Abriendo la vida

Las demoras
José Alcaraz
Editorial Comares. Colección La Veleta. Granada, 2023


En 2019, José Alcaraz obtuvo un accésit del “Adonáis” por El mar en las cenizas. Era aquel su quinto poemario, y asomaba por entre sus páginas la línea clara de un verso que hilvanaba los silencios y las semillas de una creación rigurosa, detenida en las esquinas vívidas y vividas del yo: “Escribir/ como si cada golpe de tecla/ -cada contacto de la tinta en el papel-/ fuera llevar el dedo a la llaga de la vida/ para creer en ella una vez más”.

En este intervalo de tiempo, el autor cartaginés ha ido puliendo una nueva entrega, Las demoras, que llega con una renovada Poética: “Miro el sol y vuelvo cegado a mi cuaderno”; pero imbuida, también, de una latente cotidianidad y de un lenguaje conciso, sin ambages. Claro que esa diaria rutina tiene la virtud de llevar su reflexión a una trascendencia que se adentra en la incómodas verdades de lo humano: “Para deciros `Estoy aquí, no me dejéis solo´,/ escribo poemas como señales de humo./ Pero uno tras otro, lejos de mi deseo/ me ocultan, más y más en la humareda”.

El decir de José Alcaraz evoluciona en favor de compartir un estado de ánimo cercano al desahogo, al dinamismo de una voz que explora su propio testimonio. Porque en la semántica de sus deseos, de sus derrotas, se asienta un itinerario personal y evocador de lo ya hollado. Detrás de la melancolía hay esperanza, detrás de la oscuridad sobresale la belleza, y, al par de ese juego de contrarios, el poeta pugna y se afana por conservar la libertad de ser, a su vez, uno y múltiple: “Mi regalo/ no es ningún regalo/ sino el transcurso/ en que se abre un regalo,/ la vida cuando sabes/ que estás abriendo la vida”.

Casi cuarenta poemas se agrupan en este conjunto. Y, en todos ellos, hay un sujeto lírico que se hace búsqueda y resistencia, que se hace memoria y ausencia, y que navega despaciosamente junto a la pureza de un verbo policrómico y maleable. El mismo, en suma, con el que traza el sugestivo avatar de sus vivencias y que perdura, sobrio y lúcido, en este libro vivaz y amante: “Incendiar el más sagrado templo que hay en mí./ Verlo arder, que todo lo que soy conozca mi nombre./ Conquistar la fama hacia dentro, proclamarme yo”.