Cuaderno de la lluvia
Carlos Doñamayor
Erato. Poesía. Madrid, 2023
Tras la aparición el pasado año de Soledad sin cielo, ve la luz Cuaderno de la lluvia, de Carlos Doñamayor. Al hilo de su anterior entrega, dejé escrito que sus versos se tornaban clarividentes en su mensaje, sugestivos en su luminosidad, pues sabiamente anudaba la desnudez de su costumbre a un discurso emotivo, doliente y solidario.
Ahora, en este Cuaderno que me ocupa, su voz se reagrupa en torno a la unidad temática de los poemas. Y, así, la creación lírica conjuga con exactitud con la experiencia humana del conjunto. Porque, al par de estas páginas, se aviva la naturaleza del tiempo, de la muerte, del silencio, de la dicha, del desolvido…, y se renombran la perplejidad del asombro, la coyuntura del amor, el milagro del agua: “Llueve lo preciso para considerar/ resuelto el dédalo,/ trocados los vestigios y su ornato/ en el escenario de la nada,/ y se abre una fuente benévola/ que acaricia y entibia las voces,/ que renueva el lenguaje y los sonidos”.
Anota el propio autor en su prefacio, que “la lluvia se comporta en poesía como un recordatorio tenaz que se expande e incendia la inquietud de los ojos. Y, desde ese fuego que nace en la mirada y contempla cuanto gira en derredor, van surgiendo luminarias, metáforas, sorprendentes imágenes que remiten a un espacio íntimo, si común para el lector. Cada poema va convirtiéndose en una pequeña ventana desde la que observar la dicha y la desolación, la calma y la tormenta que experimenta el ser humano: “No es la lluvia lo que importa,/ sino el tiempo trepador a este lado de los cristales/ que nunca retrocede”
Dividido en cinco apartados, “Lluvia en la palabra” “Lluvia ceñida a los umbrales”, “Lluvia al otro lado” “Rituales de lluvia” y “Epílogo”, el volumen convoca la unívoca revelación de una realidad cercana, de una atmósfera reveladora de cuanto custodia el alma. Símbolo de renacimiento y purificación, la lluvia se hace, aquí y ahora, cómplice en esa dicotomía que surge del vigor y la mansedumbre del verbo. El mismo, con el que Carlos Doñamayor define, corrige y construye la verdad de un decir que cala y empapa el corazón: ”Al final del camino/ la lluvia será sueño,/ sueño tibio y mudo/ en un cielo sordo,/ y tú estarás ahí,/ volverás con las nubes”.
