I
Vos me habías regalado,
no puedo negar que junto a otras cosas,
esa pena infinita.
Vos que decías a veces
que el amor era como el vuelo de las mariposas
y me regalabas una planta de lechuga que robabas tras el cerco.
Creo que no fue heredar la pena la mayor sorpresa,
sino ver que eras vos quien me la dejaba,
pero lo cierto es que desde vos,
con vos, en vos y en mi
estaba
presente
en la raya invisible que dividía las lados de la cama,
la mesa,
los pasillos
y los sueños.
Si, vos también me habías regalado sueños,
claro que junto a otras cosas,
esta pena infinita,
el vuelo de las mariposas,
lechugas robadas tras los cercos
y sueños,
principios de sueños soñados juntos, tan absurdos como posibles,
tan locos,
sin final,
ni posibilidad de vida,
efímeros y pasajeros como lechugas
o mariposas en vuelo,
permanentes como esta pena
que persiste,
que se obstina,
que se queda parada en la puerta cuando todas las mañanas
me levanto
y la abro para no alcanzar
ningún diario,
ni una botella de leche,
a la que trato de correr
a cachetazos
para ver el cielo
aunque sea gris de la lluvia de toda la noche,
de otras noches,
de la pasada
sonámbula noche,
que amanece en esta pena que no me deja,
no nos deja, no te deja,
se empecina como la lluvia
que no permite que las mariposas vuelen,
ni que caminemos, vos junto a mi,
aunque sea separados
por esta pena,
por estos sueños
paridos en olvidos sobre esta cama dividida
por pasillos sin mariposas y con lluvia.
Sí, herede de vos esta tristeza,
este gesto permanente, inconfundible,
obstinadamente triste.
Me dejaste la costumbre tonta,
entre sueños, lechugas robadas,
camas divididas,
pasillos largos,
de ir tras el vuelo de las mariposas que no encuentro cuando llueve
porque se refugian, seguramente,
lo imagino,
en algún zaguán iluminado.
Si, vos me habías regalado… a veces me hablabas
de lluvias,
de lechugas,
de mariposas y zaguanes.
Vos me regalaste, mariposas en vuelo,
lluvias
obstinadas, y
silenciosas penas
que vuelan como mariposas
heridas
sacudiendo los sueños que aun quedan,
mojados por la lluvia de la noche
II
Yo sabia,
alguna vez habías dicho que sucedería
impredeciblemente,
en cualquier instante,
quizás fuera como un parpadeo,
como un sutil relámpago,
intensamente
breve
inexistente
Yo
por eso prepare las vasijas
alise los lienzos
abrí las ventanas para que entrara noche,
apague las luces,
los latidos,
detuve mis ojos lentamente
lejanos,
dolidos,
cansados en un punto,
hasta ahora inexistente en mi horizonte,
y supe
que no sería simple,
ni necesario,
como doblar manteles
o como cortar pan,
que no sería
suave,
ni alegre, ni colorido
como cantar al sol
una mañana cuesta abajo rumbo al mercado,
ni tranquilo, ni calmo
ni perfecto,
como macerar frutillas en vino durante el invierno.
Sabía,
presentía, era una alocada certeza
como mañanas de lluvia anunciadas en mis huesos,
en mi pelo, en mi rastro, en mi silencio
si sabía, yo sabía,
podía sentir la calma, la ruidosa calma
de las calles llenas de colores,
de pasos,
de miradas, de manos lisa, suaves,
frías,
arrugadas como semillas
nuevas, al sol
de enero,
de todos,
de nadie, sin dueño.
me habías alertado
por eso ate mis cabellos, me quite los zapatos
libere la música
quieta,
querida,
sencilla como jazmines de enero
redonda,
como manzanas,
lejana
mía, mía.
vos lo sabias ,
habías visto volar las mariposas
sentiste el viento,
agitar los lienzos
la calma,
la nada del relámpago azul
en la ventana
el punto inexistente en la negra noche
las vasijas ,
vacías,
sin jazmines
ni manzanas,
y el silencio,
vos sabias del silencio,
que no era alegre como manteles floridos,
ni tierno como pan cortado,
ni con sol,
ni música redonda del mercado,
del camino
con olor a jazmines,
y a lluvia
y a frutillas macerada
solo un parpadeo,
un sutil relámpago,
un vuelo fugaz de mariposa
me habías dicho ,
yo espere la lluvia,
apague las luces,
los latidos,
y espere que aquel día sucediera.
III
se había presentado
inesperadamente,
violenta
desparramando olores
invadiendo,
arrasando
furiosa calmando la tarde
aquietando
dolores
con aroma a tierra,
ruidosa
acallando,
aquietando,
arrasando
dolorosas,
viejas voces
olvidadas.
otra vez
sin vos, la lluvia
en mi.
IV
Las ganas estaban
como la vida,
suspendidas,
sujetas frágilmente
de aquel breve gesto
suave e imperceptible
transparente
inquietante,
como los cristales de las ventanas
escupiendo noche,
oscura y fría
extraña.
Las ganas decías
frágiles como el vapor del agua,
hirviendo
frente a nosotros,
sombras transparentes,
delgadas
viejas,
junto a las ventanas indiscretas
Viejas formas delgadas,
transparentes ganas
suspendidas
de aquel gesto
que se dibujaba
en mi sombra
aplastada y opaca
contra el piso,
mi sombra,
descaradamente delatada por la luz
de la lámpara amarilla.
Vos sabias lo que decías,
yo presentía
lo que esperabas
en aquel gesto
que se gastaba como las maderas,
ardiendo,
que no se dibujaba,
que se perdía como el vapor
que humedecía el aire
y suspendía las ganas,
los gestos,
tu pregunta,
mi silencio
de aquel rastro transparente,
delgado,
fantasmal como la oscuridad
y sus amantes,
imposible,
como nuestra ganas.
V
Los sueños se apilaban
junto a la puerta
esperando que alguien los juntara
y los lanzara
como mariposas azules justo en la esquina
de la calle principal
donde ya no dobla el tranvía.
vos regresabas como siempre
a donde yo estaba
quizás si hubiera
algún olvido
varios desencuentros
si fuera necesaria alguna noche en vela
algún llanto
quizás si tu almohada
no tuviera su hueco
perfecto, inamovible
no seria necesario
tomarlos en las manos
y arrojarlos.
si yo te buscara en una plaza
soñando con jazmines y caricias
o si vos
te perdieras en el recuerdo
del frío emborrachado de caricias
del pasado invierno
y soñaras con el pan casero
horneado en la mañana
quizás si necesitara buscarte
bajo la ultima lluvia
quizás si no estuvieras
no vinieras
no cerraras suavemente la puerta
por las noches
quizás
los sueños volarían como mariposas libres
azules
frente a nuestra ventana.
VI
Muda
desnuda
ensordecida
sin palabras
despojada de sueños
te espero tras la puerta
despintada
del cuarto azul
del fondo de la casa.
VII
Esperé la lluvia,
aquella tarde,
como quien espera
los trenes de lejos
que pasan
regular,
obsesiva,
cansadamente,
a la hora señalada
dejando silencio
y postales manchadas.
Esperé sentir
la primer
tímida
gruesa
gota.
VIII
Las ganas estaban
como la vida,
suspendidas,
sujetas frágilmente
de aquel breve gesto
suave e imperceptible
transparente
inquietante,
como los cristales de las ventanas
escupiendo noche,
oscura y fría
extraña.
Las ganas decías,
frágiles como el vapor del agua,
hirviendo
frente a nosotros,
sombras transparentes,
delgadas
viejas,
junto a las ventanas indiscretas
que no dejaban
que la noche ame a sus fantasmas.
Viejas formas delgadas,
transparentes ganas
suspendidas
de aquel gesto
que se dibujaba
en mi sombra
aplastada y opaca
contra el piso,
mi sombra,
descaradamente delatada por la luz
de la lámpara amarilla.
Vos sabias lo que decías,
yo presentía
lo que esperabas
en aquel gesto
que se gastaba como las maderas,
ardiendo,
que no se dibujaba,
que se perdía como el vapor
que humedecía el aire
y suspendía las ganas,
los gestos,
tu pregunta,
mi silencio
de aquel rastro transparente,
delgado,
fantasmal como la oscuridad
y sus amantes,
efímero
como mariposas nocturnas
imposible,
como nuestra ganas.



