Nació en la isla de La Palma, Islas Canarias, en 1961. Vive en Santa Cruz de Tenerife, isla de Tenerife. Licenciado en Filosofía y experto universitario en Planificación y Gestión Cultural. Es autor de los libros de poemas: Los ciclos de la piel, Ediciones La Palma, Madrid, 1992. Tratado de ornitología, 1ª Ed. La Calle de la Costa, Santa Cruz de Tenerife, 1994; 2ª Ed. Baile del Sol, Santa Cruz de Tenerife, 2013. Diario de la distancia, Huerga & Fierro Editores, Madrid, 1996 y Casi todo es mío, 1ª Ed. Artemisa Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2005; 2ª Ed. Baile del Sol, Santa Cruz de Tenerife, 2008. Y de las antologías Tren de vida [1992-2002], Ed. Baile del Sol, Santa Cruz de Tenerife, 2003 y Zoo sin fauna, 1ª Ed. Cuadernos Amerhispanos, México, 2009; 2ª Ed. E-ditorial 23 Escalones, España, 2010. Ha colaborado en periódicos provinciales publicando entrevistas a personajes relacionados con la cultural en Canarias, haciéndolo actualmente con escritores nacionales e internacionales para el suplemento cultural “Revista de Letras”, del periódico “La Vanguardia”, de Barcelona. Se ha dedicado al estudio e investigación sobre otros autores como Félix Francisco Casanova (Santa Cruz de Tenerife, 1956-1976), o Antidio Cabal (Gran Canaria, 1925 / Costa Rica, 2012), encargándose de la edición de la obra poética completa de este último en España. Su obra está recogida en antologías nacionales e internacionales.
Parece que escribo tiempo
Parece que escribo tiempo si escribo diecisiete de marzo
pero no, escribo agua y una tarde con él
sin tocarlo al filo del tacto. Escribo ternera,
o tal vez ternura, no importa, el diecisiete
de marzo yo estaba solo al borde de la playa.
No importa el lugar como tampoco el lunar a la luna.
Escribo diecisiete de marzo y algo se me cae
de las manos, tal vez música levemente
solfeada, algo falta, quizás una curva a mi cama.
Parece que escribo tiempo, pero no. Escribo jazz
de heliotropo en heliotropo.
Parece que escribo tiempo si escribo diecisiete de marzo
pero no, escribo cúpula de frío en mi huerta, cuesta,
claro que cuesta uno solo jugar al escondite.
Pero escribo rey de los ojos tristes, o tigres
para que Cabrera Infante no se enfade.
Escribo cabellos que me pertenecen, caballos que
se los llevaron. Escribo diecisiete de marzo
y se fugan las tildes de mi pulso, el cielo es
culpable de alguna manera, también yo, y él,
y el aforo vacío sin flores tejidas de vientre.
Ni sombras que engañen. Parece que escribo tiempo
pero no, escribo carne quizás, piel de hambre tal vez,
diecisiete, veinte, doce o nueve de cualquier mes.
(De Los ciclos de la piel).
Entre muslos de laurel
anda escondido el deseo,
duerme como un niño
agazapado en la hojarasca.
Ahí su guarida sonrosada,
su rubor de infancia,
todos sus sentidos cubiertos.
Ahí también su boca inmensa
con naturaleza de ogro
tragando la fruta
que corretea por el bosque.
(De Diario de la distancia).