Mariposas nocturnas

I

Vos me habías regalado,
no puedo negar que junto a otras cosas,
esa pena infinita.

 

Vos que decías a veces
que el amor era como el vuelo de las mariposas
y me regalabas una planta de lechuga que robabas tras el cerco.

 

Creo que no fue heredar la pena  la mayor sorpresa,
sino ver que eras vos quien me la dejaba,
pero lo cierto es que desde vos,
con vos, en vos y en mi
estaba
presente
en la raya invisible que dividía las lados de la cama,
la mesa,
los pasillos
y los sueños.
Si, vos también me habías regalado sueños,
claro que junto a otras cosas,
esta pena infinita,
el vuelo de las mariposas,
lechugas robadas tras los cercos
y sueños,
principios de sueños soñados juntos, tan absurdos como posibles,
tan locos,
sin final,
ni posibilidad de vida,
efímeros y pasajeros como lechugas
o mariposas en vuelo,
permanentes como esta pena
que persiste,
que se obstina,
que se queda parada en la puerta cuando todas las mañanas
me levanto
y la abro para no alcanzar
ningún diario,
ni una botella de leche,
a la que trato de correr
a cachetazos
para ver el cielo
aunque sea gris de la lluvia de toda la noche,
de otras noches,
de la pasada
sonámbula noche,
que amanece en esta pena que no me deja,
no nos deja, no te deja,
se empecina como la lluvia
que no permite que las mariposas vuelen,
ni que caminemos, vos junto a mi,
aunque sea separados
por esta pena,
por estos sueños
paridos en olvidos sobre esta cama dividida
por pasillos sin mariposas y con lluvia.

 

Sí, herede de vos esta tristeza,
este gesto permanente, inconfundible,
obstinadamente triste.

 

Me dejaste la costumbre tonta,
entre sueños, lechugas robadas,
camas divididas,
pasillos largos,
de ir tras el vuelo de las mariposas que no encuentro cuando llueve
porque se refugian, seguramente,
lo imagino,
en algún zaguán iluminado.

 

Si, vos  me habías regalado… a veces me hablabas
de lluvias,
de lechugas,
de mariposas y zaguanes.
Vos me regalaste, mariposas en vuelo,
lluvias
obstinadas, y
silenciosas penas
que vuelan como mariposas
heridas
sacudiendo los sueños que aun quedan,
mojados por la lluvia de la noche

 

 

II

Yo sabia,
alguna vez habías dicho que sucedería
impredeciblemente,
en cualquier instante,
quizás fuera como un parpadeo,
como un sutil relámpago,
intensamente
breve
inexistente

 

Yo
por eso prepare las vasijas
alise los lienzos
abrí las ventanas para que entrara noche,
apague las luces,
los latidos,
detuve mis ojos lentamente
lejanos,
dolidos,
cansados en un punto,
hasta ahora inexistente en mi horizonte,
y supe
que no sería simple,
ni necesario,
como doblar manteles
o como cortar pan,
que no sería
suave,
ni alegre, ni colorido
como cantar al sol
una mañana cuesta abajo rumbo al mercado,
ni tranquilo, ni calmo
ni perfecto,
como macerar frutillas en vino durante el invierno.

 

Sabía,
presentía, era una alocada certeza
como mañanas de lluvia anunciadas en mis huesos,
en mi pelo, en mi rastro, en mi silencio
si sabía, yo sabía,
podía sentir la calma, la ruidosa calma
de las calles llenas de colores,
de pasos,
de miradas, de manos lisa, suaves,
frías,
arrugadas como semillas
nuevas, al sol
de enero,
de todos,
de nadie, sin dueño.
me habías alertado
por eso ate mis cabellos,  me quite los zapatos
libere la música
quieta,
querida,
sencilla como jazmines de enero
redonda,
como manzanas,
lejana
mía, mía.
vos lo sabias ,
habías visto volar las mariposas
sentiste el viento,
agitar los lienzos
la calma,
la nada del relámpago azul
en la ventana
el punto inexistente en la negra noche
las vasijas ,
vacías,
sin jazmines
ni manzanas,
y el silencio,
vos sabias del silencio,
que no era alegre como manteles floridos,
ni tierno como pan cortado,
ni con sol,
ni música redonda del mercado,
del camino
con olor a jazmines,
y a lluvia
y a frutillas macerada
solo un parpadeo,
un sutil relámpago,
un vuelo fugaz de mariposa
me habías dicho ,
yo espere la lluvia,
apague las luces,
los latidos,
y espere que aquel día sucediera.

 

III

se había presentado
inesperadamente,
violenta
desparramando olores
invadiendo,
arrasando
furiosa calmando la tarde
aquietando
dolores
con aroma a tierra,
ruidosa
acallando,
aquietando,
arrasando
dolorosas,
viejas voces
olvidadas.
otra vez
sin vos,  la lluvia
en mi.

 

IV

Las ganas estaban
como la vida,
suspendidas,
sujetas frágilmente
de aquel breve gesto
suave e imperceptible
transparente
inquietante,
como los cristales de las ventanas
escupiendo noche,
oscura y fría
extraña.
Las ganas decías
frágiles como el vapor del agua,
hirviendo
frente a nosotros,
sombras transparentes,
delgadas
viejas,
junto a las ventanas indiscretas
Viejas formas delgadas,
transparentes ganas
suspendidas
de aquel  gesto
que se dibujaba
en mi sombra
aplastada y opaca
contra el piso,
mi sombra,
descaradamente delatada por la luz
de la lámpara amarilla.
Vos sabias lo que decías,
yo presentía
lo que esperabas
en aquel gesto
que se gastaba como las maderas,
ardiendo,
que no se dibujaba,
que se perdía como el vapor
que humedecía el aire
y suspendía las ganas,
los gestos,
tu pregunta,
mi silencio
de aquel rastro transparente,
delgado,
fantasmal como la oscuridad
y sus amantes,
imposible,
como nuestra ganas.

 

V

Los sueños se apilaban
junto a la puerta
esperando que alguien los juntara
y los lanzara
como mariposas azules justo en la esquina
de la calle principal
donde ya no dobla el tranvía.
vos regresabas como siempre
a donde yo estaba
quizás si hubiera
algún olvido
varios desencuentros
si fuera necesaria alguna noche en vela
algún llanto
quizás si tu almohada
no tuviera su hueco
perfecto, inamovible
no seria necesario
tomarlos en las manos
y arrojarlos.
si yo te buscara en una plaza
soñando con jazmines y caricias
o si vos
te perdieras en el recuerdo
del frío emborrachado de caricias
del pasado invierno
y soñaras con el pan casero
horneado en la mañana
quizás si necesitara buscarte
bajo la ultima lluvia
quizás si no estuvieras
no vinieras
no cerraras suavemente la puerta
por las noches
quizás
los sueños volarían como mariposas libres
azules
frente a nuestra ventana.

 

VI

Muda
desnuda
ensordecida
sin palabras
despojada de sueños
te espero tras la puerta
despintada
del cuarto azul
del fondo de la casa.

 

VII

Esperé la lluvia,
aquella tarde,
como quien espera
los trenes de lejos
que pasan
regular,
obsesiva,
cansadamente,
a la hora señalada
dejando silencio
y postales manchadas.
Esperé sentir
la primer
tímida
gruesa
gota.

 

VIII

Las ganas estaban
como la vida,
suspendidas,
sujetas frágilmente
de aquel breve gesto
suave e imperceptible
transparente
inquietante,
como los cristales de las ventanas
escupiendo noche,
oscura y fría
extraña.
Las ganas decías,
frágiles como el vapor del agua,
hirviendo
frente a nosotros,
sombras transparentes,
delgadas
viejas,
junto a las ventanas indiscretas
que no dejaban
que la noche ame a sus fantasmas.
Viejas formas delgadas,
transparentes ganas
suspendidas
de aquel  gesto
que se dibujaba
en mi sombra
aplastada y opaca
contra el piso,
mi sombra,
descaradamente delatada por la luz
de la lámpara amarilla.
Vos sabias lo que decías,
yo presentía
lo que esperabas
en aquel gesto
que se gastaba como las maderas,
ardiendo,
que no se dibujaba,
que se perdía como el vapor
que humedecía el aire
y suspendía las ganas,
los gestos,
tu pregunta,
mi silencio
de aquel rastro transparente,
delgado,
fantasmal como la oscuridad
y sus amantes,
efímero
como mariposas nocturnas
imposible,
como nuestra ganas.

EnCubierta, una revista para no perderse entre ebooks

Revista Digital EnCubiertaSi el lector entra en una librería enseguida sabe a dónde dirigirse. Por un lado se encuentra con la mesa de novedades. Por otro, los superventas. Más allá habrá un estante con los libros de novela negra. Más al fondo, quizá, encuentre a los clásicos. Otea y decide. Esta opción, sin embargo, no es tan fácil cuando el lector entra a través de Internet en las tiendas online para comprarse un libro electrónico. A pesar de que portales como Amazon, Fnac, La Casa del Libro o Kobo tienen sus respectivas pestañas, no hay un verdadero cauce por el que el lector pueda vadear para hallar lo que realmente busca. Se pierde y desconecta. Leer más…

En el mes de los muertos

Estos quince tuits los he destilado del Diccionario ilustrado de Frases Célebres y Citas Literarias, de Vicente Vega, Editorial Gustavo Gili (Barcelona 1952), el mejor libro publicado en castellano durante el siglo XX: «Lo digo y no me corro» (César Vallejo)

 

@guashabita

 

Y su esencia…@Guashabita

Aquí yace uno cuyo nombre se escribió en el agua.

(Epitafio dictado por Keats para su tumba en Roma)

 

@jromagnoli

 

Juan Romagnoli@jromagnoli

Cor cordium [=Corazón de corazones]

(Epitafio en la tumba de Shelley, junto a la de Keats, en Roma)

 

@Arelitad

 

Arely Díaz R@Arelitad

Bendito sea quien respete estas piedras / y maldito quien mueva mis huesos.

(Epitafio en la tumba de Shakespeare, en Stratford-on-Avon)

 

‏@josetenene

 

Jose M. Ruiz@josetenene

Ya no tose.

(Autoepitafio de Adelardo López de Ayala, que murió de una afección bronquial)

 

@mariapazruiz

 

Maria paz ruiz@mariapazruiz

Fuése con Satanás, culto y pelado: / ¡mirad si Satanás es desdichado!

(Epitafio de Góngora, aún en vida, por su mortal enemigo, Quevedo)

 

@PilarMarrero

 

Pilar Marrero@PilarMarrero

Dejó el poder por no firmar una sentencia de muerte.

(Epitafio de Nicolás Salmerón, ex presidente de la Iª República Española)

 

@todoalnatural

 

Yo también me amo@todoalnatural

Aquí yace en profunda paz cierta dama voluptuosa que para mayor seguridad hizo de este mundo su paraíso.

(Epitafio de la Condesa de Verrue)

 

@juanalajirafa

 

Juana Jirafa@juanalajirafa

Mi re la mi la [=Miré l’a mi là =Miré lo trajo acá]

(En la tumba del amante de la soprano Mademoiselle Miré, en cuyos brazos murió tirando)

 

@SandSuarez

 

Sandra Suárez@SandSuarez

Aquí yace Isabel, que reinó virgen y murió virgen.

(Epitafio de Isabel I de Inglaterra. ¿Le coserían el himen después de cada amante?)

 

@d_aristizabal

 

Diego Aristizábal@d_aristizabal

Los mortales deben felicitarse de que haya existido tal y tan importante adorno del género humano.

(Epitafio en la tumba de Newton)

 

@anacrisrestrepo

 

AnaCristinaRestrepoJ@anacrisrestrepo

Caminante, cuida bien de no despertarle, porque es ésta la primera noche que el pobre Scarron duerme.

(Epitafio del baldado por antonomasia)

 

@lauritagarcia

 

Laura García@lauritagarcia

Aquí yace quien, por haber amado con exceso a las busconas, / descendió joven aún al reino de los topos.

(Autoepitafio de Baudelaire)

 

@JohanBushWalls

 

jobuwa@JohanBushWalls

Aquí yace el impío entre los píos.

(Epitafio dedicado por los romanos a Adriano VI, enterrado entre Pío II y Pío III)

 

@animesa

 

Ana María Mesa@animesa

Caminante, no llores mi muerte: / si yo viviese, tú habrías muerto.

(Epitafio dedicado por los franceses a Robespierre)

 

@andrewholes

 

Andrés Hoyos@andrewholes

Los viajantes de comercio están de luto. Ya no sabrán a quién leer.

(Poco piadoso epitafio del simbolista Regnier, dedicado a Maupassant).

Botón de muestra

Efory Atocha ediciones, Logotipo.

 

Como cortesía de Efory Atocha ediciones ofrecemos a nuestros lectores una muestra de fragmentos destacados de todos los libros publicados por esta editorial hasta el momento en que se edita este número 25 de OtroLunes. Leer más…

Galería: Ojeada al Catálogo

Entrevista

Logo Efory Atocha ediciones.

 

Aprovecho y digo que el próximo Martes 11 de Diciembre, en Casa de América de Catalunya,
vamos a presentar los libros en Barcelona.
Allí estaremos, Sigfredo Ariel, Iván de la Nuez, Rodolfo Hassler y yo,
a las 19:00. La entrada es libre y luego se promete jaleo contracultural…

 

A Efory Atocha, si seguimos el nombre, le cubre una aureola cubano-española, pero según has anunciado, tu perfil de propuestas será hispanoamericano. Para un lector no identificado con estos avatares de la edición, ¿cómo diferenciarías a Efory Atocha ediciones de otras editoriales que, curiosamente, están apareciendo en el mercado “alternativo” del libro en lengua española?

L. Santiago Méndez Alpízar, escritor y editor cubano.Es importante hablar de Efory Atocha ediciones, casi, como un alter ego. No es precisamente una editorial, aunque quizá un día llegue a serlo, quién sabe. Pero de momento soy un escritor que edita determinados autores.  Que tiene una idea o criterio ¿de?/formado por años de lectura y edición de libros, ya sea en formato digital, como en papel. Y que en vista de lo truculento y exclusivo de las grandes editoriales, los editores conocidos, y los camajanes impresores cubanos,  decide, más por propia necesidad que cualquier otra cosa, mostrar, compartir alguna literatura. Por tanto ya hay algunas diferenciaciones, y otra importante es que no cobramos a los autores, aunque tampoco pagamos, más que con ejemplares de una edición escasa, y que al final se traduce todo en un golpe en la puerta, una llamada de atención, una intachable manera de poner algunas cartas sobre la mesa. Efory Atocha ediciones como proyecto es posiblemente admirable por la vergüenza con que se  asume, desde el autor con su obra, hasta el último de los pocos que lo conforma.

 

He escuchado varias veces esta tesis: “el libro está en peligro porque las generaciones de libros en formato tradicional, o han desaparecido o desaparecerán en un par de décadas y las nuevas generaciones, que supuestamente debieran leer en los nuevos formatos digitales, son generaciones que básicamente no tienen hábito de lectura y, por generalidad según estadísticas, cuando leen sólo buscan la elementalidad que ofrece internet”. ¿Qué crees sobre tan polémica tesis?

Mira, las estadísticas hablan lo contrario, y cada vez las dos alternativas gozan de una salud envidiable. Lo que sí es lamentable es el uso, lo que se edita tanto de manera tradicional como digital, madre mía. ¡¡Sobre todo en España!!

 

El gran problema de las editoriales emergentes es que los libros se invisibilizan ante la falta de una distribución que los coloque ante los ojos del posible lector. Conozco escritores que dicen que publicar en una editorial sin distribución es como escribir un libro y tirarlo en el cesto de la basura. Y lo cierto es que la mayoría de las editoriales emergentes que conozco tiene graves problemas con la promoción, con la visibilidad de sus libros. ¿Qué se propone Efory Atocha para saltar ese muro?

Una de las grandes trabas que existe es la distribución de los libros. Me llaman casi todos los días distribuidoras, pedidos que les hacen desde librerías en Estados Unidos, por ejemplo, pero no puedo realizar facturas, ni me compensa crear una empresa, pues no tengo infraestructura para sostenerla desde un inicio.  (Esto sin entrar a valorar que lo que hasta hace unos meses era gratis, cuesta 50 euros ahora, como el ISBN).
Yo tengo un contrato con determinada empresa que a su vez tiene contrato con Amazon y muchas tiendas online en varios países… Finalmente, si se produce el pedido de un libro,  menos del 30% es lo que me llega. Entonces tienes que patear la ciudad, tocar en puertas, mostrar tus libros y en muchas, muchas, no te escuchan, ni siquiera te miran. Todo está pensado para las grandes editoriales, todo calculado para que los proyectos modestos no tengan opciones. Todo dispuesto para que entiendas que la Literatura está en el premio Planeta, ganar el Nadal… Aunque todo sea dicho: la mayoría de los sellos cubanos conocidos del exilio no solamente han tenido, tienen, la complicidad de sus autores para financiar las ediciones, también de grandes ayudas de organismos estatales y extranjeros… Las subvenciones. En nuestro caso, hay por lo menos, dos librerías que tienen siempre los libros, hasta el momento. Yo recomiendo siempre que puedo la Iberoamericana, que está en el barrio de las letras, calle Huertas número 40 de aquí, en Madrid.

 

Generalmente, aunque en este tipo de proyectos hay muchas manos trabajando, el mérito cae casi siempre en la cabeza visible, tú en este caso. Pero como sé que eres amigo de los amigos, un hombre agradecido, si tuvieras que agradecer lo que has logrado hasta ahora por el trabajo de otras personas, ¿a quién mencionarías?

Me gustaría hablar de mi mujer aquí, pero me consta que no es lo que prefiere. A ella y a mis hijas, que por diferentes razones e iguales cariños me dan ánimo, fuerza. Luego vienen los amigos, que son tantos que mejor mencionarlos a todos. Mira, te presento a todos los que han puesto tiempo y manos en el proyecto, de momento:
Andrés Mir, que arrancó conmigo y Rusia me lo complicó; diseñador de la colección. Rogelio Portal, diseñador del logo, brillante diseñador y buen fotógrafo, de mi pueblo San Juan de los Remedios.  José Gregorio, poeta y diseñador venezolano, pana que bateó de emergente y nos sacó de apuros.  Johan Gotera, intermediario sabio capaz de crear los lazos para que funcione la maquinaria.  A los amigos artistas, Javier Gazapo, Magín Pérez Ortiz que han colaborado con sus obras. Tengo también que mencionar a Publidisa, empresa que me imprime y en ella a todos los que me han tratado: por pacientes y atentos. También agradecerte a ti, a tu revista por este dossier que prepara, agregar un abrazo ahora que vamos por la mitad de la entrevista.

 

Manuel Vázquez Montalbán una vez nos dijo a Justo Vasco y a mí, hablando de la lectura en España, que “los españoles nos quejamos de no tener diez euros para comprar un libro, pero nos ponemos morados de cerveza en el primer bar que nos topamos. Si cada español dedicara a comprar libros sólo un uno por cierto de lo que toma cuando se va de marcha, España tendría el primer lugar en ventas de libros en todo el mundo”. ¿Cómo ves, desde tu doble perspectiva de escritor y editor, el mercado del libro en el cual ahora incursionas?

Yo creo que llegará el momento, Efory Atocha ediciones es solamente una piedrita de la gran montaña que se avecina, en que la literatura no estará bajo monopolios. Que los libros se podrán vender y distribuir de otra manera, mucho más sencilla, plural. Todo pasa por no acostumbrarse a leer lo que te intentan meter. No quiero dar nombres, pero es infame en casi todos los ejemplos. La buena literatura no tiene que ser masiva, ni todos los autores best sellers.

Pero sí que todos merecen un espacio, la posibilidad de estar, existir, llegar a los que lo deseen.

Es bueno que diga que en España hay también  ejemplos de editoriales con una propuesta muy seria, y que hasta donde conozco, funcionan, van bien. Eso es igualmente estimulante, no sé, pienso en los libros de Periférica, veo allí un oasis, una otra manera de emprender el camino.  O lo realizado por Renacimiento, en Sevilla, cuando no le da por sacar cadáveres cubensis, claro. Por otra parte, la idea de ponernos bien de cervezas y algunas otras disciplinas del español de buen apetito, creo son saludables y compatibles con las del placer de la lectura. Y ya más seriamente, pensar que hay aquí un volumen de ventas de libros muy importante.

 

¿Qué tienes publicado hasta la fecha y qué nuevas propuestas tienes en mente o en la mesa de trabajo?

Los libros editados hasta ahora son los siguientes: Bagazo, poemas iberos, que salió hace unos pocos años;  La condición del fuego, libro de Karelyn Buenaño, poeta venezolana, El Libro de las destrucciones, de la colombiana, Margarita Vélez Verbel, La confusión creciente de la alcantarilla, del mexicano Adán Echeverría, Bajo esa luna extraña, una antología de casi toda la obra poética de la cubana radicada en México,  Odette Alonso, Ahora mismo un puente, antología de toda la obra poética de Sigfredo Ariel, El ocho cubano, libro de memorias de Octavio Armand, y Octavio Armand contra sí mismo, libro de ensayo sobre la obra del propio Armand, del venezolano Johan Gotera.

Estoy trabajando en tres antologías, una de cuentos de ciencia ficción erótica cubana, y otra de poesía cubana. La de cuentos la realiza el prestigioso narrador, Raúl Aguiar, quien también la prologa. La de poemas es mía, una visión propia de la poesía cubana actual a través de 11 autores, el mayor de todos nacido en 1958. La tercera antología es de Almelio Calderón Fornaris, que lleva un prólogo, estudio de Pedro Marqués de Armas, quien prepara a su vez un libro suyo de ensayos, otro de poemas. Luego tengo libros apalabrados , pero esto va poco a poco, de momento.

La singular mirada “negra” de Ignacio del Valle

Ignacio del Valle, escritor español.No recuerdo quien me recomendó la novela El tiempo de los emperadores extraños escrita por el gijonés Ignacio del Valle. Sé que transcurrían los días de la Semana Negra de Gijón del año 2007 y con esa novela Ignacio casi se lleva el Premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra publicada el año anterior en lengua española. Y recuerdo que yo estaba celebrando haber ganado el Premio Rodolfo Walsh de no ficción con mi libro de testimonios “Jineteras” cuando un librero que siempre encontré en Gijón (sin que hasta ahora mismo pueda recordar su nombre) le comentó a alguien en la terraza del Hotel Don Manuel: “estuvo reñida la cosa, el jurado discutió mucho, pero aunque yo prefiero “los emperadores extraños”, también la novela de Juanito es excelente”. Al decir Juanito se refería a un buen amigo, lamentablemente fallecido en plena madurez literaria, a los 47 años: el novelista y guionista mexicano Juan Hernández Luna, que ese año ganó el Premio con su novela Cadaver de ciudad.

Y fue ese comentario el que me hizo ir hasta la librería más cercana, a pocos metros del Hotel Don Manuel, y comprar El tiempo de los emperadores extraños, una de las novelas más alucionantes que he leído en eso que los críticos llaman “novela negra”.

Ignacio del Valle tiene la virtud de saber juntar elementos bien dispares pero de interés indudable para elaborar sus historias. Aprendí eso de una sola lectura. Porque esos dos personajes de la famosa División Azul, en un momento raigal de la Segunda Guerra Mundial (la batalla de Stalingrado), al encontrar el cadáver de un soldado sepultado en un lago helado, acompañado por decenas de caballos muertos y con un grabado a cuchillo en el pecho: “Mira que te mira Dios” es la excusa perfecta para abrir la puerta a una desbordada trama donde la guerra y sus marcas en el ser humano, el crimen y sus avatares, las ambiciones de ciertos ámbitos del poder militar y el mundo secreto de la masonería permiten al lector disfrutar de una apasionante aventura que aprovecha la investigación del enigma de esa muerte para hurgar en las miserias humanas en medio de una situación límite como lo es una guerra.

Es mérito de esta novela, además, construir un personaje de una fuerza humana y dramática que va creciendo más y más a medida que la novela avanza. Y aunque ya con la configuración psicológica y la armadura tan carnal que el novelista le imprime a Arturo Andrade, cuando leí Los demonios de Berlín, otra de las novelas donde aparece este singular protagonista, me convencí de que una de las virtudes de Ignacio del Valle como escritor es la de saber crear en el ámbito literario seres que resulten carnales, complejos y, sobre todo, creíbles incluso en escenarios donde el enigma y el misterio  enrarecen la “realidad” novelada. La resurrección personal, íntima, de Arturo Andrade, luego de creerse perdido, y los vínculos emotivos de esa segunda oportunidad con los hilos misteriosos de la trama resultan un elemento muy hábilmente manejado por el novelista para otorgarle credibilidad, convirtiéndolo en un ser contradictorio pero decidido a encontrar la verdad.

Esa complejidad de Arturo se verá todavía más enriquecida en Los demonios de Berlín, pues deberá moverse en una ciudad que asiste a los últimos quince días de la resistencia hitleriana, esos terribles días previos a otro mundo también terrible: el de la ocupación de la ciudad por las tropas aliadas y las atrocidades que éstas fuerzas cometieron, quizás como queriendo emular en sadismo con los derrotados “nazis”. Una novela donde Ignacio se zambulle en el mundo de los que van a perder, y avanza dramáticamente detrás de los sueños que esos seres perdieron, de los miedos ante la realidad que se les avecina, del suicidio al que ellos mismos, con sus aspiraciones de construir la gran Germania, condenaron sus vidas. Sé que muchos han visto en esta novela otras perspectivas, más apegadas a lo “negro”, pero a mí me llamó mucho más la atención esa reconstrucción que Ignacio del Valle hace de la otra cara de la moneda, es decir, de cómo se enfrentaron los perdedores a su destino que, por suerte para la Humanidad, fue bueno pese a todo: con la victoria de rusos, americanos, ingleses y franceses se cortó de plano el genocidio que contra el mundo planificaban Hitler y las otras mentes enfermas que lo secundaron. Y aunque esa derrota de un mal terrible significó el comienzo de otro mal que asoló a los países “liberados” por los rusos y que, hoy se sabe, fue casi tan criminal como el nazismo, lo importante en la construcción de esta novela está ahí, en ofrecer una versión de la historia que hasta ese momento no se había contado desde el punto de vista de ese ser humano que se escondía bien al fondo del corazón de esas bestias que tanta muerte y tanto dolor provocaron.

No hablo, entonces, de un escritor más de esos que esgrime estos temas como un aprendíz buscando el impacto que venda sus libros. Hablo de un escritor que ha sabido unir en un mismo escenario la diversión, la búsqueda del interés en el lector, el disfrute de la lectura y diversos estratos de esa necesaria reflexión ética que la buena literatura siempre debe tener.

No he leído la novela Busca mi rostro, que con tanta espectacularidad promocionan los vendedores por la espectacularidad que siempre despiertan asuntos como los entramados de la mafia rusa, las agencias de inteligencia, la guerra de los Balcanes (con todo lo que no nos contaron los medios de prensa), etc., pero estoy seguro de que, cuando ese libro caiga en mis manos, estaré ante un libro que combina la inteligencia y el pensamiento humanista con altas dosis de diversión, aventura y placer de lectura.

Ciudad abierta

Open City (Ciudad abierta), de Teju Cole.Y así, cuando el otoño pasado empecé a dar largos paseos vespertinos, Morning Heights me pareció un lugar cómodo desde donde internarme en la ciudad. El sendero que baja desde la catedral de St. John the Divine y cruza Morningside Park está a sólo quince minutos de Central Park. En la otra dirección, hacia el oeste, hay diez minutos hasta Satura Park, y doblando desde allí hacia el norte se va a Harlem a lo largo del Hudson, aunque el tráfico impide oír el río que corre al otro lado de los árboles. Estos paseos, contrapunto a mis ajetreados días en el hospital, se dilataban constantemente y, como cada vez se extendían más, a menudo me encontraba muy lejos de casa bien avanzada la noche y por fuerza tenía que volver en metro. Leer más…

La literatura tiene que ser salvada del cliché

Teju Cole, escritor afroamericano de raíz nigeriana.El 11-S, el joven afro-americano Teju Cole (Kalamazoo-Michigan, 1975) estaba en la Columbia University (Nueva York) con sus amigos. Recuerda que fue un día de mucha confusión. Estaban viendo la retransmisión en directo de los ataques cuando las torres cayeron, y comenzaron a llorar. “Nos caían las lágrimas. Inmediatamente imaginamos que había miles de muertos. También hablábamos de planes de emergencia. Fue un tiempo de gran confusión. Y entonces, los días siguientes fueron de gran calma, toda la ciudad estaba muy tranquila. Leer más…

Repercusión de la novela en los medios

Ciudad abierta, novela de Teju Cole.“Esta es una novela distinta. Es distinta en estructura, en la aplicación del punto de vista y en su escritura, lo cual es como decir que estamos ante un libro extraordinariamente sugestivo y un verdadero derroche de arrojo literario. El narrador es un paseante que camina y observa, reacciona, se relaciona—principalmente con inmigrantes y, en estupendo contrapunto, con un viejo profesor de literatura y una cirujana belga—y, al aire de las pequeñas cosas y los pequeños sucesos, integra en la corriente de su relato de manera admirable los conflictos del mundo, bien políticos, bien morales y éticos; con ello, el flujo de pensamiento que lo acompaña en sus paseos se introduce en la propia descripción de la ciudad, que se muestra con una plasticidad (colores, objetos, sensaciones) deslumbrante. Es tan difícil mezclar bien todos estos aspectos de una narración que su novela se convierte en un logro memorable”.

José María Guelbenzu, El País

*****

“El valor de Teju Cole es haber articulado esta historia de la ciudad en una novela andante, urbana y contemporánea, donde mezcla con osada frescura ensayismo y opinión política, música, arte, pensamiento, literatura. Un homenaje a Manhattan y un sutil equilibrio narrativo para un escritor nuevo. Si la literatura está hecha de preguntas y de ecos que nos resuenan y transportan, esto es pura celebración, feliz y dolorosamente melancólica, de la literatura”.

Isabel Núñez, La Vanguardia

*****

«Teju Cole ha escrito una novela que me habría gustado escribir a mí».

Antonio Muñoz Molina, El País

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“Un ejercicio exquisito de narrativa total”.

Carlos Sala, La Razón

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“Teju Cole firma un debut extraordinario con una novela sobre un Nueva York posmoderno y posracial que fascina por su dureza. El autor ha irrumpido con brillantez y fuerza: si mejora este bautizo de fuego, la novela vivirá mucho y bien”.

Leoncio González, La Voz de Galicia

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“Uno de los más exquisitos y elegantes homenajes literarios al paisaje urbano y al ambiente fascinante de Nueva York. Ciudad abierta no es sólo el relato de una educación sentimental que desemboca en un retrato perfecto y genuino del Nueva York post 11-S: es también el retrato de una soledad demasiado ruidosa, que nos permite captar la talla del narrador, la madera del novelista. Una novela que sobrecoge por su incontestable lucidez en estos tiempos oscuros”.

Antonio Bordón, La Provincia

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“Maravilloso libro. Una novela sobre las maldades y las bondades de las diferencias, sobre las estructuras históricas que las hicieron posibles, sobre los seres humanos que se sienten diferentes y sobre el dolor o la felicidad que esto les provoca. El narrador expresa con un lenguaje fresco, meritorio y literariamente convincente, incidentes, visiones, reflexiones, recuerdos y pretensiones a medida que camina buscando el desahogo respecto de la estrecha regulación del medio mental del trabajo”.

Fulgencio Argüelles, El Comercio

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“Una novela híbrida, entonces, entre el largo masticar interior de la conciencia y la agobiante realidad exterior”.

Roberto Valencia, Quimera

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“Un experimento literario de alto voltaje estético y moral. Con una prosa de tremenda eficacia simbólica y de una exquisita belleza formal. Una honda y singular reflexión sobre la existencia humana”.

Antoni Gual, Qué Leer

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“Una plasticidad y una belleza (magníficamente reproducidas aquí por Marcelo Cohen, uno de los mejores traductores y escritores argentinos de las últimas décadas) que no son la promesa de un nuevo y brillante escritor sino la manifestación tangible de que ese escritor necesario ya ha llegado”.

Patricio Pron, El Boomeran

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“Excelente y apasionante novela. Un narrador extraordinario y capaz de hacer ante los ojos del lector, sin trampa ni cartón, sin espejos  deformantes ni trucos más o menos sofisticados, la mayor transformación que le cabe a un creador: dramatizar la experiencia subjetiva para transformarla en conocimiento común, y dramatizar el conocimiento común para ofrecerlo como experiencia subjetiva. De cuando en cuando se produce esa transformación de lo cotidiano en experiencia íntima, y el diario de un flâneur se transforma de pronto en un análisis certero, una epifanía, una metáfora deslumbradora. Qué grande es la literatura cuando es grande”.

Javier Fernández de Castro, El Boomeran

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“Una excelente novela de ideas, elegante, consistente, que huye de simplificaciones ingenuas, casi un reportaje en el que la mirada del narrador funciona como una cámara”.

Rafael Martín, El Placer de la Lectura

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«Una novela indeleble. Consigue lo que la buena literatu­ra: mezcla pensamientos y creencias, suaviza los extremos … Magistral y humana obra».

Miguel Syjuco, The New York Times

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«Magnífica, sutil y original».

James Wood, The New Yorker

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«Ciudad abierta es una obra profundamente original, intelectualmente estimulante y poseedora de un estilo atractivo a la vez que atrayente».

Radhika Jones, Time

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«Captura la banalidad apremiante de la vida, además de cómo los grandes temas brillan misteriosamente en los intersticios».

Claire Messud, The New York Review of Books