Gilberto Reyes: Actuar, reír… y pensar

Fotografía: Lilo Vilaplana

Con mas de 45 años en la escena, aun recuerda cuando comenzara de aficionado en una secundaria de su Camagüey natal, a la que un día llegara la convocatoria para una decisiva prueba:  estudiar en la capitalina Escuela Nacional de Artes Dramáticas.

Y aquel adolescente «jodedor» —rasgo que de entonces acá signara su carácter— se presentaría al examen sin muchas esperanzas, por lo que pronto lo olvidaría; pero cuál no sería su sorpresa cuando, a los pocos días, le llegara el inesperado aviso: «Debes presentarte a las pruebas».

¡Qué alegría sentiría aquel muchacho al llegar a la Escuela Nacional de Artes Dramáticas! —de la Escuela Nacional de Arte, ampliada luego con las de Ballet, Danza, Música y Artes Plásticas, como asimismo las de Danza Moderna y Folclórica (1965), Circo (1977) y Espectáculos musicales (1993).

Era 1972, cuando fue aceptado por el examen, que le permitiría  ingresar becado en la ENA, donde mucho le valdría su querida faceta humorística. Ya egresado, laboraría en un conocido programa televisual para niños, dirigido por su desde entonces «hermano»: Lilo Vilaplana, laureado videoasta-cineasta y narrador.

Con tal difícil praxis de actuar para los pequeños, integraría los grupos escénicos: Escambray, Cubana de Acero y la más prestigiosa compañía del país: Teatro Estudio, dirigida por una de las grandes actrices cubanas: Raquel Revuelta, en las que descollara como intérprete de la escena destinada a «esos locos bajitos».

Mas, como tantos cubanos de los que, de antes a hoy, se largan al ancho mundo [ya no ajeno], huyendo del maldito kastrokomunismo, en 1976 tomaría el camino del exilio y, apenas arribado a Miami, le sería de nuevo muy propicia su asistida faceta: el humor.

Cuatro décadas después, sin la dura experiencia de muchos cubanos que  debieron recoger tomates al llegar a Miami; pero sí con otras no menos complejas: ¡cinco matrimonios a su espalda!, Gilberto Reyes sigue siendo aquel camagüeyano que, este junio del 2023, sería entrevistado [para la columna «En Primera Persona» de la web OtroLunes] por aquel entonces «treintón» profesor de Historia del Teatro Cubano y Universal…, y  hoy «setentón» que lo sigue queriendo por su bonhomía, indetenible humor y valía como multintérprete.


La intensa y extensa vida de un actor

Gilberto, ¿cuándo se te ocurre la idea de ser actor, hubo algún antecedente en tu familia, o acaso fue otra razón? 

Gilberto Reyes y su esposa.

Yo creo que no fue idea, sino acaso una “tabla de salvación”. Te explico. Vivía con mi madre y mi abuela, y mi tía en la esquina. Todos los años intentaba enrolarme en alguna locura para salirme de ese matriarcado, adorable, pero matriarcado, a fin de cuentas.

«Quise ser marino, piloto, médico (neurocirujano), ebanista… Un día me entero que iban de la capital unos profesores a hacer pruebas de actuación, y me dije: “La única manera de ser todas esas cosas, es siendo actor”. Hice la prueba y la pasé, pero tenía que ir a la capital para una segunda prueba. Ahora, lo complicado era darle la información a la familia.

«Con Mami, pensaba yo, iba a ser fácil, porque ella estaba en grupos de aficionados de danza, de teatro. Pero no: puso el grito en el cielo, que yo solo allá, que esa escuela estaba llena de homosexuales… Ella trabajaba en el Hospital Psiquiátrico y hasta a un psicólogo me mandó para que me convenciera y el Doctor, contrario a lo que ella quería, me apoyó. Nunca le he dado las gracias, no sé por dónde andará. 

   «Ahora, si esto fue así con mi madre, piensa qué significaría darle la noticia a mi papá: pelotero, soldador, amante del monte. La conversación fue más o menos así: “Papi, me voy a estudiar artes dramáticas a La Habana”. “¿Qué es eso, Gilbertico?”, me respondió. Después de mil retruécanos le solté de un tirón: «¡Voy a ser actor!» Y… contrario a lo que pensaba ese viejo bárbaro (nació un 4 de diciembre) me dijo: “¡Coño, al fin habrá un artista en la familia!”» 

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Estudiaste Actuación en la Esc. Nacional de Teatro, en la Escuela Nacional de Arte, ENA. Tras tu extensa e intensa experiencia como intérprete en Cuba y Miami: ¿Qué es para ti la escena? 

Con una leyenda de la música cubana: Willy Chirino.

«¡Todo! Te cuento: para mí cualquier proceso creativo, es un reto. Y te digo más, ya ahora, cuando estoy de regreso, al empezar a ensayar una nueva obra, casi siempre me arrepiento hasta el mismo día del estreno. Pero siempre hay un personaje, un director o unos actores que me llevan a asistir al convite de la escena». 

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¿Cuál medio prefieres: el teatro, la TV o el cine? 

«Waldo, no tengo preferencia por ninguno, aunque el teatro ha sido y es, un reto al que asisto con muchas contradicciones, pero feliz. La TV te da popularidad y el cine perdura». 

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En Miami has hecho radio, que me gusta y en la que laboré/disfruté en emisoras capitalinas, sobre todo mi preferida CMBF. Radio Musical Nacional, cuyo noticiero matutino yo realizaría, tras la venida al exilio miamense de su director: Luis Agüero, colegamigo, narrador y periodista cultural, con quien me reencontrara aquí en la Tertulia de Luis de la Paz y en Arterfactus, agrupación de Eddy Díaz Souza. Apenas llegados a Miami, Mayra del Carmen y yo, en varias ocasiones escuchamos tu programa de Radio Martí, oportuno, sencillo, con serio humor (valga la paradoja): rasgos de valía. Por tu profesionalidad también en este medio, supongo que habías hecho radio en La Habana. ¿Me equivoco?  

«¡Completamente! Creo que ni siquiera me hicieron una entrevista en radio. Recuerdo que los viejos actores en Cuba me hablaban de la radio como la escuela. Yo, joven, “teatrero” pensaba, el Teatro es la Madre y el Padre de la actuación. No he cambiado de idea, pero hacer radio me dio la convicción del infinito poder que tiene ese medio sobre las personas, aunque muchos de quienes lo hacen no asuman la responsabilidad. En la radio tu única arma es tu voz y tus conocimientos generales (haciendo honor a los viejos actores cubanos) y debes tener la convicción de que hay “alguien” allá fuera que te escucha y puede que cambie para bien. Tengo experiencias increíbles. Una vez, leí algo de un padre y su hijo, y un oyente se comunicó conmigo, tiempo después y me contó que había dejado a su hijo en la casa queriendo jugar pelota, pero él tenía que trabajar. Pues regresó y se fue con su hijo a jugar pelota.»  

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Con su amigo, el actor y humorista Conrado Cogle, Boncó Quiñongo.

De las cuerdas teatrales, ¿cuál prefieres: el humor o la comedia? 

«La comedia sin apellidos. No me gusta cuando a la comedia le agregan “inteligente” o cualquier otra cosa sin la que no sería comedia. Astracán, vodevil, farsa. ¡Tú sabes más que yo de eso!» 

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¿Cuáles son tus dramaturgos cubanos preferidos? 

«Joaquín Lorenzo Luaces y su Becerro de oro, que me permitió, además de hacer comedia, cantar. Nicolás Dorr, mi profe, Abelardo Estorino con quien trabajé mucho y le debo tanto. Y por supuesto, Alberto Pedro. Ese negro, además de mi hermano, tenía los diálogos perfectos».

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¿Y los internacionales? 

«Bueno, William Shakespeare, Lope de Vega, Calderón de la Barca, José Zorrilla, Tennessee Williams…» 

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¿Actores de teatro internacionales y cubanos preferidos? 

«Los internacionales no han sido muchos. Pero te cuento que años atrás pude disfrutar, en Broadway, al gran puertorriqueño Raúl Juliá, quien en 1982 interpretara el protagónico de Nine (pieza basada en la no menos genial cinta semiautobiográfica 8 y medio,del monstruo Federico Fellini), con cinco Tony Awards y de la que el gran actor haría 729 representaciones: tal puesta marcó un antes y un después de mi adoración por el Teatro. De los cubanos, muchos: Luis Alberto García (padre e hijo), Adolfo Llauradó, Francisco («Pancho») García, Julio Rodríguez, Samuel Claxton, Tito Junco, Alberto Pedro y, por supuesto, el viejo Reynaldo Miravalles».  

Con su gran amigo, el cineasta Lilo Vilaplana.

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¿Actrices de teatro internacionales y cubanas preferidas? 

«Ahí estoy frito. Aunque no lo creas, tengo mala memoria. He visto muy buenas actrices argentinas, mexicanas, peruanas. Cubanas, muchas también: Raquel Revuelta, Ana Viñas, Isabel Moreno, Susana Pérez, la argentino/cubana Mónica Guffanti y muchas otras con las que no conocí en Cuba, pero he tenido el privilegio de trabajar acá, y son extraordinarias». 

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¿Cuáles son tus realizadores internacionales “de cabecera”? 

«Elia Kazan, Akira Kurosawa, Stanley Kubrick, Martin Scorsese, Quentin Tarantino y Francis Ford Coppola». 

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¿Y cuáles son tus filmes preferidos a nivel internacional? 

«Yo de cine veo todo. Mira, a mí me gustan las películas de acción, pero no me van a respetar mucho si te hablo de Rocky o El Padrino, aunque esta última se la “echo” a cualquiera. Ahora, poniéndome “culturoso” como dice un amigo, escojo: El séptimo sello, Full metal Jacket, Rashomon, Kill Bill, Psycho, El pianistaLa lista de SchindlerTaxi DriverRaging Bull… Me cansé». 

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Junto a la actriz Lili Rentería, saludando luego de una obra de teatro.

Estudiaste con mi también querido y valioso ex alumno: el dramaturgo y poeta fallecido Alberto Pedro Torriente, del que eras colegamigo. ¿No influyó su proximidad a tu posible acercamiento a la escritura de obras para la escena o, incluso, de textos de humor? 

«Mira, Alberto Pedro era mi hermano, con él aprendí mucho, verlo escribir un monólogo genial frente a mí, en apenas 45 minutos, es algo que nunca voy a olvidar. Y hablando de hermanos, no quiero dejar de mencionarte a otro, que, como Alberto Pedro, tiene mi admiración, mi cariño y mi respeto, y al que conozco desde muchos años: Lilo Vilaplana, quien, además de talento, tiene una persistencia envidiable, sólo superada por su amor por Cuba». 


Más sobre el actor Gilberto Reyes

A lo largo de su amplia labor escénica y cinematográfica, el destacado intérprete incorporaría recordados personajes en valiosos grupos escénicos de Cuba, como su incambiable amor por la actuación lo llevaría a asumir papeles recurrentes en programas de televisión y telenovelas cubanas.

Apenas llegara a Miami, participaría en producciones teatrales y telenovelas en español. Asimismo, entre 1994 y 2000, integraría el equipo de la popular comedia Sábado Gigante. Ha conducido programas en Radio Martí y otras apreciadas emisoras miamenses.

En 1999, junto a Miguel González, integró el exitoso programa de televisión El Mikimbín de Miami de gran audiencia. Igualmente, fue presentador del programa de filmes, Mega Cine, en Mega TV.

Sin olvidar que ha participado en la serie colombiana El cartel de los sapos II, los filmes El PelotudoPlantados, Plantadas y la serie Sangre en el diván, para Univisión. Igualmente, integraría Un Dios salvaje con Margi Productions y La soprano calva, del mítico creador del teatro del absurdo, el dramaturgo rumano-francés Eugene Ionesco, producida por Arca Images.  Ahora ensaya Hierro, del destacado dramaturgo y director escénico cubano Carlos Celdrán.

Inquieto e incansable, se ignora dónde halla tiempo para su Violín de Ingress: su no oculta pasión por el coleccionismo y la restauración en su conocida y dickensiana tienda de antigüedades Twice Vintage.