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"Vámonos cuervo a fecundar la cuerva."
César Vallejo
¡Ah mujeres hermosas no se hagan¡
No es por gusto que les sangra el pico.
Se transforman en cuervas cuando pasan
y nos dejan sin ojos. ¡Ah malditas,
nuestros ojos no les hacían daño a su belleza!
Simplemente miraban. Huían de la noche
y en el camino ¡ah mujeres hermosas!
sus picos ávidos de sangre se abalanzaron
sobre el párpado y desde entonces nos persigue
el amarillo el sueño la locura el amor la oscuridad.
Cuántas de estas muchachas
amanecieron hoy en brazos de otro,
después de haber hecho el amor una
y otra vez en el largo delirio de la infancia
crecida.
Cuántas reventaron de fiebre
esta mañana mientras yo convalecía de mí
y me abrazaba a mis sudores como un náufrago
se abraza a un tronco para soñar con una orilla.
Con cuántas orillas y frutas y veranos soñaron
estas muchachas hoy al final de la ruda faena.
Yo las veo subir las escaleras de la Universidad
y se me parte el alma. ¡Cómo envidio a ese otro
que esta mañana deambuló en sus senos, se ahogó
en sus labios y murió en sus caderas! Cuántas
de estas muchachas imaginan que en la ciudad
un hombre se muere por ellas y madruga sólo
para verlas subir y deletrear con letras ciegas
las habilidades de sus cuerpos desnudos
contoneándose al ritmo del tic tac de un reloj.
¡Si supieran estas muchachas lo que vaga ese hombre
al verlas pasar con el pelo aún mojado y la sonrisa
del placer todavía desarmándose en sus bocas! Si
lo supieran, dejarían de subir las escaleras y correrían
a comprar una cuerda para llegar a su balcón y secarle
esa lágrima que corre sólo por ellas que amanecieron
hoy en brazos de otro haciendo el amor una y otra vez
en el largo delirio de la infancia crecida.
y toda la mugre y todo
el desamparo.
Ningún sitio mejor
para iniciarse en el conocimiento
de las grandes ausencias: aquí
está el hombre solo y ni siquiera
el otro lado es alguien.
Yo soy
el hombre solo y tú eres Dios
y yo soy de nuevo el hombre.
No hay diferencia entre tu palabra
y la mía, salvo que
nuestros interlocutores son sordos.
No hay diferencia entre tu sordera
y la mía, salvo que nuestros interlocutores
hablan demasiado.
Asoma
tu nariz a la nube y di
si me faltan motivos cuando gasto
tiempo y monedas en vaciar
en tu barba encrespada un poco
de este horror.
Señor,
yo no creo en Ti, pero te pido
que me defiendas esta noche
de los dioses en los que creo. Míralos
caminar entre los hombres disfrazados
de hombres.
Reconócelos
por su seguridad: están seguros.
Remontan calles, clubes, oficinas
y los persigue la seguridad
como una sombra. Y si llueve les sirve
de paraguas y de pañuelo si hace sol.
No necesitan tu perdón pues
"saben lo que hacen". No se dan cuenta
de que los has abandonado y por eso
no preguntan "¡Dios mío Dios mío!" No es
por soberbia sino por ignorancia
que no preguntan, Señor.
La tierra
sigue girando a tu pesar. Los tigres
todavía respiran, se aluniza en la luna
y el corazón de mi madre se rompió
como cáscara de huevo el día más injusto
de 1993.
No te culpo por eso. Al fin
y al cabo, alguna noche su hijo menor
tenía que aprender a caminar herido
y con los ojos abiertos por entre riscos
untados de sangre, candilejas
rebosantes de nieve y otros arduos caminos
de tu divina creación.
Infelices las multitudes
que nunca han entrado a una cabina
de teléfono. Pobrecitas Dios mío lo saben
todo: se conocen ellas y me conocen a mí
que soy el hombre y no me conozco.
Pero no se preocupe, Señor: la ciudad
no conoce a sus padres los hijos
no conocen a sus hermanos los hermanos
compran alcohol en los suburbios
y se emborrachan con un niño demente
que lo conoce todo y siempre
Yo estoy más cerca de todo eso
que los padres que los hijos que los
hermanos y hasta que el niño demente.
Y me emborracho más
y estoy más en silencio, sólo que ya es
muy tarde para limpiar el buen nombre
de esta sabiduría venida a menos.
¿Se comprende que hablo por mí,
que no comprometo a nadie, que soy
el hombre solo y tú eres Dios
y que soy de nuevo el hombre, alzado
sobre dos piernas y hablando por mí,
luego de soportar durante tantos años
que las palabras de otros me definieran?
¡Ah si ser el hombre y Dios
y ser de nuevo el hombre significara algo!
Si estar aquí si hablar si resistir callado.
Pero nada de eso significa.
Perdemos el tiempo, Señor. Se me acabaron
las monedas.
Adiós.
para Rafael Alcides,
esta modesta prolongación
de sus conversaciones con Dios.
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