud Pública, tarea a la que aportó sus conocimientos en función de la integración de la Higiene y Epidemiología para enfrentar los problemas de salud que afectaban al país, como Síndrome de Distensión Abdominal, Dengue, Meningitis Meningocócica, Conjuntivitis Hemorrágica, SIDA y Neuropatía Epidémica. Su sagacidad, su capacidad científica y su forma integral de atender situaciones complejas propiciaron un control en Cuba de las mismas. En el ámbito nacional e internacional, constan en su currículo decenas de cursos de postgrado, participación y presentación de trabajos en eventos científicos y diversas publicaciones. Recibió numerosas distinciones científico-técnicas, como Miembro de Honor de la Sociedad Científica Cubana de Salud Pública; Premio Anual de la Academia de Ciencias de Cuba; Doctor Honoris Causa del Instituto de Higiene y Epidemiología de Alemania; reconocimientos de la Asociación Americana de Salud Pública y de la Asociación Cubana de Ingeniería Sanitaria, Huésped Ilustre de la Ciudad de Sucre y el otorgamiento de la medalla Carlos J. Finlay por el Consejo de Estado de la República de Cuba. No obstante, a pesar de tan importante «hoja de ruta», el tirano nunca le perdonaría su confesión de las verdaderas causas de la tristemente recordada epidemia de neuropatía.


De las «brillantes» ideas del Diabolo

Entre otras «brillantes» ideas del diabólico tirano ―transmitidas desde su fabuloso Hades― estaría el definir cada año de su amada robolución con un nombre impuesto por él. Así, todos sufriríamos las absurdas nominaciones que se le ocurrían al despertar de sus arcádicos sueños: otro «mérito» de los tantos que endilgaban al dictador, padecidos por mí en las redacciones de Bohemia y Mujeres al escucharlos en boca de mis «queridos» colegas, cuyos arrobadores gestos los ridiculizaban más todavía.

De ahí que decidiera diversos nombres, como entre otros, recuerdo uno en especial: «1969. Año del Esfuerzo Decisivo», cuando impondría al país diez millones de toneladas de azúcar, con el magno esfuerzo que suponía las inacabables jornadas de inútil trabajo…, que al final jamás se lograrían, para descrédito del tirano quien, aunque sufría sus indetenibles fracasos, a pesar de todo, continuaría con sus torpes y tozudas ideas de enfermo psiquiátrico. 

Otro aspecto destacado, aunque los medios de prensa extranjeros aún aparentan ignorar y ocultar, él y el «médico» argentino ―quien nunca se graduaría, tal demostrara el prestigioso historiador Enrique Ros en el capítulo «Bolivia: ¿Recibió Ernesto Guevara el título de médico?», de su invaluable Castro y las guerrillas en Latinoamérica, Ediciones Universal, Colección Cuba y sus Jueces, Miami, 2001― fusilaron a cientos de cubanos apenas fueron conducidos como prisioneros a La Cabaña. Bien lo dice Carlos Alberto Montaner en el «Prólogo para un epílogo» de sus memorias: Sin ir más lejos, donde afirma que el canalla «autocondicionó la vida de millones de personas con sus incesantes caprichos, arbitrariedades y su patológica necesidad de imponer su voluntad a los cubanos a sangre y fuego».


¿Vana ilusión…?

«La dictadura es una forma de los celos»
Curzio Malaparte

Un acontecimiento me ilusionaría en el segundo decenio de los ‘70s, cuando ―en enero de 1976― merecí el Premio «La Edad de Oro» por mi cuaderno para niños Poemas y canciones y, sobre todo, pude disfrutar una estancia de tres semanas en Polonia, donde me estimularían las revueltas que constaté en dos míticas ciudades: la inolvidable y levantisca Varsovia y la hermosa Cracovia, en las que soñé para Cuba los cambios que ya preveían los heroicos polacos anticomunistas guiados por Lech Walesa y apoyado por el notable director de cine y teatro Andrzej Wajda, sin duda, el más relevante del entonces «Bloque de los países socialistas», galardonado con Oscar Honorífico en la ceremonia del 2000, como uno de los integrantes de mi Pentarquía de Realizadores Preferidos.

Tales intrépidas acciones prologarían, en la segunda mitad de los ‘80s, los sucesos acontecidos en la antigua URSS, impulsados por los cambios auspiciados por Mijaíl Gorbachov, cuyos inicios igualmente constataría  en 1986, durante mi estancia de quince días en Moscú, por un viaje de intercambio cultural entre las Uniones de Escritores y Artistas de ambos países.

Sí, en ambos momentos soñé, como tantos cubanos de las dos orillas, que todo cambiaría…; mas, fue apenas un fugaz sueño calderoniano, pues la breve alegría cesó al corroborar la triste verdad: con el sátrapa Fidel no habría cambios, pues bajo su feroz tiranía, Cuba no saldría de su férrea dictadura, esperado suceso que, aun en este 2023, no ha acontecido.

«Revolución socialista: conga de promesas con ritos fúnebres».
«El socialismo ―ese purgatorio en vida».
Alberto Roldán

«…la situación de Cuba puede muy pronto ser la […] de América Latina, que los destinos del mundo están en juego y que, por tanto, todos debemos iniciar el más grande movimiento de volver sobre nuestras posiciones, […] revisarlas todas y […] rectificarlas si es necesario antes de que sea demasiado tarde».  
Carta de A. Muller a John F. Kennedy (desde la clandestinidad).
La Habana, 24 de enero de 1961, en su biografía Mis Memorias

Cuaderno de un [imposible] retorno al país natal

Con la escritora Lourdes Díaz Canto.

Parafraseo el título del recordado poemario del gran poeta martiniqueño Aimé Césaire, Cuaderno de un retorno al país natal, solo en estas páginas, por supuesto, porque nunca regresaré ni de visita a la Isla Cárcel, como le juré a Mayra del Carmen al pisar la losa del Aeropuerto de Miami, el primero de julio del 2011.

Nacido en el Central Chaparra, provincia de Las Tunas ―que fuera propiedad del luego presidente constitucional Armando Menocal y más tarde adquiriera la Compañía The Cuban American Sugar Mills―, el 10 de enero de 1946, no sería sin embargo inscrito por mi padre ese día, sino —tal era costumbre común esa época— casi un mes después: el 6 de febrero en el Registro Civil de la «cabecera del municipio»: la entonces fermosa Puerto Padre, «La Villa de los Molinos», pues estas armazones (canonizadas por Cervantes en su clásica novela) son símbolos de mi querida ciudad, donde, como en el pueblo del Central, disfrutaría recordables momentos con varios queridos amigos de la adolescencia, dos de los cuales residen en este país: Rey Rodil, en la Florida, y, Magda Mejides, en Illinois, como el lamentablemente fallecido Frank Lázaro, a causa de pandémico covid chino, cuya desaparición física mucho lamenté, y le dediqué un poema post mortem que emocionó a su esposa de toda la vida y viuda Zaida, como a algunos amigos.

Más tarde, con la robolución, aquella poderosa fábrica de azúcar sería rebautizada con el nombre del líder comunista obrero Jesús Menéndez, ultimado por un policía de Fulgencio Batista quien, a pesar de ser tildado de asesino por el mayor asesino Castro, no era tan malo como El Hitler de Birán, quien lo superara en maldad, como lo comprobarán quienes lean la biografía escrita y publicada por uno de sus vástagos, Roberto: Hijo de Batista (Editorial Verbum, España, 2021).

Entre las buenas remembranzas de entonces, evoco los años iniciáticos en Puerto Padre, la hermosa ciudad marina, de la que aún conservo  recordables jornadas dominicales, como buenos momentos pasados con mis abuelos andaluces en su amplia casa (obsequiada por mis padres), tales otros con mis tíos (hermanos de mi madre) y primos (Nivia García, José y Eduardo Massó, como el hace años fallecido Adonis López, con quien, por nuestro parecido, nos confundiera en una ocasión la hermosa locutora de la emisora local y por un tiempo mi novia, cuyo nombre he olvidado, pero no su erótica figura de exultante criolla),

Con Carilda Oliver Labra.

Tiempo después, tras estudiar entre 1962 y 1964 en el Preuniversitario de la ciudad de Holguín (donde tendría un valioso amigo: Israel Delgado, residente en La Florida), me trasladaría a la capital, donde estudiaría, becado, en la Escuela de Idiomas «Máximo Gorki» y, mucho después, en 1977, me casaría con Mayra del Carmen… Pero esa parte, que creo de mayor interés, la narro después.

En fin, anualmente regresaría a la hermosa Puerto Padre, a la que, tal dije atrás, visitara de pequeño los domingos con mis padres, como en la adolescencia y, sobre todo, en la juventud y primera madurez, cuando ya en La Habana y casado con Mayra del Carmen, disfrutara con los nuevos colegamigos poetas de «La Villa de los Molinos»: María Liliana Celorrio, Gilberto (Tico) Domínguez Serrano, Ernesto Carralero y el fallecido Renael González, como la residente en Miami, Nuvia Estévez. Asimismo, poco después Mayra del Carmen y yo, asistiríamos anualmente a Las Tunas, donde integráramos el equipo asesor de las Jornadas Nacionales de la Décima.


Dos hechos que recuerdo:
La entrada de los «rebeldes» al pueblo
y los envidiosos atacan a los «bitongos»

«El fanatismo puede ser […] definido como la furia de los  hombres que no tienen opiniones».
G. K. Chesterton.

Dos acontecimientos que desde la infancia conservo en la memoria: los disparos de los «rebeldes», cuando una noche atacaron el pueblo, y mis padres y yo, debimos ocultarnos bajo su amplia cama de las balas que entraban a través de las paredes de nuestra casa. Fue la primera ocasión en mi existencia que experimenté miedo, pues temí, sobre todo, por la vida de mis padres.

La segunda fue cuando supimos, poco después, por una llamada de mi hermano Raúl —entonces estudiante de la Havana Military Academy, fundada por Raúl Chibás, militar y hermano del líder auténtico, Eddy, quien fuera además profesor de la institución, como Félix Rodríguez y Manuel Artime, quienes apoyaran a Castro hasta que constataron su sesgo comunista, por lo que se rebelarían—, que, la víspera había participado en un disturbio con sus condiscípulos: la quema de literas en apoyo de la entonces esperanzadora Revolución, tras la que les dije a mis padres que yo preferiría morir antes que mi único y querido hermano, tal me confesara mi madre después.

Con la editora Patricia, hija del comandante Eloy Gutiérrez Menoyo.

Tampoco olvido las persecuciones a que fui sometido entonces por mi condición de «bitongo», voz utilizada por el innombrable tirano, pero asumida con orgullo por mí y mis inseparables amigos (Rey, Carlos, Tony…), quienes éramos perseguidos entonces por  primeras «tropas» de vándalos de la recién creada, por el Partido Comunista: Asociación de Jóvenes Rebeldes, cuyos miembros nos trataban de atemorizar, sobre todo a Rey y a mí durante los primeros años de la robolución, por el ¿pecado? de ser hijos de los «burgueses»: Rey Rodil, de la doctora en Farmacia y dueña de la mejor «botica» de nuestro pueblo: Fedora; y yo, de Raúl González Pérez, agente de la firma General Electric en varias poblaciones de Las Tunas.

Imagine el lector: vivir en un pequeño pueblo de provincias, ser hijos de personas que, con esfuerzo, habían logrado cierto nivel económico y el respeto de los habitantes…; pero desde enero de 1959, todo cambiaría, pues tras la fuga de Batista, y ya impuesto el castrismo, todos seríamos hijos de los «burgueses» que las hordas apadrinadas por el neofascista de Birán, debían reprimir, según los úkases (voz tomada del idioma ruso ukaz, por quien ya mostrara su predilección el tirano barbudo, recién entronizado en el poder, al que llegara con sus continuos engaños, tras jurar en entrevistas realizadas en Cuba y los Estados Unidos: «Yo no soy comunista».      

Luego, entre 1962 y 1964, serían mis estudios en el preuniversitario de Holguín, donde solo estaría dos cursos, pues el Ministerio de Educación instauró por única vez el estudio de mi amado idioma francés, que aprendí a querer por la música que escuchaba en nuestro hogar-agencia de la General Electric, Co., donde vendíamos ―yo apoyaba a mi madre en el «despacho» en la tienda, o a la salida de la escuela, en el cobro a los clientes a sus casas― discos de Larga Duración, con los que descubrí, antes que mis nuevos condiscípulos de lenguas, la hermosa música de Michel Legrand y demás célebres cantantes europeos y americanos. Sin duda, la beca me parecía un sueño feliz…; pero, como todo lo bueno, dura poco, a pesar… o a causa de tener las mejores notas en la asignatura preferida por mí, pero temida por la mayoría de mis condiscípulos: Fonétique, solo pude estudiar dos cursos de mi amada lengua. El por qué ya lo cuento, y lo amplio:

Sí, la suerte me sonreiría durante el segundo curso del Pre, cuando llegaran becas para estudiar francés en la capital y, sin pensarlo dos veces, me apunté para becarme en el Instituto de Idiomas «Máximo Gorki»: tal era mi atracción por la lengua y la poesía de Jacques Prévert ―cuya gran obra luego años después conocería mejor gracias al poeta, narrador y Premio Nacional de Literatura Félix Pita Rodríguez, quien me obsequiara el célebre volumen Paroles (Palabras). Gracias al valioso regalo del poetamigo, mucho después, a pesar del supercrítico período de los ‘70s,  publicaría en 1973 varios de los hermosos poemas de Paroles en una plaquette, con el beneplácito de no pocos poetas jóvenes del país, quienes así descubrirían al gran poeta y autor de la hermosa letra de la chanson mundialmente conocida Les feuilles mortes (Las hojas muertas) con letra suya y música de Joseph Kosma, cuando algunos de aquellos textos los publicara en la sección «Poesía» de Bohemia, que poco después yo tendría a mi cargo, cuando laborara en el equipo de Cultura de dicha publicación. Pero esa historia la narro después.


Mi primera expulsión o «traslado»

«La dictadura es la forma más completa de la envidia en todos sus aspectos: político, moral, intelectual…».
Curzio Malaparte

«El tiempo y la verdad son más poderosos que el hombre y la mentira».
Cuba: La nación…, Luis A. Valdés-Domínguez

Claro que me sentía muy feliz por estudiar francés… cuando me aconteció la primera de las varias expulsiones que sufrí en la Cuba castrista, primero como estudiante y luego como periodista, hechos que narro a continuación:                       

Con la poetisa Serafina Núñez, en La Habana.

Justamente la palabra que utilizaron fue «trasladado» (con comillas), pues la profesora de Historia, encargada de expulsarme (sin comillas), se nombraba Haydée (no recuerdo su apellido). Ni ella ni yo imaginábamos entonces, que años después, su esposo y yo seríamos colegas: el narrador y editor Imeldo Álvarez, ya fallecido.

A propósito, he aquí una breve anécdota: invitados Imeldo y yo como jurados del concurso literario «Néstor Ulloa» de Matanzas, fuimos con nuestras esposas y nos alojaron en un hotel de Varadero, y a la mañana siguiente, mientras nos dábamos un baño en la entonces famosa playa, le dije: «Haydée, yo te conozco hace años, ¿tú no me recuerdas?». Me respondió algo dubitativa ¿o temerosa?: «No, imagínate, yo he laborado en varios centros educacionales y he sido maestra de tantos alumnos…». Y le dije: «Parece que no me recuerdas: ¿No te dice nada mi nombre: Waldo González López, aquel becado de Francés, que tú expulsaste de ‟Máximo Gorki”, a pesar o porque era el mejor expediente de Fonética, donde obtenía las mejores notas…? ¿No me recuerdas ahora?».

Su rostro cambió de color no precisamente por el sol de Varadero, y tartamudeó, pero la atajé: «Nada, el tiempo pasó y mira cómo la vida da vueltas. Entonces, sin querer, me hiciste un favor, pues pude estudiar en la Escuela Nacional de Teatro y, aparte de poesía y crítica literaria, publico crítica teatral. ¿Todavía no me recuerdas, Haydée?».

En fin, a pesar de la expulsión, me permitieron Haydee y los directivos del Instituto, ¿cambiar o trasladarme?  a otra beca, tras seleccionar la más próxima a mis intereses culturales: la Escuela Nacional de Teatro, en la que escogí una de las especialidades o carreras técnicas que me interesaban y que vi como asidero ante la difícil situación que debí afrontar, sin familia y con veinte años en La Habana.

La «especialidad» escogida por mí sería Musicalización y Sonido. En ello influyó y decidió mi predilección por la buena música que, tal escribí antes, a diario escuchaba durante mi infancia y adolescencia en nuestra casa-agencia General Electric, en la que vendíamos discos de música de concierto o popular de Francia, los Estados Unidos y cubana, de los que yo me quedaba con no pocos discos de Larga Duración. De tal suerte, mientras los escuchábamos los posibles compradores y yo, quizás tuve las primeras «clases» de Francés e Inglés, pues mucho me servirían tales audiciones para adquirir nociones de estos idiomas que más amo, tras el Español. 

Allí, además, aprendí a escuchar mis compositores de música de concierto preferidos: Barroco (Bach, Albinoni y Vivaldi…); Clasicismo (Mozart, Haydn, Beethoven…) y Romanticismo (Chaikovski, Chopin, Rajmáninov, Schubert, Lizst), sino también a mi predilecta Orquesta de Ray Coniff quien, con su coro y valiosos arreglos de Jazz, popularizara quizás por primera vez, algunas piezas de esa gran música: barroca, clásica y romántica. Asimismo, pude familiarizarme con los célebres crooners: Nat King Cole, Johnny Mathis, Frank Sinatra, Doris Day, Frankie Lane, la francesa Edith Piaf, como Elvis Presley y Paul Anka, sin olvidar, al genial compositor, pianista y chansonnier Michel Legrand, entre otros que conformarían mi temprano y amplio gusto estético por «el arte de bien combinar los sonidos».

Tal afición, décadas después, la transmitiría a mi hijo Darío Damián, al que, desde que estaba en el vientre de Mayra del Carmen, yo le permitía audicionar música barroca, mediante una grabadora junto a la cuna, sin yo prever entonces que tal procedimiento luego sería empleado por la Psicología. Más tarde, guiado por mí y su madre, lo induciríamos a estudiar dos instrumentos clásicos en Cuba: el tres y la guitarra, en los que descollara, tocando en varios grupos, aunque actualmente no se dedique a la música, pues la vida en Miami no es compatible con tal afición, aunque se posea talento y praxis.

Con el escritor cubano Ángel Santiesteban.

Mas, regreso atrás: En 1966, cuando apenas llevaba dos cursos en «Máximo Gorki», el centro sería «visitado» por el entonces ministro de Educación y luego suicida Belarmino Castilla (a quien mi admirado amigo, el notable artista plástico Servando Cabrera Moreno con su fina ironía y agudo humor, renombrara: «Belarmán Cható», tal pronunciaba en el mejor francés). Entonces, durante una «reunión de limpieza» ―increíble pero cierto hecho ya común en la primera década de los ‘60s, copiado como otras «disposiciones» draconianas y fascistas de la entonces URSS―, realizada en el salón central del Instituto, y ante la presencia del dirigente, fui denunciado por la que se decía «mi mejor amiga», de quien solo recuerdo su nombre: Leonor, pero no su apellido; pero sí sé que estaba o estuvo casada con un ex realizador cinematográfico cubano y aquí ex director del cine-teatro Tower, de la calle 8, como tantos que, sin disparar un chícharo, apenas llegados a Miami, son enseguida apoyados por otros arribistas de acá.

Mi maligna condiscípula me denunció como «persona no confiable»: sentada junto a mí, no tuvo reparos en erguirse, y decir con orgullo ante el plenario, señalándome: «Pido la palabra, compañero ministro: aquí, sentado junto a mí, está el becado Waldo González López, quien días atrás, en un receso, me dijo que Vietnam lo tiene hastiado, pues es el único tema de la prensa de este país… Compañero ministro, por ello, me parece que esta es una persona no confiable, por lo que no merece ser un becado de la Revolución. Pienso como el resto de mis condiscípulos, que no debe estar en esta escuela ni en ningún otro centro docente pagado por la Revolución, pues no lo merece».

Tras esta inesperada denuncia pública, apenas se sentó, enseguida se puso de pie otro «fidelísimo militante» de la Asociación de Jóvenes Rebeldes (cuyo nombre he olvidado) y confirmó la actitud fouchesca de mi ¿mejor amiga?

Como «otra vuelta de tuerca» (v.g. Henry James), se repetiría el suceso que antes narré por el pecado de ser «bitongo», con los «buenos chicos» de la Asociación de Jóvenes Rebeldes en mi pueblo: ahora, el castigo sería por yo tener las mejores notas en la asignatura temida como la más difícil por mis condiscípulos: Fonétique française, pero que tanto me gustaba y resultaba fácil, con la consiguiente envidia de la clase. Por otro lado, mis méritos los haría públicos el excelente profesor de la materia: Noël (a quien, en joda y a hurtadillas, yo llamaba: «Navidad», según la traducción francesa de su nombre), quien me ponía de ejemplo por mi buena pronunciación y al que más de una vez le dije sotto voce: «Profe, por favor, no me diga esto en público, que me va a traer problemas con mis «compañeros».


En la ENA

Con sus alumnos de la Escuela Nacional de Arte Lili Rentería, Omar Alí y el profesor Gorrín.

En la Escuela Nacional de Arte (la ENA) ―como siempre la llamábamos y aún lo hacemos quienes allí estudiamos― descubrí un mundo nuevo, por varias razones: en primer lugar, me atraía el ambiente cultural, tan distinto y distante al de «Máximo Gorki».

Allí, me iniciaría como ¿jurado literario?, cuando conocí los pininos «poéticos» de algunos de mis condiscípulos para que leyera y «puliera» sus poemas, como entre otros, Rodolfo Pérez Valero, quien entonces ni soñaba con ser el narrador que sería después, pero escribía poesía. Mas, atendiendo su interés por la narrativa le sugerí decisivas lecturas de necesarios escritores del Boom, que yo conocía por asiduo a las mejores bibliotecas capitalinas, en este caso: la Nacional «José Martí» y la «José Antonio Echeverría», de Casa de las Américas, de las que yo era, además, socio.

Otro condiscípulo que especialmente recuerdo es el fraterno Bruno de la Portilla, con quien iba a ver los ensayos de las bellas chicas de las Escuelas de Ballet ―con una de las cuales, ya graduado, se casaría― y de Danza. Asimismo, no pocas veces, por mi interés por la pintura y el dibujo, visitaba la Escuela de Artes Plásticas para disfrutar las clases, y entre sus alumnos hice también no pocos amigos. Entre ellos, sobre todo, estaban Flora Fong, Ernesto García Peña, luego relevantes artistas, como el tempranamente fallecido Enrique Pérez Triana.

Otro aspecto me ganó en la ENA: la disciplina en «Máximo Gorki» era no solo fuerte, sino militar, y yo era uno de los «regados», pues hacía caso omiso a las tontas exigencias militares, sobre todo, la que más detestaba: dejar bien estiradas las sábanas de las casi pétreas literas antes de ir a clases y «salir de pase» los fines de semana. ¿Resultado? Cuando pasaban «revisión» los viernes, no pocas veces perdía el pase de fin de semana, porque además en las noches, oculto en mi litera, escuchaba las entonces prohibidas canciones de The Beatles.

Sobre las prohibiciones en la música, impuestas por el dictador, en sus valiosas memorias: La mirada viva (Colección Cuba y sus Jueces, Ediciones. Universal, Miami, 2002), el ya fallecido cineasta Alberto Roldán precisaría que 

[…] no se trataba de tendencias sexuales ni políticas, o corrupción de alguna índole; en este caso, habría sido simplemente un gusto por la música moderna, y […] eso se tenía como un rasgo afín con el mundo norteamericano, es decir, con el imperialismo. Se utilizaba la preferencia de corrientes musicales populares para señalar a una persona, humillarla, arrastrarla, y lanzarla al estercolero; se marcaba a un joven por haber mostrado inclinaciones hacia un género musical de moda.

Por otra parte, en la ENA disfrutábamos insólitos matutinos, en los que varios condiscípulos de distintas escuelas, caracterizados con vestuario y maquillaje, reproducían escenas de filmes de aventuras, como Fantomas, ¿antecedentes de los entonces raros performances, que luego disfrutaría en la importante Compañía escénica Teatro Estudio, donde laboraría más tarde? Pero esto corresponde a otro capítulo.

Además, allí aprendí a amar el teatro, pues me «colaba» en algunas clases de actuación, aplicando el axioma horaciano: «carpe diem, tempus fugit» («vive el momento, que el tiempo huye»), canónico postulado que, unido a otro en dos verbos: «aprender y disfrutar», desde entonces han sido las guías que aún en mis 77, conducen mi cotidiano afán de aprender y aprehender, disfrutar el conocimiento y la cultura, pues nunca me gustó perder tiempo, que, insaciable, nunca se detiene y, como un río fluyente, nos arrastra hacia el fondo de la indetenible cascada: la vida.

Por ello, desde la adolescencia hasta en plena madurez, leo para saber más y más…, tal ha sido y es aún mi guía vital. En tal sentido, recuerdo un axioma de una pensadora, escritora y periodista francesa, cuyo nombre he olvidado: «La vida está llena de cosas urgentes… pueden esperar».

Luego, tal premisa me serviría de mucho en mi labor como jurado en eventos literarios en Cuba, pues, tal dije antes, desde mi época de becado, la aplicaría con quienes me mostraban sus poemas, pidiéndome la opinión, y siempre les decía y digo: «Leer, leer y leer. Primero leer y después escribir. Tras revisar una y otra vez, hasta el cansancio, entonces publicar, porque esa es labor de rigor, pues si te apuras y publicas un libro fallido, quienes lo adquieran, se decepcionarán, no creerán en lo que escribes y nunca más leerán tus próximos libros… si te atreves a publicar otro».


Encuentro y desencuentro con Ernesto Cardenal

En casa de la escritora Rafaela Chacón Nardi.

Creo que fue en la década del 70’s cuando el colegamigo Ernesto Cantelli ―con quien compartía poetas foráneos no publicados en la ya cerrada Cuba de la época― me invitó a un encuentro con el poeta y sacerdote Ernesto Cardenal, en su primer viaje a Cuba. Yo había leído su mejor volumen con sus valiosos Epigramas (escritos entre 1950 y 1957, antes de ingresar en el monasterio trapense de Getsemaní y publicados por la Universidad de Costa Rica en 1961). En este libro que aun prefiero del fallecido poeta izquierdista, a partir de los grandes epigramáticos latinos: Marcial, Claudio y otros, él elaboraría los suyos, tal hacían estos vates, imitando a los de Grecia.

Entusiasmado, acudí a la atractiva cita con los dos Ernestos: Cardenal y Cantelli y, en un viejo pero cuidado auto americano del Instituto de Amistad con los Pueblos (ICAP), fuimos a la Escuela Nacional de Arte, de la que yo era recién graduado. Allí el poeta se fascinaría con las hermosas edificaciones de los laureados arquitectos: Ricardo Porro, Roberto Gottardi y Vittorio Garatti. 

El segundo encuentro o ¿desencuentro? ocurriría años después y sería muy distinto, pues se realizó en el salón de reuniones de Casa de las Américas, durante una reunión presidida por la entonces presidenta de Casa de las Américas, y luego suicida Haydée Santamaría, y el director de la revista homónima Roberto Fernández Retamar, secundados por reconocidos y admirados poetas, ante la presencia de numerosos escritores de varias generaciones que atestábamos el salón.  

El hecho aconteció así: Cardenal en ese tiempo, ministro de Cultura de su país, combatía en su patria, la tierra del gran poeta (sonetista y decimista) Rubén Darío, una batalla irracional contra la poesía que denominaba con torpe ironía «rimada»: justamente la décima y el soneto estrofas admiradas por el propio Rubén e impulsadas en los talleres literarios de su país, cuya ejecución había sido tomada/copiada de los realizados en Cuba desde tiempo atrás. Tal actitud, asimismo, era común entre no pocos ¿poetas cultos? cubanos, quienes, por no poder escribirlas, odiaban ambas estrofas, ignorando que sus mayores y mejores cultores ser los grandes del Siglo (y medio) de Oro, como Quevedo, Góngora, Lope de Vega, et al.

En lo personal, además, las furibundas palabras del cura poeta, yo las sentía hirientes, pues atacaban con odio irracional tres estrofas: la décima, el romance y el soneto que, desde muy joven, yo amaba, escribía y prefería, por estudiaras y luego publicarlas en no pocos libros.

Con aire despectivo el sacerdote poeta ―que apoyaba la Teología de la Liberación, creada por el cura comunista y guerrillero colombiano Camilo Torres, pionero de tal corriente ¿cristiana? y latinoamericana―, denominaba con descortesía esta poesía, que, con la pasión que lo caracterizaba, confesó odiar, pues «no tenía sentido, porque no decía nada de interés, y yo la tengo prohibida en mi país» y otras barbaridades absurdas, sin límites.

Ante tal andanada de tonterías y estupideces, yo ―que entonces mucho más que ahora, no solía pensar dos veces una respuesta cuando escuchaba cretinadas de tal jaez―, al ver que nadie detenía su atrabiliario discurso, sin pensarlo dos veces, levanté la mano y pedí la palabra. Entonces, más o menos, le dije:

Poeta, ante todo lo saludo. Bueno, usted seguramente no me recuerda, como creo que tampoco a mi amigo Ernesto Cantelli, quien estuvo o está preso, no sé bien. Ambos lo admirábamos mucho y apenas él supo que había llegado a Cuba, invitado por una institución estatal, dio con usted y fuimos a conocerlo al Hotel Nacional, donde se alojaba. Mas, Cardenal, eso no importa, lo que sí me preocupa y asombra es escuchar sus criterios sobre «esa poesía» que, según usted, no tiene sentido porque no dice nada de interés. Me inquieta que usted, hijo de la patria del gran Rubén, exprese tales criterios, no solo porque el escribió ambas estrofas, sino porque usted está sentado entre figuras de la poesía y la cultura cubanas que, por no tener sus prejuicios, han escrito y publicado esa «poesía rimada» que usted detesta: sonetos, décimas y romances, entre otras estrofas clásicas amadas por los mejores poetas de la lengua, como Quevedo, Góngora y muchos otros. Como le decía, veo sentados junto a usted [y los menciono con un neologismo que suelo emplear cuando se fusionan ambas cualidades, tal acontece en este caso] a sus colegamigos, Eliseo Diego, Fina García-Marruz y Cintio Vitier, quienes nunca han tenido aprensión en escribir y publicar estas estrofas, ni otras gustadas por los más grandes poetas de nuestra lengua, sin dejar atrás a Francia e Italia, donde naciera en el siglo xiii el soneto con los poetas del dolce stil nuevo, precursores del Renacimiento, si bien sería en el siglo xiv amado por Petrarca, por cuya influencia pasaría al resto de las culturas europeas. […]

En fin, cuando concluí mi «diatriba contra un cura sentado» —parafraseando la única pieza escénica de García Márquez—, me senté y el indignado Cardenal, más rojo que de costumbre, recogió e introdujo sus papeles en su maletín y dijo con rabia: «Ya acabé, me voy». Creí necesario saludar al poeta, por lo que acerqué a la mesa intentándolo… pero, volteando su rostro, echó a andar…

Cuando abandonaba el Salón, siento que me tocan al hombro y alguien me dice sotto voce, no sé si en broma o en serio: «Estás preso y no lo sabes. ¿Sabes con quién te has metido? Con el ministro de Cultura de Nicaragua». Yo lo sabía. Pero quien me hablaba, yo lo había bautizado, para regocijo de no pocos de mis colegamigos: «El Arquitecto de la Poesía», pues graduado de tal carrera de ciencias, se dedicaba a edificar no malos, sino pésimos ARQUITEXTOS, o mejor: PEOMAS, tal definía la mala, pésima PEOSÍA el poeta Roque Dalton.

Tras esta advertencia de no precisamente un colega ni mucho menos amigo, salí del salón de la institución, y, tras advertir que —como tras cada presentación en la Casa de una figura de las letras… ¿o la política?— afuera acechaban varias patrullas de la Policía, eché a andar, mirando de reojo [preocupación mediante], por lo susurrado por el PEOTA y tras caminar hasta la calle Línea de El Vedado, abordar el ómnibus que me llevaría a mi domicilio y, por fin, contarle lo sucedido a Mayra del Carmen, quien, indignada, me criticó: «Tú no las piensas… ¿Sabes que puedes buscarte y buscarnos un problema grave? Recuerda los líos en que se metió mi papá, que estuvo preso nueve años. Bueno, esperemos no pase nada». Y al parecer, nada sucedería, al menos en ese momento, porque después sí tendría problemas de verdad, como ya podrán leer.


Otras voces, otros ámbitos

Ahora me valgo del título de mi novela preferida de Truman Capote, para nombrar este capítulo, donde abordaré otros momentos y circunstancias que debí enfrentar en el castrismo.

Recuerdo que, tras graduarme en la ENA, me ubicaron en un puesto al que renuncié apenas me lo comunicaron, pues fue una engañifa del que creí hasta ese momento amigo, cuyo nombre no digo, porque al margen de que nadie lo conoce, la bebida frustró su posible futuro como actor y, en consecuencia, falleció.

Con la actriz y directora escénica María Elena Espinosa, en los años 80s.

Mi primer trabajo llegaría en 1971 y, aunque solo durara hasta 1973, fue una hermosa etapa junto a la actriz y directora escénica cubana María Elena Espinosa (Malena), desde décadas atrás residente en España. Malena y yo fundamos la Cátedra de Teatro para Niños y Jóvenes de la Escuela Nacional de Teatro, donde laboramos con las actrices Elvira Cervera ―con quien establecí una especial relación de honda amistad, al punto que la llamaba «Mi otra mamá», afecto que yo compartiría con Mayra del Carmen; más adelante, adjunto un fragmento de una crónica publicada por mí sobre la gran actriz en la web Ego de Kaska― y Silvia de la Rosa, como la artista plástica uruguaya Susana Turianski y el constructor de títeres Rubén Uría.

Malena sería la directora, profesora de actuación y realizadora de montajes con los alumnos, y yo, el subdirector y profesor de una materia entonces nueva en la Isla: Historia de la Literatura para Niños y Jóvenes, lo que mucho me satisfaría, pues si bien ya escribía poemas para los pequeños, debí prepararme para mi nueva y gustada labor.

A tal fin, me di a otra grata tarea: investigar esa literatura en nuestro país, de la que muy poco se había escrito en Cuba, a pesar de que existirían autores que, en la segunda mitad del siglo xix y en la primera del xx, se esforzarían en aportar a los chicos poemas y cuentos a ellos dedicados. Y otro regalo que me dio la vida entonces, fue que, imbuido por este último y asimismo grato esfuerzo, me di a la tarea de conocer destacados escritores que, a inicios de la revolución ¿o involución?, convocados por las instancias culturales de entonces, escribirían libros para tal estadio, y lo harían, muy bien: Dora Alonso, Renée Méndez Capote, Onelio Jorge Cardoso y Félix Pita Rodríguez, con los que casi enseguida iniciaría lazos de amistad.

Asimismo, me honraría recibiéndome en su apartamento del vedadense Edificio Naroca, el pedagogo y narrador Herminio Almendros (1898–1974), del grupo de intelectuales hispanos que, tras la caída de la República, se exiliaron en Latinoamérica: México, Argentina y Cuba. A este prestigioso intelectual, le dedicaría mi primer poemario para los chicos: Poemas y canciones (Premio 13 de Marzo, 1976; Editorial Gente Nueva, 1977). Herminio era el padre del célebre director de fotografía, operador de cámara y crítico de cine Néstor Almendros, quien expulsado del ICAIC por la mente gris de la cultura de la robolución: Alfredo Guevara, por fin partiría a Europa, donde recomenzaría su triunfal carrera en la pantalla grande, hasta merecer en 1979  el codiciado Premio Oscar por Mejor Fotografía en el filme Days of Heaven, como tres nominaciones en 1980, 1981 y 1983 Kramer contra Kramer, The Blue Lagoon y La Decisión de Sophie, respectivamente.

A propósito de la mencionada Cátedra, Almendros sería el primero de los creadores a los que yo recurriera para asesorarme en mi nuevo trabajo. Y sería, asimismo, el primero de los autores hispanos que conocí, pues solo años más tarde amistaría con otro valioso intelectual hispano: el narrador gallego José Neira Vilas, quien, en el Instituto de Literatura y Lingüística, dirigía la Sección de Literatura de Galicia, adonde fui a verlo y se asombró de que yo había leído a varios de los grandes escritores de su patria chica: los poetas Rosalía de Castro y Celso Emilio Ferreiro, tal el clásico narrador Álvaro Cunqueiro, entre otros.

Sí, fue una suerte que mi primer y auténtico trabajo lo realicé con Malena, aquella encantadora muchacha, con quien coincidía en el amor por la poesía, la novela, el cine y el teatro, «afinidades electivas» que —Goethe mediante— aparte de consolidar nuestra entrañable amistad, el estar unidos a diario nos llevaría, tal acontece en los filmes de amor, al noviazgo.

A ello coadyuvaría que Malena sería designada para tal tarea por Gerardo Fernández, actor escénico, entonces director de la Escuela Nacional de Artes Dramáticas y vecino de Malena, quien me implicaría en el hermoso proyecto. La flamante «Cátedra» yo redominara de esta suerte: «Un hermoso sueño hecho realidad, en el que ninguno es catedrático, pero todos somos felices», definición que tanto gustara a Elvira y Susana.

Y en verdad, durante el breve tiempo que duró, fuimos dichosos. Claro, no era para menos, pues el equipo de profesores creado por Malena y por mí, era incambiable, pues, aparte de que la mayoría nos iniciáramos como profesores, salvo la gran actriz y pedagoga Elvira Cervera, el resto no lo era.

Nuestro hermoso sueño de la flamante Cátedra, concluiría apenas dos años más tarde, con la llegada de los profesores rusos y sus nuevos planes de estudios, que no tenían en cuenta la enseñanza del teatro destinado a la infancia, a pesar del prestigio mundial alcanzado por el notable realizador Serguéi Obraztsov, quien, por cierto, fuera maestro del destacado titiritero cubano Pedro Valdés Piña, quien sobrevive en la fantasmagórica Isla.

De aquel período, guardo otro grato recuerdo: el segundo trabajo que tuve en la ENA me lo ofrecería el ya fallecido y querido amigo Raúl Eguren, destacado intérprete de teatro y televisión, como el mejor profesor de una necesaria asignatura en la carrera de Actuación: Voz y Dicción.

Ya conocía la alta calidad del Raúl hombre y amigo, pero la del Eguren profesor lo supe por sus estudiantes, que asimismo serían míos en otra asignatura impartida por mí luego en la ENA: Historia del Teatro Universal y Cubano, donde tendría como alumnos a los que serían poco después destacados actores de cine, teatro y televisión, entre ellos, los desde años atrás residentes en Miami: Beatriz Valdés, Lily y Mauricio Rentería, Alberto Pujols, Gilberto Reyes, Flora Pérez, Lilliam Dujarric y otros.  

Si bien nunca me impartiría clases de esta materia ―pues, aunque amo la actuación, nunca se me ocurrió ser intérprete; aunque en una ocasión, debí hacer un extra en una obra clásica del teatro griego, y aquí, en Miami, fui extra en tres telenovelas y uno, con Mayra del Carmen, en el primer capítulo de la excelente serie Plantados de mi colegamigo Lilo Vilaplana.

Ahora añado lo antes prometido sobre Elvira Cervera:

La vida para mí fue un reto

Elvira Cervera y Alden Knight

Tal fue el título de su excelente testimonio autobiográfico que, censurado durante años, por fin sería publicado en el 2007, en una breve tirada, por la editorial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), tras largos esfuerzos de Elvira. Sobre este decisivo volumen, ahora revelo un suceso, hasta ahora inédito, sobre la censura que sufrí —«gracias» al Departamento Ideológico del Comité Central del Partido— por mi artículo sobre la sincera y hermosa autobiografía de Elvira, que yo entregué a la revista Bohemia, cuyo equipo de Cultura yo integraba.  

El hecho aconteció cuando, en un año que no recuerdo, yo viajaba como siempre durante la última semana de junio a Las Tunas, con el fin de participar en la internacional Jornada Cucalambeana de la Décima, de la que éramos, Mayra del Carmen y yo asesores. Durante mi ausencia, el artículo de marras no solo fue mutilado —primero en el citado Departamento Ideológico, tal ocurría y ocurre con la mayor parte de los trabajos entregados a las redacciones de los organos de prensa por los periodistas de entonces y ahora— sino también ¿arreglado? con “cambios” realizados sin consultar conmigo, pues como dije antes, estaba en el evento tunero. La respuesta la tendría a mi regreso, pero no quise denunciar a la dirección el hecho, pues me lo notificaría sotto voce el jefe de la Sección de Cultura, y probado amigo, el crítico de arte y periodista cultural Juan Sánchez, ya fallecido, quien me pidió que no «elevara» esto a la dirección de Bohemia, entonces a cargo del ya mencionado oportunista y mediocre José A. Fernández: «Por favor, hermano, no te quejes en la Dirección de Bohemia, sobre el penoso hecho, ya que podría afectarme, por ser jefe del Equipo y militante del Partido». He aquí la causa por la que nunca antes confesé esta censura.

Mas, el trasfondo de la reprobación del libro de Elvira era aún más grave, y pude conocerlo: desde antes de 1959 era muy reconocida actriz, primero radial y televisual, como luego en el cine; pero, como ya dije antes, le molestaba que siempre a los intérpretes negros, desde el teatro bufo, a fines del siglo XIX, solo les dieran papeles de esclavos, sirvientes y cocheros, tal bien los pintara el artista plástico español Landaluce. Sin embargo, estallaría en el ICR, donde su actitud rebelde chocara con la mediocridad racista del ex comandante de la Sierra Jorge Serguera, tal escribí arriba. Y Elvira, siempre rebelde, en represalia del susodicho presidente, sería «trasladada» (¿o, mejor, expulsada?) a una de las editoriales del Instituto del Libro).

Quienes la conocimos desde décadas atrás, nos convenció su valiosa y honesta narración, pues nos emocionó la valentía y el arrojo de su confesional volumen, desaparecido en muy poco tiempo de las escasas librerías en que se puso a la venta. De lo experimentado durante la lectura del libro, le confesé mi anterior opinión a la querida amiga, quien me contó cuánto trabajo le costó sacarlo a la luz, pero que por fin había logrado el objetivo central de la última década de su fértil existencia. Bien sabía yo cuánto empeño había puesto en tan importante libro, en cuya escritura laboró intensamente, con el entusiasmo y el rigor puestos en todo cuanto creó y entregó a tantos la inolvidable estrella negra de Cuba, la que más alto vuelo alcanzó en el mundo de la interpretación radial, televisual y cinematográfica en la racista ¿revolución cubana y… martiana? 

La noticia de su muerte a los 90 años, el 28 de marzo de 2013, en una fecha que resultaría el último homenaje: Día Internacional del Teatro, me hizo rememorar su nacimiento —en Sagua la Grande, antigua provincia de Las Villas— en el lejano 4 de enero de 1923 («nacida el mismo mes que tu hijo, Darío Damián», según me confesara en algún momento) a pesar de su longeva vida, nos impactó a Mayra del Carmen y a mí. En diversos instantes de nuestras incontables charlas, con orgullo, me habló de sus humildes padres (albañil y ama de casa, «extremadamente pobres»); no obstante, la sensible adolescente y joven Elvira, tozuda y obstinada como pocas, los convencería de su pasión por el arte, un reto para la joven negra de entonces, por lo que llegaría a la radio con la ayuda de otro inolvidable: Barbarito Diez. 


La escuela de letras, la universidad

Entrevistado en su peña del Parque Lenin por la poeta y cantante María Álvarez Ríos.

No menos gratos recuerdos conservo de mis estudios en la Escuela de Letras de la  Universidad capitalina, donde Mayra del Carmen y yo cursáramos la carrera de Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, con los amigos de entonces y desde años atrás residentes en este gran país: Manuel Gayol, Wilfredo Ramos, Irma Pujol, Mercedes Eleine González y otros que habían sido mis condiscípulos en la Escuela Nacional de Teatro de la ENA: la actriz Luisa Pérez Nieto, los actores Carlos Cruz, Pablo Aguabella y Orestes Concepción, el narrador Rodolfo Pérez Valero, el músico Rafael Almazán, los diseñadores teatrales Guillermo Mediavilla y Carlos Arditti, entre otros que escapan del recuerdo.      


Las UMAP

 «El individuo se convierte en culpable, no porque lo sea, sino por la ansiedad que siente al ser considerado así». 
Søren Kierkegaard  

«El valor del individuo dentro de la ecuación social es tanto cero como infinito».
Arthur Koestler, El cero y el infinito

Recuerdo la definición del cineasta y escritor Alberto Roldán, quien en su magnífico volumen y denuncia La mirada viva, subrayara que

el vocablo homosexual se empleaba en la Cuba socialista no como sustantivo, sino como adjetivo repudiable. La sociedad nueva no los toleraría, y el sistema renegaba de esos hijos descarriados a los que no reconocía, no figuraban como parte de su nómina oficial, sino como abortos de la naturaleza.

Aunque no conocí directamente las tristemente recordadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP), en este recuento de algunas de las crueles etapas a las que el castrismo sometiera a nuestra oprimida patria (en algunas de las que, de algún modo, me involucrara, tal aconteciera con amigos intelectuales y artistas que sufrieron este ominoso capítulo de oprobio y escarnio), no podían faltar las UMAP.

Creadas por Fidel y su medio hermano y asimismo asesino Raúl ―renombrado por los cubanos: «La China», dada su afamada doble vida homosexual―, las UMAP constituían el grupo de campos de concentración en el que miles de víctimas de los opresores Castro, serían encarcelados por el «pecado» de ser considerados «escoria»: católicos, Testigos de Jehová, heterosexuales licenciosos, homosexuales, imitadores de los hippies y otros degradados por la involución. Entre muchos otros ejemplos, vale la pena recordar que el brazo represor alcanzaría a jóvenes figuras culturales, como el ya entonces prestigioso cantautor Pablo Milanés. 

   Con tan criminal medida, el régimen

buscaba erradicar a toda esa larga cadena de elementos conflictivos agrupados en la categoría de antisociales o indeseables, y para lograrlo los separaba del resto de la ciudadanía como medida punitiva a la par que profiláctica; el proceso seguía una orientación parecida […] ―salvando, como es natural, las distancias entre una pequeña autocracia tropical, torpe y burda, de lo que había sido el totalitarismo barbárico instituido por Hitler―, a la del nazismo al crear su primer campo de concentración, a fines de 1933, en Dachau, lugar siniestro donde se internaba a ese mismo tipo de gente que a los nazis resultaba conflictiva, comunistas incluidos, señalados también como antisociales. 

Porque

en la UMAP (sic) se intentaba reeducar políticamente ―en otras palabras, enderezar― a los desviados que no practicaban el orden político y moral, así como el comportamiento social preconizado por el régimen, de acuerdo con los cánones del sistema socialista; y el gobierno convertiría en uno de sus objetivos primarios la persecución implacable de tendencias sexuales no ortodoxas, vistas como anormales: el proceso desataba su conocida homofobia en forma rabiosa y brutal.  

Por fin, solo pocas páginas más adelante, precisaría Roldán: «Posteriormente, ante el escándalo internacional provocado por la existencia de semejante institución en un país que alardeaba de justicia social, la UMAP habría de transformarse en el Ejército Juvenil del Trabajo que, sin fusiles u otras armas, pretendería disimular su carácter represivo».


Ora represión  

Otro tipo de represión sería la ejercida por el entonces ministro de Cultura, excretor y taimado oportunista Abel Prieto, quien, siguiendo las pautas de su admirado Comandante, sancionara gravemente a un gran músico: el mejor cantautor de la trova de siempre, sin aditamentos: Mike Porcel, del que, a continuación, narro aspectos ―tomados de mi artículo, publicado el 6 de abril de 2020 en la web Palabra Abierta, a cargo del narrador y poeta Manuel Gayol y reproducido en mi libro de crítica La Poesía, esa voz que llega a nosotros, publicado por Amir Valle en la Colección Cuadernas, de su Ilíada Ediciones, en Alemania― como tópicos de su compleja vida a que fuera sometido por la tiranía y secundado por no pocos de sus ¿fraternos? colegas del hoy exangüe Movimiento de la Nueva Trova:


Mike Porcel: sus genuinas tonadas y versos

«Me niego a ser rebaño porque el andar en fila y esperar de rodillas me hace daño».
Mike Porcel

Con la cantante María Remolá en los 80s.

Con el título de arriba, publiqué ―sobre el excelente cantautor Mike Porcel, quien durante años padeciera las vejaciones del castrismo en la Isla Cárcel― una extensa/intensa crónica, de la que ahora apenas incluyo un fragmento.

En el 2014, a solo tres años de nuestro arribo al exilio, tuvimos uno de los más gratos momentos hasta entonces: en el primer Festival Vista de Literatura y Arte del Exilio, creado por el periodista Armando Añnel, adquirí el volumen Tonadas y versos, del relevante trovador, poeta y autor de no pocas de las mejores canciones trovadorescas de Cuba, tal es la poiesis o creación según los griegos, y, por ello, prefiero denominar Poesía en mayúscula la de Mike, que tal es la suya, pues reúne genuinos versos en su poemario y sus canciones. Durante mucho tiempo en la Isla solo oía hablar de él a hurtadillas, pues el oprobioso régimen le prohibiría presentarse en conciertos. Así, lapidarían su música y a él mismo; estaría invisibilizado durante casi una década, con el pretexto, según se comentaba sotto voce, que su esposa laboraba en el ya desaparecido (por fin ya hace mucho) bluff del CAME, y, por ello, el desgobierno le impedía salir del país.

Mas, esa noche tuvimos aun otra alegría: pude adquirir su mencionado poemario-cancionero y recibir de sus manos el mejor regalo: el CD Intactus, joya de la discografía de la música cubana de las dos orillas por su alta calidad, ambas valiosas adquisiciones dedicadas por Mike. 

Y es que, además, Mike estaría vinculado con la recordada profesora de guitarra y composición Leopoldina Núñez, figura esencial en su vida, como en la de varios trovadores de distintas generaciones. Por ello, en prueba de su agradecimiento y en nombre de todos sus condiscípulos por su fecunda labor pedagógica, Mike le dedicaría dos magníficas piezas a la desaparecida Maestra.

Por ello, al recordar las tardes de aprendizaje junto a la paradigmática Leopoldina y sus queridos condiscípulos, unidos sin envidia por su ejemplar actitud, les dice: «Mis tiernos amigos, no habrá despedidas / porque entre barreras no crece la vida. / Siempre habrá un instante, un sitio y un verso / donde reiniciar esa canción sin tiempo. // Tal vez nuestros rumbos se han diseminado / ¿de qué sirve un rumbo si niega la mano? / Acaso la vida, de paso implacable / entre tantas flores se olvidó esperarme. / Pero si me muevo, os movéis conmigo. / Todo se renueva, nada se ha perdido».

El otro texto, «Pequeño homenaje a una maestra», dedicado «A Leopoldina Núñez» ―nuestra recordada amiga y profesora de guitarra durante varios años de nuestro entonces pequeño hijo Darío Damián―, resulta un nítido retrato de aquella distinguida y talentosa dama, no reconocida como debía por el oficialista y mediocre ministro de Cultura. Esto lo sabemos muy bien Mike, Mayra del Carmen y yo, sin olvidar a nuestro siempre recordado amigo ya fallecido: el trovador Ángel Díaz, quien cada noche en El Pico Blanco, recordaba a Mike, diciendo, en su personal estilo, una de sus clásicas canciones: «Esa mujer». Por ello, atesoramos y nunca olvidamos la amistad de «Leo», tal la llamábamos, con cariño, todos: sus alumnos mayores y menores y los padres de algunos de estos.

Leámoslo: «Siempre encontré en su rostro una sonrisa / para calmar mi adolescente pena. / Y mientras la canción que allí nacía / contrapunteaba al sol y a las estrellas / su cándida mirada fue el consejo / que usted arrancó al amor para mi huella. // ¡Oh maestra/ cuánto pasado va cayendo de mis cuerdas! / ¡Cuántos recuerdos se hacen flor para que vuelva / mientras el tiempo deshilacha la belleza! // ¡Oh maestra / hoy que mi vuelo es a la altura de los pechos / veo mejor todo lo hermoso que es su trecho / cuando se cumple un año más de esa manera. // ¡Qué suerte tuve que también fui de su playa / la gaviota feliz desde la arena!».

Tengo un credo para resistir la nostalgia y el tiempo.
(«Diario»)

Como se advierte, la bonhomía de Mike es infranqueable: no guarda rencores, según confesara en varias entrevistas, como la que le realizara en su programa El Espejo, Juan Manuel Cao, a propósito de la prohibición, en La Habana, del documental sobre su vida y obra: Sueños al pairo, filmado en la Isla por dos jóvenes talentos: José Luis Aparicio y Fernando Fraguela, quienes lo presentarían en la Muestra Joven ICAIC, pero sería vetado por el oficialista ICAIC. Debo subrayar que este valioso filme sería costeado por el actor y escritor amigo Daniel García, desde décadas atrás residente en la Florida.


Más cantantes y compositores anticastristas

En su magnífico volumen Cuba, Patria y Música (publicado en el 2021 por Unos y Otros Ediciones), el narrador y poeta William Navarrete nos entrega una breve y excelente historia de la manifestación que mejor nos identifica en las dos orillas. En consecuencia, su valioso título reúne numerosos creadores que en el exilio nunca olvidan su irredenta condición de cubanos y, como cantantes o compositores, expresan su rechazo al castrismo que tanto afectara sus vidas y obras, aportando, al paso, no poco a nuestra rica cancionística.

   Son, entre muchos otros, los casos de Celia Cruz («Por si acaso no regreso»), La Lupe («El emigrante» y «Me siento guajira»), Gloria Estefan (con su antológico Premio Grammy de 1993 «Mi tierra», Marisela Verena («Nosotros los cubanos»), Willy Chirino («Soy», «La esquina habanera» y, sobre todo, «Ya viene llegando», suerte de himno cantado no siempre sotto voce en la Isla y con pleno goce coral en Miami), como asimismo, Yolanda del Castillo («Gracias, Miami») y el conocido bolerista Orlando Contreras («Vuelvo a la lucha»), de cuyo texto transcribo el siguiente fragmento:«Yo tengo que redimir / la patria de mis hermanos, / derrocar a ese tirano / que se cree superhombre, / que con su traición sin nombre, / oprime al pueblo Cubano. / [Nunca se me olvidará / la traición que ha cometido, […] / que a Cuba ha convertido / en cuna de infelicidad. [Viniste a traer dolor, / cuando en Cuba no existía] […] / con tu falsa valentía / has maltratado, traidor, / has destrozado el sabor a flor / de la juventud sincera, / has manchado la bandera / roja, blanca y azul prusia / para entregársela a Rusia / con tus manos traicioneras. […]».


Mis incursiones en la radio y la TV

La primera sería muy breve, pues apenas duraría lo que el entusiasmo de dos entonces inéditos poetas y futuros periodistas, que convocados a escribir un programa radial, me descubriría el posterior acercamiento a la radio. Y narro la anécdota: Era 1970, y era el inicio de un nuevo programa de poesía y música en la muy escuchada emisora nacional Radio Enciclopedia. Los invitados: el poeta y fallecido periodista Bernardo Marqués y yo, habíamos sido invitados por mi amigo Modesto Acea —que yo conocería en la Compañía Teatro Estudio, residente desde tiempo atrás en Madrid—, entonces laboraba en dicha emisora. Modesto nos pidió que escribiéramos el guion de esa primera salida al aire de aquel espacio en el que tanto empeño pusimos ambos; pero el entonces director de Radio Enciclopedia lo censuraría porque, tal nos dijo Modesto, algunos poetas escogidos por nosotros «tenían problemas políticos». Y el oportunista censor, un sujeto denominado Humberto González, sería el mismo que, mucho después, se prestaría para calumniar en la TV Cubana, a la valiente líder de las Damas de Blanco, Martha Beatriz Roque.

El escritor y periodista Manuel Vázquez Portal.

Mas, con Bernardo luego laboraría en el equipo cultural de Bohemia y, mucho después, tras su fallecimiento, en Miami, fui invitado por el poetamigo, narrador y periodista, miembro del heroico grupo de los 75: Manuel Vázquez Portal, a integrar con otros escritores y actores, una mesa en homenaje de Bernardo, organizada por el Pen Club de Miami, del que yo era entonces miembro.

Luego llegarían más invitaciones para colaborar en otras emisoras nacionales, como la que más yo escuchaba por su íntegra programación dedicada a la cultura y la música de concierto: CMBF. Radio Musical Nacional, etapa sobre la tengo una curiosa anécdota: Yo trabajaba, como dije antes, en el equipo cultural de Bohemia, donde propuse publicar un reportaje con la entonces directora de CMBF, quien, al expresarle mi preferencia y constatar con asombro que yo conocía toda la programación, me propuso realizar el noticiero matutino, el primero de los tres de la emisora. La causa de la propuesta de la directora la sabría mucho después: su realizador, narrador y periodista cultural Luis Agüero, había renunciado y necesitaban otro director- escritor. Estuve de acuerdo con la directora de CMBF y comencé solo dos días después; pero como no me gustaba el nombre del espacio, poco tiempo después lo renombré con uno más sugerente: Ámbitos.

Aunque nunca había laborado en la radio, por mi invariable condición de periodista cultural, comencé a escribir, dirigir y, en ocasiones, “locucionar” el espacio, pues el habitual locutor casi siempre llegaba tarde; pero, como no quise dañarlo, preferí asumir, callado, su labor que, por cierto, no me disgustaba, pues varios colegas escritores lo escuchaban y preferían  que yo hiciera la locución, pues me decían que les gustaba el espacio porque les traía noticias de eventos culturales internacionales, no divulgados por la censura habitual de la prensa nacional y, solo en ocasiones, incluía algunos realizados en Cuba, ya que yo no quise reproducir las informaciones “gastadas” en todos los medios. De tal suerte, renové, no solo con el distinto nombre: «Ámbitos», sino asimismo asumí otros aspectos, como la brevedad, que muy tempranamente me revelara la maestra de las letras: la poesía, de la que siempre he preferido la más sucinta, pues en pocos versos y palabras debe decir más que con muchas.   

En tal sentido, recuerdo la clásica frase popularizada por el jesuita y escritor barroco Baltasar Gracián, autor del importante libro, su obra maestra y una de las cumbres del Siglo de Oro: El Criticón (1651, 1653 y 1657), como asimismo del Oráculo manual y arte de prudencia (1647), donde escribiera la celebre frase: «Lo bueno, si breve, dos veces bueno».

Por cierto, Luis Agüero y yo solo nos conoceríamos en Miami, a propósito de una de las Tertulias de Luis de la Paz, si bien yo sabía de su valiosa narrativa, censurada a causa de haber colaborado con el gran narrador y periodista Guillermo Cabrera Infante en su recordado suplemento cultural Lunes de Revolución. Aquí, en Miami, a partir del mencionado momento, continuamos la amistad, como con su esposa, la actriz Marcia Arencibia-Henderson, que integra el valioso grupo escénico Teatro de fin del mundo, dirigido por el dramaturgo y narrador Eddy Díaz Souza.    

En otra emisora, Radio Metropolitana, colaboré con un programa matutino de música y noticias, cuyo nombre he olvidado, aunque hice buenas migas con la directora y locutores, gente buena, sin duda.


Más de nuestra vida en Miami

Como dije al inicio de este Testimonio, casi desde nuestro arribo, me involucraría en la vida cultural de la ciudad, sobre todo teatral, entonces muy animada por diversos grupos escénicos. Como asimismo dije, al poco tiempo de nuestra llegada, mi ex condiscípulo de la ENA, Rodolfo Pérez Valero nos invitó a Mayra del Carmen y a mí a uno de los estrenos del grupo Havanafama, dirigido por Juan Roca.

A partir de ese momento, me introduciría de lleno en la entonces rica programación escénica miamense, integrada, además, por los ya desaparecidos grupos de los directores y dramaturgos Ernesto García (Teatro en Miami Studio y la revista digital Teatro en Miami), Yoshvani Medina (Performing ArtSpoken), como algo después, tuve la suerte de asistir a las puestas de dos grupos latinoamericanos: Teatro Ocho o Cirko Teatro, a cargo de los actores y realizadores argentinos Jessica Diéguez y Alejandro Vales, y Teatro Trail, dirigidos por otra pareja de colombianos: la actriz  Marisol Correa y su esposo, Jorge Angulo, entre otros, con los que, repito, destacara el movimiento escénico local.      

En estos doce años, he sido jurado en los Concursos Internacionales de Poesía: Voces de Hoy (2012) y «Facundo Cabral», del Gremio de Artistas Latinoamericanos (2013), como de los eventos escénicos: I Festival Internacional de Obras de Pequeño Formato (Compañía teatral ArtSpoken, 2011) y Primer Festival Internacional de la Comedia (Compañía Havanafama, 2013), como durante varias ediciones de los Miami Life Awards.

Participé en dos importantes eventos teórico-escénicos: con una ponencia sobre la dramaturgia de Cristina Rebull, en el Congreso Internacional de Dramaturgia y Artes Escénicas. Teoría y Práctica del Teatro Cubano del Exilio celebrando a Virgilio Piñera, en su Centenario (Universidad de Miami, 2012) y, con el también crítico Luis de la Paz, realicé la edición de la pieza de Héctor Santiago: Vida y pasión de La Peregrina (Premio Letras de Oro de Teatro, 1995) para su lectura dramatizada en el Congreso Internacional «Peregrinar sin ausentarse: Gertrudis Gómez de Avellaneda y Gastón Baquero, un puente perdurable entre Cuba y España», efectuado entre el 5 y el 8 de junio de 2014, en la Universidad Internacional de la Florida. Integré los Consejos Asesores del Festival Internacional de Monólogo «A una voz» y del Gremio de los Artistas Latinoamericanos (GALA).

En las letras, merecí el Tercer Premio de Poesía en el Concurso Internacional «Lincoln-Martí» (mayo, 2012). En julio de 2015, Ediciones Baquiana publicó, en su prestigiosa Colección Caminos de la Poesía, la antología poética Trazo estos signos en la arena, presentada en el Koubek Center por su editora: la poeta, narradora, dramaturga, profesora universitaria y doctora Maricel Mayor Marsán, el narrador y dramaturgo Rodolfo Pérez Valero y el poeta, periodista cultural y crítico Baltasar Santiago Martín.

Hago un aparte con Maricel Mayor Marsán, pues su gentileza me permitiría no solo la publicación de mi primer volumen de poesía ya mencionado, sino la de colaborar en la prestigiosa revista Baquiana (editada en papel y en formato digital con su esposo, director de la publicación y narrador chileno Patricio E. Palacios), cuya trayectoria de casi un cuarto de siglo la ubica, sin duda, como la de más intensa y extensa vida en La Florida

Colaborador ocasional de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y su revista (RANLE, en Nueva York; 2014), asimismo, publicaría en las webs Encuentro de la Cultura Cubana (España) y en teatroenmiami.com (Miami), como en las revistas digitales Otro Lunes (Alemania), Palabra Abierta (California) y la ya mencionada Baquiana, en sus dos formatos.

Aunque aún lamento los desaparecidos grupos mencionados: de Ernesto García y Yoshvani Medina, otros colectivos cambiarían sus sedes, como poco tiempo atrás ―a causa de la venta de terreno y la eliminación de su anterior edificio― se mudaría al emblemático espacio del Teatro de Bellas Artes, el significativo Teatro Ocho o Cirko Teatro, ya mencionado. Otras compañías se han revitalizado, como el ya mencionado Artefactus Teatro o Teatro del fin del mundo, bajo la dirección general y artística del dramaturgo y realizador Eddy Díaz Sousa.

Entre los más recientes espacios creados, figura Roxy Theatre Group, compañía escénica gerente del Centro Cultural de Westchester, cofundado por el director artístico Charles A. Sothers, organización didáctica sin fines de lucro, destinada a niños entre 3 y 7 años, asimismo atiende a todas las edades. Los programas se enfocan en la escena, y ofrecen clases de danza, teatro y voz. Se inauguraría en 2002 con doscientos cincuenta estudiantes inscritos en clases de teatro. Entre sus logros mayores, resalta la temporada anual, con dos recitales: Fall Follies, de otoño, y Holly Jolly Follies, de invierno, como sendas producciones musicales en el escenario principal.


Más sobre mi vínculo con las letras 

A la par de mi mencionado vínculo con la escena miamense, integraría el Pen Club de Escritores Cubanos del Exilio, donde, entre otras actividades, presenté a mi desde Cuba conocida: la dramaturga y directora teatral, Karla Barro y su libro: Tía Tata Cuentacuentos y otros Esperpentos, quien fuera galardonada con la mencionada pieza, en el IV Concurso Iberoamericano de Dramaturgia Infantil, y Aventuras del viejo guiñol, como asimismo una selección de las narraciones que entregara, de lunes a viernes a las siete de la mañana, en su popular programa de la radio cubana Tía Tata cuenta cuentos.

Mas, debí abandonar el Pen Club por la asesina pandemia del virus chino, tal me aconteciera con mi Tertulia Añorado Encuentro que mantuve durante varios años en la Galería Art Emporium, en el centro de La Pequeña Habana, de la artistamiga plástica y profesora universitaria Vivian Pérez, hija del gran humorista Leopoldo Fernández, donde invité a diversos creadores del exilio: poetas, narradores y cineastas, tal el emblemático realizador Lilo Vilaplana, cuyos filmes y series sobre la verdadera historia cubana han sido merecedores de lauros, y al valiente narrador y reconocido opositor residente en Cuba, Ángel Santiesteban Prats, premiado en los más importantes concursos literarios cubanos y extranjeros.

Asimismo, a sugerencia de mi colegamigo Manuel Gayol, integro la Academia de la Historia de Cuba en el Exilio, aunque por razones de salud, no pude participar en el acto de investidura.  

Mas, a pesar de esta amplia vida cultural, el primero de marzo del 2020, llegaría, enviado por la dictadura china ―como la peste que azotara a Europa, narrada con humor por Giovanni Boccaccio en Il Decamerone― la pandemia del Covid, que, extendida a tres años y 22 días, se llevaría a la tumba a cientos de personas, entre ellas, ancianos y niños, paralizando no solo a Miami, sino a buena parte de este «mundo, vasto mundo», por decirlo con un verso del poeta brasileño Carlos Drummond de Andrade.


El inesperado cambio y la preocupación de tantos…

Felices, Mayra y Waldo, junto a su nieto, en libertad.

Tras vivir durante doce años en este gran país, como a otros me preocupan los hasta ahora nunca antes vistos acontecimientos que, desde el 2020, preocupan a la gran mayoría de los ciudadanos, y no solo a los cubanos de Miami [que sufrimos en nuestra oprimida patria la fracasada experiencia del socialismo], con las graves consecuencias: el giro hacia la extrema izquierda que poco a poco parece dominar la política de los Estados Unidos, con sus frustráneos resultados: inflación, subida de precios: alimentos, gasolina y rentas —entre otros graves problemas hasta ahora nunca experimentados— que afectan al pueblo estadunidense. Mas, como confío en la valentía y el orgullo por integrar esta nación, ejemplo de libertad, desde su fundación para el resto de los países, mantengo la esperanza en que, a pesar de los daños ya causados, la situación no sea irreversible, para el bien de todos.

La ferocidad e imbecilidad del gobierno autocrático […] provoca la no menos imbécil y atroz respuesta de una revolución utópica que invoca la destrucción como primer medio a mano, en la convicción extraña de que un cambio fundamental de perspectiva debe suceder la caída de cualquier institución humana.      

Bajo la mirada de Occidente, Joseph Conrad

La dictadura socialista era la opción idónea para gente viciada y personas con visos mitómanos […] para los que albergaban ese rencor incontrolable que […] los tornaría en opresores. Era también una salida de acomodo para la ignorancia de los iletrados, o un recurso socorrido para los que sufrían un mal incurable: la pobreza moral.                    

En vías de convertirse en una nación enloquecida por el virus del fanatismo, una mayoría del pueblo […] se dejaba arrastrar […] por el embrujo de la fantasía y la necesidad perentoria de improvisar, bases de un movimiento político formado no precisamente por ascetas, donde se veneraba un culto hasta ese momento desconocido […]: una ideología política que pronto habría de cambiar ―según creían esos nuevos idealistas, los materialistas― la dirección del planeta.

La mirada viva, Alberto Roldán

A través del espejo (X): Ay, Carmela

Carlos Saura, Madrid, 2005 – Fotografía Marcelo del Pozo – Propiedad: Agencia Reuters

Intro

En 1990, el director de cine español Carlos Saura (1933-2023) iniciaba la cuarta década de su fructífera carrera cinematográfica que lo había llevado a ser el director más destacado del cine español contemporáneo.

Atrás iban quedando algunos de sus más relevantes éxitos cinematográficos de las pasadas décadas como La caza (1966), Pipermín Frappé (1967), El jardín de las delicias (1970), Ana y los lobos (1973) y Mamá cumple cien años (1979).

Pero también, más recientemente, casi al finalizar la década de los 80, un doloroso fracaso de un filme de carácter histórico: El Dorado1 (1988).

Sin embargo, como había sucedido en otras oportunidades de su carrera cinematográfica, muy pronto el director tendría la oportunidad de desquitarse y reivindicar su talento artístico frente al gran público y la crítica especializada con el filme ¡Ay, Carmela! (1990).

Originalmente, ¡Ay, Carmela! fue una obra de teatro (1986) del dramaturgo José Sánchez Sinisterra al cual Saura rinde homenaje en más de una ocasión durante los ciento dos minutos de duración de la película a través de la inserción de varias secuencias intertextuales de teatro dentro del cine.

También con un carácter intertextual está el empleo de la música, en particular la canción de combate republicano «El paso del Ebro» con la célebre frase reiterada por el coro de «¡Ay, Carmela!», que a su vez da título al filme y que  Saura recrea varias veces como tema musical dominante a lo largo del filme.


Premios Goya

¡Ay, Carmela! es el resultado de otra magnífica colaboración a dúo del director Carlos Saura y del escritor Rafael Azcona en la facturación del guion. Este filme al ser estrenado literalmente arrasó con todas las categorías de la V emisión de los Premios Goya y acumuló para sí la increíble cifra de trece premios: a la mejor película, director, actriz, actor, actor de reparto, guion, montaje, dirección artística, producción, vestuario, maquillaje y peluquería, sonido, efectos especiales y nominaciones para premios en música y fotografía.

Hay varios factores que concurren en este sonado éxito de taquilla y juicio crítico. El primero de ellos y posiblemente el de mayor importancia es el tema seleccionado: la guerra civil española (1936-1939).

Un tema por el cual Saura siempre mostró una especial preferencia, y al respecto vale la pena mencionar de nuevo, entre otros, los filmes retro La caza, El jardín de las delicias y Mamá cumple cien años.

El mayor interés del director en estos filmes parece haber sido la recuperación de la memoria perdida de los años de la guerra civil: un trauma que ha marcado la conciencia de varias generaciones en una etapa -las décadas del 60 y 70- en las cuales el franquismo con su secuela de censura e intolerancia política y religiosa se encontraba vigente y con amplio poder de decisión sobre la cultura.


Plot

En la narrativa cinematográfica de ¡Ay, Carmela!, Saura introduce una modalidad, la aguda mirada del director no se dirigirá a personajes que en el presente viven con las mentes afligidas por los recuerdos del pasado bélico, sino que abordará por primera vez en su filmografía el tema de la guerra civil “in situ”, es decir, en medio de la conflagración que dividió a España en dos bandos: el de los “nacionalistas y el de los “republicanos”.

La anécdota que da pie al filme es muy sencilla. Un trío de “cómicos de la legua”2 tras finalizar una función de varietés en la que Paulino (actor Andrés Pajares) declama poemas libertarios en medio de la amenaza de bombardeo del territorio controlado por los “republicanos” mientras Carmela (actriz Carmen Maura) baila pasodobles como en un cabaré de bataclán de segunda categoría y Gustavito, un mudo (actor Gabino Diego) rasguea la guitarra,  decide que es tiempo de dejar de ser bufones de los soldados republicanos y alejarse del peligroso campo de batalla en busca de la neutralidad de las ciudades y trasladarse en medio de la noche a un lugar más seguro: Valencia3 donde residió la sede del gobierno republicano de Largo Caballero durante el primer año de la guerra (1936-1937).        

Para lograr su cometido se valen de ardides en los que mezclan tanto sus habilidades de actores como su ingenio de pícaros. Por ejemplo, el personaje de Carmela entretiene con sus carnes en exhibición al conductor de uno de los transportes militares republicanos mientras su amante Paulino hurta a escondidas gasolina del tanque de otro transporte militar estacionado para verterlo en el de él.  

Ya de madrugada, mientras avanzan en camión por un camino vecinal en medio de una densa niebla, son detenidos por una patrulla militar que inicialmente toman como republicana, pero en realidad han ido a parar sin saberlo al bando opuesto y los soldados que tienen delante son nacionalistas a la caza de rojillos.


Arte y política

El encuentro fortuito se transforma en una comedia de equívocos al no poder identificar el trío de actores -por la intensa niebla- a la tropa y ante la duda, Paulino, creyéndolos republicanos, comienza a declamar vehementemente una elegía a la muerte del poeta antifascista García Lorca mientras que Carmela -que ya ha identificado a los soldados como nacionalistas- por señas, le hace ver que no son amigos sino enemigos.

Luego, el trío -en realidad dúo pues el tercer individuo ya advertimos es mudo- es interrogado por un capitán franquista (actor José Sancho) que delimitará los campos.

Ellos no son como ingenuamente quieren hacer ver artistas para los cuales lo que cuenta es su arte y no la política sino simpatizantes conscientes del bando republicano y por lo tanto serán tratados como prisioneros de guerra y encarcelados junto con el resto de los detenidos: los pobladores de una aldea acusados de colaborar con los comunistas y de los cuales, diariamente, son extraídos unos pocos para ser fusilados en el patio del cuartel como medida disciplinaria ejemplarizante.       


Dramaturgia

A esta altura del desarrollo episódico del filme vale la pena señalar que Saura desliza suavemente a lo largo de la narrativa visual dos elementos medulares de su estrategia dramática: (1) ¡Ay, Carmela! es una comedia, sí, pero los elementos de risa se tornan en mueca por la seriedad de las situaciones como verse envuelto el trío de prisioneros junto a un grupo que es diezmado sin juicio alguno mediante fusilamientos (2) la pregunta sin respuesta en apariencia de si deben los artistas comprometer su arte con la política o mantenerse al margen inmersos en su creación.   

La actriz Carmen Maura.

El primer elemento -si el filme es comedia o no- será respondido con precisión en la medida en que progresa la trama y vemos que no hay solo españoles prisioneros de españoles sino también una abigarrada tropa de extranjeros pertenecientes a las brigadas internacionales que acudieron desde todas partes del mundo al llamado a defender a la república española de la alianza fascista de Franco, Hitler y Mussolini4.

La masacre planificada por los nacionalistas de los prisioneros republicanos da lugar a una hermosa relación sentimental entre Carmela y un prisionero de las brigadas internacionales (actor Edward Zentara).

Carmela que lo sabe destinado al paredón de fusilamiento, más por gestos y movimientos de manos que por conversación pues ambos hablan lenguas distintas, vuelca su maternidad frustrada por la guerra en el joven soldado polaco y a partir de este momento, pese a que todavía queden situaciones hilarantes, el tono del filme se torna sombrío y la comedia cede paso a la tragedia. 

Ergo: no se trata de una comedia sino de una tragicomedia en la que a medida que progresa la trama pesa más en los platillos de la balanza dramática de Saura el sentimiento de la tragedia.

El segundo elemento -el del compromiso político de la obra de arte-, es de tan vieja data su planteamiento y el debate generado al respecto como la propia existencia universal del arte.

Según la época de que se trate han variado las respuestas, aunque preciso es decirlo, han sido la politización y la ideologización forzosa que acarrean los sistemas totalitarios contemporáneos europeos del fascismo y el comunismo los que han impuesto muchas de las normas vigentes.

Saura, en este caso, de una forma discreta en el planteamiento y en la resolución -como secreto susurrado al oído para que no pueda ser escuchado por los censores de uno y otro bando- da su versión particular de los hechos.

Sí, existe un condicionamiento social y político y la obra de arte, aunque muchos se nieguen a creer, no debe mantenerse ajena al “compromiso”.


Melomanía

El supuesto ideológico del compromiso en la obra de arte tendrá una nueva “vuelta de tuerca” cuando el trio es presentado a un nuevo oficial para que se encargue de ellos durante el tiempo de internamiento en esa suerte de “campo de concentración” en el que conviven con españoles y soldados extranjeros de las brigadas internacionales.

El oficial a cargo del trio de Carmela y Paulino Variedades a Lo Fino como suelen presentarse artísticamente, será el teniente Ripamonte (actor Armando de Razza).

Como su nombre lo indica es de procedencia italiana y forma parte de los contingentes de soldados enviados por Mussolini al frente de batalla español en solidaridad fascista con Franco.

El teniente Ripamonte es un personaje de opereta o de ópera bufa, tiene veleidades artísticas que ponen en entredicho su origen cuartelario y su militancia fascista.

Dejándose llevar más por el impulso y la emoción que por la ideología y la enemistad, organiza una representación teatral con el trío de Carmela, Paulino y el mudo Gustavito en la que él, el teniente Ripamonte, desdoblado en tenor operático, tendrá un rol central5.


Idealismo versus supervivencia

En largas secuencias que se inician con los preparativos anecdóticos de la función teatral, como la búsqueda de ropa apropiada para Carmela y al no encontrarla valerse de una cortina de tela de damasco floreada que el mudo cose y se la entrega como atuendo sevillano para que entone coplas, se desarrolla la parte final en la que deberán solucionarse en clímax dramático las preguntas que subyacen a lo largo del filme.

¿Salvar la vida o quedar encerrados como prisioneros de guerra por tiempo ilimitado?

¿Aceptará el trío de Carmela y Paulino Variedades a lo fino plegarse a los requerimientos fascistas de honrar a los nacionalistas y denostar a los republicanos ante un público compuesto por fascistas que ocupan la platea y prisioneros de las brigadas internacionales bajo intensa custodia en el piso alto del improvisado teatro?  

¿Qué prevalecerá el instinto de conservación nacionalista o la ideología republicana de los cómicos?

En realidad, la respuesta o las respuestas han sido adelantadas a cuentagotas por Saura a lo largo de la trama y en parte resulta previsible cuál será la reacción final de cada uno de los miembros del trío.

El mudo Gustavito6 como está imposibilitado de hablar, delata su simpatía republicana por gestos de manos y rostro y en algún momento en que se vale de una pizarra portátil para redactar notas, hace un excelente uso de la ironía visual al escribir Mulo Sini en lugar de Mussolini delante del teniente italiano Ripamonte que lee desconcertado el texto.   

Carmela7 al inicio del filme, encerraba bajo siete llaves su fervor republicano ante la presencia de los soldados nacionalistas, mientras que Paulino8, delante de los soldados republicanos, desde el primer momento, elegía servirles de entretenimiento como mimo antes que ser enrolado a la fuerza como soldado en sus filas. 

Carmela desde el principio del filme, aunque calladamente, se muestra íntegra en sus principios. Ella es sentimental, valiente y corajuda y lo mismo si sale a escena o en privado no se oculta para expresar sus sentimientos favorables al bando republicano y de solidaridad con los polacos de las brigadas internacionales cuando sabe de su presencia como prisioneros de los nacionalistas.   

Paulino por su parte, con su rostro de payaso triste del cine mudo a lo Chaplin sin bigotico, que apenas necesita de maquillaje para las representaciones pues es harto elocuente su expresión con los ojos saltones como sapo, agigantados por el empleo de Maybelline sobre el arco de las cejas, es una magnífica representación del típico “buscavidas” que caracteriza a la novela picaresca española de los Siglos de Oro.

Carmela siempre fue partidaria de la disidencia, mientras que Paulino optó por la supervivencia. Su lema: «Somos artistas, hacemos lo que nos piden», surge a cada momento cuando ora los republicanos lo obligan a soltar una sonora retreta de pedos u ora los nacionalistas requieren de él entretenimiento para un público de militares españoles e italianos fascistas.

Paulino siempre está listo para adaptarse a cualquier cosa, incluso a profanar en el escenario la bandera republicana que Carmela oculta bajo sus ropas para enarbolarla en el momento oportuno.

Carmela, sin embargo, se muestra preocupada por su encuentro con el soldado polaco, a quien teme que sea llevado a ver su acto. No está para nada satisfecha con la idea de que la obra vaya a escena sin ensayo; de que, contra su voluntad, deba bailar vestida con una cortina de tela de damasco floreada, que su menstruación esté pasada de tiempo o que el guion suministrado por el teniente Ripamonte sea francamente deleznable.

En la secuencia final de la película, su actitud desafiante sobre el escenario frente a la tropa fascista rescatará del olvido el patriotismo español y provocará que en un rapto de furia e impotencia ante la humillación generalizada delante de los prisioneros de las brigadas internacionales que cantan a coro ¡Ay, Carmela!, un oficial nacionalista dispare sobre ella y le encaje un balazo en medio de la frente.


Final

Viva la Quince Brigada, rumba la rumba la rumba la.
Viva la Quince Brigada, rumba la rumba la rumba la que nos cubrirá de gloria

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

que nos cubrirá de gloria,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

Luchamos contra los moros, rumba la rumba la rumba la.
Luchamos contra los moros, rumba la rumba la rumba la mercenarios y fascistas,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

mercenarios y fascistas,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

Solo es nuestro deseo, rumba la rumba la rumba la.
Solo es nuestro deseo, rumba la rumba la rumba la acabar con el fascismo,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

acabar con el fascismo,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

En los frentes de Jarama, rumba la rumba la rumba la.
En los frentes de Jarama, rumba la rumba la rumba la no tenemos ni aviones, ni tanques ni cañones,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

no tenemos ni aviones, ni tanques ni cañones,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

Ya salimos de España, rumba la rumba la rumba la.
Ya salimos de España, rumba la rumba la rumba la a luchar en otros frentes,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

a luchar en otros frentes,

¡Ay, Carmela! ¡Ay, Carmela!

La cancelación cultural en la era de lo olíticamente correcto

La cancelación cultural ha sido un mecanismo muy útil en casi todos los sistemas de gobierno en los que el poder político ha impuesto una única concepción de la sociedad como columna vertebral para establecer el pensamiento social. Aunque ha ocurrido también en el capitalismo (las dictaduras de derecha básicamente), ha sido una práctica recurrente en los regímenes de izquierda no capitalistas.

Lamentablemente, la mayoría de los análisis actuales apuntan al resurgimiento de esta práctica como fenómeno en lo que se conoce como “sociedad mundial”. Se culpabiliza en mayor parte a la teoría de la expansión internacional de lo políticamente correcto como la causa esencial de la cancelación cultural en temas relativamente nuevos en el discurso político y diplomático universal, como los derechos de las minorías (de raza, género, sexo, etnia, nivel social, etc), como la revalorización del derecho de existencia de regímenes considerados tradicionalmente no democráticos, y como la reformulación de las tradicionales raíces de las culturas madres tal cual las conocemos hoy (occidental, oriental, originarias, etc.)…

Es, en definitiva, un asunto que se discute casi cotidianamente en las sociedades democráticas, con Europa, Canadá, Estados Unidos, Japón y Australia a la cabeza. En América Latina, África y las naciones pobres en vías de desarrollo o subdesarrolladas en Asia la discusión social sobre este asunto varía por épocas de acuerdo al signo de los gobiernos.

Lo que llamamos Cancelación Cultural en Europa y Estados Unidos (en Cuba es otra cosa) es el resultado desviado del empoderamiento de sectores de la sociedad que habían permanecido sin voz en esas sociedades durante muy largo tiempo. Es un proceso que comienza con la expansión de internet y las posibilidades de romper el monopolio de los medios de comunicación, que trae al ruedo de las discusiones del pensamiento social nuevos actores de todas las áreas de la sociedad y de casi todos los estratos sociales. Por ejemplo: en Estados Unidos y México tuvieron bastante protagonismo en las reivindicaciones de las libertades de identidad sexual personas trans de las comunidades indígenas, y el caso más comentado entonces fue el de “las Muxes”, una identidad transgénero milenaria. Y cuando hablo de “resultado desviado” es que la resistencia que la propia sociedad y el pensamiento tradicionalista hicieron a esas propuestas reivindicativas, convirtieron las reivindicaciones en batallas sociales… y eso ocurre en un contexto en que se entiende la batalla como ganadores y perdedores y ahí comienza la cancelación… En el caso de las Muxes, por ejemplo, se llegó a llevar a los tribunales a humoristas que incluían al trans Muxe en sus monólogos o chistes… Recuerdo que varios colegas escritores se manifestaron preocupados porque, a ese paso, las suegras podrían protestar y llevar a los humoristas a los tribunales porque eran siempre pasto de burlas en los chistes y eso, según el discurso extremista de la cancelación, podría considerarse denigración de la mujer.

Siempre en estos casos pongo un ejemplo: en la actualidad, el teatro bufo cubano, sufriría la cancelación cultural. Sus personajes todos son estereotipos: el negrito, el chino, el gallego, la mulata… Y las cancelaciones culturales son de todo tipo: en el caso de las asumidas por la compañía Disney se trata de la utilización de estereotipos cómicos, no de burlas… incluso son personajes entrañables para las comunidades que ellos mismos representan… Me llamó mucho la atención que cuando ciertos grupos de defensa de los derechos raciales pidieron la cancelación cultural de “Lo que el viento se llevó” la mayoría de los actores negros y la familia de la criada negra, la actriz Hattie MacDaniel, se manifestaron en contra porque gracias a esta actuación, que fue premiada en 1940 con un Oscar a su actuación como la criada “Mammy”, se había logrado visibilizar al negro dentro del entramado del cine, y a partir de ahí se empezó a ganar espacio dentro del protagonismo en que los medios reflejaban al negro en la cultura norteamericana… Es un asunto tan complejo que irse a los extremos puede derivar en errores graves.

Un ejemplo claro: El monopolio de entretenimiento Disney ha optado por reforzar la seguridad en su plataforma de streaming Disney plus, retirando del catálogo infantil y estableciendo un filtro de edad más rígido, películas clásicas como Dumbo, Peter Pan, El Libro de la Selva o Los aristogatos. Según el comunicado, la compañía tomó la decisión de prohibir esas películas en las cuentas de los niños, siguiendo la opinión de un grupo de expertos externos, compuestos por organizaciones líderes que abogan por las comunidades que representan y son la vanguardia en impulsar el cambio narrativo en los medios y el entretenimiento. En Dumbo, un grupo de cuervos usa estereotipos para representar a afroamericanos; un problema parecido se da en El libro de la selva, mientras que Peter Pan es criticada por la forma en que representa a los nativos americanos y Los aristogatos por la imagen en que representa a los asiáticos. En uno de mis comentarios en video, en mi canal de Youtube, dije que el dilema es que usar un estereotipo social y burlarse de ese estereotipo social son dos cosas distintas, pero ese es el mundo de extremismos de toda índole que estamos viviendo.

Recientemente tenemos el caso más conocido de la cancelación cultural por racismo, en este caso lanzada por la población blanca: Disney hizo una sirenita mulata… y la población blanca puso el grito en el cielo, se pidió que no se proyectara esa película… pero cuando los niños la vieron en todo el mundo vieron a una sirena, no vieron a una mulata…

En el caso de Cuba, un país donde lo ideológico establece las normas, sigue siendo un tema de menor importancia, que es asumido por el gobierno solamente cuando conviene a sus estrategias de proyección internacional del proyecto social “Revolución Cubana”.

La cancelación cultural, en el caso de Cuba, no responde a la pérdida del límite de justas reivindicaciones sociales, como sucede en otras partes del mundo, sino a los lineamientos político/culturales establecidos en el Programa Cultural de la Revolución que, como sabemos, parten de lo establecido inicialmente por Fidel Castro en sus “Palabras a los intelectuales” para todos los ámbitos de la sociedad y del pensamiento social, y que se delinean muy claramente en los estatutos de las distintas organizaciones y estructuras de dirección cultural que configuran el entramado cultural cubano.  Así, aunque disfrazada de humanismo revolucionario, la cancelación cultural no se ha manifestado tanto en el bloqueo de obras y autores específicos (que también ha existido a lo largo de 6 décadas) como en el de impedir el estallido social o el descontento social por problemáticas que el programa político/social de la Revolución considera deben resolverse mediante decretos y por las vías establecidas por el Estado… por eso no es de extrañar que no se acepte en el discurso político/gubernamental la existencia, por ejemplo, del racismo como fenómeno social y se suaviza el asunto como “manifestaciones en la sociedad”, o de la homofobia, o de la violencia de género… 

Es un tema que se ha debatido bastante y, en mi opinión, de modo bastante profundo y profesional. Son bien recordados los espacios de discusión en la sede de la revista Criterios, en programas de diálogo sobre esos asuntos propuestos por Desiderio Navarro. También, y con la participación de especialistas latinoamericanos, se realizaron discusiones en la Casa de las Américas… El problema es que, como sabemos, estos espacios eran permitidos e incluso fomentados por la dictadura como catalizador de opiniones hacia las instituciones que, a fin de cuentas, debían ser las responsables de ofrecer respuestas y soluciones a esos problemas puntuales… En este sentido, los cubanos vivimos un suceso que es un botón de muestra muy claro de lo que digo: las cancelaciones culturales múltiples que ocurrieron en distintas áreas de la cultura cubana en los sesentas y setentas, en lo que se conoció como Quinquenio Gris (al que otros llaman Período Gris porque ocupó desde la mitad del 70 y hasta mediados del 80) se convirtieron en un problema para las autoridades cubanas en la llamada Guerrita de los Emails, de 2007, cuando un amplio grupo de intelectuales y escritores de la isla y la diáspora cruzaron mensajes de correo electrónico manifestando preocupación y alarma por los homenajes que, en espacios importantes de la televisión cubana (que, como se sabe, es controlada por el Partido Comunista) se le hicieron a tres antiguos represores del Quinquenio Gris… Para frenar la avalancha de quejas que se les iba de las manos se resolvió organizar reuniones de catarsis en las cuales las instituciones debían canalizar y resolver las persistencia de las heridas y del problema de esas cancelaciones y censuras. Como sabemos, nada cambió. O sí, para peor. 

He dicho en otros espacios que vivimos en un mundo donde para defender, supuestamente, los derechos de minorías marginadas, se comienza a marginar a quienes no pertenecen a esas minorías. Algunos hablan ya de dictaduras de las minorías y eso cuando se vive en una sociedad de derechos, es muy peligroso. El derecho a la queja, el derecho a protestar contra algo que no nos gusta, es un derecho de todos. Si aceptamos eso, entonces tendrá que ser igual de relevante la queja la comunidad LGTBI cuando pretende cambiar en las escuelas la perspectiva con que debe enseñar las diferencias de la orientación sexual y esa otra queja de otras minorías, mayormente denominaciones religiosas de distinto credo, que no desean que sus hijos reciban ese tipo de perspectiva educacional.

Me resulta preocupante que el modo en que se procede hoy, en todos los extremos y espectros de esta discusión social, apunta a un solo camino, el asesinato de la historia de la humanidad. Como la historia misma ha demostrado, la aniquilación irracional de las diferentes perspectivas con que se ha construido esa historia y el modo en que ha sido reflejada en la cultura no es la solución. Siguiendo ese camino llegaremos a querer borrar cualquier indicio que nos recuerde esas meteduras de pata que como humanidad perpetramos en el pasado, por ejemplo, ese horror que fue la esclavitud, pero también esos horrores que fueron el genocidio nazi o los más de 45 millones de muertos provocados por la Revolución Cultural en China. La historia se analiza y de ella se aprende, no se borra. No es eliminando esas visiones, aún cuando sean arcaicas, retrógradas, incorrectas políticamente, el modo de empezar a construir una nueva visión. Es analizando desde las libertades del presente, el atraso humano, ético que esas otras visiones pudieran representar. Enseñando a las nuevas generaciones a no burlarse de lo distinto, a respetar las diferencias, a convivir con la diversidad en igualdad de derechos. Una sociedad abierta, plural y sobre todo inclusiva solo será posible mediante la aplicación en la sociedad, y en nuestra cabeza, de una palabra que en estos tiempos brilla por su ausencia: tolerancia.

La palabra en plenitud de Salvador García Jiménez

De la tesis doctoral “La palabra en plenitud de Salvador García Jiménez”, de María Josefa Espín López, Universidad de Murcia

Salvador García Jiménez, escritor español.

La voz espiritual: de lo humano a lo divino

Locura celestial de San Juan de la Cruz, del escritor ceheginero Salvador García Jiménez, ya alcanzó el éxito literario en 1992 con el título Las ínsulas extrañas, Premio de América por su calidad literaria, ahora publicada en la colección Caribdis, de Ilíada Ediciones.

Es importante destacar, una vez más, la trayectoria narrativa, poética y ensayística de Salvador García Jiménez. Hace treinta años que la profunda admiración por la personalidad y la obra de San Juan de la Cruz le llevaron a escribir sobre la esencia de la doctrina mística del carmelita surgiendo así entre el autor y el personaje una identidad emocional indiscutible.

No es la primera vez que García Jiménez convierte a escritores relevantes en personajes literarios, procedimiento que el autor inició con Kafka en La peregrinación, con García Lorca en La sangre desgranada de Federico García Lorca, y repetiría con Cervantes en La vida en ultratumba de Miguel de Cervantes (1616-2016). Y es que, en este momento de plenitud creativa, recurre a la biografía novelada, una modalidad narrativa de vanguardia. Lo novedoso y, al mismo tiempo paradójico, es que lo convierte en el género de la modernidad revitalizando el viejo motivo de reescribir los recuerdos de San Juan de la Cruz para superar la frontera entre la memoria y el olvido en un pacto de intimidad entre el yo, que escribe la historia, y sus lectores, convertidos en confidentes.

Tras la obra hay riguroso trabajo de investigación que atestigua la erudición de García Jiménez y la fiabilidad de los materiales consultados durante cuatro años: libros, protocolos en archivos, referencias de incalculable valor histórico, cultural y literario que convierten Locura celestial de San Juan de la Cruz en la interpretación más original del pensamiento de San Juan de la Cruz.

Esta biografía no es sólo un discurso de sí mismo, sino más bien un memorial de vida en el que San Juan de la Cruz rememora su realidad cotidiana describiendo en sus confesiones un tesoro incalculable de anécdotas que le permiten divagar, comentar y recordar la verdadera e histórica realidad que casi nunca aparece en los libros. Este dibujo de la realidad en el que el protagonista 254 es la voz y el confidente, testigo directo de su vida, ahora dibujado como un personaje novelesco, quizá sea uno de los valores más importante de este libro.

Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.

García Jiménez escribe Locura celestial de San Juan de la Cruz para recomponer verazmente las experiencias humanas y místicas del santo hasta convertirlas literariamente en ficción, vivificando escenas repletas de sensibilidad para manifestar que el amor humano y divino es el tema más bello.

El enigmático título, Locura celestial de San Juan de la Cruz, remite a los versos de Santa Teresa de Jesús “Cuando esto escribo, no estoy fuera de esta santa locura celestial”. Esta simetría permite a García Jiménez utilizar la cita dialéctica como referente intertextual para jugar con su significado, justificando no ser freudiano al aludir a San Juan de la Cruz mientras el santo ensueña esa locura de la fe que tiene y el amor a Dios.

El título es una metáfora de los sentimientos de San Juan cuando recuerda su vida en el lecho de muerte, momento en el que recupera secuencias de su vida mediante el más puro recurso cinematográfico conocido como flashback. A lo largo de toda la obra, el autor concreta el hilo narrativo en lo existencial del camino de purificación que es el testimonio de la fe del protagonista y que se muestra en las experiencias místicas que padece el santo motivadas por su amor a Dios, que busca la auténtica comunión con él, declarando en el delirio el sufrimiento y su ansia de Dios.

Lo más novedoso de la biografía novelada es que se superan los límites entre lo literario y lo no literario por el carácter híbrido del subgénero que permite trasvasar la realidad histórica y entrelazarla con lo literario para describir el itinerario vital del protagonista y que se reconstruye mediante secuencias biográficas con referentes históricos que se describen con gran carga afectiva y emocional.

García Jiménez escoge un narrador en primera persona para construir un relato autodiegético. De esta manera, la novela gana en intensidad porque la voz que cuenta la historia describe sus virtudes humanas desde el sacrifico y la entrega a Dios. En su monólogo con Dios, donde fluye la conciencia del personaje, San Juan encuentra en él al mejor intérprete para la difusión de sus vivencias que va desplegando a modo de crónica.

En el entramado literario del libro aparecen casos de intertextualidad en forma de citas textuales, referencias a predicadores de su tiempo, alusiones a 255 obras literarias de la liturgia sagrada y a sus poemas. García Jiménez combina la fidelidad de los datos históricos con pasajes verdaderamente imaginativos de inspiración literaria pura, como el capítulo sobre la levitación “Creen que una capa es para levitar”, inspirado en un texto manuscrito no publicado del beato fray Andrés Hibernón.

Juan de Yepes Álvarez, San Juan de la Cruz (Fontiveros, 1542 – Úbeda, 1591)

Resulta especialmente relevante la intratextualidad porque García Jiménez retoma historias, personajes y vivencias presentes en otras obras suyas. Ejemplo de esto lo encontramos en el capítulo “Zarzal de acero” cuando el escritor hace alusión a la reliquia de la Santa Pluma del Ángel San Gabriel, uno de sus sellos literarios recurrentes. Se basa también en un texto escrito por él anteriormente para crear uno nuevo en el cuento “Caelum Caeli”, incluido en la colección de cuentos Caelum Caeli (1989), que supone el germen del capítulo “Creen que una capa blanca es para levitar”, de su novela Las ínsulas extrañas (1992). Fray Juan Zarco de Gea se había atribuido a sí mismo la autoría de textos escritos por otros que publica en la prensa nacional durante años. El protagonista del cuento, el Padre Juan de San Ángelo, pasa a denominarse Fray Pedro de los Ángeles en la novela, hallamos diferencias en la alusión a ciertos personajes: “El hermano Gabriel”, en el cuento, frente a “Mi cándido Gabrielillo”, en la novela. Por otro lado, el escritor introduce en el capítulo “Zarzal de acero” de Locura Celestial a Martín de Ambel, protagonista de La gran historia de honor de don Martín de Ambel (1997), con el nombre de Javier Medina, un hermano de la Cofradía de la Santa y Vera Cruz, que en ambas obras acaba con la vida del alférez mayor por cuestiones de honor.

La complejidad estructural del relato se debe a que la narración no guarda una progresión cronológica lineal de la vida de San Juan, sino que es una superposición de aventuras en el tiempo y el espacio, en donde las reflexiones del hombre entregado a Dios, San Juan, se mezclan en pasado y presente. Romper el tiempo sucesivo constituye una novedad discursiva importante, porque desde un presente vivido San Juan evoca con la mirada retrospectiva las cantigas de su sufrimiento.

La obra se inicia con el capítulo “El mar, una sola lágrima de Dios”, que ofrece una mirada panorámica de la vida del Santo ya en el lecho de muerte y que cumple la función de exponer la experiencia de su vivencia espiritual. Los dieciséis capítulos sucesivos recogen anécdotas que emergen de sus 256 experiencias vividas. El simbolismo y la alegoría de los títulos de los capítulos contienen una variada temática existencial: el dolor humano por la injusticia, el descubrimiento de la muerte como elevación de la experiencia vital, el acercamiento a Dios que culmina en el ansia de inmortalidad, la espiritualidad referida a la reforma de la orden del Carmelo y la persecución por parte de sus compañeros descalzos, que lleva al lector a un proceso de catarsis.

Otra cuestión interesante es la ficción novelesca que García Jiménez introduce con la alusión inicial del título “locura celestial” referida a Santa Teresa y la carta contenida en el capítulo final “Alba y Úbeda” que refuerzan la circularidad de la obra. Es casi una fabulación, aunque algunos fragmentos han sido extraídos de cartas originales de Santa Teresa, constituyen una estrategia literaria que permite recomponer la vida que San Juan de la Cruz y Santa Teresa habían compartido juntos. Nueve años había tardado en llegar la carta después de la muerte de Santa Teresa. Recuero, el cartero, antes de fallecer confesó que había guardado la carta como reliquia, porque Santa Teresa había muerto en olor de santidad. Al final de sus días, arrepentido, decide entregársela a San Juan. Así parece que ambos personajes están muriendo al mismo tiempo gracias a la tardanza de la carta. Es extraordinaria la brillantez de la metáfora que cierra el final de la novela: “Cuerda arriba, lluvia arriba, me iré con los anzuelos que pudieran salir de las campanas y el musgo de las tejas a reclinar mi rostro en el amado” (2022: 254).

En la obra aparecen espacios reales explícitos, naturales y urbanos, que aportan verosimilitud y credibilidad al relato mediante descripciones detallistas y evocadoras. El motivo del viaje o del camino presenta dos interpretaciones posible: una externa, que se correspondería con lugares físicos y emblemáticos como la cárcel de Toledo, la plaza Zocodover de Toledo, Úbeda, Puerto de Cádiz, México, Caravaca de la Cruz, Murcia, Ávila, Granada, Medina del Campo, Toledo, Baeza y Lisboa, se convierten en el eje de un mundo novelesco y mítico habitado por además por personajes reales —los carmelitas descalzos que conviven con él, los enemigos que lo someten a prisión y las monjas—, que aportan historicidad a la biografía novelada; y otra interna o más personal, que constituye la espiritualidad. Por otro lado, podemos asegurar que la etapa de oscuridad que supone la estancia en prisión inspirará los mejores versos de San Juan.

Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.

El libro sorprende al lector por los símbolos, la acumulación de imágenes, la alegoría de los títulos de los capítulos, los leitmotiv referidos a los elementos de la naturaleza (la fuente como presencia divina y de unión mística, la fuente escondida que remite a la santísima trinidad y la noche oscura como símbolo bíblico), las citas en latín y el uso constante de la metáfora, conjunto de recursos que le permiten a García Jiménez expresar los sentimientos de soledad, angustia, sufrimiento y amor en una prosa llena de lirismo.

Otra clave del éxito de la novela es el carácter compilador de algunas escenas de vida en las que se observa variedad de registros que van desde el tono coloquial hasta los momentos de la máxima inefabilidad en la expresión de lo espiritual. Todo esto es posible gracias a la poderosa capacidad de fabulación del autor lo que le permite diluir los límites entre la fantasía y la realidad. Es por eso que esta forma de narrar muestra un equilibrio prefecto entre el ritmo, la técnica y el valor de la palabra.

Para concluir, podemos afirmar que Locura celestial es la metáfora de los sentimientos que atesora el corazón de San Juan de la Cruz, la vida de un hombre que emociona a través de sus confesiones sobre el eterno tema de la fe en la vida y en el amor a Dios, uniendo diferentes motivos temáticos como la crítica a las beatas, el papel de confesor con las monjas de Beas del Segura, los procesos de la Inquisición, la reforma de los carmelitas descalzos, las alusiones metapoéticas explícitas a sus poemas “Cántico” o “Noche oscura”, el descubrimiento de la Cruz de Caravaca, el sufrimiento, la enfermedad y el éxtasis místico.

Animo a descubrir con la lectura de la obra el proceso de identificación entre autor y personaje, subrayando que García Jiménez muestra en Locura celestial la crónica más personal de San Juan de la Cruz sobre el la unión de la vida y el espíritu, de lo humano y lo divino.


Locura celestial: elogio y censura

Locura celestial de San Juan de la Cruz se presentó el 25 de mayo de 2022 en el Monasterio de los Jerónimos de Murcia organizado por la UCAM. En la presentación intervinieron: el escritor, Salvador García Jiménez, José Alberto Cánovas Sánchez, vicerrector de Asuntos Religiosos de la UCAM, Juan Cano Conesa, catedrático de Lengua y Literatura, exprofesor de la UCAM y doctor con la tesis doctoral «Escribiendo sobre la pluma de un ángel: Las novelas de Salvador García Jiménez», publicada por la Universidad Católica de San Antonio de Murcia (2004), María Josefa Espín López, profesora de Lengua y Literatura en el Instituto de Bachillerato San Juan de la Cruz de Caravaca, doctoranda con su tesis «La palabra en plenitud de Salvador García Jiménez».

El 13 de junio se presentó también en la Casa de la Cultura de Caravaca de la Cruz en acto organizado por el Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz. El acto estuvo presidido el alcalde José Francisco García Fernández, el escritor, Salvador García Jiménez, el Padre Superior de los Carmelitas Descalzo de Caravaca, Pascual Almela Gil, el presidente de la Asociación Cultural San Juan de la Cruz, Francisco Romero Rodríguez y la profesora del IES San Juan de la Cruz María Josefa Espín López. En la velada el escritor desveló las claves del proceso de investigación cuando se hallaba escribiendo la biografía novelada de San Juan de la Cruz. Se produjo un intercambio de anécdotas curiosas, entre ellas, por ejemplo, los siete viajes que realizó San Juan de la Cruz a la ciudad de Caravaca, el lenguaje simbolista y repleto de lirismo de la obra.

Sin embargo, la intervención más interesante fue la de García Jiménez por el descubrimiento de la vinculación de San Juan de la Cruz cuando en uno de sus viajes visitó el Lignum Crucis o la relación con las monjas, los temas de la obra, etc. Sus primeras palabras fueron de homenaje a la Ciudad de Caravaca donde vino el santo con la misión de fundar un convento de su orden y como confesor de las monjas. Entonces recordó también la memoria de su madre por la vinculación con esta cuidad, así como al escritor Gregorio Javier y por último expresó su consideración con los desvalidos, en recuerdo de todos aquellos que sufren. No podemos olvidar que esta es una constante en su obra literaria:

Permitidme, por favor, que dedique estas palabras a la memoria de mi madre María Ángeles Jiménez Peñalver, que nació en Caravaca. Ya me gustaría mi ser hijo adoptivo de esta ciudad que se está convirtiendo en capital española del misticismo. Y permitirme también que recuerde a Gregorio Javier quien regaló el apelativo de la Cruz a vuestro pueblo con su novela Caravaca de la Cruz, amigo generoso y cariñoso que fue en el alba de mi adolescencia, con una cruz de oro sobre el cuello y unos cardos resecos en la mesa de su despacho. He venido casi como Frida Kahlo, a presentar estos cuadros de San Juan de la Cruz por el dolor de lumbalgia que arrastro. Ella fue en una camilla a ver en México la presentación de sus cuadros. Frida Kahlo para mi es una luz igual que lo es Teresa de Calcuta. Yo creo que San Juan de la Cruz si le hubieran preguntado en qué le hubiera gustado reencarnarse hubiera dicho en Teresa de Calcuta (García Jiménez, 13 de junio de 2022. [Presentación Locura celestial… en Caravaca]).

Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.

También expuso sus palabras más sinceras sobre sobre el tema de la censura de la novela, Locura celestial de San Juan de la Cruz, porque se le había prohibido presentarla en su pueblo, Cehegín. Así expreso con ternura su sentir:

He venido también con el dolorido sentir del desprecio que acaban de hacerme en mi propio pueblo, Cehegín. Cehegín me lo dio todo, la verdad, me dio el nombre de una calle, me puso el nombre para un concurso de cuentos, pero con esta novela cuando la UCAM y Caravaca me han tendido con sus alfombras rojas y su máxima generosidad, en mi pueblo me han dado dilaciones, vuelva usted mañana, en fin, no voy a presentar el libro más, pero bueno. Hubo un día en que yo en un libro dije que me sentía profeta en mi pueblo, está en el prólogo de ese libro que era del concurso de cuentos y ahora casi me alegra de no haberle corregido a Cristo el versículo. Cristo dice en San Lucas en 24.4 “Ningún profeta será bien recibido en su propia tierra”. Y pongo la voz también por toda la gente que se pueda sentir humildemente o no marginada. Yo, en realidad, no me siento marginado. Cehegín he dicho que me ha tratado bien, esto ha sido la corporación municipal y un concejal de cultura. Las cosas hay que decirlas. Dicen que soy polémico. No soy polémico, me gusta la verdad. A Cristo le gustaba la verdad. A Cristo cuando llegó del desierto a Nazaret, su tierra, comenzó a predicar y empezó la gente a gritar, hasta lo iban a echar y entonces lo dijo él. Eso de que nadie es profeta en su tierra lo dijo San Lucas en el 24.4 con las mismas palabras textuales que acabo de decir (García Jiménez, 13 de junio de 2022. [Presentación Locura celestial… en Caravaca]).

La crítica también ha sido acertada en esta ocasión Díez de Revenga publicó una espléndida crítica en La Opinión de Murcia con el título Un relato admirable sobre el autor del Cántico espiritual en el que califica la obra como biografía novelada, destacando la complicada estructura en capítulos que obedece a una ruptura temporal que “muestran los momentos estelares del trascurrir vital del santo renacentista, se ponen de manifiesto y se recuperan para Díez de Revenga, F. J. (22 de febrero de 2022). Un relato admirable sobre el autor del Cántico espiritual, el humanismo, los sueños y las luchas espirituales y carnales de San Juan de la Cruz”.

Díez de Revenga aprovecha para hablar del hombre, del religioso y del poeta, que tanta admiración ha recibido. Destaca aspectos relevantes de la obra, la vida del hombre llena de penurias, la referencia a lo poemas de la mística de renacentista de San Juan Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva, como obras maestras de espiritualidad y, la intensa labor de investigación de García Jiménez:

Se trata entonces de una excelente oportunidad para redescubrir no solo al hombre y al religioso universal (Juan Pablo II realizó su tesis doctoral en Roma, en 1948, sobre El tema de la fe en San Juan de la Cruz), sino también al excelso poeta que tanto admiraron muchas generaciones de escritores españoles y del hispanismo internacional hasta el presente. Biografía novelada completa y delirante que parte desde los días de la enfermedad y la agonía en Úbeda, cuando Fray Juan evoca todos los sucesos que trascurrieron en su complicada vida andariega, en una especie de confesión general previa a su comparecencia ante Juicio Final. Salvador García Jiménez también llevó a cabo, para documentar esta novela, un peregrinaje que le llevó, a recorrer durante cuatro años todos los conventos del Carmelo, en los que San Juan había estado, entre ellos el de Caravaca de la Cruz, que visitó en siete ocasiones. En la primera visita ascendió al castillo para besar el Lignum crucis: era noviembre de 1579, y así lo haría del mismo modo en las seis restantes ocasiones en que a Caravaca volvió (Díez de Revenga, 2022).

Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.

La vida del Santo vista desde el recorrido que hace San Juan desde sus últimos días representa la hondura del sufrimiento de uno de los tipos de personajes que suele escoger García Jiménez para sus novelas. El sufrimiento en prisión, el padecer por los poderosos que no lo quisieron, las idas y venidas por los caminos en su apostolado religioso, su enfermedad y algunas pocas anécdotas teñidas con el tinte de la ficción marcan el itinerario del recurso de su vida. Díez de Revenga alude a la escena final en que le llega la muerte:

Empeorada gravemente su salud, recibió la extremaunción y, sabiéndose próximo a la muerte, convocó al prior y a los frailes del convento, que acudieron a su celda, ya cerca de las doce de la noche. La escena, sigue sobrecogiendo tras la lectura de la novela de Salvador García Jiménez: llegan todos los frailes a la celda de Juan iluminándose con velas y cantando las oraciones de los muertos, el Miserere y el De profundis. Juan les pide que le lean el Cantar de los cantares y se entusiasma oyendo los poemas tan conocidos por él: ¡Qué preciosas margaritas!, exclama advirtiendo la hermosura de tales versos en su lúcida agonía. Al oír que la campana del convento sonaba, en ese momento, pregunta que a qué están tocando, y, cuando le dicen que tocan a maitines, pronunció una frase muchas veces recordada «Gloria a Dios, que al cielo los voy a decir», tras lo cual expiró. Acababa de comenzar el día 14 de diciembre de 1591 (Díez de Revenga, 2022).

En El Debate se publica una entrevista a García Jiménez titulada “El Misterio de la vida para un cristiano es descubrir cualquier atisbo de la existencia de Dios123” en la que se detallan algunos momentos vitales de la vida del Santo Desde su humanismo, sueños y luchas espirituales a través de la biografía. Explica García Jiménez la razón por la que eligió a san Juan de la Cruz:

Vine al mundo con un manto de misticismo, rezaba desde niño arrobado tratando de romper con la oración el muro que me separaba de los misterios del cielo. La comunión con el dolor de los demás me hizo caminar hacia el encuentro con san Juan de la Cruz, faro de inspiración para esta biografía. La primera autoficción de fray Juan de Yepes la publiqué en 1992, Las ínsulas extrañas, –Premio América de Novela–. Locura celestial… se enriquece con hallazgos totalmente inéditos. (García Jiménez, 2022)

Además, explica García Jiménez que el significado de los tratados que escribió en prosa Juan de Yepes para explicarles sus versos a las monjas que no entendían el significado de algunos conceptos de su poesía. El significado del título no se refiere a la locura que diagnostica un psiquiatra, el título remite a lo que dijo Santa Teresa de Jesús “Cuando esto escribo, no estoy fuera de esta santa locura celestial”, y con sus palabras precisa el significado:

El alma de fray Juan de la Cruz va como una loca enamorada detrás del Amado, como refleja en Cántico Espiritual. Para él, andar endiosado era estar lleno de Dios. La multitud de endiosados que vemos ahora presumir de cargos o dinero, nada que ver con aquello. (García Jiménez, 2022)

Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.

Puntualiza García Jiménez los detalles relativos a los viajes a Caravaca de la Cruz para fundar los conventos, los lugares emblemáticos que en la cuidad le recuerdan como El camino de san Juan de la Cruz desde Caravaca a Beas de Segura, la casa que habitó fray Juan convertida en Museo, su escultura en bronce y la hospedería del convento de Carmelitas Descalzos, “están encumbrando a Caravaca de la Cruz como capital del misticismo en España. En simetría, Caravaca se denomina de la Cruz por su Lignum crucis, alias de batalla que tomó fray Juan para conquistar el cielo”:

No olvidaría nunca a las jóvenes monjas que confesaba, intentando curar las dudas y la depresión de una de ellas, por recomendación de santa Teresa. Allí procuraría que los ojos no se le bajaran del cielo, que el olor a doncellez no le despertara más sentido que el olfato. Los fascinantes parajes de las Fuentes del Marqués rimarían con la «cristalina fuente» de sus versos. Sin embargo, no olvidaría hasta su muerte en Úbeda las horas que pasaba abrazado al relicario de su Lignum crucis en la pequeña iglesia del castillo, una astilla del madero de tortura que tanto había adorado. Gracias a una luminosa inspiración, pude poner en contacto en la novela a san Juan de la Cruz con el Lignum crucis, algo muy probable y casi seguro, en lo que nadie se había percatado hasta hoy (García Jiménez, 2022).

Ya hemos comentado que la biografía novelada sigue un orden inverso, esto es, San Juan recuerda su vida desde sus últimos días hacia el inicio de su vida. Es un relato de contrastes, como dice el autor va de “lo más transparente a lo más macabro”, pues cuando está agonizando sus hermanos están preparados para cortar su cuerpo pedazos para las reliquias. García Jiménez juega con el tiempo en retrospecciones y anticipaciones, para dilatar o contraer el tiempo:

Sigue la estructura tradicional de un flash-back fílmico. Durante los últimos días de su vida, Juan de la Cruz recuerda diversas estampas de su vida, en retroceso gradual hacia el pasado. En primera persona, en una autoficción, narra su estancia en la prisión en que lo retuvieron sus hermanos Calzados en Toledo, sus estudios universitarios en Salamanca, la vida con su hermano durante la infancia, la persecución cainita de sus propios compañeros de Orden, envidiosos de su santidad y de su pluma, etc. Descalzo no, pero sí con el alma desnuda, he ido descubriendo episodios inéditos de su vida. Rescaté de los fondos de la Inquisición el proceso de una de las novicias que él confesaba en Beas de Segura, una ilusa iletrada que, pretendiendo ser como santa Teresa, se inventó milagros espantosos, como el del Niño Jesús que entraba cada noche en su cuarto para acostarse con ella, llegando a regalarle un anillo de desposada. En las cárceles del Tribunal de la Inquisición la castigaron con doscientos azotes antes de echarla (García Jiménez, 2022).

Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.

P. Peñalver en el artículo “Con el alma desnuda124” hace una interpretación más bien filosófica de la biografía novelada y también refiera importancia de la estructura y de las referencias a lugares y fechas como ejemplo de documentación histórica de autor:

No parece posible entrar en la composición y estructura de esta Locura celestial…, pero sí se impone el énfasis de la metódica relevancia de los lugares y las fechas en los que surgieron la poesía de Fray Juan, que “espantó” en su día a Dámaso Alonso, y sus grandes tratados de mística. La voz del fraile arranca en Úbeda, a final de septiembre de 1591, adonde llega aquejado de unas “calenturillas” que le llevaron a la muerte tras apenas tres meses de cruel enfermedad. Desde ese momento y desde ese lugar, una celda visitadísima por sus “hermanos” carmelitas y por gentes del lugar en busca de confesión, el Fray Juan de esta novela evoca, según un orden interno más que cronológico, sitios y fechas ligados a momentos significativos de su vida, y de su fecundidad como escritor excepcional: Toledo (1578), Caravaca (1579), Duruelo (1568), Lisboa (1585), Granada (1580), Medina del Campo (1560) o Murcia (1585). Nuestro novelista apunta a que el protagonista murió de mal de senderos. Mucho anduvo de un lado a otro, las más de las veces buscando la soledad, pero también con la tarea de poner orden en conventos revueltos a veces por los místicos de pacotilla que eran los alumbrados, legión entonces, y que con alguna razón inquietaban a las autoridades de la Inquisición (Peñalver, 2022).

Explica Salvador García Jiménez en la entrevista “Explorar “hasta la última luz” para dar con la mejor historia125” que San Juan de la Cruz ha sido una figura trascendental en su vida, y que Locura celestial… es la biografía novelada “la más completa y delirante de San Juan de la Cruz, sobre un personaje fundamental para la mística y la literatura universal” (García Jiménez, 2022: 6).

Por último, citamos la entrevist realizada a García Jiménez en el programa Tarde Abierta en Onda Regional de Murcia, en la que informa sobre la biografía novelada del personaje fundamental de la mística española y de la literatura universal que en sus cuatro años de pesquisas y de escritura visitó todos los Carmelos y lugares de España por donde el santo dejó su huella, procura en estas páginas, además, reunir y separar al hombre que había en el santo y al santo que había en el hombre y que “San Juan veneró el Lignum Crucis en Caravaca y de él tomó su nombre”.

Yoel Almaguer

Inteligencia Artificial e innovación infinita.

Yoel, Almaguer (Cuba, 1970)

La evolución del arte ha tomado rutas insospechadas, desde los primeros trazos sobre la pared de una caverna, la modelación del barro, pasando por la pintura y escultura, por siglos nos fueron dejando la variación del tiempo en imágenes y reflejando el aporte de los artistas.

Todo el potencial de siglos fue perpetuado en «ismos», que no es más que el descubrimiento del poder de los colores, las líneas, los volúmenes para transmitir en conceptos, el decursar del hombre por un universo visible o imaginario. En un momento dado la creación artística se detuvo en la denominación de Arte moderno, agrupando todo aquello que había sido transgresor. La invención de este nuevo siglo, reconoce y se apropia de toda esa fuente convirtiéndola en sustento, inspiración y referencia.

La tecnología, a partir de la década del 80 y 90 del siglo XX, fue dando un giro o nueva visualidad de toda esa amalgama de acontecimientos artísticos, para derivar en lo que desde entonces es el Arte contemporáneo. Más el Arte contemporáneo ha ido evolucionando en sí mismo, se ha salido de las galerías, de los espacios convencionales; se ha salido del lienzo y el pincel, del taller y la gubia para instalarse en lo más profundo de la tecnología en lo que se denomina Arte digital.

En este mundo del arte desde la aplicación de los avances tecnológicos, ha estado vinculado Yoel Almaguer Carralero, nacido en Las Tunas Cuba, en el año 1970. Yoel Almaguer es graduado de la Escuela Profesional de Artes Plásticas de Las Tunas, en 1989, luego de transitar por el Nivel elemental, definiendo la vocación por el arte de la representación visual. Sus intereses y oportunidades encontraron punto de equilibrio cuando cursa estudios en Wesleyan University. ¨Center For Creative Youth¨, Middletown, Connecticut. Estados Unidos.

Su creación fue en ascenso, fluctuando entre la pintura, escultura, dibujo y la fotografía, Apenas se hablaba de la tecnología aplicada al arte, sin embargo, ya las galerías en Cuba, se prestigiaban con el arte digital de Joel Almaguer.  Para valorar la obra de este período, me nutro de la apreciación de la Crítica de Arte, Suset Sánchez*, quien refiere «La obra reciente de YOel Almaguer (…) surge en medio de esas confrontaciones entre modelos plurales de concebir la naturaleza de la imagen, lo que en su caso ha derivado en juegos de representación que alternan entre la potencia

analógica, matérica y táctil de la pintura; y la condición visiva de lo digital. Tal es así, que su trayectoria viene avalada por el Primer Premio en el IV Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital (La Habana, 2002), el evento más importante en su género en la Isla. (…), en sus creaciones es posible advertir los modos de ver y componer, los mecanismos de construcción visual del diseñador gráfico. De ahí que su propuesta pictórica (tanto en su formato físico como en el digital) esté atravesada por estrategias de ordenamiento visual que seguramente provienen del oficio de la gráfica».

Con el grupo VISUAL3, del cual fue cofundador, exploró el diseño en 3D, así como Corel Drawn, Photoshop y diseños web; llevando al unísono su discurso artístico a plataformas digitales, cuestión que aún sostiene en España, país donde reside desde 2004. Todos los programas informáticos han ido nutriendo sus resultados, Yoel busca en cada uno las bondades que realcen la fuerza del intelecto. «Cada lenguaje tiene su propio medio y su propio soporte», dice el artista dueño de un arte siempre conceptual y revelador.

Me llegan imágenes novedosas que despiertan mi curiosidad por el proceso, y es que Yoel se iniciado en el uso de la Inteligencia Artificial (IA), para crear arte. Testigo y actor de dos siglos definidores en el desarrollo tecnológico y artístico, su exploración con IA comenzó con una idea sólida, la simulación o intención de semejar la pintura o un objeto determinado como referente artístico que puede parecer fruto de otra técnica artística, no digital. ¨ Algunos artistas ya han utilizado la tecnología para crear obras de arte durante décadas. Jean Tinguely, Georg Nees y John Whitney utilizaron máquinas y técnicas generativas para crear obras de arte a mediados del siglo XX. Estos artistas fueron pioneros en el uso de la tecnología en el arte y sentaron las bases para el arte generado por IA¨.

Ya inmerso en sus potencialidades, Yoel vio la Inteligencia Artificial, como una herramienta más aplicada para experimentos e ilustración. Sin embargo, intencionó dos primeras obras con la experimentación volumétrica, muy apegado a su experiencia con la cerámica que realizó en los años 90. Un mundo expresivo se abrió ante él donde la IA le permite el reconocimiento de los materiales objetuales vírgenes, para esculpirlos desde la visualidad digital.

La IA en la creación artística funciona como en cualquier campo donde sea aplicable, me explica Yoel: en un programa de entrada introduces un texto con las características del material, texturas, colores, escala y condiciones del entorno, con parámetros a lograr con tipos de cámaras, lentes, incidencia de la luz, encuadre, formato. Esa base de datos ofrece un resultado que quizás no es el que espera el creador, pero el ejercicio y precisión lo va acercando a lo deseado. Requiere un alto poder descriptivo para tener un resultado idóneo.

Como todo proceso novedoso no está exento de cuestionamientos acerca de su valor artístico, pero el mismo creador conocedor del manifiesto, nos allana el camino: ¨¿Es el arte generado por IA realmente arte? ¿Es la máquina la que crea la obra o es el artista que programó la máquina? ¿Cómo afecta la tecnología a nuestra percepción del arte? Estas obras pueden ser sorprendentes y únicas, y nos hacen cuestionar nuestra comprensión de la creatividad y la originalidad. Además, el arte generado por IA puede ser utilizado para explorar cuestiones importantes, como la inteligencia artificial y la relación entre humanos y máquinas¨.

El resultado está en la incidencia del creador desde su experiencia y conocimiento artístico. El proceso de creación con la cerámica esmaltada es para Yoel un antecedente a la hora de enfrentar la ejecución de piezas desde la IA, en ambas interviene el factor sorpresa, la cerámica va al horno, refiere, y nunca sabes qué saldrá como resultado.

«Con IA solo persigo los resultados que puedo obtener con técnicas tradicionales, sino el efectismo me traga», así describe el comportamiento ante un resultado siempre increíble que sobrepasa lo impensable o realizables objetivamente. Yoel prefiere continuar sobre su línea de expresión con la gama cromática de los naranjas, rojos y colores tierras.

Ha realizado más de 2000 imágenes en IA, de la cuales ha desechado la mayoría porque se trata de explorar como ruta segura a la certeza. Le gusta controlar el contenido, le desagrada que el factor sorpresa lo condicione. Sabe lo que quiere y lo consigue.

En todo este bregar por el arte digital como lenguaje, Yoel ha ido eligiendo las aplicaciones que sean consecuentes con su obra, su estilo. «Me gusta ese concepto de la confusión, que no se sepa si una fotografía, una escultura o un dibujo. La IA me permite jugar un poco con el concepto de lo absurdo, de lo imposible dado que sería difícil, en muchos casos lograr el resultado de estas imágenes digitales, a través de la forja, la talla o cualquier otra técnica escultórica».

El resultado de Yoel Almaguer con la IA no solo está en lograr una pieza que respete el rigor de su concepto sino el complemento discursivo que le ofrece el espacio donde convive la obra. De ahí que parezcan más real desde un ambiente de galería, un museo, o un muro de cualquier calle. Yoel maneja la luz, el contraluz, la tabla de colores con colocación natural y creíble, y aunque la producción y el consumo son digital, cuestión que favorece la protección e integridad de la obra, pues no inhibe el deseo de tener su obra impresa.

Me pregunto si la creación artística con IA le da al artista las mismas conexiones como con otras técnicas de las artes plásticas, refiere Yoel, » La pintura “tradicional” me conecta directamente con la historia del arte y alimenta mi propia obra. De la misma forma utilizar medios digitales, y últimamente la conocida como “inteligencia artificial”, me permite experimentar y fusionar los mismos conceptos, sobre nuevos medios técnicos y de expresión, con el mismo interés y sobre todo con la misma pasión. No dejan de ser otras herramientas, que tienes que aprender y dominar con el paso de los años. Son viajes de descubrimiento, autodescubrimiento y desafíos a los límites convencionales del arte”.

Yoel crea su obra artística en IA bajo sus códigos estéticos, piezas insertadas en un sistema estructural, manejando en algunos casos el concepto de instalación o como parte de una exposición en galería. Enfatiza el enfoque de manera que parezcan obras realizables, convierte los objetos de un contexto determinado, en obras de artes colgadas, enmarcadas o sobre un pedestal. La IA le da total libertad de crear una pieza en un entorno que de otro modo quizás no es viable, es difícil que una galería le admita obras con piedras monumentales.

La Inteligencia Artificial comienza un recorrido de creatividad en todos los campos, más explorada en el diseño o la sustitución del propio hombre en aspectos específicos con el complemento de la robótica. En la creación artística es exploración y descubrimiento y una vez más Yoel Almaguer es iniciador.

¿Qué valoración merece Yoel, un tanto ¨vanguardista¨ en el uso de la IA, a favor de la creación artística?, pregunté al diseñador español Paco Moreno, presentador del podcast ¨Charlando de creatividad, diseño y tecnología¨: «No soy experto en Inteligencia Artificial, pero te puedo decir que el trabajo que está haciendo Yoel, usando la IA para generar imágenes artísticas es simplemente muy sorprendente y a la misma vez original e innovador. Hasta ahora, como comentamos en la entrevista, nadie que yo conozca había usado la IA para generar representaciones artísticas o composiciones orientadas a representar esculturas, uso de los materiales y juegos con la luz con un enfoque conceptual y artístico, como lo está haciendo Yoel, y eso es lo que diferencia sus trabajos de lo que se está haciendo en el mundo. Unido al uso de los colores, y de la iluminación, Yoel está consiguiendo generar composiciones realmente bellas y de un gran impacto visual».

Y llegado al punto que tanto la mente del creador como la IA son cuestiones complejas del desarrollo humano, término admirando ambas potencialidades que bien se complementan. La IA a la vez que impacta, es una creación que respeta paso por paso el deseo del artista y depende de su ingenio para una obra de esta factura. Afortunadamente esta imbricación sucede justamente cuando el arte digital ha progresado hacia un estadio mejor valorado.

Y aunque estas obras son un tanto objetuales, sin que puedan desposeerse de su verdadero contexto, también traen consigo la polisemia a tono con un universo más místico; aunque estudiado, indescifrable. Las obras resultantes de este proceso traen consigo como significación conceptual, el rejuego con la representación, por el modo en que se consume el arte, mayoritariamente desde una pantalla y no solo físicamente in situ. Se está agregando un nuevo soporte, un nuevo lenguaje, paradigma de creación y representación.

Atmosfera onírica y desconocida en su misma fibra natural, pero promisoria y así lo deja ver el artista: ¨El futuro del arte digital se espera muy emocionante. Con los avances tecnológicos tan acelerados, seguirá evolucionando hacia nuevas formas de expresión creativa: arte generativo, inteligencia artificial, la realidad virtual y aumentada, y sobre todo experiencias totalmente inmersivas e interactivas Cada vez serán más comunes colaboraciones online entre artistas de todo el mundo, se llegará a públicos más amplios y diversos y la tecnología digital se integrará en nuestra vida diaria. Veremos como algo normal, instalaciones en espacios públicos, el arte creciendo en las ciudades y museos virtuales en todas partes. Lo resumiría como Innovación infinita, más conectividad global y oportunidad de cambiar la forma en que vemos, apreciamos, creamos, interactuamos y compartimos el arte¨.

El alcance creativo de Yoel Almaguer es incalculable como lo es el mundo que nos muestra y la técnica de Inteligencia Artificial que hoy lo ocupa.

Reflexiones sobre arte


¿Qué es ser artista según los genios de hoy? Mejor no preguntes

Andrea Fraser – Foto: Cortesía Contemporary Art Writing Daily

Lo más fácil es limitarse a reconocer que para ser artista uno tiene que hacer arte y hacer arte para ser artista. La pescadilla se muerde la cola y se despacha en la pescadería del mercado. Claro es que por boutades como éstas, en las provincias italianas el artista es sinónimo de burro y cabeza hueca. Pero siempre hay un Damien Hirst que se consuela con aquello de que ser artista es ser indulgente con uno mismo.

Por otro lado, que la palabra artista sea consustancial con creatividad –el hueso más duro de roer- e inventiva no permite dudas al respecto. Incluso Cattelan y sus amigos aseguran que los artistas han de ser necesariamente autodidactas. Su talento e imaginación así lo demuestran. 

La autora de perfomances, Andrea Fraser, va directamente a las conclusiones y nos descubre que el artista es un mito que él interioriza en su proceso de desarrollo, y luego lucha para encarnarlo e interpretarlo. Además, el que no es perverso, es neurótico o psicótico. ¿No hay ninguno más o menos normal?

Al final, seguimos sin tener nada claro y nada oscuro, ya que como afirma Gabriel Orozco “hay momentos en que los artistas son artistas, y luego ya no son. Cuando dejan de pensar se transforman en artesanos de su propio arte”. ¿No les parece todo demasiado reiterativo? Y como si no nos pasara a todos lo mismo sin llegar a ser artistas.

En consecuencia, atenerse a declarar, como se me ocurre a mí, que el artista es el hacedor de un sistema de representación que da o trata de dar forma visible a una visión y percepción personal, es una alternativa incompleta, aunque sirve de momento. ¿O a lo mejor tampoco?


¿Quién colecciona más que yo?

Foto Cortesía: Art Insider _ Sotheby’s

Desde principio de los tiempos, casi se puede decir, trataron de convertir al arte en una materia proclive a hacer de ella una historia de maldición y poder. La Iglesia Católica principalmente -de hecho, todas- lo utilizó impunemente para la manipulación, la pompa, la fastuosidad y el sometimiento. Los reyes, príncipes, aristócratas y demás ralea, para la ostentación, el lujo, la decoración, la magnificencia y la demostración de su riqueza y dominio.

Templos, catedrales, palacios, retratos, esculturas, escenas religiosas, mitológicas, alegóricas, episodios costumbristas, paisajes, etc., son sus máximos exponentes. Y si todos ellos continúan ahora es porque el fenómeno de acaparamiento empezó a tomar históricamente un ascenso imparable. Todos los grandes personajes y personajillos, burgueses y burguesillos, no podrían ni pueden ser lo que son o eran si no hacían o hacen gala de ello a través del arte.

Claro que como señala Simon de Pury, la codicia, ciertamente, era y es buena. Tanto que actualmente los grandes propietarios y magnates, ignaros, elitistas y prepotentes, prebostes procedentes, ya no de herencias ancestrales, sino del fruto de la especulación, el petróleo, la tecnología, la Bolsa, los fondos de inversión, etc., han constituido su propio ranking pecuniario, evaluando al artista por el precio de sus obras.

Ingentes masas de dinero son equivalentes al arte más revolucionario y eminente, único y singular, no importa que sea un adefesio, un auténtico hallazgo, una innovación absoluta, una visión fascinante, o simplemente un estereotipo o algo vomitivo. Hay que coleccionar y conseguir lo que nadie va a tener de ese autor excepto yo, aunque sea una defecación calenturienta.

El resto de hombres y mujeres que desean más íntimamente y cercano el arte en su verdadera naturaleza, son chusma que carece de cien millones de dólares para gastar en una sola pieza. El que la población suiza de Basilea haya votado por amplio margen a favor de la compra de dos Picassos por parte del ayuntamiento para evitar su salida de la ciudad, es una rareza ejemplar.    

Por consiguiente, lo que parece que no tiene vuelta de hoja es lo que Peter Wilson de la sala de subastas Sotheby´s declaró al The New Yorker en 1966: “Hay muy poca gente capaz de apreciar el arte sin desear poseerlo. Tiene que codiciar el arte para apreciarlo realmente”. Pues ya saben, a codiciar, lo demás sobra. 


¡Qué mala leche tienes, Clair!

Jean Clair (París, 1940) – Foto Cortesía: Nördlich

Las exigencias de lo histórico y lo bello no están de moda en el panorama artístico actual. Incluso en algunos casos es más oportunista rechazarlas o pasar de ellas. Los últimos años, con un mercado y unas curadurías imponiendo sus normas, conminan a una ruptura en todos los órdenes hasta desembocar en límites insospechados.

Y por otro lado, el ambiente y la situación mundial son más caóticos y destructivos, lo que influye, además de por otros factores, en el artista, que se ve exhortado a elegir entre lo falaz y lo auténtico, a ser más transgresor y crítico, aunque por encima de todo muy comercial.

Jean Clair es absolutamente tajante en lo que “las obras de arte contemporáneo son desechos, el bolo (¿?) fecal producido por la digestión de siglos de un arte exquisito”. Con ello se está refiriendo a que ahora muchos creadores, en su lúcido o simulado delirio, se embozan en lo feo, lo horrible, lo violento, lo repulsivo y lo monstruoso. Pero generalizar confunde, porque en lo referente a su plasticidad los verdaderos talentos no han perdido su identidad, más bien son sus manifestaciones de irracionalidad, su subconsciente, las fuerzas oscuras –el Romanticismo sigue estando muy cerca-, las que les sirven para llegar directamente a la verdad, a la expresión, la emoción y la interacción.

En realidad, en muchísimas de estas muestras no hay impedimento a la percepción de un fondo de belleza que proclama lo inevitable de su presencia, aunque siempre se plantee el problema de que la perspicacia de la mirada pueda desenmascarar la mayoría de aquellos objetos, instalaciones, perfomances o artefactos visuales que son banales, vacíos, nihilistas, gratuitos y carentes de virtualidad artística.

Entonces, en esto último, no nos queda más remedio que estar de acuerdo con Clair en su declaración de que “buena parte del arte contemporáneo occidental está situado bajo el signo de lo inmundo, del residuo, de la mancha, de lo abyecto, de lo que cae fuera del mundo”.


Vayan abriendo la carroza

Verme enrollado por serpientes que cual San Domingo de los Abruzos me iban tirando todos los participantes en el performance hasta quedarme como una estatua disecada, me hizo incapaz de manejar las claves interpretativas de unos hechos que ni siquiera habían tenido lugar en la época actual. 

Ya me considero impotente para percibir acontecimientos complejos sin que la aprehensión se venga abajo. Claro que la razón es acusarme de no mirarlos exhaustivamente, de que únicamente acabe atrapado en aspectos parciales, propiciando indeterminaciones, delirios subjetivos y nominaciones descontroladas.

¿Se me podrá aplicar la teoría del agotamiento? Sí, siempre que sea ajeno al ámbito artístico, pues, a pesar de lo que digan algunos, ni es admisible ni tolerable. Por eso prefiero contemplarme en el corazón del mundo, a partir del cual, según Foucault, sueño, hablo, avanzo, imagino y percibo las cosas en su lugar y las niego también con el poder indefinido de las utopías que ideo -aunque ninguna sea cierta-.

Así voy dejando para mañana lo que no podría haber hecho hoy, porque el hoy es siempre mañana hasta que te deshaga y te amortice. Llegado a este punto, solamente me queda ponerme al amparo del “bistechu” (costumbre secular del Derecho Consuetudinario asturiano, cuya compilación ha sido llevada a cabo recientemente bajo la dirección del letrado del Parlamento y antiguo compañero Ignacio Arias Díez) para que ese espacio bajo techo me sirva de refugio junto con mis cavilaciones de materialista espiritual inconfeso.

Como, visto lo cual, me he tirado al agua antes de aprender a nada, tal como Giorgio Morandi decía de Pollock, afirmo, igual que él, que, de hecho, no hay nada más surreal y más abstracto que la realidad, que se destila en nuestra esencia a través de la mediación de la materia, ¿pero qué materia? ¿La transformada por la alquimia del arte? Sucedería que, entonces, no se me habría acabado el renacimiento del alma una y otra vez, del que habla Platón, y no me quedaría sin contemplar las cosas de aquí y las del Hades (a saber, los entes de la luz y de la sombra, de lo visible y de lo invisible, de la vida y de la muerte), es decir, todas las realidades.

Pero para los demás, el mundo del arte, que no circo, ha de seguir abriéndose mediante la mirada, el talento y la sensibilidad, y devendrá más profundo, más extraño, más complejo, más insinuante, más desconcertante y sorprendente.

Ninón Sevilla y Los maricones van al cielo: novela de Armando López Salamó

Presentación en Miami de «Los maricones van al cielo». En la foto, el periodista y crítico de cine Alejandro Ríos y el autor Armando López Salamó.

Armando López es conocido como editor de la revista Opina y gestor del premio Girasol que tanto involucró y entusiasmó al público cubano durante sus años de vigencia, los ochenta y parte de los noventa del siglo pasado1. También fue promotor, productor y guionista de espectáculos en teatros, cabarets, y televisión. Para sorpresa de muchos, a fines del año pasado publicó una novela bajo el título Los maricones van al cielo (2021)2, que bien podría referirse a una comedia musical de moda hoy mismo, o a un ensayo sobre sexualidad, ahora que este tema asociado al del homoerotismo se ha hecho ubicuo en las aulas, los libros de teoría literaria, la prensa plana, las conferencias académicas, las pantallas de los televisores, las redes sociales, las salas de cine y de teatro, los teléfonos móviles y las tabletas.

En alusión al ambiente psicosocial de la cárcel, aunque extensible a la sociedad en general, el narrador de Hombres sin mujer (1938), acuña esta frase: “No importa que no se vea la carne: el sexo está en todo”. Al comentar el medio que rodea a Pascasio, se hace la siguiente pregunta: “¿Cómo era posible que un hombre se pusiera a enamorar a otro?” (15). Más aún, él estaba acostumbrado a convivir en un mundo dividido entre “leas” y “bugas”, “como le[s] (sic) decían a los pederastas…se pasaban el día hablando de lo mismo, con palabras pegajosas y espesas como semen” (13)3. [mi énfasis]

¿De qué trata Los maricones…? La información dada en el reverso de la portada es suficiente para resumir el argumento:

“Un niño [Jorge Pérez Malatierra, alias Tres Paticas] se aventura en busca de su identidad. Como todos los niños es inocente, pero los prejuicios y la intolerancia, no dejan otro camino que la transgresión. Pícara, irreverente, procaz, esta novela narra las peripecias del niño-adolescente que aspira a la redención por el amor, en un pueblo [Matacallá] donde las fronteras del sexo están trazadas, los peligros acechan, las Malísimas vigilan, y la magia juega un papel revelador”. [mi énfasis]

Matacallá es un sitio imaginario que el lector puede asociar con cualquier espacio de la nación desde Pinar del Río hasta Guantánamo, si bien el contexto remite a un período anterior a 1959. En cualquier punto del locus insular hubo, hay y habrá una pelea, unas aventuras, unos riesgos y unos choques donde una persona gay se vio, se ve y se verá compulsada a plantar cara a los poderes públicos y, en ocasiones, a su familia nuclear. Por eso Emilio Bejel entiende que “…debido a tales esfuerzos, el fantasma de la homosexualidad y el simbolismo del cuerpo homosexual ha amenazado por mucho tiempo el discurso nacional cubano” (76)4.

El autor con su madre, a los 5 y a los 2 años.

Ahora bien, en esta novela tiene lugar un contrapunto entre los conceptos homosexual y maricón. En varias oportunidades, el protagonista hace esta diferenciación, no para desmarcarse del resto de aquellas obras literarias donde el centro argumental es la homosexualidad, sino más bien para introducir los matices que caracterizan por separado un par de identidades que, como las entiende Jorge, no son iguales. 

Esto no quiere decir que en el referente cubano y su concreto ámbito literario, el criterio de Bejel recién mentado no sea aplicable a Jorge. Este se conecta muy bien con personajes tales como José María (El ángel de Sodoma, 1928, de Alfonso Hernández Catá); Pascasio Speek y Andrés Pinel (Hombres sin mujer, 1938, de Carlos Montenegro)5. Todos viven circunstancias donde asumir una conducta homosexual abierta conlleva chocar con incontables obstáculos, complicaciones, discriminación, peligros y desafíos a veces mortales. José María se suicida porque no alcanza a liberarse de las presiones familiares y sociales; Pascasio y Andrés sucumben a los rigores y a la violencia del universo penitenciario.  

Con su nana, a los 7 años.

Por supuesto que fue en el período republicano (1952-1959), donde comenzó la tradición de incorporar el tópico de la homosexualidad a las letras, a pesar de las convenciones al uso, los reparos, las objeciones y la censura de determinados sectores laicos y religiosos. Virgilio Piñera en “[Emilio] Ballagas en persona”, aborda el caso específico de este poeta que debió domar su homosexualidad mediante el sometimiento a las normas imperantes, tal y como le ocurre a José María en El ángel de Sodoma6. Hay en el ensayo un párrafo muy lúcido y honesto en cuanto al proceso de renuncias y dolores -como antes experimentó Óscar Wilde- por los cuales pasó Ballagas para salvarse de la reprobación social:

…además de artista, [Ballagas] pudo llegar a ser esposo ejemplar, padre amantísimo, buen católico…Lo que costaron esas decisiones, las noches en vela, los días pugnando con los días, las luchas con el Ángel, las caídas y recaídas, el sentimiento de culpabilidad, las tremendas frustraciones, no, nada de eso tuvieron en cuenta sus amigos. ¿Entonces, ¿se luchó como león en la vida para terminar como carnero en la muerte? (193)7

¿Por qué apodan a Jorge Tres Paticas o Tres Patas? Porque al notar cuán grande era su pene grande, la nana le endilga el apodo (26). Paradójicamente, esa notabilidad fálica le resulta inútil. En el río de Matacallá los muchachos, que se bañan desnudos, se entretienen midiéndose el pene: “El que la tenga más grande es Tarzán, el héroe del colegio… ¡Qué burla! yo la tengo grande por gusto” (26).  

A esta tensión entre biología y disposición psicosexual Jorge le llama ser maricón.

De entrada el título de la novela se convierte en una afirmación provocadora y conflictiva para religiones como el judaísmo, el cristianismo y el islam. En la entrada ‘homosexuality,’ The Oxford Dictionary of World Religions (1997), afirma: “The attitude of religions to homosexuality is obscured by the extremely wide reference of the term (in some religions, for example, particular acts may be condemned, but not the disposition itself, and not all acts) …” (440).

El autor, a los 10 años de edad.

De todos modos, y con independencia de los matices predominantes entre las iglesias señaladas, allí donde se impusieron sus dogmas se codificó el delito de sodomía por el cual muchos individuos fueron condenados a prisión o sido objeto de torturas. En materia doctrinal la iglesia lo identifica como el pecado nefando, es decir el cometido durante el coito anal. A los pecadores les niegan  acceso al cielo, esto es el lugar sagrado donde residen Dios, los ángeles y las almas de los cristianos rectos.

Al leer la frase “las fronteras del sexo están trazadas’ se alude a dos posibles interpretaciones inspiradas sobre todo en estas normativas. La primera que viene a la mente es la de limitarlo a las parejas heterosexuales y en matrimonio; la segunda, prohibirlo si la cópula ocurre fuera de esta institución y así evitar el goce carnal entre solteros, o entre casados que cometen adulterio, entre una persona casada y otra soltera, o cuando el propósito de esos lazos carnales no incluye el de la procreación sino lo que se ha categorizado como sodomía.

El pecado nefando constituye, por deducción, un acto contra natura. Jorge, por cierto, no está seguro de que esa opinión sea cierta, ni siquiera consiente en haber cometido transgresión. La novela comienza cuando él ha asistido a misa y luego confesado. En ese momento, el lector de se entera de lo que está pensando: “El cura sabe que he pecado. Mamá también lo debe saber. Quizá el pueblo entero lo sabe. Yo soy el único que no lo sé” (13).

Incluso va más lejos y, mediante una descripción fatua de sí, que podría haber salido de las páginas de Manuel Puig, imagina ser una bailarina, a quienes sus compañeros de escuela  le gritan: “- ¡Maricón! – [y a continuación concluye] qué adjetivo más sonoro.” Noño, primo de Jorge le dice a este: “La mariconería es un vicio, una perversión, que merece la ira de Dios” (129).

Sobre la homosexualidad, El Catecismo de la iglesia católica (1997) expresa lo siguiente: Apoyándose en la Sagrada Escritura que los presenta como depravaciones graves, la Tradición ha declarado siempre que “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados,” contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso8. (646).

En consecuencia y según esta doctrina, no es posible esperar que los maricones puedan ir al cielo. ¿Qué es el cielo?, ¿dónde está?, ¿quienes residen allá? Esto afirma el Catecismo:  

El ‘cielo’ o ‘los cielos’ puede designar el firmamento, pero también el ‘lugar’ propio de Dios: ‘nuestro padre que está en los cielos’ (Mateo 5,16), y por consiguiente también el ‘cielo’, que es la gloria escatológica. Finalmente, la palabra ‘cielo’ indica el ‘lugar’ de las criaturas espirituales -los ángeles- que rodean a Dios (95).

Armando López, a los 18 años de edad.

En el habla cubana abundan los sinónimos de maricones. ¿Por qué Jorge opta a favor de este calificativo? La respuesta la da explícitamente el protagonista ante una pregunta que el padre le hace: “Quiero que me digas la verdad, Jorgito: ¿eres homosexual?”, Antes de soltar una sola palabra, el hijo hace una breve introspección donde expone sus razones para no mentirle: “Ya me cansé de la fábula del buen hombre y su hijo. Prefiero la del mal hijo y su hombre, y el cuento: “No papá, homosexual era Oscar Wilde… ¡Yo soy maricón!” (121).  ¿Cuál es la diferencia entre homosexual y maricón?

La conducta homosexual ha quedado definida como la de una “…persona que siente atracción por otras de su mismo sexo” (Petit Larousse 2010, 531). Sin embargo, el concepto de maricón reduce dicha preferencia a una sola modalidad: la del hombre afeminado, como se comprueba en la explicación dada en el Breve diccionario etimológico de la lengua castellana de Joan Corominas (382)9. Esta, sin embargo, no delimita palmariamente en qué consiste la disimilitud entre homosexual y maricón, y por eso Jorge hace la salvedad apuntada.

Asimismo, en el capítulo “Las tres R”, tres locas (“ricas, recalcitrantes y roñosas”) invitan a Jorge a cenar. El ambiente trazado semeja al de cierta literatura fantástica aunque aderezado con un toque de humor grueso. La puesta en escena es muy teatral y la escenografía barroca, Las R viven en “una casona de enormes columnas [y] esculturas grotescas” adonde llegó montado en un “Packard magnífico” (141).

Durante la estancia en la residencia, una de las R enarbola la palabra ‘homosexuales’ como estandarte de finesse en su acepción de refinamiento y delicadeza. Lo hace en un momento en el cual le muestran una versión del cuadro La última cena donde los doce apóstoles han sido sustituidos por reconocidos artistas canónicos que representan distintas épocas, escuelas y artes: la poesía, la música, el teatro, la novela y la pintura. Todos ellos rodean a un joven y desnudo Leonardo da Vinci que aquí ocupa la antigua centralidad de Cristo en el original (142). En medio de esta atmósfera, Jorge les lanza una pregunta incómoda que de inmediato lo ubica en las antípodas psicológicas e intelectuales de los anfitriones: “¿Es verdad que ustedes no singan?” (143).

Se suele mencionar a Michel Foucault quien en su Historia de la sexualidad establece “que el surgimiento, en el siglo XIX, de discursos médicos y psiquiátricos que definían al homosexual como una clase desviada facilitaban el control social, pero a la vez hacían posible la “construcción de un discurso de rechazo” (140) a dichos diagnósticos (140)10.

Al respecto y en su Critical Theory Today, Lois Tyson afirma que en el mundo anglosajón, pero no exclusivamente, se impuso el apelativo gay por encima del de homosexual porque los expertos consideraban que esta categoría era tratada como un desorden médico o psicológico (331)11. Tyson prefiere aludir a la “sensibilidad gay” y cómo esta influye en la visión del mundo, en la relación con los demás, en la manera de vincularse con el arte y la música, en la interpretación de las obras literarias, en el modo de procesar sus experiencias y de manifestar sus emociones (331). De ahí que para Jorge el contraste entre ser maricón u homosexual resulte determinante y necesaria porque con las tres R no tiene mucho en común.

Armando López junto a Gabriel García Márquez.

Por supuesto que no hay manera de saber si Jorge, que gusta desmarcarse de Wilde y es bastante precoz para su edad, está al tanto de que aquel cumplió dos años de  prisión por haber sido hallado, en juicio célebre, culpable del delito de sodomía. Hacia el final de la condena, Wilde escribió una extensa y muy notable carta (De profundis. In Carcere et Vinculis, 1897), dirigida a su más joven amante, Lord Alfred Bosie Douglas, hijo del Marqués de Queensberry, quien montó la acusación de sodomía contra el dramaturgo.

Gracias a ella, los lectores han podido enterarse de los pormenores de una intensa y a menudo perniciosa relación amorosa, altamente conflictiva, escandalosa en ocasiones, voluble, contada a veces con pelos y señales, repleta de quejas contra Bosie, a quien le adjudica también, y en tono despechado, su inconsistencia de carácter, su desconsideración por el tiempo creativo que Wilde reclama haber perdido mientras lo atendía, la mala reputación social que le había causado y el despilfarro de sus ahorros ganados por méritos literarios y respaldo del público.

En la misma carta añade valoraciones extraordinariamente agudas sobre el dolor y el sufrimiento, las lecciones aprendidas en la soledad de la celda en particular y el aislamiento carcelario en general. A la luz de estas circunstancias, reinterpreta las obras de Dante Alighieri, J.W. Goethe, Charles Baudelaire, André Gide, etc., lleva a cabo un análisis particularmente brillante del romanticismo y de Jesucristo como héroe principal de ese movimiento, además de manifestar una conciencia clara y un orgullo justificado por su propia notoriedad y prestigio dentro de las letras inglesas12. 

Indudablemente, el lector se da cuenta de que la personalidad y los intereses artísticos manifestados por Jorge en la trama de Los maricones, no van por los caminos de Wilde. Jorge, proporciona incontables datos sobre su vida erótica y social, incluyendo chismes sobre sus padres, Manana, doméstica además de confidente, los abuelos, las amistades, los rivales y hasta las parejas que se agencia.

La revista Opina, una de las publicaciones de mayor popularidad en Cuba en la década del 80 del siglo XX, fue dirigida por Armando López.

En sus confesiones y comentarios nunca escamotea detalles por insignificantes o escabrosos que parezcan, menos aún sus frecuentes ardores homoeróticos, imaginarios o reales. La premisa aparente es simple: no hay hecho ni delirio que esconder, ni asunto que esquivar ni palabras censurables. Esta falta de recato en la representación de su conducta gay es una de las cualidades distintivas de Jorge en contraste con la discreción de Wilde.

Aparte de esos datos, hay elementos adicionales que sirven para comparar ambos estilos. En Jorge predominan el tono picaresco y la procacidad con que da fe de ciertos pasajes, escandalosos o no. Al contrario de Wilde, no se adentra en disquisiciones filosóficas.  

Definitivamente de él podría afirmarse que es frívolo, más inclinado al teatro de variedades que a los dramas psicológicos o a las tragedias. Más que el ballet clásico le encantan las coreografías de cabaret y los movimientos de caderas en las rumberas. Eso sí, se halla muy cerca de la estética kitsch que conocemos en las obras de Manuel Puig: “Un día me presentaré en un gran teatro, con butacas de pana roja y un telón con pasajes burlescos…Ninón Sevilla no sabe que…le copio sus trajes de lamé, sus batas de encaje con tantísimos vuelos, y hasta los payasitos monísimos con los que baila el mambo…” (21)13.

Claro está, escoge a Ninón Sevilla para sublimar su identificación con ella y con el objetivo de proyectar lo femenino como su ideal sexual a pesar de que reconoce “…yo no quiero ser mujer” (66). En este mismo lugar, nos enteramos de que sueña igualmente con personajes gais o percibidos como tal (Brick, interpretado por Paul Newman)14, con arquetipos de masculinidad presentes en la música popular, Beny [sic] Moré, y en los deportes, por ejemplo los boxeadores Mandarria Jiménez y Puppy García (120).

En ese mismo ámbito, el narrador elige letras de canciones populares que funcionan como breves relatos intercalados para enfatizar un punto de vista o ilustrar un estado de ánimo. En repetidas ocasiones hallamos en cursivas letras de canciones infantiles, jingles comerciales, boleros, cha, rumbas, guaguancó, etc. Es tan determinante esta técnica narrativa que al final de la novela aparece una lista de las canciones mencionadas junto a los nombres de sus respectivos compositores (185).

Jorge canaliza y musicaliza su energía erótica mediante el uso de esas letras de canciones para adelantar sus aspiraciones o glosar hechos, aparte de coleccionar fotografías de actores famosos de Hollywood con los cuales sueña: James Dean, Yul Brynner, Sal Mineo… En clave psicoanalítica, esos actos lo ayudarían, repito, a sublimar y realizar conductas reprimidas en el hogar y en la sociedad. Manana, que funge también como su psicoterapeuta, le había dado un consejo útil al respecto: “Haz como te enseñé niño mío, escapa, en tu reino nadie podrá hacerte daño”(15).

Una de los tantos aportes de Armando López a la cultura cubana del exilio.

Esas fugas le permiten a Jorge vivir ciertas fantasías: “Estoy en medio del teatro chino de Hollywood, es noche de Óscares y yo soy la estrella absoluta” (15). Por motivos parecidos a este, Tyson afirma que para los gais, “el transformismo [drag] les sirve para vestirse y maquillarse de mujeres, a modo de subrayar una expresión [y un deseo] personal que se amolda con un determinado afán histriónico, muy representativo de la categoría camp, el cual implica, a su vez, atrevimiento, artificio y exageración (332).

No solo Jorge es capaz de inventarse su propio universo mental sin velos, también atesora un archivo donde guarda imágenes de sus “…más íntimos secretos, fotos de varones sudorosos, provocadores, enmarcadas por mis eróticas anotaciones” (17). En el desván, esconde de su madre algunos retazos de tela que ha tomado de ella y admite que su casa es el primer lugar donde lo enmiendan: “Mamá dice que son pajarerías mías, y me tiene prohibido hacer de Ninón…” (21).

Esas aficiones no le molestan, acepta la realidad de su cuerpo enteramente masculino, dotado, paradójicamente, de un falo prominente. No padece de complejos de inadecuación, de mujer atrapada en cuerpo de hombre, que angustian al José María de El ángel de Sodoma, o el desconcierto que afecta a Pascasio cuando se convence de sentirse atraído por Andrés en Hombres sin mujer.

El primero verbaliza esa incomodidad de esta manera: “¡Pero si dentro de mí, me siento blando, femenino! ¡Si desde niño gusté de cuanto las mujeres gustan! Si la naturaleza, o Dios, o Satán iban a hacerme mujer y, cuando ya estaban puestos los cimientos de mi ser, se arrepintieron y echaron de mala gana arcilla de hombre. ¿qué he de hacer yo?” (41 PDF).

Por otro lado, el presidiario Matienzo comparte con Andrés este razonamiento: “¿Sabes lo que nos pasa? ¡Que somos los hombres sin mujer! … Aquí no hay degenerados; hay, solamente, hombres sin mujer…Eso es todo…Tú no eres una mujer, pero… pareces menos hombre que los que estamos aquí…” (56).

A manera de cortesía con el lector no cubano, luego del final de la novela (181-184), se añade un glosario que aclara el significado de términos relacionados con las prácticas religiosas afrocubanas, cubanismos, y otros vocablos de rigurosa connotación sexual, presentados sin filtro. Unas pocas muestras: bollo, crica o raja; morronga; rallarse una paja…

Retos insuperables de hoy en la oposición y la sociedad civil cubanas

Las redes sociales se han convertido en escenario para darle visibilidad a la dura situación de nuestro pueblo, allá en Cuba. Pero también para analizar, con seriedad, muchos aspectos necesarios para entender la compleja realidad de nuestra isla.

Uno de los proyectos más interesantes es Métele Coco, un programa que conecta a cubanos residentes en todas partes del mundo con cubanos de la isla, dispuestos a intercambiar criterios sobre muchos ámbitos y conflictos de la realidad cubana actual. Ese intercambio se hace vía Whatsapp. Y fue una idea nacida del antropólogo cubano Carlos Infante, radicado en Holanda, por cierto, uno de los jóvenes intelectuales más lúcidos que conozco.

En la última de esas charlas virtuales, a partir de la propuesta de Carlos hablé sobre un tema que me preocupa mucho: los Retos actuales que sobrepasan a la sociedad civil y a la oposición cubanas.

¿Cuáles son esos retos?


Movimiento San Isidro.

PRIMERO

La Disparidad en el accionar estratégico de los diferentes sectores opositores (sean estos políticos o ciudadanos) ante una estrategia unificada de la dictadura para, por un lado, minimizar el efecto del disgusto opositor y social en sectores más amplios de la población (táctica de alcance nacional), mantener a raya a la oposición organizada (táctica de alcance nacional y extraterritorial donde se manifiesta la oposición de cubanos en la diáspora) y evitar que legalmente se consolide en los organismos internacionales el criterio de que el pueblo cubano se manifiesta contra el gobierno (táctica de alcance internacional).

RESULTADO: la oposición lanza palos de ciego contra el accionar organizado de la dictadura.


SEGUNDO:

Movimiento opositor 27 N.

Campaña de descrédito contra la oposición y sus líderes en la isla y la diáspora, sostenida en los medios masivos de información y en las instituciones oficiales… sumada al propio descrédito de la oposición, que no ha logrado establecer un programa efectivo de convencimiento de sectores más amplios del pueblo, pese a que más que nunca las condiciones objetivas de la vida económica, social y política en Cuba así lo permiten.

RESULTADO: Incapacidad de la oposición organizada y la sociedad civil de canalizar el cada vez mayor descontento social.


TERCERO:

Activistas de la oposición cubana.

Recursos excesivos del gobierno en fortalecer su estructura de represión nacional e internacionalmente vs falta de recursos de la oposición. Como algunos líderes en la isla lo han comentado, la salida al exterior de numerosos protagonistas de la oposición y sus campañas en otros países para luchar por Cuba ha provocado una desviación de los fondos de ayuda y hoy nos encontramos ante un hecho innegable: la oposición en la diáspora recibe casi el 90% de las ayudas económicas, entretanto ha disminuido escandalosamente la ayuda que reciben los opositores en activo dentro de la isla. RESULTADO:

1.- Imposibilidad de gestión más amplia para establecer proyectos sociales y políticos alternativos en la isla;

2.- Concesión a la dictadura del pretexto propagandístico de que la oposición fuera de la isla “no le interesa el pueblo, pues vive del sufrimiento del pueblo cubano”;

3.- Descrédito de la lucha cubana por la libertad en el exterior en organismos internacionales, que entienden que pese a los grandes recursos invertidos “para la libertad de Cuba” los cubanos no han logrado nada con esa ayuda.

4.- División aún más radical entre los sectores y grupos de oposición de la isla y la diáspora a causa de la desequilibrada distribución de las ayudas económicas.


CUARTO:

Luis Manuel Otero Alcántara, artista opositor cubano.

Caudillismo vs formación de canteras políticas en la oposición de la isla y el exilio, que deriva en el protagonismo excesivo de líderes y en la prolongación del concepto de la necesidad de un caudillo o mesías, en detrimento de crear una conciencia sobre el poder de la participación política democrática ampliada apoyada por la independencia de los poderes del Estado como fundamento de la sociedad democrática a la que debemos aspirar.

RESULTADO:

1.- Estancamiento del liderazgo de la oposición política.

2.- Eclosión y predominio del discurso de figuras mediáticas sin programa político de futuro, pero que esgrimen de modo abierto y con mucha inteligencia lo que el pueblo desea, que ganan protagonismo ante la falta de proyectos políticos y sociales que debían generar la oposición y la sociedad civil.

3.- Éxitos de la táctica de la policía política y de la dictadura de generar una oposición consentida, supuestos líderes reformistas y proyectos opositores reformistas dentro del socialismo (entendido este como el sistema de gobierno del castrismo). En suma: división y luchas entre la oposición y la sociedad civil opositora.   


QUINTO:

Anamelys Ramos, opositora cubana condenada al destierro.

Exilio voluntario o forzado de las principales figuras de la oposición política o líderes ciudadanos descontentos. Nos vemos ante la realidad innegable de que en Cuba siguen luchando los grupos líderes de la oposición tradicional (muchos de esos grupos penetrados por la policía política y con casi nula credibilidad entre la población), mientras que la inmensa mayoría de los numerosos líderes jóvenes surgidos de los movimientos San Isidro, 27N o del periodismo independiente y la oposición intelectual en internet, que representaron una enorme esperanza de cambio, no han logrado sobreponerse a la estrategia de presión y represión contra ellos y han decidido salir al exilio, donde algunos se mantienen activos y serios en la lucha por la libertad de Cuba, pero otros parecen más bien figurones mediáticos concentrados en exhibirse disfrutando “de las mieles del capitalismo” en las redes sociales.


SEXTO:

Encuentro de opositores con Obama durante su visita a Cuba, 2016.

Falta de cultura política en la oposición. Lo que se ve son acciones aisladas, unilaterales y personalistas contra la dictadura, y una casi absoluta ausencia de un programa político/social basado en cualquiera de las tendencias políticas existente en el mundo. Incluso aquellos grupos que se hacen llamar Partido Tal Cual, en su accionar propagandístico y activo hace evidente que no tienen mucha idea de lo que dicen representar.

RESULTADO: Limitaciones en el análisis de la realidad social en la isla. Por ejemplo: Cualquier análisis basado en cualquiera de las tendencias políticas existentes en el mundo arroja un hecho claro en las actuales circunstancias que atraviesa hoy la isla: los opositores cubanos deben aprovechar el descontento social y pasar de la acción política directa contra el gobierno a la lucha por imponer en sus radios de acción programas sociales de corto espectro (o de amplio espectro, si es posible) que atraigan la atención de los residentes en esas zonas y movilicen sus conciencias en el entendimiento de que no es el Estado/la dictadura la única salida a sus problemas.  


Y SEPTIMO:

Marcha del orgullo gay, Cuba. Foto: Yamil Lage / AFP.

—Divorcio entre oposición política y sociedad civil opositora. La experiencia histórica demuestra que, en el caso de los regímenes totalitarios, es esencial la estrecha vinculación de objetivos comunes entre estos dos sectores en dos rutas prioritarias: la movilización de la población para crear conciencia de la necesidad de su participación social en diversos proyectos (raciales, de igualdad sexual, de género, etc.) y el establecimiento de una estrategia común de cara a las estrategias del régimen en estos terrenos.

RESULTADO: los proyectos por la diversidad sexual, racial, de género, de defensa de los animales, etc…, de la sociedad civil resultan proyectos de accionar aislado, alcance limitado y protagonizados por muy pequeños sectores de la población, mayormente sin ninguna resonancia a nivel nacional e internacional, contrariamente a lo que sucede en esos mismos ámbitos con los proyectos presentados por las instituciones gubernamentales.

Colas en Cuba para sacar el pasaporte como primer paso para irse del país.

Después de la charla, la filóloga y socióloga Helen Ochoa, desde Cienfuegos, en Cuba, me hizo preguntas que respondí allí por escrito y que aquí reproduzco:


Por qué crees que actualmente sigue siendo el descredito de la oposición por parte del régimen una de las principales causas de la inviabilidad de la sociedad civil para unirse en un objetivo común contra la dictadura en Cuba?

Si un pueblo lleva 60 años engañado por el discurso político y ha dado pruebas de que ya no cree en el discurso político, la oposición debe proponer un discurso distinto, convincente, que demuestre en la práctica que lo que se propone no es más de lo mismo. No lo ha hecho. Eso desacredita a la oposición.

Si el gobierno ataca impunemente a la oposición y es sádicamente agudo en elegir las zonas débiles de la oposición y aprovechar el casi monopolio informativo y propagandístico, la oposición debe ponerse de acuerdo en su normal diversidad para encontrar vías de confrontar esos ataques. Lo ha hecho muy aisladamente y con el foco dirigido al mundo exterior, no a los cubanos de la isla, que es (o debería ser) su target principal. Eso desacredita a la oposición.

Si el pueblo ha descubierto que la vía más fácil es apartarse de la política y luchar la supervivencia, o huir de la isla, desconfiando por igual de la política oficialista y de la política opositora, la oposición debe conformar plataformas unificadas (o colaborativas) de derribar ese modo de pensar, de manera que ese sector poblacional se fije en la idea de que otro país es posible y que el país los necesita a ellos  (de hecho es el reto mayor que tienen los partidos políticos en las sociedades democráticas). Si la oposición no hace eso, entonces eso desacredita a la oposición.

Pregunta final en este sentido: si mañana mismo se cayera el régimen y la oposición continúa como hasta hoy en el quítate tú pa’ ponerme yo que hemos visto, ¿podría la oposición superar su descrédito actual e implementar el proyecto de país diverso, amplio y plural que necesita Cuba?


¿Qué papel le asigna a los influencers cubanos en la confrontación al discurso oficial interno y externo del régimen cubano?

Es un papel muy peligroso, como todo lo que se mueve en la lucha política e ideológica a través de ese caos incontrolable de información que es internet y las redes sociales. Siendo sincero, soy muy pesimista. En los primeros tiempos, aquellos tiempos que comenzaron con la blogósfera opositora en Cuba y que se extendió luego en los medios periodísticos independientes, los influencers y su actividad en internet fue muy útil porque visibilizó internacionalmente la cara oscura del régimen. Hoy, con toda sinceridad, creo que han perdido el foco del objetivo principal de su labor, se han transformado en proyectos cargados de personalismos excluyentes del pensamiento ajeno… y hacen más daño que utilidad. Y es que si hubo un tiempo en que el trabajo de los influencers unió en la diversidad a los cubanos nacional e internacionalmente, ahora mismo lo que veo es un ruedo de individualidades que se atacan unos a otros ante cualquier pequeña disparidad de criterios o posición ante el régimen, provocando una división entre sus seguidores cubanos como nunca antes se había visto. Y encima de eso, se ha enraizado en el discurso de esos influencers, youtubers, instagramers, etc., una figura que había ido perdiendo fuerza en la sociedad cubana ante el descalabro de credibilidad de Fidel Castro y otras figuras históricas que encarnaban en la política ese fenómeno: el caudillismo. Si a eso le sumamos que más de uno de esos actores han convertido su accionar en un sello mercantil, con lo cual cualquier otro proyecto o idea se percibe como competencia, creo que todavía falta mucho por recorrer en el objetivo de contrarrestar el discurso oficial interno y externo del régimen (incluso hoy, que cada vez menos gente cree en ese discurso).


¿Cómo percibe el cambio en Cuba dado el escenario actual en lo interno y en el acontecer mundial?

Según la inopia social y el natural escapismo del pueblo cubano intentando sobrevivir en la isla o escapar de la isla; según el estado de la oposición tanto en la isla como en el exilio; según ese circo romano de influencias que existe en internet fuera de la isla, según la complicidad o aceptación tácita que recibe el régimen por parte de la opinión pública internacional y de los organismos internacionales, y según los acercamientos internacionales del régimen y sus estrategias económicas y financieras internacionales de los últimos años, Según yo lo veo uniendo todos esos elementos, el único cambio vendrá del régimen mismo y veremos en Cuba ese mismo capitalismo de Estado mafioso y militarista que vemos en la Rusia de Putin, con una política exterior al estilo de China y el mismo discurso internacional falsamente conciliador y mañoso del régimen de Vietnam.

La narrativa policial en Panamá: Apuntes para una historia

Indudablemente las preferencias son cosas de todas las épocas y sociedades.  La literatura en sus devenires no excluye esos aspectos.  Desde autores, editoriales, lectores, por supuesto han existido y existen los gustos, así como en otras facetas de las interrelaciones humanas.  En el ámbito de la prosa, sea en los géneros literarios de la novela o el cuento, las llamadas novelas policial y negra -al margen de cualquiera de las denominaciones que suelen utilizarse-, pese a que han sostenido su conglomerado de cultivadores y consumidores, todavía hoy, más de una ocasión se les ha pretendido rechazar su condición plenamente literaria.  Sin embargo, desde sus orígenes, escritores admirables y obras valiosas, constituyen todo un legado que enriquece.

En Panamá las referencias sobre una “literatura policial” producida por escritores nacionales, históricamente resultan escasas, pese a que, en las últimas décadas, despunta una mayor presencia o producción, sobre todo, a partir del siglo en curso.  Por muchos años, como en otros linderos, se les dio consideraciones de subgénero, de escritos a los cuales se le negaba la calificación de “literario”, apuntándoles los prejuicios de que implicaban lecturas fáciles, sin mayor requerimiento de un esfuerzo intelectual.  En los textos de historia literaria y con afanes antológicos, su mención o muestra aparenta nula; pienso en los icónicos libros Aspectos de la literatura novelesca en Panamá (1968), El cuento en Panamá (1950), La literatura panameña: origen y proceso (1972) del ensayista Rodrigo Miró, igual en las reflexiones del novelista Ramón H. Jurado dadas en Itinerario y rumbo de la novela panameña y en los esfuerzos de recopilaciones llevados a cabo por Enrique Jaramillo Levi, particularmente sobre la cuentística panameña. 

Ante tales y encomiables obras de memoria, construcción, divulgación, evaluaciones del quehacer histórico literario panameño, la narrativa policial, noir o negra, aparenta no tener desarrollo, así como no atrae sus atenciones, aunque desde mediados del siglo XX se publicaban obras de escritores nacionales que desde los géneros de la novela y del cuento, conllevaban matices y aproximaciones a una literatura policial, noir o negra en Panamá.


Precisando concepciones

Dashiell Hammett (Estados Unidos, 1894 – 1961). Autor mítico fundacional de la novela negra.

Por supuesto que existen exposiciones valiosas que ilustran sobre cómo se definen o pueden definirse, tanto la novela policial como la novela negra, las características, similitudes, diferencias que campean entre una ante otra, así como minuciosos recuentos sobre los orígenes y los por qué de las denominaciones, incluyendo aquellas que plasman o emplean las expresiones de detectivesca y noir.

Pese a que, en las delimitaciones conceptuales no es extraño que aparezcan interpretaciones contrapuestas, nos interesa sobre modo, apuntar que entre las múltiples interrelaciones de forma y fondo que pueden existir entre la novela policial y la novela negra, despunta el contraste del enfoque sobre cómo se desarrolla el dilema del misterio; en ambas, persisten dichos flujos de incógnitas, sin embargo, en la novela policial parece fundamental resolverlo, mientras en la novela negra, resolver el misterio no representa un aspecto medular.

Como ha podido observarse con anterioridad, emprendemos hablando de la narrativa, pues las referencias que se comparten apuntan hacia los géneros literarios de novela y cuento, así mismo, especificamos sobre una narrativa policial, primero, asumiendo la licencia de una acepción amplia -la cual para algunos puede ser cuestionable-, otorgándole una dimensión no excluyente de la narrativa negra o noir; segundo, tomando en consideración que la producción narrativa, sea policial, detectivesca, negra o noir por escritores nacionales de Panamá, aparenta no ser prolija.

Pero un abordaje primigenio sobre la narrativa policial panameña -en la amplitud del concepto formulado-, también implica discurrir sobre un camino de hipótesis, de lineamientos que pueden ser cotejados, ampliados, redelineados, compartidos y adversados.  Siendo así, las premisas siguientes, procuran dar el paso sobre la configuración de un contenido como objeto de estudio, de preocupaciones analíticas en torno a la comprensión y valoración de la literatura.


Primera premisa: acercamientos e influencias

Un grupo de obras escritas por autores panameños, desde mediados del siglo XX, reflejaban particularidades de la novela policial o negra; los rasgos del misterio, de la incógnita planteada desde el principio del texto, de la investigación, de la existencia de pistas descubriéndose y de las pistas falsas tendientes a la construcción de la intriga, reverberaban.  En realidad, muchos más dispositivos de la novela policiaca que de la novela negra, pero aún proyectados en tales condiciones, el rasgo de la crítica social y de la reproducción de las realidades de los bajos mundos, de la violencia, del lenguaje crudo, incluso tuvieron sus asomos en algunos de dichos textos.  A pesar de esos reflejos y expresiones, a ninguna de esas obras se les ha valorado bajo los esquemas de una narrativa policial ni negra, ni menos se les ha considerado muestras de dichas tendencias.

Rogelio Sinán (Panamá, 1902 – 1994)

En 1946 Rogelio Sinán (1902) -nombre literario de Bernardo Domínguez Alba, publica Todo un conflicto de sangre, un texto unas veces considerado novela corta, en otras un cuento.  Aparenta a lo largo de sus páginas una narración en donde afloran los prejuicios sociales, el racismo, la dualidad de nazi versus judío, la crítica hacia una alta sociedad o casta dominante nacional, los traumas sicológicos, pero desde las dos primeras oraciones del primer párrafo, denota el elemento de la incógnita, de ese misterio que busca atrapar al lector y que, si bien no es exclusivo de la narrativa policiaca, representa un componente substancial.

La narración aparenta emprender por el final, presentándose la incógnita, el misterio, cuando los hechos ya están dados, y a manera de flash back, incursiona hacia el pasado, para retomar la linealidad de la historia que se cuenta y que en el párrafo 5, todavía en los inicios de la obra, se enfatiza uno de los elementos de la novela policial, cuando adentra al análisis de hechos, al conocimiento de la historia dada, tal como se suele instrumentalizar en las novelas policiales clásicas.  Al cierre de la obra, sale a relucir el aspecto del crimen, la descripción de la herida, y el palpable esclarecimiento de la asesina, la comprensión de los por qué.

Para 1954, de nuevo Rogelio Sinán, presenta otro texto narrativo que al igual a la anterior, suele ser considerado, mayormente como un cuento, aunque algunas veces una novela corta.  La boina roja también plantea el asunto de una desaparición o de un crimen, el de la científica Linda Olsen que arriba a una de las islas de Océano Pacífico en el Archipiélago de Las Perlas, Panamá.  La estructura de la narración se asemeja a la antes referida, pues emprende a posteriori de los hechos dados, y en una especie de flash back entra al pasado, cuenta, narra entonces, el desarrollo de los acontecimientos, en donde retornan los prejuicios raciales, el tema del negro, el asunto de la presencia militar estadounidense en el territorio panameño, experimentos científicos secretos amparados por los Estados Unidos de América, traumas sicológicos, pero el esqueleto argumental, gira fundamentalmente sobre el misterio y las incógnitas en torno a la desaparición o el crimen de la personaje que hemos mencionado y que similar a las narrativas policiacas se esclarece en el desenvolvimiento del final.

Tristán Solarte (Panamá, 1924 – 2019).

Entre 1953-1954 el escritor Tristán Solarte -seudónimo del periodista Guillermo Sánchez Borbón-, nacido en 1925, obtiene el premio nacional de literatura en la sección novela con la obra El Ahogado.  Para 1957 su primera versión sale a luz pública y posteriormente en 1962, se presenta con una aparente versión corregida.  En el contexto nacional panameño, constituye el texto literario con mayores aristas, propias de la novela policial; el asesinato, la investigación, el descubrimiento de los hechos, la referencia directa de testigos, testimonios que aportan pistas falsas, ambiguas, y pistas tendientes a desentrañar las incógnitas, permean en sus páginas.  En efecto, el fantasma de Edgar Allan Poe merodea, a pesar de las descripciones de ese Caribe panameño que representa Bocas del Toro, y que, sin duda, son rememoraciones del autor sobre su sitio natal. 

Aún de tal modo, forzar su encajonamiento dentro de los parámetros de una novela policial, conlleva riesgos valorativos y de posibles desaciertos.  En similar sentido, mucho menos encuadra en el esquema de una novela negra o noir.  Sin embargo, no deja de representar la obra literaria nacional, en donde mayormente despuntan algunas de las particularidades propias de una novela policial, quizás por esa compartimentación de dos partes básicas en donde refiera a unos apuntes y a los testigos o diferentes testimonios y que refuerzan la certeza de un proceso penal, de una indudable investigación -tipo judicial- en ciernes sobre un crimen.

Que pueden constituir aproximaciones, reflejo de influencias de algunos aspectos de la novela policial, en efecto.


Segunda premisa: otro precedente      

En las décadas de 1950, 1960, 1970, 1980, aparecieron escritos que narraban sobre la vida delincuencial y las hazañas de un muchacho proveniente de los estratos más humildes de la ciudad de Panamá, ciertamente describían un bajo mundo, reflejaba una violencia, y la trama giraba en gran medida sobre la persecución policial contra dicho personaje, hasta que por fin termina muerto a tiros.  Tales recuentos estaban basados en aquella persona que había existido entre 1899 y 1923, y al margen de lo que era realidad y de lo que era ficción, basta sostener que, en cada una de esas publicaciones, ciertamente se mezclaba la verdad con la imaginación.  Pese a que he escuchado que algunas veces se escribía a varias manos, el nombre del periodista Agustín Jurado resalta en la autoría, es más, en todos los capítulos que hemos podido recopilar, ver y leer, aparece como único autor de John Peter Williams: el Robin Hood Panameño.

Por lo general constituía una publicación por series, cada sección o capítulo aparecía en los diferentes números de las revistas o periódicos en donde quedaban plasmados.  Los periódicos La Hora, Crítica, El Siglo y la revista Más divulgaron esa historia, y más de una vez, se trataba de los mismos escritos, corregidos, modificados en algunos aspectos, ampliados, o transcritos literalmente.  No obstante, hasta la fecha no se cuenta con un texto que los haya recopilado y ofrezca una visión integral de esa historia que quizás sin pretenderlo, manifiesta matices de un relato policial, lo denota el hilo conductor de la narración que gira sobre la persecución del delincuente, la intriga sobre la concreción de su captura, las pistas, las informaciones, la preexistencia del crimen o delito, el desenlace, el manejo de las incógnitas, el hecho de la muerte violenta que se aplican.  Dichos vaivenes se desenvuelven en espacios sociales de pobreza, marginalidad, de bajo mundo, de sobrevivencia, complicidades que de una u otra manera recrean un perfil de una parte de la ciudad panameña a principio del siglo XX.

Tuve la fortuna de conocer y platicar varias veces con el periodista Agustín Jurado y por ello conocí de sus frustraciones literarias, pero leía, gustaba de aquellas historias de narrativa policial de Edgar Allan Poe, de Arthur Conan Doyle, de las impresiones que le causaba el icónico personaje de Sherlock Holmes, y de algunas creaciones de Agatha Christie, incluso poseía referentes sobre Raymond Chandler y Dashiell Hammet, en otras palabras, no se hallaba al margen ni desconocía aquellos clásicos de la novela policial y de la novela negra.

Sin embargo, parece ser que en la elaboración de dichos capítulos y de dichas narraciones, lo menos ideado fue la construcción de una narrativa policial.  Bastaba el cumplimiento de una faena periodística, el llenado de un espacio y de un segmento que atrajo lectores y produjo convencidos de que aquellas ficciones a una totalidad eran veraces.  Quizás si pudiera contarse con una versión integral de dicha historia -como ya he sugerido- publicada de manera intermitente y fragmentaria, podría valorarse de modo más vasto, una de manifestación interesante de relato policiaco.    


Premisa sobre aficiones

Ciertamente ha persistido una simpatía hacia la novela policial y la novela negra en Panamá, aun cuando se le haya subvalorado o ignorado y desde antes, a los esfuerzos actuales que se hacen para concentrar a su público lector, cultivadores y promociones.  Existe un semblante de masas que consume dichas narraciones con ahínco -antes y ahora-, sobre todo producciones de textos cuyos autores, por lo general son extranjeros, obras que alcanzan categorías de popularidad, de reconocimiento cualitativamente legitimo o sobredimensionado. 

En este esquema de producción y consumo, las expresiones de una posible narrativa panameña, es decir de obras y autores nacionales, rondan en la disyuntiva, por un lado, de las pautas del mercadeo, de las orientaciones de las grandes editoriales y, por otra parte, el desenvolvimiento de una cautela que resiste a las promociones mediáticas y sopesa criterios de aportes narrativos, estilísticos, conceptuales en la narración.  En ambas direcciones hemos visto narradores y textos.  Por supuesto que entre ambos parámetros -los cuales no son exclusivos de este país, pues se reproducen en otras esferas- la novela policial y la novela negra ha generado y está originando obras encomiables, autores talentosos. 

En los últimos años he topado por ejemplo Perder es cosa de método del novelista colombiano Santiago Gamboa, novelas del salvadoreño Horacio Castellano Moya; en Cuba, desde las novelas de Leonardo Padura, Amir Valle con Las puertas de la noche, Rafael Grillo con sus aportes Asesinos Ilustrados e Historia del Abecedario, Lorenzo Lunar autor de El barrio en llamas, Pedro Pablo Gutiérrez en Nuestro GG en La Habana, por solo referir algunos textos literarios de autores latinoamericanos que me han impactado.

En nuestro país, tal como consta con los precedentes anotados -y de seguro otros-, se ha cultivado sobre temas donde la violencia, la criminalidad salen a flote, pero el abordaje de esos componentes, per se, en nada concretan la existencia de una novela, cuento, relato policial o de literatura noir.  Los dispositivos de las averiguaciones, indagaciones, investigaciones con matices detectivescos, policiacos, judiciales, pueden verse como instrumentos en obras que, aun así, sería un desacierto endilgarlas como expresiones de una narrativa policial panameña, salvo las excepciones que existen y merecen valoraciones apartes a estas notas.

A pesar de semejantes contrastes, perdura esa simpatía que se denota en los festejos de un Festival Negro -que conlleva varios años de llevarse a cabo- y de una premiación que lleva el seudónimo del periodista y escritor Guillermo Sánchez Borbón, hechos que indudablemente abonan a un desenvolvimiento más vasto de novela policial y novela negra gestada por escritores nacionales y que procuran concurrir a esa masa de simpatizantes, cultivadores, al intercambio de percepciones, criterios, de respaldos, promociones, descubrimientos e incentivos.


Itinerarios posibles

La incipiente narrativa policial en Panamá insoslayable de los elementos del crimen, la muerte, el asesino, la investigación, las pistas, las incógnitas, las develaciones, puede recrear con sentido crítico o no, contextos sociales, históricos, implicaciones sicológicas, enriquecer el clásico esquema tanto de la novela policial como de la novela negra, adentrarse también a esos esquemas que algunos han denominado “neopolicial” como variantes de renovaciones, en donde la novela policial y la novela negra también son formuladoras de críticas sociales, adentran a la violencia del Estado, a la delincuencia organizada, a la delincuencia de cuello blanco, a la corrupción de las capas gobernantes y dominantes, indudablemente puede mirar hacia las entrañas de la sociedad, su pasado, su presente, hacia su gente, y ello no conlleva encasillamientos formales, ni localistas que limiten los procesos creativos.

El desarrollo de un espacio y de una presencia de la narrativa policial panameña, por supuesto puede andar circunscrito a los mismos factores que aquejan a la literatura en general; la escasez de incentivos, de políticas editoriales, de talleres destinados al estudio de los trasfondos de la novela policial y de la novela noir o negra, de la banalidad y las tantas caras del esnobismo.  Pero la senda no sólo depende de las condiciones materiales, que no pueden obviarse; la comprensión de los rasgos, de las lecciones legadas sobre los orígenes, la evolución, las singularidades entre “lo policial” y “lo noir”, entre las tendencias anglosajones, europeas, latinoamericanas y de otras latitudes, juegan roles esenciales. 

Entre las aproximaciones y una narrativa policial propiamente dicha, ronda el panorama panameño.  En cuanto al primer campo, es decir, el de las aproximaciones, no basta el abordaje de un crimen, de un asesinato, no basta el tratamiento de la violencia para considerarse novela policial o una novela noir.  El desatino en el desarrollo del argumento, la perdida el hilo conductor de la historia, la vacuidad en la construcción de los personajes, el manejo ligero del discurso narrativos, los reveses en las maniobras del tiempo, la voz del narrador de la novela no diferenciada de la voz del autor, entre otros rasgos, pululan, y en algunos casos, complican el logro de la obra, la cual pese a la retahíla de páginas que se acumulan, no encarnan en el género de la novela en general.


Ojeada sobre cuatro expresiones

Rafael Pernet y Morales

Dentro de la incipiente narrativa policial panameña propiamente dicha, ya destacan voces y obras.  Cuatro escritores como muestras -y no los únicos- para estas inferencias contribuyen a delinear otros aspectos, de verdad encomiables.  El escritor Rafael Pernet y Morales, originario de la ciudad atlántica de Colón, nacido en 1943, médico de profesión, titulado en la Universidad de Salamanca, España, establecido en la caribeña provincia de Bocas del Toro.  En la década de 1970-1980, publica sus primeras novelas imbuidas de un realismo mágico, Loma ardiente y vestida de sol (1974) y Estas manos son para caminar (1977), que lo convierten en uno de los novelistas nacionales más representativos.  En el 2008 sale a luz pública la obra El indio sin ombligo, y que fue merecedora el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró un año antes, cuyo jurado procedió a calificarla como “una novela policiaca de ciencia ficción”. 

En efecto, construye el argumento a partes de la muerte de un aborigen, cuyo cuerpo llega sin ombligo a la morgue, originando un curioso proceso investigativo llevado a cabo por un detective de la antigua Policía Técnica Judicial de Panamá, apoyado por un biólogo y un vendedor de enciclopedias, planteando tramas e intrigas que deambulan entre lo absurdo para esclarecer el por qué de la desaparición del ombligo, y con ello las develaciones de las causas de esa muerte, mezclando un lenguaje coloquial, a veces culto, de tono irónico, burlesco, una narración desde diferentes puntos de vistas, entre ocasiones incorporando matices de ese realismo mágico que aflora en sus anteriores novelas.  A la realidad se perciben tonalidades de la novela policial y de la novela negra que se entretejen, que afloran entre las curiosas averiguaciones, el planteo hiperbólico en torno a las pistas, posibilidades, la violencia, las incredulidades.

Ariel Barría Alvarado (Panamá, 1959 – 2021)

En el año 2006, es decir dos años antes a la novela de Pernet y Morales, el escritor Ariel Barría Alvarado, publica La casa que habitamos.  Proveniente de la provincia de Chiriquí, colindante con la república de Costa Rica, Barría, profesor universitario, nace en 1959 y fallece en el 2021.  Merecedor en múltiples ocasiones del premio nacional de literatura Ricardo Miró en las secciones de novela y cuento.  Innegablemente en dicha obra, incorpora elementos de la novela policial, los signos de una muerte, el suspenso, la siembra de pistas, las develaciones, entrecruzados con la persistencia del humor, y que giran a lo largo del argumento consistente en el descubrimiento del cadáver de una desconocida por parte del personaje crucial que representa una figura pública dentro de su residencia.  Hay una alegoría al hedonismo desenfrenado, a los dilemas de la hipocresía social, la corrupción, las ambiciones, la complicidad, las envidias, la incidencia de los medios frente a la visión de las cosas, la valoración del qué dirán, no obstante, en el desarrollo del argumento, se toma distancia de una prototípica novela policial.                                 

Osvaldo Reyes

En el caso del narrador Osvaldo Reyes, a diferencia de los dos novelistas mencionados, se configura un autor nacional que opta de pleno por la novela policial y novela negra.  Médico originario de la ciudad de Panamá, nacido en 1971.  Muestra un amplio repertorio de textos, entre los cuales destacan novelas y cuentos que se dan a conocer a partir del año 2011 cuando publica su primera obra El efecto Maquiavelo en donde plasma una estructura y prosa influenciada por la narrativa de Agatha Christie y que servirán de base para la construcción de sus posteriores creaciones.  Desde dicha fecha, en un promedio de diez años, ha publicado diez textos novelescos y tres libros de colecciones de cuentos.  Crímenes, muertes, detectives, médicos, psicólogos, misterios, se desarrollan al pie de la letra en los esquemas básicos de una novela policial.  No sería arriesgado sostener que transpira esta corriente novelesca, ya sea en el mercadeo de sus libros, en sus comentarios tendientes a la divulgación de una narrativa policial panameña.  En general despuntan en los argumentos de sus textos, el desarrollo lineal, profuso algunas veces de diálogos directos, la configuración de personajes, juegan sus roles dentro el crimen o el misterio que debe develarse, el discurso narrativo, elemental para cerrarle las puertas a las lecturas sin complicaciones.

Ramón Francisco Jurado

Por su lado, Ramón Francisco Jurado, también originario de la ciudad de Panamá, nace en el año de 1979.  Conocemos tres de sus obras.  En Veritas liberabit (2009) y La Niebla (2005), destaca el dilema del misterio, la necesidad de su desentrañamiento, sin que ello implique la investigación de un asesinato en particular, el suspenso.  Deambulan particularidades tanto de la novela policial como de la novela negra; no será tanto la violencia física, la delincuencia común, la delincuencia organizada, sino aquella violencia emocional, síquica, a veces imperceptible, el miedo, el heroísmo, la sobrevivencia.  Pero será, sobre todo, en su siguiente obra Mirada siniestra (2002) en donde la narrativa policial panameña da un paso cualitativo en firme.  Un asesino como protagonista, un criminal en serie, que derrocha violencia, desencadena misterio, incógnitas, sus develaciones, el manejo de las pistas, de la puesta de personajes creíbles, de prosa audaz.


Derivaciones

Entre los escritores vistos, a pesar de sus diferencias cronológicas, de las fechas en que nacen, tomando como punto de partida, a Rogelio Sinán (1902), Tristán Solarte (1925), y sus obras publicadas en los años 1946, 1954 y 1957, sobresale el interés por la novela policial y la novela negra, la presencia de herramientas prototípicas de estas modalidades en textos u obras de otros contenidos y puede sostenerse que alrededor de la mitad del siglo XX, emprende una aproximación hacia la narrativa policial y sus instrumentos característicos. 

De similar modo puede observarse que, a partir del año 2000 en adelante, la narrativa policial panameña, tiende a crecer, cuantitativamente y de manera cualitativa.  Las creaciones de Pernet y Morales, Barría, Reyes, Jurado, no serán las únicas publicadas, ya sea por esfuerzos propios, coediciones, o como resultado de premiaciones. 

No obstante, más de un texto que intenta incursionar en la narrativa policial y negra en Panamá, revela en algunos casos, despreocupaciones en el manejo del lenguaje, de técnicas narrativas, de la diferenciación entre la voz del narrador, las voces de los personajes y la voz del autor, pero son aspectos subsanables, y en lo cual pueden ejercer roles correctivos, el estudio teórico de la narración literaria, la lectura, la escritura, sus revisiones mesuradas, los talleres, los procesos retroalimentativos que generan los festivales, los eventos -sin esnobismos ni banalidades- que se adentran en la promoción de la novela policial y de la novela negra, así como las experiencias precedentes, las experiencias de narradores locales y foráneos.

A través del espejo (IX): Mamá cumple cien años

Carlos Saura (España, 1932 – 2023)

Introducción

La reciente muerte del director de cine español Carlos Saura (1932-2023), sería motivo más que suficiente para la inserción de otro de sus filmes icónicos en la actual serie de artículos del cine de la era franquista.

Mamá cumple cien años (1979) fue una de las películas más populares del director y que más premios recibió como los del del Festival de Cine de San Sebastián 1979, la nominación del Oscar de la Academia de Hollywood a Mejor Película Extranjera y los premios individuales en la 35 emisión del Premio del Círculo de Escritores a Mejor Película, Mejor Actriz a Rafaela Aparicio y Mejor Fotografía a Teo Escamilla 1.

Mamá… es un filme polisémico en su concepción y factura que conecta dentro de la cinematografía de Saura con su precedente “Ana y los lobos” (1972) y puede ser visto y analizado en diferentes niveles de interpretación.

Comedia

Como género es una comedia que hace reír a los espectadores y con una cierta complejidad dramática los hace pensar. Sobre todo, cuando el presente se interrumpe y queda en suspenso y su lugar lo ocupa una suerte de nostalgia proustiana por le temps perdu -la era franquista- con la cual Saura suele teñir a sus filmes de un rosa pálido que evoca los fantasmas grises de la guerra civil (1936-1939) presentes por generaciones en la conciencia colectiva e individual del pueblo español.

En resumen, entre los filmes Ana y los lobos (1972) y Mamá cumple cien años (1979), media en política la transición entre el fin de la era franquista y el inicio del tiempo de la democracia y en términos de género cinematográfico el cambio que va del drama a la comedia

Autoreferencia

Para la crítica especializada Mamá… resulta un filme autorreferencial, esto es, Saura, como en un espejo, se ve en pantalla a sí mismo.  Y si Mamá… en lugar de filme fuera un libro, como autor-director, Saura se “entrecomillaría” y se “citaría a sí mismo” al pie de página en dilatadas secuencias de la película, unas veces como flas-back de los personajes y otras como parodia de filmes anteriores.     

¿Cuál filme le sirvió de modelo autorreferencial para componer Mamá cumple cien años?

La respuesta es Ana y los lobos, una película en la que la arqueología cinematográfica de Saura se sitúa siete años estratigráficos (1972) por debajo de la realización de Mamá… (1979), de la cual es, en cierta forma, una secuela o extensión cinematográfica que emplea a los mismos técnicos, actores y locaciones y utiliza segmentos cinematográficos que repiten y/o refieren cuadro a cuadro secuencias utilizadas con anterioridad2.

Intertextualidad & Surrealismo

Mamá… también es, siguiendo las teorías del filósofo ruso-soviético Mijaíl Bajtín (1895-1975) en sus escritos sobre la poética de Rabelais y Dostoevsky, una prueba de intertextualidad y dialogismo, de influencia y enriquecimiento mutuo entre diferentes autores y narrativas.

En este caso, la relación maestro-discípulo, se establece entre Carlos Saura y Luis Buñuel -a quien el primero consideraba su maestro- en el empleo visual de la narrativa del surrealismo en el cine3.

Entre muchos ejemplos posibles de esta fructífera influencia, seleccionamos uno de los más logrados de Mamá…, la secuencia en la cual accidentalmente Antonio derrama un vaso de agua sobre la mesita de noche y las gotas al caer terminan por inundar un zapato colocado al pie del lecho.

Esta situación visual, entre absurda y surrealista, sin que medien palabras, sería el equivalente gráfico de la definición de cabecera del surrealismo que da el Conde Lautréamont: “el encuentro fortuito de un paraguas con una máquina de coser en una mesa de disección”.     

Plot

Rafaela Aparicio (España, 1906 – 1996)

La anécdota sobre la cual se hilvana la trama de 95 minutos de duración es muy simple y por momentos guarda algún tipo de semejanza con uno de los filmes insignia de Buñuel (El ángel exterminador, 1962): la abuela matriarca (actriz Rafaela Aparicio) va a cumplir cien años y todos los miembros de la familia se trasladan a la finca para congratularla.

A la antigua casona familiar llegan los dos hijos, Fernando (actor Fernando Fernán Gómez) y Juan (actor José Vivó), con su esposa Luchy (actriz Rosario Soriano) y sus hijas-nietas Natalia (actriz Amparo Muñoz) y Carlota (actriz Ángeles Torres).

También llega la pareja que forman Ana (actriz Geraldine Chaplin), la antigua institutriz inglesa y Antonio, su marido argentino (actor Norman Briski).

A la cita sólo falta José, el más pequeño de los hijos, que murió hace unos años.

Todos los hijos han sido convocados a una singular fiesta de cumpleaños que tendrá lugar en la mansión solariega de la familia. Todos  esperan que la anciana muera pronto para parcelar la finca, construir una urbanización y salir de la ruina. Pero, la anciana madre, aunque enferma en cama, se niega a testamentar y repite el motto: no cederá un palmo de tierra de la finca ni una pulgada de la mansión.

De parte de los parientes todo es fingida apariencia, tras la aceptación de participar en el festejo se oculta el homicidio como forma viable de quitarse de encima a una vieja que ya dura demasiado -¡100 años!- y una vez que muera repartirse la propiedad y convertir a la vieja mansión familiar en un moderno complejo multi habitacional que les permita salir de la ruina en la que viven como “ricos venidos a menos” en la era postfranquista.

Locaciones

El filme abre con una larga secuencia que muestra como en un documental de National Geography la sucesión de valles y llanos de la serranía a la altura de Torredolones, un municipio de las afueras de Madrid en el que está enclavada la finca Pendolero -rebautizada en el filme como La Jara- que fue la locación elegida por Saura para ambos filmes: Ana y los lobos (1972) y Mamá cumple cien años (1979). 

Tras mostrar el paisaje idílico en el que se enmarca el filme, la cámara se centra en la majestuosa casona solariega de dos plantas, con terrazas y balcones y finalmente se detiene en el patio delantero que alberga la tumba de José (actor José Ma. Prada por casualidad fallecido durante el rodaje) y la anciana madre que, ante la lápida, se lamenta de la desaparición tres años antes de su querido hijo más joven4. 

Todo el tiempo que dura el introito o prólogo al filme, la banda sonora la ocupa la música de altos decibeles del pasodoble El 2 de mayo, del compositor Federico Chueca, una melodía de exaltación espiritual que tan pronto podría servir de contexto musical a una corrida de toros en la Plaza de Pamplona, una procesión de viacrucis de Semana Santa en Sevilla o un desfile militar en la base de Torrejón.

Sobra decir, las tres actividades enunciadas, son muy propias a la vez de la tradición secular española y de la era franquista en agonía a mediados de los setenta.  

La matriarca y la sagrada familia

La mayor parte de la trama la ocupan enredos familiares que tienen lugar entre los hijos, las esposas, las hijas-nietas y la pareja de extranjeros de Ana y Antonio. Pero, aunque muchas veces no esté presente, es la figura de la anciana matriarca la que gobierna la escena y dicta la pauta a seguir.

Por el momento, pese a rivalidades en el seno familiar y conspiraciones en torno a ella, mantener unida a la familia los pocos días que faltan para el cumpleaños número cien, cuyo primer requisito para los asistentes, será que ninguno debe felicitarla antes de las siete de la noche, hora en que se supone hará su entrada triunfal5.

Los hijos de la matriarca

Del lado de los hijos, tras morir José, el hijo mimado de la matriarca que adoraba la vida militar y se complacía en coleccionar trajes, medallas, pistolas y sables, en fin, toda la parafernalia del culto franquista a la entrega devota del hombre al estado español, sobreviven Juan y Fernando, cuyas personalidades no pueden ser más antagónicas y ambos, como el fallecido José, tienen en común las inhibiciones sexuales, misoginia y represiones propias de la educación y la moral de la era de Franco basadas en el lema Dios, Patria y Familia.

Juan se presenta como un empresario de relativo éxito que trata de adaptarse a los nuevos tiempos de democracia política y sindicalismo libertario de la etapa postfranquista. Del trío de hermanos, es el que mejor representa el rol del “buen burgués”. Le gusta la “buena mesa”, el vino, las mujeres, tiene amantes que justifica por la frigidez de su esposa Luchy, viste a la moda, adopta un tono displicente, distante y escéptico frente a los problemas de la familia y tiene un vicio secreto: la práctica de un voyeurismo desenfrenado, aunque a veces las víctimas del ojo ubicuo de Juan oculto detrás de puertas de alcobas, ventanas de salones y cerraduras de baños sean miembros de su familia.         

Por su parte, Fernando, que en el filme Ana y los lobos (1972) había hecho voto de clausura, llevaba vida de anacoreta como los místicos españoles a lo San Juan de la Cruz y vivía encerrado en una cueva sumido en prácticas mentales de levitación corporal y disquisiciones sobre el sentido de la vida a lo Calderón de la Barca en “La vida es sueño”, ha cambiado su estilo de vida.

Abandonó la cueva y se mudó a la casona señorial y pasa el tiempo ocupado en remontar vuelo de verdad -no mediante la mente como en la cueva- por medio de una cometa de colores cálidos que cada día inútilmente trata de hacer despegar con él a bordo y siempre termina por encallar en un precipicio que se abre al fondo del patio delantero de la vivienda.

Sutil metáfora de Saura deslizada en las imágenes de flas-back del pasado de enclaustramiento en la cueva y de flas-forward del presente de fallido aviador amateur: antes, encerrado entre las cuatro paredes de la cueva, anhelaba el cielo que no podía ver; ahora, desde  la libertad que supone vivir al aire libre, al intentar alcanzar el cielo con el vuelo de la cometa, como en la fábula de Ícaro, el cielo se aleja y lo ve cada vez más alto e inalcanzable y termina la peripecia de aviador con los huesos quebrados, tras la caída en picada, en el fondo lodoso de un barranco.       

En resumen, Fernando no ha cambiado su proceder en los siete años que median entre uno y otro filme: sigue “en las nubes”, sumido en su “mundo ideal”, lo mismo si habita en una cueva que a la intemperie.

Las nietas de la matriarca

Grosso modo representan dos caras de una misma moneda: la de la primera generación que al arribar a la adolescencia encara la transición política española del franquismo a la democracia.

Mientras Carlota parece seguir guardando las convenciones y se apega al lado de la tradición, su hermana Natalia es puro Avant Garde: viste blusas y T-shirts sin sostén debajo, no se inhibe al desnudarse delante de otros, tiene su cuarto decorado con objetos antiguos y lámparas art-noveau de principio de siglo XX y su cama tiene palio y tules encima como las alcobas de los reyes y fuma marihuana (porros). 

En esencia, es una combinación de liberalismo y decadencia que va bien de tono con “el destape” político y “la movida” de la moral que se produjo en la España de la transición de los setenta tras casi medio siglo (1936-1976) de autoritarismo franquista en lo político y velo y pandereta en la moral6.

En una larga secuencia memorable por su explosiva carga de erotismo, Natalia a medianoche, la víspera del cumpleaños de la abuela, invita a Antonio, el marido argentino de Ana, su antigua institutriz inglesa, a entrar en su habitación.

Una vez dentro, lo seduce por la vía de compartir con él cigarrillos de marihuana (porros) y una suerte de striptease con la bata de seda que lleva  puesta sin ropa interior debajo al conjuro repetido sí/no mientras abre y cierra el frente de la bata y se aproxima a Antonio, de pie y mudo en medio de la alcoba.

La matriarca y la intitutriz

Si tuviéramos que ofrecer un ranking de las actuaciones femeninas en Mamá cumple cien años, ubicaría en primer puesto a Rafaela Aparicio por el “tremendismo” de su actuación”. 

La matriarca sufre de continuos ataques de epilepsia que la llevan al borde de la muerte y solo logra rebasarlos cuando le atraviesan una cuchara en medio de la boca y le arrojan en la lengua gotas de medicina.

La actuación de Rafaela Aparicio, puro gestos y gritos, “se crece” en los momentos de crisis epiléptica y sobreactúa de forma “esperpéntica” en el mejor estilo de Valle-Inclán o “carnavalesca” como en la teoría crítica de Bajtín.

Así también ocurre cuando habla a los miembros de la familia y les da consejos, como a su hijo Fernando, el anacoreta, al cual le dice “se busque una mujer bien caliente” para que se le quiten sus manías de monje eremita.   

Las sucesivas crisis de epilepsia son empleadas por Saura como elementos más cómicos que patéticos y van marcando diferentes clímax a lo largo de la narrativa del filme hasta llegar al momento cumbre que ocurrirá durante el festejo del cumpleaños número cien de la matriarca programado por ella para comenzar a las siete de la noche del día siguiente.

En el segundo lugar del ranking estaría el personaje de Ana, la institutriz inglesa, interpretada por Geraldine Chaplin.

Ana es una vez más, metafóricamente, la extranjera que, con sus actitudes liberales diferentes a la intolerancia de la tradición hispánica, introduce el pecado, la permisibilidad y la corrupción dentro del cerrado orden de una familia burguesa tradicional de España.

Una España hipócrita, fascista, reprimida y falsamente religiosa que hará de ella un fetiche objeto del deseo de tres hermanos sicópatas que no se detendrán en sus acciones hasta asesinarla como ocurre al final del filme Ana y los lobos (1972).

Pero, como ya advertimos al principio, la Ana de Mamá cumple cien años es un ser “redivivo” por la magia del lente de Saura. Como inocente oveja, vuelve al redil de los lobos, en realidad una familia de la burguesía española venida a menos en el ocaso del franquismo que esconde bajo una apariencia ética de buenas costumbres, la anormalidad y las sicopatologías de un pasado franquista desfasado.  

Ana, ahora, en lugar de introducir la corrupción en la moral y en la política de la familia, es más bien un ente pasivo, una testigo de su anterior proceder como institutriz de unas niñas españolas que se limita a mirar nostálgica a las personas y a las locaciones de sus años de juventud en la finca La Jara.

Y solo se torna agresiva su conducta y rompe con su aparente pasividad cuando descubre la infidelidad de su marido Antonio con Natalia, la niña que siete años antes educara como institutriz y ahora, de adolescente, compite con ella sexualmente y le roba a su hombre. 

Visualmente dentro del filme, Saura resuelve cinematográficamente la situación en una larga secuencia, tras regresar Antonio culpable al dormitorio tras pasar la noche con Amalia, advierte que Ana ha tirado al piso las ropas y ha escapado.

Se asoma al balcón de la terraza y ve a Ana que huye deprisa por el patio de la casona y a gritos le advierte del peligro que corre pues el campo está virtualmente “minado” con cepos para atrapar conejos.

Pero el aviso llega tarde y Ana, real y metafóricamente, “cae en la trampa”.…

Mamá cumple cien años

Llegamos finalmente a la fiesta de cumpleaños para la cual Saura nos tiene reservado como plato principal del menú el descenso desde el Olimpo de la casona de La Jara de la matriarca.

Para bajar del reinado de la gloria en el que vive como una diosa, la matriarca no emplea como es de suponer una escalera ni un elevador, sino un raro artefacto digno de la invención de Leonardo da Vinci que puede ser a la vez silla de inválido, sofá de mirar la tele, columpio de parque de recreación infantil, trapecio de circo, poltrona de presidente o trono de emperatriz.

Como deux machina del teatro griego, el artefacto permite que la matriarca descienda lentamente desde el techo de la casona enmarcada en una atmósfera de claroscuro del interior de la mansión que hace aún más llamativo y rutilante el descenso a la tierra.     

Antes, en la penumbra de la habitación, tendida en el lecho de enferma crónica de epilepsia, la matriarca ha diseñado el contrataque que le permitirá sobrevivir al intento de homicidio que contra ella trama la mayor parte de la familia.

Cuenta con la colaboración de Ana, a quien ha confiado el plan de envenenamiento urdido por sus enemigos en el momento en que le de el ataque de epilepsia y en lugar de verter en su garganta las gotas providenciales del elíxir de la vida, le den a tomar la pócima envenenada que acabará con su vida y les permitirá apropiarse de la finca y la casona solariega sin interferencias de su parte.

La matriarca le ha pedido a Ana que se adelante a las intenciones del enemigo y en el instante en que ella comience a boquear como pez asfixiado fuera del agua por el repentino ataque de epilepsia, le dé a beber las gotas curativas verdaderas y no las falsas del envenenamiento.

Ana cumple con la misión asignada y salva a la matriarca…

Happy end

El resto de la fiesta transcurre de forma tradicional con torta de cumpleaños con cien velitas, música y baile que disuelven las contradicciones familiares en una especie de happy end a la española.

No solo se echa al olvido el plan de asesinato de la matriarca sino la rivalidad de celos surgida entre la joven y libertina Natalia y su ex institutriz, la humillada esposa Ana. En un gesto de reconciliación inesperado, Natalia saca a bailar a Ana y ambas mujeres, mirándose intensamente a los ojos, con los brazos extendidos, gestos de manos y sevillanas entonadas al aire, dan por finalizado el conflicto emotivo-amoroso-generacional-político-moral surgido entre ambas y una vez más, tras de la cámara, Saura vuelve a sonreír7.