Román Hernández

Si existe en el arte escultórico español en este momento una visión humanista singular y diferenciada de las modas al uso esa es, sin dudas, la del artista , gestor cultural y profesor Román Hernández. Pocas veces en un creador se unifican el cuestionamiento filosófico y la búsqueda ontologica del ser como ocurre en su caso, dones que otorgan a su obra una singularidad y una distinción dentro del actual concierto de las artes plásticas españolas y europeas, especialmente en tiempos en que la superficialidad estética, el facilismo creativo y la improvisación se ceban en un universo dnde la calidad se resiente año tras año.

En una de las entrevistas que ha concedido, Román apunta a una de esas singularidades: «Un escultor no se hace de un día para otro. El que conoce mi obra sabe que hay un hilo conductor en todos los proyectos que he desarrollado en todos estos años. Hay asuntos que para mí son incluso obsesivos, elementos iconográficos, como puede ser el cráneo”. Y más allá de la recurrencia de elementos como el cráneo, lo que se descubre incluso en la más sencilla mirada a la amplísima obra de este artista es la simbología ramificada de cada uno de los elementos que utiliza en sus composiciones. En el caso del cráneo, por ejemplo, esa simbología se extiende a un mar de significados que varían en cada pieza: reflexión sobre la muerte, estudio de la banalidad humana, marca ancestral de la sabiduría, el universo del miedo, la volatilidad del presente, la eternidad… Y ese significado se complejiza en la correlación dialogal entre elementos que es también parte de su estilo.

Su estética, limpia, precisa, que incita a la reflexión en todo momento, se articula en dos espacios que resultan notoriamente distintivos: por un lado, la retroalimentación natural entre el cuerpo humano, el tiempo y el espacio, y por otro lado, una obsesiva búsqueda, un proceso de hurgar en las resonancias profundas de elementos de la más cotidiana humanidad (social o íntima) tras las huellas de la persistencia de la memoria, de sus marcas espirituales. Esa dualidad inquisitiva se convierte en el más perfecto caldo de cultivo artístico para el más profundo cuestionamiento humano, en un mano a mano (casi un juego de apuestas) cargado de filosofía, espiritualidad y carnalidad («Armario de luces y sombras», por sólo poner un ejemplo con una obra de calidad extraordinaria, es una apelación al despertar de nuestros propios recuerdos que, tal vez, coincidan con los de Román al concebir esa maravillosa obra, pero la esencia es justo esa: puente sentimental hacia la memoria propia y la memoria de los otros).

La palabra, el trazo, la imperfección de la caligrafía… entiéndase entonces: la visualidad de lo que se escribe y el significado que aporta lo escrito, son también elementos que Román Hernández convierte en leitmotiv de muchas de sus obras… pero lo más significativo es que no se limita al aporte de un elemento gráfico más, de una idea esbozada, sino al contrapunteo vivo, activo, entre esos elementos caligráficos y el resto de los elementos de sus composiciones. Un juego de espejos cuyas imágenes se interrogan y ofrecen aún más profundidad a la inmersión humanista que ocurre en cada una de las obras de este artista.

OtroLunes se siente honrada de presentar a nuestros lectores una mirada rápida a la obra de este singular creador tenerifeño.  Quedan invitados a recorrer toda su vida y obra en los espacios que aquí compartimos.  

Amir Valle
Director General – OtroLunes


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