Teju Cole

Teju Cole, escritor afro-americano de origen nigeriano.(Kalamazoo, Michigan, 1975)

Nacido en Kalamazoo (Michigan), de padres nigerianos, Cole se crió en Lagos y se instaló en EEUU en 1992, con apenas 17 años, como hicieron otros compatriotas suyos, aprovechando un gobierno civil de transición antes de que un nuevo régimen militar se hiciera con el gobierno del país.

Es escritor, fotógrafo e historiador del arte. Debutó en 2007 con la nouvelle Every Day is for the Thief (en la que relata su experiencia al regresar a Nigeria, tras muchos años en Nueva York), a la que siguió Ciudad abierta (2011), su primera y aclamada novela, galardonada con el Premio PEN/Hemingway, el New York City Book Award for Fiction y el Premio Rosenthal de la American Academy of Arts and Letters. Ciudad abierta fue escogida también como uno de los 100 mejores libros de 2011 por The New York Times.

Teju Cole vive actualmente en Nueva York.

Me acordé de mi madre y otros poemas

 

me acordé de mi madre

de cuando era pequeña
de cuando no tenía pelo
de cuando estaba fea
y no le importaba estarlo

me acordé de cuando mi madre
pasaba hambre pena frío miedo

rabia

 

 

las mujeres sin hijos
no importan nada

porque van por ahí
sin carga
sin responsabilidades
sin horarios
sin derecho a quejarse

las mujeres sin hijos
las adaptaditas

no importan nada
porque van por ahí
míralas
van por ahí
sin peso
sin memoria

las mujeres sin hijos
van
y van y van y
van sin nada

 

 

quedar al margen
en la orilla de lo innombrable

los animales heridos
el niño muerto de la ventana
la comida fría
la mujer sin hijos

los hospitales

 

 

para desesperarse se necesitan fuerzas y orden
para hacerlo con placer
y con gusto
para que duela de verdad

el bebé que nadie quiso
del que nadie se hacía cargo
va de unas manos a otras
todas las manos
son la mano que le da de comer
y no sabe cuál morder

 

 

no es para tanto la mentira

los cables están conectados a la nada
mientras nosotros fingimos haber olvidado
y es tan difícil

pero no es para tanto
si consigues domarla y hacerla tuya
convertirla en el único alimento que sacia

y buscar
seguir buscando lo que entonces parecía un sueño
y no era otra cosa
que tú

Poemas selectos

De Ayer fue sombra I Premio D.G. De Aragón 2010

 

Gloria Grahame en el cine de mi barrio

Admirábamos a las mujeres hermosas, vivíamos aventuras inverosímiles
cabalgando en sueños de viejo blanco y negro
en aquellas salas de cine
oscuras y malolientes, de sesión continua y acomodadores malhumorados.
Nos escapábamos de la clase de religión
y de la de formación del espíritu nacional.
Merecía la pena.
Yo abría más los ojos cuando aparecía Gloria Grahame.
Era tan misteriosa que jamás me atrajo tanto ninguna otra mujer.
Podían ser más bellas, pero no tenían el encanto de Gloria,
con sus labios pequeños y ese aire de mujer fatal.
Cuando salía, se llenada la pantalla con su boca y sus ojos
profundos y llenos de misterio.
El bocadillo de pan y mortadela quedaba abandonado sobre mis rodillas.
Se paraba el tiempo
y Gloria me llevaba al país de los sueños posibles
e imaginaba una noche con ella sobre mis rodillas de adolescente.
Entonces se me caía el bocadillo, entero,
qué importaba comer, si Gloria Grahame estaba conmigo…

 

De Teoría de luz

 

Notre-Dame

Me asombran siempre sus piedras ordenadas,
santos ordenados, reverentes y fríos
¿Santos? Serían cenizas olvidadas sin esos hombres buenos
que confiaron su  arte al poderoso.
Comida por eternidad.
Alojamiento por torrentes de luz.
Aún existían el cielo y el infierno para poder pagar y administrar.
Y el Orden Divino, y todas esas cosas que compraron la eternidad.
De las gárgolas caen cada segundo signos de admiración,
inmensos, luminosos signos de admiración.
Y el sol enciende cada tarde un altar junto al Sena
rendido al esfuerzo del hombre para ser inmortal.

 

De El camino de tu nombre

 

Esta noche

Te quería decir en esta noche,
cuando ya nadie habita en la distancia
y dormidos los pájaros
es el silencio dueño de las vidas.
Te quería decir, y te lo digo
-aunque a veces me corte las palabras
el saber que tu oído las escucha
y tus ojos las miran-
que esta tarde cuando volvía a casa,
tan silencioso y solo,
mientras sobrevolaba el pensamiento
utópicos lugares,
de pronto, te me has aparecido
con tus ojos profundos
y tus manos repletas de caricias,
abierta la sonrisa,
piernas de adolescente, apresuradas
por llegar a mis brazos
y rodearme fuerte con los tuyos.
Tu cabello jugando con el viento,
extendidas las manos en el aire,
presentidas caricias.
Venías, llegabas y te quedabas…
Entonces he sentido que la tarde
se llenaba de luces
y que toda la gente sonreía.
Que aún era hermoso el mundo
y los taxis, las casas, los semáforos.
Que las tiendas, las calles , las aceras
se llenaban de luces de repente
e íbamos del brazo, felices como niños.
Pero esta tarde no has aparecido.
Por eso te lo digo,
que te he echado de menos en las horas
que otro día mataban poco a poco.
Y aunque al subir a casa
ha sonado el teléfono y me has dicho te quiero
por un momento, amor, por un momento,
las luces se apagaron en mi alma…
Por eso te repito,
pero tal vez callarme debería,
que cada tarde, amor, que cada tarde,
me dejes que la acabe entre tus brazos.

 

De Senderos de amor y olvido

 

Mi mar

Existe un mar sin brumas ni tinieblas
vacío de memoria,
donde las olas cantan el olvido.
Promesas de otro tiempo, mis obras incompletas
reposan sumergidas
en el oscuro fondo de silencio.
Esperan, algún día, la luz renovadora,
la magia que las toque y las despierte.
Mientras, huye la tarde.

 

 De Amar y callar, libro en preparación

 

Camino

Camino en pos de ti, ciego te sigo,

mis pies en el sendero desangrando.
Te llamo sin pensar dónde ni cuándo
estará la respuesta que persigo.

Este infierno que sufro ya maldigo
y me paso las horas suplicando,
-porque ya el mal de amor me está matando-,
que deje de roerme tu castigo.

Soy un muerto viviente que te llamo
con el alma inundada de tristeza,
arrasada en dolor. Pero te amo.

Y en este territorio desolado
no puedo soportar más la crudeza
de tener que vivir sin ser amado.

Ecos en la herrumbre

Como si al otro lado latiera
Juan Gracia Armendáriz

 

Juan Gracia Armendariz, poeta y narrador españolEncontrar el camino de vuelta partiendo de los poemas de Juan Gracia Armendáriz no es tarea fácil. No lo es, principalmente, porque tras su lectura el lector se queda varado en una sucesión de abismos y precipicios que no conocen de socorros. Saben de ahogos, ríos como son, y de dolor: de ese dolor que aprisiona las entrañas y con las que se divierte haciendo nudos; nudos de todo tipo; algunos, incluso, son similares a la magia negra: no hay forma de deshacerlos. “Como si al otro lado latiera” es un poemario lleno de puñetazos y moratones; desesperanzado; una herida que supura nuestro pus, que rebusca dentro de nosotros hasta dar con la tecla que hará tambalear toda nuestra vida. El poemario, en sí, es un bicho que camina entre nuestras piernas. No busca entorpecernos el camino; no busca hacer que nos caigamos; lo hace por protección: es un poemario asustado. Se resguarda entre nuestros escondites por dos motivos: vive del dolor y necesita sentir que sus palabras no son las únicas en la faz de la tierra abriendo agujeros, y porque busca, incansable, los hilos que nos unen a todos. Son esos hilos los que nos darán cierto respiro al final del día, cierta calidez tras una manifestación exaltada de frío.

En este poemario no hay nada, absolutamente nada, impostado. Todo viene de un río que fluye y que ahoga al mismo tiempo. Se trata de volver a las distintas casas que conforman nuestro castillo. “Vuelvo a casa con las lluvias / de haberte conocido desde siempre”. Se trata de encontrar, y vencer, la guerra a la que obliga la paz: “Hay días y noches en que el lenguaje / desearía hacerte el amor / con lentitud de ejército derrotado.” Se trata de desviarse del camino trazado en el mapa a sabiendas de que es un error: “He frecuentado las sombras, / su festín de temblores. / Regreso al lenguaje de tu regazo, / a su cónclave de agua dulce.” También, parece, se trata de vislumbrar las señales de humo en medio de un océano sin agua: “Confieso mi imprudencia. / Con palabras tomadas de un manual de magia / le he quemado las aves al otoño.” Se trata de decir «hola» con los últimos besos de amor: “Sabemos que toda locura / esconde la huella de una caricia.” Se trata de recuperar la infancia que éramos frente a un mar salado: “La memoria es una playa / y un niño que observa lentos naufragios.”

No es esta una historia que se cuenta sin que se nos erice la piel. No. Esta historia no es una navegación, como afirma Jaime Siles: es un hundimiento en toda regla. Son las palabras que surgen tras arrancarse los huesos y hervirlos en la olla a presión. Son las palabras del escaldado, la confesión del torturado, los restos incendiados del que está a punto de desvanecerse por sentir demasiado. «Sentir demasiado», esa es la clave, ese es el destrozo. Demasiado, demasiado, siempre demasiado. Es una historia que proclama a los cuatro vientos: señoras, señores, no hay salvación, olvídense: “Sé que el dolor es un tapiz sin mesura”, “No hay deseo en el aire. Hay un desmayo de fechas”, “Hoy sus manos maldicen desconocer el beso”, “Simula el cansancio de las estatuas. / Añora la piel”, “Sabe esta noche / que el demonio es aguja y enhebra / en la danza telar de sus cabellos.” Es la lucha del petrificado ante el miedo: “No sin temor, soñó estatuas amándose a grietas.”

Juan Gracia Armendáriz es un poeta absoluto: le ha hervido la piel, le ha desaparecido la sangre tras un abandono, le han ahogado los músculos de la ira y ha observado, largas horas, larguísimas, el cambio de un río en otro; y es que esa agua cristalina esconde piedras que nos tiran el castillo abajo; a veces, en cambio, nos construyen muros de protección infinitamente altos. También el poemario trata de eso: de las cuevas que compartimos sin saberlo. Seremos meros ensimismados en su lectura; tras ella, seremos guerreros que defienden sus ideales, ideales que terminarán por enterrarnos en esas mismas franjas que cavamos con la intención de salvarnos. Pero la salvación es de cobardes, y el poemario también lo sabe. La gloria está en el hundimiento, en la derrota, porque sólo así, entre luces y sombras, entre un pulmón y otro, el amor, como la vida, puede renacer de nuevo. “Como si al otro lado latiera” es también un reto, es una guerra en la trinchera. El que asoma la cabeza quedará cegado por la luz, por eso es mejor encerrarse sin ventanas, conteniendo el grito entre los dedos. La salvación es hilar los nudos más fuerte: así no nos desangraremos y, con suerte, lo malo se desprenderá solo. El hilo será el cuchillo que, curiosamente, ha de derrotar la inexistencia del vacío. Porque sólo así “perviven ecos en la herrumbre”.

Banderas sobre el polvo

Sartoris
William Faulkner
Alfaguara, 2010.

 

Sartoris, de William FaulknerTodos los lectores de Faulkner, así como todos aquellos que se acerquen a su obra por primera vez, están (estamos) de enhorabuena por la reedición en Alfaguara de gran parte de su producción literaria, con magníficas traducciones de José Luis López Muñoz. Inmejorables ediciones para adentrarse en el complejo universo –nimbado siempre de esa sangrienta y moribunda luz del atardecer- de uno de los mejores novelistas del siglo XX, de cuya muerte se cumplen cincuenta años. Leer más…

La mirada del observador

Medusa
Ricardo Menéndez Salmón
Seix Barral, 2012

 

Medusa, de Ricardo Menéndez SalmónMe parece que fue Borges el que dijo aquello de que uno debería escribir las ficciones como si no conociera nada de lo que está contando. Como todas las boutades de los grandes tipos, ésta también encierra una trampa y un enigma: la trampa está en su valor reversible; el misterio anida, sin embargo, en proponer la idea de que los textos –para escribirlos o para leerlos- son tejidos de sentidos infinitos que, en definitiva, implican que también la realidad se inventa. Leer más…

Diario de un cuerpo

Diario de un cuerpo, Daniel Pennac

Diario de un cuerpo
Daniel Pennac
Mondadori, 2012

 

No cabe duda de que nuestra sociedad es la del culto al cuerpo por encima de casi todas las cosas. Ni siquiera el mens sana in corpore sano tiene vigencia hoy, pues las expectativas generadas por la parte física del ser humano han desbordado a las mentales. Sin duda. Y en esta sociedad de la adoración extrema de lo corporal, el escritor Daniel Pennac nos brinda su particular culto al cuerpo. Leer más…

La dama de las camelias

La dama de las camelias
Alexandre Dumas
Nocturna Editorial, España 2012

 

La dama de las camelias, de Alexandre Dumas«Libiamo ne’lieti calici che la bellezza infiora» («Bebamos alegremente de este cáliz resplandeciente de belleza»), se canta en la famosa escena del brindis en La Traviata, de Verdi (inspirada en La dama de las camelias, de Alexandre Dumas, hijo,  la novela que nos reúne esta tarde), en una melodía entonada por el tenor protagonista que rebosa alegría, pero la alegría del vals decadente. En esa frase, sin embargo, se concentra lo que a mi manera de ver es el asunto central de la novela —de Marguerite Gautier, el personaje principal de la novela, en realidad—: el carpe diem que viene de lejanos tiempos medievales; la alegría del que celebra antes de que se acaben las razones para celebrar. Leer más…

Aquí todo es mejor

Aquí todo es mejor, Justin TaylorAquí todo es mejor
Justin Taylor
Alpha Decay, España 2012

 

A pesar de la apariencia dura –de caparazón, a veces-, que nos empeñamos en mostrar los humanos, lo cierto es que vivimos cargados de inseguridades. La juventud, ese periodo de tiempo indeterminado que transita desde el fin de la adolescencia hasta la adultez, tal vez sea la etapa de más dudas por la que atravesamos. Leer más…

Callejones de Arbat

Callejones de Arbat, de Antonio Álvarez Gil

Callejones de Arbat
Antonio Álvarez Gil
Terranova Editores, Puerto Rico, 2012

 

Casi veintitrés  años después  logro recordar, vagamente, la imagen del general Arnaldo Ochoa durante aquel juicio televisado por todo un mes en la televisión cubana. Claro, el tiempo ha disipado la nitidez del recuerdo. El tiempo y la memoria se han ocupado de desvencijar aquel hecho de  cuando estudiaba en el preuniversitario, un tiempo en que no creo haber podido comprender la legitimidad de aquellas acusaciones ni de aquellas escenas. Leer más…