Otra noche en el mundo
Luis Escavy
Sonámbulos. Poesía. Madrid, 2023
Se reedita por tercera vez, Otra noche en el mundo, el primer poemario de Luis Escavy (1994). Antes de acceder a sus primeros versos, tuve ocasión de conocer su poesía tras la obtención del premio “Adonáis” 2002, por Victoria menor. Tras su lectura, subrayé que su libro era un ejercicio de introspección, un íntimo adiestramiento de la conciencia de cara a combatir difíciles momentos. Porque desde donde verdeaban los enigmas de la existencia, el misterioso bosque de las emociones, brotaban con vigor sus versos, en un empeño de ajustar cuentas con lo mejor y peor de lo cotidiano: “Solo hay muchas calles,/ edificios sin luz, parques llenos de algo/donde ya no encajamos/ y una lluvia que moja los escombros del mundo”.
Ese otro mundo, ese universo lleno de silencios, de soles, de héroes, de cicatrices, de propósitos, de lluvias, de soledades…, es el que despliega el poeta murciano al hilo de estas paginas, en las que cabe celebrar la vida y los afectos, el calor familiar, la plenitud del amor y de la edad, pero también ese otro lado de las pérdidas y las ausencias: “Mi infancia ya no existe, y el abuelo/ murió poco después de aquella foto,/ donde aún sonreímos, donde está/ la casa que teníamos más nueva (…) Donde aún ese niño que sonríe/ feliz por su captura, no sospecha/ que ha sido traicionado, que mañana/ es esta noche fría y que ahora es él/ quien recibe la pólvora del tiempo”.
Dividido en tres secciones, “El orden de las ruinas”, “Vigilar el fuego” y “Poemas inéditos”, el volumen se vertebra en torno a una sabia simetría rítmica y a una alegoría de la plenitud juvenil. Sin embargo, hay tras ese sólito ímpetu, un aire de melancolía, de finitud, el mismo que se anuda al bordón de la humanidad que respira el conjunto. Porque Luis Escavy sabe que el minucioso trazo de las palabras, la libertad que asoma por detrás del lenguaje, son, también, asidero y bálsamo vitales, De ahí, que su verso, sugerente, límpido, sirva como empírico aprendizaje frente a la cotidiana existencia: “Después de haberme dicho lo contrario,/ ahora digo que el mundo/ no es correspondido./ Cuando uno aprende a darse,/ no hay lugar en la tierra/ que ignore lo que amamos”.
