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Sabores y saberes de Cuba: reflexiones diversas alrededor de un libro

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Para la Condesita de Merlín en su acantilado acapulqueño

Dice un antiguo adagio que “los pueblos olvidan primero sus dioses que sus comidas”. La persistencia del sentido del gusto por sobre otros, parece indicar una característica ancilar del ser humano y sospecho eso se debe quizá a que aún antes del nacimiento, esa nueva criatura viene condicionada por los sabores que recibe junto con los alimentos por el cordón umbilical desde su propia progenitora. Así, pues, se nace “predestinado” a un sabor, para el que han servido como antecedentes todos los nutrientes incorporados durante nueves meses antes del alumbramiento. Desde el útero materno se comienza a perfilar el paladar y luego, con la lactancia, se consolida. Leer más…