Estancias de Emilia Tangoa
Ana Varela Tafur
Pakarina Ediciones, 2022
La poeta peruana Ana Varela integrante del Grupo Cultural Urcututu de Iquitos y ganadora del Copé de Oro 1991 en el género de poesía, uno de los premios literarios más importantes actualmente, centra su poemario Estancias de Emilia Tangoa en la problemática de la mujer y lo femenino vinculado a la naturaleza, es decir, la defensa ecológica del extractivismo depredador y en la mitología amazónica, sus raíces étnicas y su herencia cultural, para reivindicarla y para denunciar estado de explotación y opresión que sufren los pueblos originarios de la Amazonía.
A pesar de su larga estancia en USA en ella sigue presente la floresta, aquellas rutas andadas en su natal Iquitos, a tal punto que ella misma es un árbol con profundas raíces amazónicas, como lo declara en el poema “Sabiduría”: De un bosque soy, de sus humedales. / Vivo temporadas lluviosas todo el año. En otro revive al Chullachaqui, legendario personaje creado por la tradición oral de quien Dicen en los troncos se esconde el padre de las chacras / ¿Oyes al chullachaqui limpiar la hojarasca?, y es que entre sus ancestros tiene una abuela Huitoto, comunidad que se localiza entre la selva colombiana y peruana. En su poesía está el bosque palpitante, su paisaje, la fauna y la flora, la gente que la habita y sus problemas que la poeta los asume desde la ecología sin traicionar su lenguaje poético.
En Estancia de Emilia Tangoa, su voz lírica se vuelve más crítica frente a la profunda crisis ecológica, no sólo del territorio nacional sino de toda la Amazonía y que tiene consecuencias ambientales en todo el planeta. Apela también a que los lectores se armen de un pensamiento crítico, porque ella cree que “la poesía ayuda, desde las emociones y a través de un lenguaje que convoca una actividad intelectual”. Desde sus primeros versos establece un nivel de diálogo con los lectores sobre la destrucción de la selva que no está poblada sólo por seres humanos, sino también por animales y plantas que tienen derecho a la vida, porque ella es hija de los humedales apela a la defensa del ecosistema amazónico que está seriamente amenazado por la acción del extractivismo salvaje que destruye y contamina la vida en nuestro planeta.
Los aceites derramados en los ríos atentan contra la vida de sus poblaciones y con ello se destruyen los conocimientos acumulados durante miles de años en el manejo de su hábitat, de los bosques, el cuidado de las plantas medicinales y alimenticias. Sus habitantes originarios saben cuidar el medio ambiente, hacerlo sin destruirlo. El traslado de los troncos de madera por los ríos en el poema “Cuerpos de madera” nos trasmite una imagen surrealista, la de cadáveres flotantes: ¿Has visto troncos sumergidos cruzando la ciudad? / Parecen lagartos durmiendo una siesta… // Ahora laminados y en orden son eslabones finales / de una cadena extractiva.
Estancias de Emilia Tangoa, con una sobria carátula minimalista obra de Gino Ceccarelli, está dividido en tres secciones: Humedales, Cauces y Recorridos y Varadero y en cada poema salta a la vista el malestar la poeta como ciudadana, como ciudadana iquiteña, amazónica y también como ciudadana del mundo. Como ya anotamos es una poesía de denuncia, pero sin descuidar el lenguaje poético. “El libro, ha declarado la poeta, es un homenaje a Emilia Tangoa, una invención literaria, pero también es la realidad, es un río de voces amazónicas, evoca la milenariedad de los conocimientos”. Sin dudas, el llamado progreso o desarrollo nos traerá sombras u oscuridad y cuando se haya derribado el último árbol seremos testigos de que Un bosque sin árboles es un nocturno de sol.
