Nace en Santa Cruz de Tenerife, Islas Canarias, 1963. A un mes de edad sus padres lo llevan al Sahara Occidental, donde pasa toda la infancia. En la actualidad reside en La Laguna, isla de Tenerife. Licenciado en psicología y profesor titular de psicología social en la Universidad de La Laguna, Tenerife. Como poeta ha publicado El relato del cartógrafo, Ediciones La Palma, Madrid, 1997, también editado por Mucuglifo, Mérida, Venezuela. Y los cuadernos poéticos Espumas de carrusel, Cuadernos Insulares de Poesía, Tenerife-Islas Canarias, 1982, Ocho tankas oscuros, Ediciones San Roque. Madrid, 1996 y Las playas –Cuadernos poéticos 1982-2002, Editorial El baile del Sol, Tenerife-Islas Canarias, 2002, donde reúne parte del trabajo poético precedente. En 2006 edita en colaboración con el pintor Francisco Orihuela, 11, Concejalía de Cultura de La Laguna, Tenerife, 2006. Un año más tarde aparece publicado La casa transparente, Cajacanarias, Tenerife-Islas Canarias, 2007. Este año 2013 edita dos nuevos libros de poesía: Spree, Ediciones Cartonera Island. Tenerife-Islas Canarias, 2013 y Ruido o luz, Editorial Amargord, Madrid, 2013, obra en colaboración con Carlos Bruno y Daniel Bellón. Poemas suyos han sido recogidos en antologías, revistas y páginas literarias de España, Venezuela, Cuba, Alemania, El Salvador y Argentina.
Dos poemas
En cierto poema breve sobre algunos árboles, Ashbery escribió: el lienzo del que emerge. La distancia está ahí, justo donde nada hay de los árboles -ni siquiera un manchón- pero todo permanece.
Al borde, insiste el poeta, al borde al borde al borde: la inclinación hacia lo más apacible que desplaza y figura. Tilos, brezos, hayas que nunca estarán ahí, aquí: nada.
Si se le diera la vuelta, se contemplan se templan dos opciones. En una, el manchón es la huella de un contenedor de basura que alguien quemó arrebatado, ensimismado. Cabría imaginar la imagen del fondo de los ojos ardiendo para que el plástico fundido marcase el regusto: la garganta y las fosas nasales, los espasmos con la tos, la frente donde bombea rabia el humo rabioso que hubo, que hay, sí, al fondo: estallido invisible.
El manchón sería negruzco y por partes verdeanaranjado, sombra que se desborda: espesa, como si brotase de caldero pero que de nuevo solo viene de la nada. El manchón informe es una costra que permanecería, esta sí, durante días o semanas o meses. Los pasos la esquivan, van. La ruta se hace impensada.
La segunda opción resulta practicable sobre lienzo y también menos densa. En vez de fuego, sangre.
El trazo sería levemente encarnado, acentuándose el ocre con el paso del tiempo: aguada.
La belleza de esta técnica se alcanzaría si se sabe diluir correctamente la tinta y plasmar distintas franjas entre la luz directa y la sombra total.
(Del libro Spree. 2013).
La jovenzuela se inclinó a aspirar el verde aroma
de cuatro manzanas verdes de otoño.
Había aferrado las manos a la mesa.
Jadeó.
José Kozer
No haya más delta
abierto y frutal que las manos,
aun vacías de todo,
aun perecederas.
Y sin misericordia.
(Del libro Arrecia. Inédito).
