Lo que uno quiere lo que otro quiere
Javier Vázquez Losada
UJA Editorial. Universidad de Jaén, 2023
Ironía e ingenio son recursos ligados al ser humano y a la literatura desde los clásicos grecolatinos. Valen como motivo extra de la trama, sea cual sea su condición y género, y como motrices implícitos o explícitos de la obra de arte. ¿Quiénes se nos vienen a la mente en estos casos? Al vuelo, Ulises, Estrepsíades, Furio, Hamlet, Alonso Quijano, don Pablos o Max Estrella.
Ironía e ingenio son recursos que agradece el lector porque le ayudan a la evasión inmediata, a recrearse en otro mundo donde cabe lo sutil, y adonde se entra sin ningún esfuerzo porque es el autor quien lleva de la mano al otro extremo de la rutina cotidiana que a mansalva nos ocupa.
Javier Vázquez Losada (Ourense, 1967) aplica esta receta a su ámbito de escritor más o menos escéptico e incrédulo. En Lo que uno quiere lo que otro quiere (premio “Miguel Hernández” 2022 convocado por la Universidad de Jaén) asistimos al desarrollo de una poesía sutil, escueta y limpia. El título nos remite a la convivencia de dos personas (pudieran tratarse de hombre y mujer), a su manera de enfrentarse a la vida y confrontar los pensamientos de ambos. El mismo poeta señala que la portada del libro es sugeridora de la dificultad de esta interacción, supuestamente natural e instintiva, al estar separadas ambas siluetas por una franja, sinónimo de tirana, quede la paradoja expuesta.
En su manera de expresarse, el poeta usa matices apuntaladores de su libertad de expresión, distante del ritmo, de las figuras retóricas y de los metros convencionales. Su decir espontáneo de hombre trajinador de la realidad viva y directa, lo asume con un vocabulario que se instala en las coordenadas de lo jovial y burlón. En «La poesía es lo que es (aunque nos pese)» afirma: “Un poema tendría que ser como un videoclip/ hacer un poco el gilipollas/ montar en bici mirando a la cámara…/ meter a alguna tía buena/ con cualquier excusa/ hacer el chorra.»
Los títulos de los poemas son sugeridores: «He trabajado mucho», «Así nos luce el pelo», «Sigue jugando con mi corazón», «Mis dos orejas escuchan» o «Anoche en algún garito». Así nos habla de «El sexo como condena» en su principio y en su final: «En la cama/ ella era mejor que ninguna otra/ de eso no tenía ninguna duda/ ni tampoco creo que la tuviesen mis vecinos/ ni nadie que pudiera oírme/ lástima…/ lástima digo/ haberme levantado de la cama.»
