(Cuba, 1967). Escritor y Periodista. Su obra narrativa ha sido elogiada, entre otros, por escritores como Augusto Roa Bastos, Manuel Vázquez Montalbán, Herta Müller y Mario Vargas Llosa. Ha publicado más de una veintena de títulos en los géneros cuento, novela, ensayo y testimonio. Saltó al reconocimiento internacional a través de su serie de novela negra “El descenso a los infiernos”, sobre la vida actual en Centro Habana, integrada por Las puertas de la noche (2001), Si Cristo te desnuda (2002), Entre el miedo y las sombras (2003), Últimas noticias del infierno (2004), Santuario de sombras (2006) y Largas noches con Flavia (2008). Sus libros más recientes son La Habana. Puerta de las Américas (una historia novelada sobre la capital cubana, Editorial alMED, España, 2010), Las raíces del odio (novela, Editorial El barco ebrio, España, 2012), Hugo Spadafora – Bajo la piel del hombre (biografía novelada, Aguilar-Santillana, 2013), Nunca dejes que te vean llorar (novela, Penguin Random House, 2014), la antología de sus mejores cuentos Nostalgias, ironías y otras alucinaciones (Editorial Betania, 2018) y el libro de ensayos La estrategia del verdugo. Breve historia de la censura cultural en Cuba. Actualmente reside en Berlín desde donde dirige OtroLunes – Revista Hispanoamericana de Cultura.
Si existe en el arte escultórico español en este momento una visión humanista singular y diferenciada de las modas al uso esa es, sin dudas, la del artista , gestor cultural y profesor Román Hernández. Pocas veces en un creador se unifican el cuestionamiento filosófico y la búsqueda ontologica del ser como ocurre en su caso, dones que otorgan a su obra una singularidad y una distinción dentro del actual concierto de las artes plásticas españolas y europeas, especialmente en tiempos en que la superficialidad estética, el facilismo creativo y la improvisación se ceban en un universo dnde la calidad se resiente año tras año.
En una de las entrevistas que ha concedido, Román apunta a una de esas singularidades: «Un escultor no se hace de un día para otro. El que conoce mi obra sabe que hay un hilo conductor en todos los proyectos que he desarrollado en todos estos años. Hay asuntos que para mí son incluso obsesivos, elementos iconográficos, como puede ser el cráneo”. Y más allá de la recurrencia de elementos como el cráneo, lo que se descubre incluso en la más sencilla mirada a la amplísima obra de este artista es la simbología ramificada de cada uno de los elementos que utiliza en sus composiciones. En el caso del cráneo, por ejemplo, esa simbología se extiende a un mar de significados que varían en cada pieza: reflexión sobre la muerte, estudio de la banalidad humana, marca ancestral de la sabiduría, el universo del miedo, la volatilidad del presente, la eternidad… Y ese significado se complejiza en la correlación dialogal entre elementos que es también parte de su estilo.
Su estética, limpia, precisa, que incita a la reflexión en todo momento, se articula en dos espacios que resultan notoriamente distintivos: por un lado, la retroalimentación natural entre el cuerpo humano, el tiempo y el espacio, y por otro lado, una obsesiva búsqueda, un proceso de hurgar en las resonancias profundas de elementos de la más cotidiana humanidad (social o íntima) tras las huellas de la persistencia de la memoria, de sus marcas espirituales. Esa dualidad inquisitiva se convierte en el más perfecto caldo de cultivo artístico para el más profundo cuestionamiento humano, en un mano a mano (casi un juego de apuestas) cargado de filosofía, espiritualidad y carnalidad («Armario de luces y sombras», por sólo poner un ejemplo con una obra de calidad extraordinaria, es una apelación al despertar de nuestros propios recuerdos que, tal vez, coincidan con los de Román al concebir esa maravillosa obra, pero la esencia es justo esa: puente sentimental hacia la memoria propia y la memoria de los otros).
La palabra, el trazo, la imperfección de la caligrafía… entiéndase entonces: la visualidad de lo que se escribe y el significado que aporta lo escrito, son también elementos que Román Hernández convierte en leitmotiv de muchas de sus obras… pero lo más significativo es que no se limita al aporte de un elemento gráfico más, de una idea esbozada, sino al contrapunteo vivo, activo, entre esos elementos caligráficos y el resto de los elementos de sus composiciones. Un juego de espejos cuyas imágenes se interrogan y ofrecen aún más profundidad a la inmersión humanista que ocurre en cada una de las obras de este artista.
OtroLunes se siente honrada de presentar a nuestros lectores una mirada rápida a la obra de este singular creador tenerifeño. Quedan invitados a recorrer toda su vida y obra en los espacios que aquí compartimos.
A la pregunta: «¿qué 20 novelas cubanas del siglo XX y XXI recomendarías a un lector no cubano que quisiera entender Cuba, su historia, su cultura, su sociedad?», 100 lectores, conocedores de la literatura cubana, muchos de ellos promotores en redes sociales de la creación literaria cubana, propusieron la siguiente relación:
Al cielo sometidos – Reynaldo González
Aventuras de Gaspar Pérez de Muela Quieta – Gustavo Eguren
Biografía de un cimarrón – Miguel Barnet
Boarding home – Guillermo Rosales
Brujas – Chely Lima
Callejones de Arbat – Antonio Álvarez Gil
Cañón de retrocarga – Alejandro Álvarez Bernal
Casa de cambio – Alejandro Aguilar
Chiquita – Antonio Orlando Rodríguez
Contrabando de sombras – Antonio José Ponte
Contracastro – Rafael Alcides
De dónde son los cantantes – Severo Sarduy
Días de entrenamiento – Ahmel Echevarría
Djuna y Daniel – Ena Lucía Portela
El corazón del rey – Félix Luis Viera
El gen de Dios – Juan Abreu Felippe
El gran incendio – Daniel Iglesias Kennedy
El hombre con la sombra de humo – José Hugo Fernández
El hombre que amaba a los perros – Leonardo Padura
El mundo alucinante – Reinaldo Arenas
El pan dormido – José Soler Puig
El polvo y el oro – Julio Travieso
El rey de La Habana – Pedro Juan Gutiérrez
El ruso – Manuel Pereira
El siglo de las luces – Alejo Carpentier
El traidor de Praga – Humberto López y Guerra
El último día del estornino – Gerardo Fernández Fe
El último secreto de Herman Hesse – H.G. Quintana
El verano en que Dios dormía – Ángel Santiesteban Prats
En mi jardín pastan los héroes – Heberto Padilla
Enigma para un domingo – Ignacio Cárdenas Acuña
Esa fuente de dolor – Matías Montes Huidobro
Espejo de tres cuerpos – Odette Alonso Yodú
Espero la noche para soñarte, Revolución – Nivaria Tejeda
Esther en alguna parte – Eliseo Alberto Diego
Everglades – Jorge Enrique Lage
Fumando espero – Jorge Ángel Pérez
Guanabo Gay – José Prats Sariol
Hagiografía de Narcisa La Bella – Mireya Robles
Hombres sin mujer – Carlos Montenegro
Infidente – Nelton Pérez
Inquisición roja – Rafael Vilches Proenza
Jardín – Dulce María Loynaz
Joy – Daniel Chavarría
La caja está cerrada – Antón Arrufat
La carne de René – Virgilio Piñera
La concordia – Evelio Traba
La estrella bocarriba – Raúl Aguiar
La isla del cundeamor – René Vázquez Díaz
La leve gracia de los desnudos – Alberto Garrido
La nada cotidiana – Zoé Valdés
La piedra de María Ramos – José Lorenzo Fuentes
La playa – Atilio Caballero
La saga del perseguido – Guillermo Vidal
La soledad del tiempo – Alberto Guerra
La tabla – Armando de Armas
La tiranía de las moscas – Elaine Vilar Madruga
La trenza de la hermosa luna – Mayra Montero
La viajera nocturna – Armando Lucas Correa
Las palabras perdidas – Jesús Díaz
Las palabras y los muertos – Amir Valle
Las potestades incorpóreas – Alberto Garrandés
Las voces y los ecos – Aida Bahr Valcárcel
Libro de la derrota – María Elena Hernández Caballero
Los fantasmas de hierro – Emerio Medina
Los hijos de la diosa Huracán – Daína Chaviano
Los reyes del mambo tocan canciones de amor – Oscar Hijuelos
Mayonesa bien Brillante (una novela de amor) – Legna Rodríguez Iglesias.
Memoria del silencio – Uva de Aragon
Memorias del subdesarrollo – Edmundo Desnoes
Mirando espero – Justo Vasco
Mouche – Margarita García Alonso
Mujer en traje de batalla – Antonio Benítez Rojo
Mundos sucios – José Latour
No es tiempo de ceremonias – Rodolfo Pérez Valero
Onoloria – Miguel Collazo
Otras plegarias atendidas – Mylene Fernández Pintado
Pailock, el prestidigitador – Ezequiel Vieta
Paradiso – José Lezama Lima
Pedro blanco, el negrero – Lino Novás Calvo
Perromundo – Carlos Alberto Montaner
Procesado en el paraíso – Ismael Sambra
Puente en la oscuridad – Carlos Victoria
Que en vez de infierno encuentres gloria – Lorenzo Lunar Cardedo
Retrato de los tigres – Sindo Pacheco
Rex – José Manuel Prieto
Sabanalamar – José Abreu Felippe
Sibilas en Mercaderes – Pedro de Jesús López
Silencios – Karla Suárez
Soñar en cubano – Cristina García
Tantas razones para odiar a Emilia – José M. Fernández Pequeño
Temporada de ángeles – Lisandro Otero
Todos se van – Wendy Guerra
Tres tristes tigres – Guillermo Cabrera Infante
Turcos en la niebla – Enrique del Risco
Tuyo es el reino – Abilio Estévez
Última rumba en La Habana – Fernando Velázquez Medina
Una recomendación de los lectores cubanos de OtroLunes
Durante los casi dos años de pandemia del COVID-19 lanzamos a nuestros lectores (mayormente a los cubanos) un reto singular: ¿qué 20 novelas cubanas del siglo XX y XXI recomendarías a un lector no cubano que quisiera entender Cuba, su historia, su cultura, su sociedad? Conociendo el peligro que se corre al hacer cualquier selección, especialmente en un caso de prolífica producción novelística como el caso cubano, insistimos en hacerle ver a los 100 lectores seleccionados por su fidelidad a la revista, que no se trataba, en ningún caso, de una selección en materia de calidad literaria si no de utilidad a la hora de explicar la compleja problemática que en estos dos últimos siglos han vivido Cuba y los cubanos.
Para evitar imparcialidades lógicas la selección de estos lectores no incluyó a escritores y personas vinculadas directamente el mundo de las letras. Y cada lector fue propuesto por el equipo de Otrolunes, a partir de su activa participación en redes sociales comentando obras literarias. Cada lector podría proponer hasta 20 obras y la novela propuesta sería incluida en el listado de 100 Novelas – 100 Autores solamente si era mencionada más de una vez. Así, de un total de 175 novelas citadas por los lectores, el cómputo final nos sorprendió a quienes en la revista estamos cerca del tema «Literatura Cubana», pues la inmensa mayoría de las propuestas coincidentes eran de libros que la crítica cubana (e internacional en muchos casos) ha destacado por sus valores literarios. Como detalle curioso, los únicos casos de unanimidad (100 de 100) fueron Carpentier, Lezama, Arenas y Cabrera Infante.
OtroLunes desea aclarar que este listado no apunta a ninguna selección de canon, no responde a ningún interés de priorización generacional, ni tampoco a la valoración de la literatura escrita en la isla o la diáspora. Es, sencillamente, una propuesta de un grupo de lectores, sobre novelas cubanas que les parecieron relevantes por la mirada que ofrecen sobre la realidad de Cuba. Y como en todo listado, seguramente se encontrarán muchas ausencias.
La cancelación cultural ha sido un mecanismo muy útil en casi todos los sistemas de gobierno en los que el poder político ha impuesto una única concepción de la sociedad como columna vertebral para establecer el pensamiento social. Aunque ha ocurrido también en el capitalismo (las dictaduras de derecha básicamente), ha sido una práctica recurrente en los regímenes de izquierda no capitalistas.
Lamentablemente, la mayoría de los análisis actuales apuntan al resurgimiento de esta práctica como fenómeno en lo que se conoce como “sociedad mundial”. Se culpabiliza en mayor parte a la teoría de la expansión internacional de lo políticamente correcto como la causa esencial de la cancelación cultural en temas relativamente nuevos en el discurso político y diplomático universal, como los derechos de las minorías (de raza, género, sexo, etnia, nivel social, etc), como la revalorización del derecho de existencia de regímenes considerados tradicionalmente no democráticos, y como la reformulación de las tradicionales raíces de las culturas madres tal cual las conocemos hoy (occidental, oriental, originarias, etc.)…
Es, en definitiva, un asunto que se discute casi cotidianamente en las sociedades democráticas, con Europa, Canadá, Estados Unidos, Japón y Australia a la cabeza. En América Latina, África y las naciones pobres en vías de desarrollo o subdesarrolladas en Asia la discusión social sobre este asunto varía por épocas de acuerdo al signo de los gobiernos.
Lo que llamamos Cancelación Cultural en Europa y Estados Unidos (en Cuba es otra cosa) es el resultado desviado del empoderamiento de sectores de la sociedad que habían permanecido sin voz en esas sociedades durante muy largo tiempo. Es un proceso que comienza con la expansión de internet y las posibilidades de romper el monopolio de los medios de comunicación, que trae al ruedo de las discusiones del pensamiento social nuevos actores de todas las áreas de la sociedad y de casi todos los estratos sociales. Por ejemplo: en Estados Unidos y México tuvieron bastante protagonismo en las reivindicaciones de las libertades de identidad sexual personas trans de las comunidades indígenas, y el caso más comentado entonces fue el de “las Muxes”, una identidad transgénero milenaria. Y cuando hablo de “resultado desviado” es que la resistencia que la propia sociedad y el pensamiento tradicionalista hicieron a esas propuestas reivindicativas, convirtieron las reivindicaciones en batallas sociales… y eso ocurre en un contexto en que se entiende la batalla como ganadores y perdedores y ahí comienza la cancelación… En el caso de las Muxes, por ejemplo, se llegó a llevar a los tribunales a humoristas que incluían al trans Muxe en sus monólogos o chistes… Recuerdo que varios colegas escritores se manifestaron preocupados porque, a ese paso, las suegras podrían protestar y llevar a los humoristas a los tribunales porque eran siempre pasto de burlas en los chistes y eso, según el discurso extremista de la cancelación, podría considerarse denigración de la mujer.
Siempre en estos casos pongo un ejemplo: en la actualidad, el teatro bufo cubano, sufriría la cancelación cultural. Sus personajes todos son estereotipos: el negrito, el chino, el gallego, la mulata… Y las cancelaciones culturales son de todo tipo: en el caso de las asumidas por la compañía Disney se trata de la utilización de estereotipos cómicos, no de burlas… incluso son personajes entrañables para las comunidades que ellos mismos representan… Me llamó mucho la atención que cuando ciertos grupos de defensa de los derechos raciales pidieron la cancelación cultural de “Lo que el viento se llevó” la mayoría de los actores negros y la familia de la criada negra, la actriz Hattie MacDaniel, se manifestaron en contra porque gracias a esta actuación, que fue premiada en 1940 con un Oscar a su actuación como la criada “Mammy”, se había logrado visibilizar al negro dentro del entramado del cine, y a partir de ahí se empezó a ganar espacio dentro del protagonismo en que los medios reflejaban al negro en la cultura norteamericana… Es un asunto tan complejo que irse a los extremos puede derivar en errores graves.
Un ejemplo claro: El monopolio de entretenimiento Disney ha optado por reforzar la seguridad en su plataforma de streaming Disney plus, retirando del catálogo infantil y estableciendo un filtro de edad más rígido, películas clásicas como Dumbo, Peter Pan, El Libro de la Selva o Los aristogatos. Según el comunicado, la compañía tomó la decisión de prohibir esas películas en las cuentas de los niños, siguiendo la opinión de un grupo de expertos externos, compuestos por organizaciones líderes que abogan por las comunidades que representan y son la vanguardia en impulsar el cambio narrativo en los medios y el entretenimiento. En Dumbo, un grupo de cuervos usa estereotipos para representar a afroamericanos; un problema parecido se da en El libro de la selva, mientras que Peter Pan es criticada por la forma en que representa a los nativos americanos y Los aristogatos por la imagen en que representa a los asiáticos. En uno de mis comentarios en video, en mi canal de Youtube, dije que el dilema es que usar un estereotipo social y burlarse de ese estereotipo social son dos cosas distintas, pero ese es el mundo de extremismos de toda índole que estamos viviendo.
Recientemente tenemos el caso más conocido de la cancelación cultural por racismo, en este caso lanzada por la población blanca: Disney hizo una sirenita mulata… y la población blanca puso el grito en el cielo, se pidió que no se proyectara esa película… pero cuando los niños la vieron en todo el mundo vieron a una sirena, no vieron a una mulata…
En el caso de Cuba, un país donde lo ideológico establece las normas, sigue siendo un tema de menor importancia, que es asumido por el gobierno solamente cuando conviene a sus estrategias de proyección internacional del proyecto social “Revolución Cubana”.
La cancelación cultural, en el caso de Cuba, no responde a la pérdida del límite de justas reivindicaciones sociales, como sucede en otras partes del mundo, sino a los lineamientos político/culturales establecidos en el Programa Cultural de la Revolución que, como sabemos, parten de lo establecido inicialmente por Fidel Castro en sus “Palabras a los intelectuales” para todos los ámbitos de la sociedad y del pensamiento social, y que se delinean muy claramente en los estatutos de las distintas organizaciones y estructuras de dirección cultural que configuran el entramado cultural cubano. Así, aunque disfrazada de humanismo revolucionario, la cancelación cultural no se ha manifestado tanto en el bloqueo de obras y autores específicos (que también ha existido a lo largo de 6 décadas) como en el de impedir el estallido social o el descontento social por problemáticas que el programa político/social de la Revolución considera deben resolverse mediante decretos y por las vías establecidas por el Estado… por eso no es de extrañar que no se acepte en el discurso político/gubernamental la existencia, por ejemplo, del racismo como fenómeno social y se suaviza el asunto como “manifestaciones en la sociedad”, o de la homofobia, o de la violencia de género…
Es un tema que se ha debatido bastante y, en mi opinión, de modo bastante profundo y profesional. Son bien recordados los espacios de discusión en la sede de la revista Criterios, en programas de diálogo sobre esos asuntos propuestos por Desiderio Navarro. También, y con la participación de especialistas latinoamericanos, se realizaron discusiones en la Casa de las Américas… El problema es que, como sabemos, estos espacios eran permitidos e incluso fomentados por la dictadura como catalizador de opiniones hacia las instituciones que, a fin de cuentas, debían ser las responsables de ofrecer respuestas y soluciones a esos problemas puntuales… En este sentido, los cubanos vivimos un suceso que es un botón de muestra muy claro de lo que digo: las cancelaciones culturales múltiples que ocurrieron en distintas áreas de la cultura cubana en los sesentas y setentas, en lo que se conoció como Quinquenio Gris (al que otros llaman Período Gris porque ocupó desde la mitad del 70 y hasta mediados del 80) se convirtieron en un problema para las autoridades cubanas en la llamada Guerrita de los Emails, de 2007, cuando un amplio grupo de intelectuales y escritores de la isla y la diáspora cruzaron mensajes de correo electrónico manifestando preocupación y alarma por los homenajes que, en espacios importantes de la televisión cubana (que, como se sabe, es controlada por el Partido Comunista) se le hicieron a tres antiguos represores del Quinquenio Gris… Para frenar la avalancha de quejas que se les iba de las manos se resolvió organizar reuniones de catarsis en las cuales las instituciones debían canalizar y resolver las persistencia de las heridas y del problema de esas cancelaciones y censuras. Como sabemos, nada cambió. O sí, para peor.
He dicho en otros espacios que vivimos en un mundo donde para defender, supuestamente, los derechos de minorías marginadas, se comienza a marginar a quienes no pertenecen a esas minorías. Algunos hablan ya de dictaduras de las minorías y eso cuando se vive en una sociedad de derechos, es muy peligroso. El derecho a la queja, el derecho a protestar contra algo que no nos gusta, es un derecho de todos. Si aceptamos eso, entonces tendrá que ser igual de relevante la queja la comunidad LGTBI cuando pretende cambiar en las escuelas la perspectiva con que debe enseñar las diferencias de la orientación sexual y esa otra queja de otras minorías, mayormente denominaciones religiosas de distinto credo, que no desean que sus hijos reciban ese tipo de perspectiva educacional.
Me resulta preocupante que el modo en que se procede hoy, en todos los extremos y espectros de esta discusión social, apunta a un solo camino, el asesinato de la historia de la humanidad. Como la historia misma ha demostrado, la aniquilación irracional de las diferentes perspectivas con que se ha construido esa historia y el modo en que ha sido reflejada en la cultura no es la solución. Siguiendo ese camino llegaremos a querer borrar cualquier indicio que nos recuerde esas meteduras de pata que como humanidad perpetramos en el pasado, por ejemplo, ese horror que fue la esclavitud, pero también esos horrores que fueron el genocidio nazi o los más de 45 millones de muertos provocados por la Revolución Cultural en China. La historia se analiza y de ella se aprende, no se borra. No es eliminando esas visiones, aún cuando sean arcaicas, retrógradas, incorrectas políticamente, el modo de empezar a construir una nueva visión. Es analizando desde las libertades del presente, el atraso humano, ético que esas otras visiones pudieran representar. Enseñando a las nuevas generaciones a no burlarse de lo distinto, a respetar las diferencias, a convivir con la diversidad en igualdad de derechos. Una sociedad abierta, plural y sobre todo inclusiva solo será posible mediante la aplicación en la sociedad, y en nuestra cabeza, de una palabra que en estos tiempos brilla por su ausencia: tolerancia.
De la tesis doctoral “La palabra en plenitud de Salvador García Jiménez”, de María Josefa Espín López, Universidad de Murcia
Salvador García Jiménez, escritor español.
La voz espiritual: de lo humano a lo divino
Locura celestial de San Juan de la Cruz, del escritor ceheginero Salvador García Jiménez, ya alcanzó el éxito literario en 1992 con el título Las ínsulas extrañas, Premio de América por su calidad literaria, ahora publicada en la colección Caribdis, de Ilíada Ediciones.
Es importante destacar, una vez más, la trayectoria narrativa, poética y ensayística de Salvador García Jiménez. Hace treinta años que la profunda admiración por la personalidad y la obra de San Juan de la Cruz le llevaron a escribir sobre la esencia de la doctrina mística del carmelita surgiendo así entre el autor y el personaje una identidad emocional indiscutible.
No es la primera vez que García Jiménez convierte a escritores relevantes en personajes literarios, procedimiento que el autor inició con Kafka en La peregrinación, con García Lorca en La sangre desgranada de Federico García Lorca, y repetiría con Cervantes en La vida en ultratumba de Miguel de Cervantes (1616-2016). Y es que, en este momento de plenitud creativa, recurre a la biografía novelada, una modalidad narrativa de vanguardia. Lo novedoso y, al mismo tiempo paradójico, es que lo convierte en el género de la modernidad revitalizando el viejo motivo de reescribir los recuerdos de San Juan de la Cruz para superar la frontera entre la memoria y el olvido en un pacto de intimidad entre el yo, que escribe la historia, y sus lectores, convertidos en confidentes.
Tras la obra hay riguroso trabajo de investigación que atestigua la erudición de García Jiménez y la fiabilidad de los materiales consultados durante cuatro años: libros, protocolos en archivos, referencias de incalculable valor histórico, cultural y literario que convierten Locura celestial de San Juan de la Cruz en la interpretación más original del pensamiento de San Juan de la Cruz.
Esta biografía no es sólo un discurso de sí mismo, sino más bien un memorial de vida en el que San Juan de la Cruz rememora su realidad cotidiana describiendo en sus confesiones un tesoro incalculable de anécdotas que le permiten divagar, comentar y recordar la verdadera e histórica realidad que casi nunca aparece en los libros. Este dibujo de la realidad en el que el protagonista 254 es la voz y el confidente, testigo directo de su vida, ahora dibujado como un personaje novelesco, quizá sea uno de los valores más importante de este libro.
Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.
García Jiménez escribe Locura celestial de San Juan de la Cruz para recomponer verazmente las experiencias humanas y místicas del santo hasta convertirlas literariamente en ficción, vivificando escenas repletas de sensibilidad para manifestar que el amor humano y divino es el tema más bello.
El enigmático título, Locura celestial de San Juan de la Cruz, remite a los versos de Santa Teresa de Jesús “Cuando esto escribo, no estoy fuera de esta santa locura celestial”. Esta simetría permite a García Jiménez utilizar la cita dialéctica como referente intertextual para jugar con su significado, justificando no ser freudiano al aludir a San Juan de la Cruz mientras el santo ensueña esa locura de la fe que tiene y el amor a Dios.
El título es una metáfora de los sentimientos de San Juan cuando recuerda su vida en el lecho de muerte, momento en el que recupera secuencias de su vida mediante el más puro recurso cinematográfico conocido como flashback. A lo largo de toda la obra, el autor concreta el hilo narrativo en lo existencial del camino de purificación que es el testimonio de la fe del protagonista y que se muestra en las experiencias místicas que padece el santo motivadas por su amor a Dios, que busca la auténtica comunión con él, declarando en el delirio el sufrimiento y su ansia de Dios.
Lo más novedoso de la biografía novelada es que se superan los límites entre lo literario y lo no literario por el carácter híbrido del subgénero que permite trasvasar la realidad histórica y entrelazarla con lo literario para describir el itinerario vital del protagonista y que se reconstruye mediante secuencias biográficas con referentes históricos que se describen con gran carga afectiva y emocional.
García Jiménez escoge un narrador en primera persona para construir un relato autodiegético. De esta manera, la novela gana en intensidad porque la voz que cuenta la historia describe sus virtudes humanas desde el sacrifico y la entrega a Dios. En su monólogo con Dios, donde fluye la conciencia del personaje, San Juan encuentra en él al mejor intérprete para la difusión de sus vivencias que va desplegando a modo de crónica.
En el entramado literario del libro aparecen casos de intertextualidad en forma de citas textuales, referencias a predicadores de su tiempo, alusiones a 255 obras literarias de la liturgia sagrada y a sus poemas. García Jiménez combina la fidelidad de los datos históricos con pasajes verdaderamente imaginativos de inspiración literaria pura, como el capítulo sobre la levitación “Creen que una capa es para levitar”, inspirado en un texto manuscrito no publicado del beato fray Andrés Hibernón.
Juan de Yepes Álvarez, San Juan de la Cruz (Fontiveros, 1542 – Úbeda, 1591)
Resulta especialmente relevante la intratextualidad porque García Jiménez retoma historias, personajes y vivencias presentes en otras obras suyas. Ejemplo de esto lo encontramos en el capítulo “Zarzal de acero” cuando el escritor hace alusión a la reliquia de la Santa Pluma del Ángel San Gabriel, uno de sus sellos literarios recurrentes. Se basa también en un texto escrito por él anteriormente para crear uno nuevo en el cuento “Caelum Caeli”, incluido en la colección de cuentos Caelum Caeli (1989), que supone el germen del capítulo “Creen que una capa blanca es para levitar”, de su novela Las ínsulas extrañas (1992). Fray Juan Zarco de Gea se había atribuido a sí mismo la autoría de textos escritos por otros que publica en la prensa nacional durante años. El protagonista del cuento, el Padre Juan de San Ángelo, pasa a denominarse Fray Pedro de los Ángeles en la novela, hallamos diferencias en la alusión a ciertos personajes: “El hermano Gabriel”, en el cuento, frente a “Mi cándido Gabrielillo”, en la novela. Por otro lado, el escritor introduce en el capítulo “Zarzal de acero” de Locura Celestial a Martín de Ambel, protagonista de La gran historia de honor de don Martín de Ambel (1997), con el nombre de Javier Medina, un hermano de la Cofradía de la Santa y Vera Cruz, que en ambas obras acaba con la vida del alférez mayor por cuestiones de honor.
La complejidad estructural del relato se debe a que la narración no guarda una progresión cronológica lineal de la vida de San Juan, sino que es una superposición de aventuras en el tiempo y el espacio, en donde las reflexiones del hombre entregado a Dios, San Juan, se mezclan en pasado y presente. Romper el tiempo sucesivo constituye una novedad discursiva importante, porque desde un presente vivido San Juan evoca con la mirada retrospectiva las cantigas de su sufrimiento.
La obra se inicia con el capítulo “El mar, una sola lágrima de Dios”, que ofrece una mirada panorámica de la vida del Santo ya en el lecho de muerte y que cumple la función de exponer la experiencia de su vivencia espiritual. Los dieciséis capítulos sucesivos recogen anécdotas que emergen de sus 256 experiencias vividas. El simbolismo y la alegoría de los títulos de los capítulos contienen una variada temática existencial: el dolor humano por la injusticia, el descubrimiento de la muerte como elevación de la experiencia vital, el acercamiento a Dios que culmina en el ansia de inmortalidad, la espiritualidad referida a la reforma de la orden del Carmelo y la persecución por parte de sus compañeros descalzos, que lleva al lector a un proceso de catarsis.
Otra cuestión interesante es la ficción novelesca que García Jiménez introduce con la alusión inicial del título “locura celestial” referida a Santa Teresa y la carta contenida en el capítulo final “Alba y Úbeda” que refuerzan la circularidad de la obra. Es casi una fabulación, aunque algunos fragmentos han sido extraídos de cartas originales de Santa Teresa, constituyen una estrategia literaria que permite recomponer la vida que San Juan de la Cruz y Santa Teresa habían compartido juntos. Nueve años había tardado en llegar la carta después de la muerte de Santa Teresa. Recuero, el cartero, antes de fallecer confesó que había guardado la carta como reliquia, porque Santa Teresa había muerto en olor de santidad. Al final de sus días, arrepentido, decide entregársela a San Juan. Así parece que ambos personajes están muriendo al mismo tiempo gracias a la tardanza de la carta. Es extraordinaria la brillantez de la metáfora que cierra el final de la novela: “Cuerda arriba, lluvia arriba, me iré con los anzuelos que pudieran salir de las campanas y el musgo de las tejas a reclinar mi rostro en el amado” (2022: 254).
En la obra aparecen espacios reales explícitos, naturales y urbanos, que aportan verosimilitud y credibilidad al relato mediante descripciones detallistas y evocadoras. El motivo del viaje o del camino presenta dos interpretaciones posible: una externa, que se correspondería con lugares físicos y emblemáticos como la cárcel de Toledo, la plaza Zocodover de Toledo, Úbeda, Puerto de Cádiz, México, Caravaca de la Cruz, Murcia, Ávila, Granada, Medina del Campo, Toledo, Baeza y Lisboa, se convierten en el eje de un mundo novelesco y mítico habitado por además por personajes reales —los carmelitas descalzos que conviven con él, los enemigos que lo someten a prisión y las monjas—, que aportan historicidad a la biografía novelada; y otra interna o más personal, que constituye la espiritualidad. Por otro lado, podemos asegurar que la etapa de oscuridad que supone la estancia en prisión inspirará los mejores versos de San Juan.
Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.
El libro sorprende al lector por los símbolos, la acumulación de imágenes, la alegoría de los títulos de los capítulos, los leitmotiv referidos a los elementos de la naturaleza (la fuente como presencia divina y de unión mística, la fuente escondida que remite a la santísima trinidad y la noche oscura como símbolo bíblico), las citas en latín y el uso constante de la metáfora, conjunto de recursos que le permiten a García Jiménez expresar los sentimientos de soledad, angustia, sufrimiento y amor en una prosa llena de lirismo.
Otra clave del éxito de la novela es el carácter compilador de algunas escenas de vida en las que se observa variedad de registros que van desde el tono coloquial hasta los momentos de la máxima inefabilidad en la expresión de lo espiritual. Todo esto es posible gracias a la poderosa capacidad de fabulación del autor lo que le permite diluir los límites entre la fantasía y la realidad. Es por eso que esta forma de narrar muestra un equilibrio prefecto entre el ritmo, la técnica y el valor de la palabra.
Para concluir, podemos afirmar que Locura celestial es la metáfora de los sentimientos que atesora el corazón de San Juan de la Cruz, la vida de un hombre que emociona a través de sus confesiones sobre el eterno tema de la fe en la vida y en el amor a Dios, uniendo diferentes motivos temáticos como la crítica a las beatas, el papel de confesor con las monjas de Beas del Segura, los procesos de la Inquisición, la reforma de los carmelitas descalzos, las alusiones metapoéticas explícitas a sus poemas “Cántico” o “Noche oscura”, el descubrimiento de la Cruz de Caravaca, el sufrimiento, la enfermedad y el éxtasis místico.
Animo a descubrir con la lectura de la obra el proceso de identificación entre autor y personaje, subrayando que García Jiménez muestra en Locura celestial la crónica más personal de San Juan de la Cruz sobre el la unión de la vida y el espíritu, de lo humano y lo divino.
Locura celestial: elogio y censura
Locura celestial de San Juan de la Cruz se presentó el 25 de mayo de 2022 en el Monasterio de los Jerónimos de Murcia organizado por la UCAM. En la presentación intervinieron: el escritor, Salvador García Jiménez, José Alberto Cánovas Sánchez, vicerrector de Asuntos Religiosos de la UCAM, Juan Cano Conesa, catedrático de Lengua y Literatura, exprofesor de la UCAM y doctor con la tesis doctoral «Escribiendo sobre la pluma de un ángel: Las novelas de Salvador García Jiménez», publicada por la Universidad Católica de San Antonio de Murcia (2004), María Josefa Espín López, profesora de Lengua y Literatura en el Instituto de Bachillerato San Juan de la Cruz de Caravaca, doctoranda con su tesis «La palabra en plenitud de Salvador García Jiménez».
El 13 de junio se presentó también en la Casa de la Cultura de Caravaca de la Cruz en acto organizado por el Ayuntamiento de Caravaca de la Cruz. El acto estuvo presidido el alcalde José Francisco García Fernández, el escritor, Salvador García Jiménez, el Padre Superior de los Carmelitas Descalzo de Caravaca, Pascual Almela Gil, el presidente de la Asociación Cultural San Juan de la Cruz, Francisco Romero Rodríguez y la profesora del IES San Juan de la Cruz María Josefa Espín López. En la velada el escritor desveló las claves del proceso de investigación cuando se hallaba escribiendo la biografía novelada de San Juan de la Cruz. Se produjo un intercambio de anécdotas curiosas, entre ellas, por ejemplo, los siete viajes que realizó San Juan de la Cruz a la ciudad de Caravaca, el lenguaje simbolista y repleto de lirismo de la obra.
Sin embargo, la intervención más interesante fue la de García Jiménez por el descubrimiento de la vinculación de San Juan de la Cruz cuando en uno de sus viajes visitó el Lignum Crucis o la relación con las monjas, los temas de la obra, etc. Sus primeras palabras fueron de homenaje a la Ciudad de Caravaca donde vino el santo con la misión de fundar un convento de su orden y como confesor de las monjas. Entonces recordó también la memoria de su madre por la vinculación con esta cuidad, así como al escritor Gregorio Javier y por último expresó su consideración con los desvalidos, en recuerdo de todos aquellos que sufren. No podemos olvidar que esta es una constante en su obra literaria:
Permitidme, por favor, que dedique estas palabras a la memoria de mi madre María Ángeles Jiménez Peñalver, que nació en Caravaca. Ya me gustaría mi ser hijo adoptivo de esta ciudad que se está convirtiendo en capital española del misticismo. Y permitirme también que recuerde a Gregorio Javier quien regaló el apelativo de la Cruz a vuestro pueblo con su novela Caravaca de la Cruz, amigo generoso y cariñoso que fue en el alba de mi adolescencia, con una cruz de oro sobre el cuello y unos cardos resecos en la mesa de su despacho. He venido casi como Frida Kahlo, a presentar estos cuadros de San Juan de la Cruz por el dolor de lumbalgia que arrastro. Ella fue en una camilla a ver en México la presentación de sus cuadros. Frida Kahlo para mi es una luz igual que lo es Teresa de Calcuta. Yo creo que San Juan de la Cruz si le hubieran preguntado en qué le hubiera gustado reencarnarse hubiera dicho en Teresa de Calcuta (García Jiménez, 13 de junio de 2022. [Presentación Locura celestial… en Caravaca]).
Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.
También expuso sus palabras más sinceras sobre sobre el tema de la censura de la novela, Locura celestial de San Juan de la Cruz, porque se le había prohibido presentarla en su pueblo, Cehegín. Así expreso con ternura su sentir:
He venido también con el dolorido sentir del desprecio que acaban de hacerme en mi propio pueblo, Cehegín. Cehegín me lo dio todo, la verdad, me dio el nombre de una calle, me puso el nombre para un concurso de cuentos, pero con esta novela cuando la UCAM y Caravaca me han tendido con sus alfombras rojas y su máxima generosidad, en mi pueblo me han dado dilaciones, vuelva usted mañana, en fin, no voy a presentar el libro más, pero bueno. Hubo un día en que yo en un libro dije que me sentía profeta en mi pueblo, está en el prólogo de ese libro que era del concurso de cuentos y ahora casi me alegra de no haberle corregido a Cristo el versículo. Cristo dice en San Lucas en 24.4 “Ningún profeta será bien recibido en su propia tierra”. Y pongo la voz también por toda la gente que se pueda sentir humildemente o no marginada. Yo, en realidad, no me siento marginado. Cehegín he dicho que me ha tratado bien, esto ha sido la corporación municipal y un concejal de cultura. Las cosas hay que decirlas. Dicen que soy polémico. No soy polémico, me gusta la verdad. A Cristo le gustaba la verdad. A Cristo cuando llegó del desierto a Nazaret, su tierra, comenzó a predicar y empezó la gente a gritar, hasta lo iban a echar y entonces lo dijo él. Eso de que nadie es profeta en su tierra lo dijo San Lucas en el 24.4 con las mismas palabras textuales que acabo de decir (García Jiménez, 13 de junio de 2022. [Presentación Locura celestial… en Caravaca]).
La crítica también ha sido acertada en esta ocasión Díez de Revenga publicó una espléndida crítica en La Opinión de Murcia con el título Un relato admirable sobre el autor del Cántico espiritual en el que califica la obra como biografía novelada, destacando la complicada estructura en capítulos que obedece a una ruptura temporal que “muestran los momentos estelares del trascurrir vital del santo renacentista, se ponen de manifiesto y se recuperan para Díez de Revenga, F. J. (22 de febrero de 2022). Un relato admirable sobre el autor del Cántico espiritual, el humanismo, los sueños y las luchas espirituales y carnales de San Juan de la Cruz”.
Díez de Revenga aprovecha para hablar del hombre, del religioso y del poeta, que tanta admiración ha recibido. Destaca aspectos relevantes de la obra, la vida del hombre llena de penurias, la referencia a lo poemas de la mística de renacentista de San Juan Noche oscura del alma, Cántico espiritual y Llama de amor viva, como obras maestras de espiritualidad y, la intensa labor de investigación de García Jiménez:
Se trata entonces de una excelente oportunidad para redescubrir no solo al hombre y al religioso universal (Juan Pablo II realizó su tesis doctoral en Roma, en 1948, sobre El tema de la fe en San Juan de la Cruz), sino también al excelso poeta que tanto admiraron muchas generaciones de escritores españoles y del hispanismo internacional hasta el presente. Biografía novelada completa y delirante que parte desde los días de la enfermedad y la agonía en Úbeda, cuando Fray Juan evoca todos los sucesos que trascurrieron en su complicada vida andariega, en una especie de confesión general previa a su comparecencia ante Juicio Final. Salvador García Jiménez también llevó a cabo, para documentar esta novela, un peregrinaje que le llevó, a recorrer durante cuatro años todos los conventos del Carmelo, en los que San Juan había estado, entre ellos el de Caravaca de la Cruz, que visitó en siete ocasiones. En la primera visita ascendió al castillo para besar el Lignum crucis: era noviembre de 1579, y así lo haría del mismo modo en las seis restantes ocasiones en que a Caravaca volvió (Díez de Revenga, 2022).
Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.
La vida del Santo vista desde el recorrido que hace San Juan desde sus últimos días representa la hondura del sufrimiento de uno de los tipos de personajes que suele escoger García Jiménez para sus novelas. El sufrimiento en prisión, el padecer por los poderosos que no lo quisieron, las idas y venidas por los caminos en su apostolado religioso, su enfermedad y algunas pocas anécdotas teñidas con el tinte de la ficción marcan el itinerario del recurso de su vida. Díez de Revenga alude a la escena final en que le llega la muerte:
Empeorada gravemente su salud, recibió la extremaunción y, sabiéndose próximo a la muerte, convocó al prior y a los frailes del convento, que acudieron a su celda, ya cerca de las doce de la noche. La escena, sigue sobrecogiendo tras la lectura de la novela de Salvador García Jiménez: llegan todos los frailes a la celda de Juan iluminándose con velas y cantando las oraciones de los muertos, el Miserere y el De profundis. Juan les pide que le lean el Cantar de los cantares y se entusiasma oyendo los poemas tan conocidos por él: ¡Qué preciosas margaritas!, exclama advirtiendo la hermosura de tales versos en su lúcida agonía. Al oír que la campana del convento sonaba, en ese momento, pregunta que a qué están tocando, y, cuando le dicen que tocan a maitines, pronunció una frase muchas veces recordada «Gloria a Dios, que al cielo los voy a decir», tras lo cual expiró. Acababa de comenzar el día 14 de diciembre de 1591 (Díez de Revenga, 2022).
En El Debate se publica una entrevista a García Jiménez titulada “El Misterio de la vida para un cristiano es descubrir cualquier atisbo de la existencia de Dios123” en la que se detallan algunos momentos vitales de la vida del Santo Desde su humanismo, sueños y luchas espirituales a través de la biografía. Explica García Jiménez la razón por la que eligió a san Juan de la Cruz:
Vine al mundo con un manto de misticismo, rezaba desde niño arrobado tratando de romper con la oración el muro que me separaba de los misterios del cielo. La comunión con el dolor de los demás me hizo caminar hacia el encuentro con san Juan de la Cruz, faro de inspiración para esta biografía. La primera autoficción de fray Juan de Yepes la publiqué en 1992, Las ínsulas extrañas, –Premio América de Novela–. Locura celestial… se enriquece con hallazgos totalmente inéditos. (García Jiménez, 2022)
Además, explica García Jiménez que el significado de los tratados que escribió en prosa Juan de Yepes para explicarles sus versos a las monjas que no entendían el significado de algunos conceptos de su poesía. El significado del título no se refiere a la locura que diagnostica un psiquiatra, el título remite a lo que dijo Santa Teresa de Jesús “Cuando esto escribo, no estoy fuera de esta santa locura celestial”, y con sus palabras precisa el significado:
El alma de fray Juan de la Cruz va como una loca enamorada detrás del Amado, como refleja en Cántico Espiritual. Para él, andar endiosado era estar lleno de Dios. La multitud de endiosados que vemos ahora presumir de cargos o dinero, nada que ver con aquello. (García Jiménez, 2022)
Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.
Puntualiza García Jiménez los detalles relativos a los viajes a Caravaca de la Cruz para fundar los conventos, los lugares emblemáticos que en la cuidad le recuerdan como El camino de san Juan de la Cruz desde Caravaca a Beas de Segura, la casa que habitó fray Juan convertida en Museo, su escultura en bronce y la hospedería del convento de Carmelitas Descalzos, “están encumbrando a Caravaca de la Cruz como capital del misticismo en España. En simetría, Caravaca se denomina de la Cruz por su Lignum crucis, alias de batalla que tomó fray Juan para conquistar el cielo”:
No olvidaría nunca a las jóvenes monjas que confesaba, intentando curar las dudas y la depresión de una de ellas, por recomendación de santa Teresa. Allí procuraría que los ojos no se le bajaran del cielo, que el olor a doncellez no le despertara más sentido que el olfato. Los fascinantes parajes de las Fuentes del Marqués rimarían con la «cristalina fuente» de sus versos. Sin embargo, no olvidaría hasta su muerte en Úbeda las horas que pasaba abrazado al relicario de su Lignum crucis en la pequeña iglesia del castillo, una astilla del madero de tortura que tanto había adorado. Gracias a una luminosa inspiración, pude poner en contacto en la novela a san Juan de la Cruz con el Lignum crucis, algo muy probable y casi seguro, en lo que nadie se había percatado hasta hoy (García Jiménez, 2022).
Ya hemos comentado que la biografía novelada sigue un orden inverso, esto es, San Juan recuerda su vida desde sus últimos días hacia el inicio de su vida. Es un relato de contrastes, como dice el autor va de “lo más transparente a lo más macabro”, pues cuando está agonizando sus hermanos están preparados para cortar su cuerpo pedazos para las reliquias. García Jiménez juega con el tiempo en retrospecciones y anticipaciones, para dilatar o contraer el tiempo:
Sigue la estructura tradicional de un flash-back fílmico. Durante los últimos días de su vida, Juan de la Cruz recuerda diversas estampas de su vida, en retroceso gradual hacia el pasado. En primera persona, en una autoficción, narra su estancia en la prisión en que lo retuvieron sus hermanos Calzados en Toledo, sus estudios universitarios en Salamanca, la vida con su hermano durante la infancia, la persecución cainita de sus propios compañeros de Orden, envidiosos de su santidad y de su pluma, etc. Descalzo no, pero sí con el alma desnuda, he ido descubriendo episodios inéditos de su vida. Rescaté de los fondos de la Inquisición el proceso de una de las novicias que él confesaba en Beas de Segura, una ilusa iletrada que, pretendiendo ser como santa Teresa, se inventó milagros espantosos, como el del Niño Jesús que entraba cada noche en su cuarto para acostarse con ella, llegando a regalarle un anillo de desposada. En las cárceles del Tribunal de la Inquisición la castigaron con doscientos azotes antes de echarla (García Jiménez, 2022).
Presentación en la Universidad Católica de Murcia, 2022.
P. Peñalver en el artículo “Con el alma desnuda124” hace una interpretación más bien filosófica de la biografía novelada y también refiera importancia de la estructura y de las referencias a lugares y fechas como ejemplo de documentación histórica de autor:
No parece posible entrar en la composición y estructura de esta Locura celestial…, pero sí se impone el énfasis de la metódica relevancia de los lugares y las fechas en los que surgieron la poesía de Fray Juan, que “espantó” en su día a Dámaso Alonso, y sus grandes tratados de mística. La voz del fraile arranca en Úbeda, a final de septiembre de 1591, adonde llega aquejado de unas “calenturillas” que le llevaron a la muerte tras apenas tres meses de cruel enfermedad. Desde ese momento y desde ese lugar, una celda visitadísima por sus “hermanos” carmelitas y por gentes del lugar en busca de confesión, el Fray Juan de esta novela evoca, según un orden interno más que cronológico, sitios y fechas ligados a momentos significativos de su vida, y de su fecundidad como escritor excepcional: Toledo (1578), Caravaca (1579), Duruelo (1568), Lisboa (1585), Granada (1580), Medina del Campo (1560) o Murcia (1585). Nuestro novelista apunta a que el protagonista murió de mal de senderos. Mucho anduvo de un lado a otro, las más de las veces buscando la soledad, pero también con la tarea de poner orden en conventos revueltos a veces por los místicos de pacotilla que eran los alumbrados, legión entonces, y que con alguna razón inquietaban a las autoridades de la Inquisición (Peñalver, 2022).
Explica Salvador García Jiménez en la entrevista “Explorar “hasta la última luz” para dar con la mejor historia125” que San Juan de la Cruz ha sido una figura trascendental en su vida, y que Locura celestial… es la biografía novelada “la más completa y delirante de San Juan de la Cruz, sobre un personaje fundamental para la mística y la literatura universal” (García Jiménez, 2022: 6).
Por último, citamos la entrevist realizada a García Jiménez en el programa Tarde Abierta en Onda Regional de Murcia, en la que informa sobre la biografía novelada del personaje fundamental de la mística española y de la literatura universal que en sus cuatro años de pesquisas y de escritura visitó todos los Carmelos y lugares de España por donde el santo dejó su huella, procura en estas páginas, además, reunir y separar al hombre que había en el santo y al santo que había en el hombre y que “San Juan veneró el Lignum Crucis en Caravaca y de él tomó su nombre”.
A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Asley L Mármol? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Asley L Mármol, el ser humano y Asley L Mármol, el escritor, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.
Me resulta difícil separar estos dos “egos” que mencionas pues son un mismo hueso en mi existencia; pero acepto tu reto y lo voy a intentar… Asley el ser humano vive obsesionado esencialmente por dos cosas, mi familia y mi fe. Mi esposa y yo hemos vivido juntos casi treinta años. Nos casamos en la universidad y salimos de Cuba exiliándonos en Holanda; hemos dado tantas vueltas, sufrido y logrado tanto que es como si fuésemos un mismo ser. Nuestras dos hijas nacieron en Los Estados Unidos y son seres increíbles, muy exitosas, ambas en la universidad en estos momentos. Son nuestro mayor logro y hemos sacrificado todo por darles la vida que no tuvimos y creo lo hemos logrado en gran medida. Sobre mi fe pudiéramos discurrir toda una noche y parte de la mañana, pero al menos he de decir que soy un hombre con una sed espiritual enorme. El Asley escritor lucha por exprimir la vida minando tiempo para hilvanar obras que posean aliento para existir por sí mismas y sean dignas de llegar a alguna parte. Busca maneras de vivir escribiendo y no meramente escribir cuando se pueda. Vive constantemente elucubrando poemas fallidos, historias pretenciosas y tramas imposibles que probablemente terminará desechando; pero que acaso en momentos de elevación seráfica se conjuran frente a mí y toman la forma textual que se les antoja.
Aunque seguramente alguno se molestará con esta afirmación: la Cuba en la que creciste, incluida esa Habana periférica donde entraste al mundo de la cultura, era un entorno muy rico y lleno de posibilidades para desarrollar el talento creativo, especialmente los nuevos creadores. ¿Qué recuerdas de esos primeros momentos en tu vida como escritor?
Permíteme ofrecer un poco de color a tu afirmación. Mis años germinales como escritor en Cuba fueron breves pero intensos; estamos hablando de los últimos cinco años de la década de los noventa. Admito que horizontalmente el entorno literario e intelectual era bastante diverso, pero recuerdo padecía de poca profundidad y originalidad en muchos casos además de estar plagado de limitaciones. Para los escritores más jóvenes podía tornarse asfixiante. Los escritores consagrados dominaban los escasos medios que existían y los espacios para los novicios o carecían de autenticidad y relevancia o requerían de una integración política hacia las instituciones oficiales que instintivamente detestaba. No obstante, a pesar de mi juventud tuve el privilegio de conocer y codearme con grandes escritores y artistas que me marcaron como intelectual. Figuras como Pablo Armando Fernández, Eduardo Heras León, Lina de Feria, artistas plásticos como Roberto Diago, entre muchos otros abrieron sus puertas y ofrecieron su experiencia a aquel joven obstinado en conquistar la perfección estética. Ya había logrado aparecer en publicaciones oficiales como El Caimán Barbudo, Unión, Alma Mater y otras revistas de corte independiente como Jácara, DeLiras, Verbum. También formé parte de la antología Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo que incluyó a los autores más jóvenes del momento, publicada por Letras Cubanas en el año 2000. El medio como tal, aunque parecía empezaba a reconocerme, se tornaba para mí cada vez más en un anillo ofídico con el que rompería definitivamente a finales del año 1999. De haber permanecido en Cuba habría de sucumbir irremediablemente ante la oficialidad para poder acceder a los principales medios de publicación y fuentes de empleo en el campo de las letras. No obstante, fueron años que atesoro en la memoria. Uno de los momentos que me marcó para toda la vida fue en uno de aquellos talleres literarios a nivel municipal o provincial, no recuerdo bien, creo que tendría no más de quince años, presenté lo que creía era un relato titulado “Testimonio de una oreja.” Uno de los miembros del jurado, tras haberme explicado que semejante texto carecía de una trama por lo que no calificaba como cuento, me aseguró que yo era plausiblemente un escritor y me exhortó a continuar escribiendo, otorgándome además una mención especial. Aquel miembro del jurado eras tú, Amir. Otro momento fundamental fue haber participado en el primer taller de narrativa Onelio Jorge Cardoso fundado por Eduardo Heras León y Francisco López Sacha donde se aglutinaron los principales narradores jóvenes del momento, donde también estuviste, Amir. Tuvimos el privilegio de estudiar con escritores de la talla de Senel Paz y Leonardo Padura entre muchos otros. Fue un momento crucial en mi formación. Como es lógico tras abandonar el país y comenzar a publicar en los medios del exilio, solo unos pocos estaban dispuestos a continuar asociándose conmigo; precio que estaba dispuesto a pagar a cambio de la libertad.
Hay una experiencia en tu vida de la que me gustaría hablar: fuiste uno de los “cabecillas” de uno de los proyectos más originales que he conocido en la historia de las revistas cubanas… Jácara, una revista de manuscritos, si no me equivoco, conjuntamente con el también escritor Luis Rafael Hernández. ¿Cómo fue esa experiencia?
Jácara fue el arca y el diluvio a la vez. Arca en cuanto a ofrecernos un medio confiable para distanciarnos de la mediocridad imperante y trazar nuestra propia ruta. Conocer a Luis Rafael, con quien he mantenido una muy buena amistad durante todos estos años, fue trascendental en mi vida. Hombre muy culto y con un profundo sentido de nuestra futuridad, vio en mí quizás lo que ni yo mismo era capaz de discernir. No solo me presentó a Jácara, me invitó además a subdirigirla y crecerla. Diluvio pues acaparamos la energía de los autores menos reconocidos que nos negábamos a embadurnarnos con la politiquería oficial o con el extremo opuesto de un discurso contestatario muy de moda en aquellos años en que el gobierno quería aparentar una apertura cultural. Queríamos hacer literatura y punto. Nos remontamos a la estética del grupo Orígenes y propusimos una revista insólita en la historia de las letras cubanas: publicaríamos los textos manuscritos de puño y letra de los autores. Muchos de los escritores de marras se rieron en nuestras caras, pero más nos reímos nosotros cuando nombres como Cintio Vitier, Fina Garcia Marruz, Jose Kozer, Excilia Saldaña, Rafaela Chacón Nardi, Dora Alonso, Roberto Fernández Retamar, Pablo Armando Fernández, Lina de Feria, Eduardo Heras, Waldo Leyva y muchos más, se tomaron el tiempo de sentarse a escribir en la mejor caligrafía que les era posible sus colaboraciones. Por supuesto que en sus páginas figuran también decenas de escritores jóvenes, muchos subvalorados, compartiendo el espacio con figuras consagradas, propósito principal de la revista. También comenzamos a incorporar a pintores de calibre con ilustraciones originales: Zaida del Rio, Eduardo Fabelo, Roberto Diago, Nelson Domínguez, Pedro Pablo Oliva, Alfredo Sosabravo, ilustraron las páginas de Jácara. Tuvimos, gracias al apoyo de Fefé de Diego, quien nos abrió los archivos de su padre el gran poeta Eliseo Diego, el increíble honor de publicar un poema manuscrito inédito de Jose Lezama Lima, además de textos manuscritos de Eliseo Diego y Gastón Baquero. En fin, gracias a su audacia y autenticidad, Jácara fue un fenómeno literario de esos que te llevan sin quererlo a formar parte de la historia.
Cuba, un día queda detrás y apuestas por el exilio, como otros millones de cubanos, con todo el trauma del desarraigo que eso suele representar para la mayoría. Y mientras en Cuba publicaste apenas un poemario, ya fuera de la isla desarrollas una carrera literaria más sólida y que, además, se extiende a otros géneros, el cuento, la novela. ¿Qué te ha dado y que te ha quitado el exilio?
Huir de tu país natal en busca de la sanidad mental y la libertad que te eran negados es un proceso tan duro como un trasplante de alma. El exilio no solo te desarraiga, sacude el basamento de tu devenir, de tu carrera. Tuvimos que dejarlo todo atrás, un futuro que conducía a la servidumbre, pero que aun así era el nuestro, labrado con ansias y sacrificios. Al cabo del tiempo te acostumbras, las heridas cauterizan y el pasado se vuelve un punto cada vez más lejano en el tiempo. Con los años se difuminan los nombres de las calles, las caras de la gente, pero nunca alcanzas a borrar las huellas y la presencia de esa patria sufrida. Luego, mientras más te sumerges en tu nueva vida las sombras, esta vez coloridas y danzantes, reaparecen haciéndote sucumbir en la nostalgia. Quienes emigran por razones meramente económicas no pueden entender lo que sufren los inmigrantes cubanos; es como el dolor de un hijo que pierde a la madre. Pero no todo son penas; el exilio es el mundo, ese mundo que nos ocultaban cuando vivíamos inmersos en el experimento político castrista. Y sed de mundo tenía. Mas allá de lo material, el acceso a la cultura, la información, la diversidad política fue impactante para mí. Ver el mundo con mis propios ojos y poder construir una familia, un modesto legado que, aunque no valga mucho es auténticamente mío sin tener que agradecerle a político o gobernante alguno. Algo muy especial que nos da la condición de exiliados es que nos une de una manera especial como pueblo, como grupo étnico. En cualquier punto geográfico donde encontramos a otro cubano o cubana, al menos a mí me sucede, sentimos una conexión inmediata y la necesidad de ayudarnos mutuamente. A este País en el que vivo y a las generaciones de cubanos que nos precedieron les debemos mucho y vivo satisfecho más que nada por haber podido darles a mis hijas un futuro en el mundo libre; pero tal vez hubiese preferido mil veces una vida menos lujosa en una Cuba libre y democrática.
Hablemos de tus dos novelas: Magister dixit y The Watchers. ¿Te animarías a resumirle a un hipotético lector qué va a encontrar en esas dos obras?
Magister Dixit (latín que significa ‘el designio del maestro’ o ‘el maestro ha dicho’) ocurre en las nefastas escuelas en el campo durante el llamado período especial en la primera mitad de la década de los noventa. Los protagonistas son una pareja de estudiantes, Jesús del Monte y Magdalena Casals (Magda) quienes son acosados mental y físicamente por su profesor de matemáticas, Fausto, un hombre de vasta cultura, una suerte de genio frustrado, cabalista y esoterista quien logra envolver a Jesús, valiéndose de la sed por aprender del estudiante, con su aura mística con el fin de sacarlo de su camino para poseer a Magda. El trasfondo de miseria, asfixia existencial, adoctrinamiento político en que viven los personajes ensombrece más aun el entramado dramático de la historia que inevitablemente termina de manera trágica para fatídico triángulo amoroso.
The Watchers (Los vigilantes, novela en inglés) es la historia de dos hermanos cubanos judíos, descendientes del linaje sacerdotal Aarónico, quienes viven en mundos antagónicos. El mayor, Daniel Coen, no quería regresar a Cuba. Desde las alturas de su éxito empresarial en Miami, su familia y la isla de su infancia eran un recuerdo borroso en su vida perfecta. A noventa millas más al sur, el genio creativo de Emanuel, el hermano menor, no paraba de meterlo en problemas con la oficialidad en su querida Habana. El caos se adueña de sus vidas cuando una misteriosa y poderosa familia que afirmaba ser descendiente de Los Vigilantes, los ángeles caídos de antaño quienes sucumbieron a la tentación y se mezclaron con las mujeres dejando un linaje monstruoso según afirma el libro de Genesis, habían hecho una fortuna ayudando a dictadores alrededor del mundo a permanecer en el poder. Daniel se ve obligado a regresar a la isla una vez que Los Vigilantes lograron tener a Emanuel bajo su control, valiéndose de medios sutiles con el objetivo de atraer al hermano mayor de regreso a Cuba, donde tienen su base de operaciones. Daniel debe hacer su parte para facilitar la extracción de la isla de un objeto antiguo y extremadamente valioso que supuestamente aseguró la longevidad en el poder de su poseedor temporal, Fidel Castro. La prioridad para Daniel es recuperar a su hermano y sesgar la influencia de Los Vigilantes de sus vidas. En el proceso, se ven inmersos en un mundo de sórdidas redes de poder que los colocarán en medio de situaciones increíbles en algunos de los lugares más fantásticos del mundo.
¿En qué se diferencia el poeta Asley L Mármol de ese cuentista Asley L Mármol que escribió El interior de la montaña
Al poeta no le queda más remedio que dilucidar el misterio que es la colisión entre la imagen y el verbo teniendo lugar constantemente en el alma. La poesía fluye cuando alcanzo la paz interna y me rodeo de las cosas que me empujan a crear. Estas pueden ser de naturaleza disímil como puede verse en mi libro El esplendor, una especie de compendio de varias facetas creativas y momentos evolutivos como orfebre de la palabra. Períodos de extrema tensión me cierran el ojo interno que ve dentro de esa dimensión impredecible e inexplicable. El narrador vive constantemente absorbiendo el fluir del mundo, los acontecimientos, intentando visualizar el eje de una historia antes de escribirla, al menos el rictus de lo que será. Como te decía más arriba, dejo que mi espíritu guíe a mi mente que como ave cetrera sale a encontrar conflictos humanos que tengan el potencial de devenir en algo digno de narrarse. Tengo varias historias visualizadas y estructuradas en mi mente aguardando el momento preciso para volcarse en el papel.
No te vinculas a ninguno de los usuales grupos literarios o movimientos que existen en la diáspora cubana en Estados Unidos; de hecho, vives como una especie de lobo solitario en esos ámbitos. ¿A qué se debe esa lejanía?
La verdad es que, tras haber vivido por casi por dos años en el limbo legal de un proceso de asilo político en Holanda, al llegar a Los Estados Unidos las circunstancias me obligaron a concentrarme en mi familia y la faena que pone el pan en la mesa. No me quedó más remedio que desconectarme del mundo intelectual por unos años. Nunca dejé de escribir y continué publicando en alguno que otro medio, mayormente poesía y artículos periodísticos. Terminé de escribir mi primera novela que había comenzado en la universidad antes de irme de Cuba en 1999. Inicié un proyecto editorial alrededor del año 2008, Editorial Sigla, donde publiqué tres obras: Lis desea de Luis Rafael Hernández, una reedición de tu novela Muchacha azul bajo la lluvia y mi primera novela, Magister Dixit. Tenía ya muchos textos de autores notables en revisión, pero no fui capaz de sobrellevar las presiones de mis obligaciones cotidianas y no quería defraudar la confianza de los autores por lo que decidí cerrarlo por completo. Debo confesar que estar al margen no es algo necesariamente negativo. Me permitió escribir The Watchers, el cual fue un proyecto muy riesgoso mayormente por ser mi primera novela directamente al inglés -libro que Eduardo Casanova Ealo diseñó y publicó en el año 2020 en su fantástica Editorial Primigenios en Miami-, y trabajar en mi tercera que espero terminar este 2023 titulada Poemas de sangre, una historia de amor en medio de los conflictos entre grupos mafiosos que operaban en Ybor City y cuya trama fluctúa en el tiempo desde principios del siglo pasado hasta la actualidad.
Siento en la proyección que haces de tu obra publicada un deseo latente de integración al universo angloparlante de la cultura. Incluso tu segunda novela fue publicada en inglés y no existe una edición en español. ¿Deseas alejarte de “lo cubano”? ¿No te preocupa que eso te coloque lejos de los análisis que, en algún momento, pueda hacerse de tu obra, especialmente sabiendo que la cultura en la que vives no ha sido para nada inclusiva con los escritores de nuestro idioma?
Lo que está ocurriendo en el mundo literario y editorial en Los Estados Unidos es algo sumamente interesante. La cantidad de libros que se publican y autopublican es increíble, en los miles de títulos al año. Se escribe mucha literatura de pacotilla, pero hay un auténtico público lector que consume diversos tipos de literatura. También la demanda de los diversos canales de streaming y Hollywood por contenido fomenta la creación literaria. No te miento que me interesa mucho penetrar ese mercado y llegar a dicho público, lo cual es bastante difícil en mi experiencia; me refiero a trabajar con editoriales y agentes literarios. Es un mundo muy competitivo debido el alto volumen de obras y autores; son muy específicos en lo que buscan y muchas editoriales pequeñas no tienen la capacidad de publicar muchos libros al año. Permíteme especificar que como dice el refrán ‘lo cortés no quita lo valiente.’ El ser cubano no se separa de mis letras. Mi novela en inglés The Watchers te lo demuestra. A pesar de que intenta atraer a un público más amplio e incluso insinuarse como adaptable para la pantalla (de hecho, la adapté recientemente como guion de cine), el conflicto político y social cubano es la columna vertebral de la historia. Es un thriller bona fide que abunda en la historia bíblica, conflictos políticos internacionales y se mueve en parajes exóticos, históricos y ricos desde el punto de vista cultural. Mi tercera novela, esta vez escrita en español, ocurre también dentro y fuera de Cuba y la mayoría de los protagonistas son cubanos o cubano americanos. Me es imposible aislarme de mi esencia, aunque sí intento universalizarla, salirme de esquemas preestablecidos pues después de todo el exilio nos ha dado la posibilidad de escribir desde un prisma más universal. Me siento un poco como un Alejo Carpentier (perdóname la comparación) en el sentido de que era un hombre que había visto el mundo y podía escribir desde parajes foráneos pero su esencial cubanía sale a relucir directa o indirectamente.
Cuba… ¿qué significa hoy para Asley L Mármol?
Un anhelo al que no puedo renunciar. Un dolor profundo al ver la desolación de la gente y la depauperación física y espiritual del país. Sueño con regresar cuando un cambio democrático trascendental suceda a ayudar a reconstruir la democracia y las instituciones sociales, políticas y culturales que por décadas han fungido como instrumentos de opresión o adoctrinamiento comunista. Soy optimista de que Cuba pueda recuperar el tiempo perdido y detener la regresión económica en unos pocos años y que los millones que estamos fuera -junto al talento y sed de progreso de los que viven dentro- pondremos lo que hemos aprendido y los recursos e influencias que podamos aunar en función de reestablecer el país y convertirlo en una nación moderna, exitosa y próspera.
Finalmente, hablemos de tu más reciente libro: El reflejo, que en edición bilingüe acaba de publicar Ilíada Ediciones. ¿Qué encontrará el lector de novedad en este libro, en el contexto de tu poética?
No hay nada nuevo bajo el sol, pero sí creo que El reflejo nos pone delante de uno de los conflictos humanos más cruciales de la historia desde una perspectiva inusual: los hijos como negación de los padres en medio de un mundo dominado por las redes sociales y corrientes ideológicas de extremos. Es una visión poética del conflicto filosófico intergeneracional visto desde ambos puntos de vista. La sección ‘Ellos’, pretende definir el ethos de las nuevas generaciones, sus puntos débiles, pero también su brillantez como seres humanos en una gesta por corregir lo que suponen fueron errores cometidos por la generación anterior. ‘Nosotros’, es un desgarrador compendio del trauma existencial de los padres al enfrentarse a las distintas etapas y reacciones en el desarrollo espiritual e intelectual de sus hijos. El conflicto es inevitable, más la complementación en ese proceso de negación dialéctica será la conclusión; el entendimiento de que cada generación deconstruirá a la anterior para luego tomar de ella los rasgos que enriquecerán su novedosa configuración. Creo que este libro hace el intento por comunicar conceptos bien definidos con la mayor claridad posible dentro del lenguaje poético, sin renunciar al lirismo ni caer en burdo coloquialismo. También se aleja de amaneramientos estéticos innecesarios, purgando la maleza exuberante que suele abundar en la mente del poeta. Creo en un discurso poético que sugiera y eleve a la vez. Espero haberlo logrado en El reflejo.
A modo de presentación hacemos siempre a nuestros invitados un reto: el de mirarse e intentar explicar a los lectores de OtroLunes ¿quién es Manuel Neto Dos Santos? La respuesta, como para profundizar más el reto, debe enfocarse en dos aspectos inseparables pero que, con todo propósito, quiero que respondas por separado: Manuel Neto Dos Santos, el ser humano y Manuel Neto Dos Santos, el poeta, teniendo en cuenta en qué sentidos se contraponen o complementan estas dos “áreas” de tu vida.
De verdad, el hecho de que desde niño haya sentido la voz poética en mí me ha hecho convertirme en la persona que soy actualmente: soy todo fruto de la poesía y de mi fascinación por mi lengua materna, por su musicalidad, su cadencia y su destino. Toda mi vida ha tenido, tiene y tendrá sentido sólo bajo la égida de las palabras.
¿Cuándo sentiste por primera vez ese deseo de escribir que, como se ve por tu amplia obra, cambiaría el sentido de tu vida? ¿Cómo fueron esos inicios?
Hijo de campesinos analfabetos, fue la musicalidad de la voz de mi padre recitando de memoria versos de poesía popular lo que despertó en mí esta fascinación por la rima, las palabras y las «historias» contadas en verso. Tardes de las interminables noches de verano, una calle llena de vecinos de una sencilla aldea algarvia escuchando leyendas de moras encantadas, canciones sobre la naturaleza, el trabajo en la tierra, sueños de amor… todo entonces se quedó indeleblemente impreso en mi alma de niño, en el timbre de mis oídos. Al unísono, la voz melódica de mi madre contestándole a mi padre en fados clásicos… no es de extrañar que ya a los 7 u 8 años empezara a escribir mis primeras «rimas».
Si te preguntaran por el origen de tu mirada poética… ¿de dónde se nutre Manuel Neto Dos Santos para escribir poesía?
Cuando se sufre la ausencia del primer amor… a los 15 años, la poesía fue mi forma de desahogo confesional. El hombro amigo sobre el que sobrevivir. Soy el eterno poeta de la infancia, del amor, de la naturaleza… Más tarde, la influencia arábigo-andaluza en la lengua portuguesa y en mi esencia como algarvio, la mitología greco-latina, la lectura compulsiva de clásicos, un poco de todo el mundo… y la escritura como diario ritual, aun más.
En el mercado del libro y la literatura es un verdadero reto insistir en la poesía, ya que es un género que pocas editoriales quieren publicar. Sin embargo, tú insistes en hacer poesía y en traducir al portugués a otros poetas. ¿Cómo se percibe ahora mismo en Portugal a los poetas?
A nivel general y universal, estos días son días en que las editoriales andan en la búsqueda del beneficio a toda costa. Portugal no es una excepción. Las editoriales portuguesas vienen sufriendo este paradigma de los poderes editoriales que sostienen la «edición en masa». Hay autores «famosos» (a los que nadie lee) con ediciones de miles de ejemplares en cada edición, cuyos libros luego son destruidos; los «aprendices de editores» prestan su sello editorial cuando, en realidad, es el propio poeta quien paga la edición. En mi caso personal, al principio de mi vida «editada» ya lo hacía pero… con más dignidad: iba pidiendo puerta a puerta a mis amigos el compromiso de que compraran ejemplares y sólo entonces acudía a la imprenta. Hoy en día… pocas son las editoriales que consideran a los creadores literarios como un eslabón esencial en la preservación de la cultura portuguesa.
¿Qué razones crees que influyen en que la literatura de Portugal, salvo los casos muy conocidos de Pesoa y Saramago, no sea tan mencionada en el escenario de la literatura internacional?
Tanto Pessoa como Saramago tomaron la dirección de la universalidad de la escritura. Hay otros autores mucho más importantes que ellos, pero no están «de moda». Pessoa, con su tragedia personal, eligió «desdoblarse» en heterónimos para sobrevivir al vacío de una existencia abrumadora de desasosiego. Su obra ha sido requisada en innumerables «estudios» de corta y pega por eruditos que jamás han escrito un simple poema… buscando sólo créditos para sus pavoneantes egos curriculares… ¿Saramago?… se embarcó en la irreverencia de la escritura provocadora de la no puntuación. Irreverencia en una “carcel mental” te convierte en un heroe. Ganó puntos en su registro, ganó un Nobel…, ganó casi todo; escribió como quien habla, en un «exilio» de su elección… fuera de Portugal. Lanzarote fue su «centro del universo». Los cientos de grandes poetas restantes… son poco «vendibles», demasiado portugueses debido a la profundidad y sinceridad de sus almas genuinas, más que producto comercial son esencia, por eso escapan al gusto común.
Uno de los poetas que has traducido al portugués es el cubano Rafael Vilches Proenza, que forma parte del Consejo Editorial de OtroLunes. Cuéntanos cómo descubres la poesía de Vilches Proenza y cómo fue la experiencia de traducir a uno de los más importantes poetas cubanos de la actualidad.
No creo en las coincidencias. Un día, paseando por Facebook, me topé con un poeta de quien nunca había oído hablar: Rafael Vilches Proenza. En un impulso traduje uno de sus poemas y lo compartí. Me respondió, contento. No sabía yo que estaba delante de uno de los más grandes poetas que conozco. Así llegó a mi vida y así tuve, más tarde, el honor de traducirlo. Más… Un magnifico POETA, con sangre lusa en sus orígenes: «Proenças». Desde el primer momento, el compromiso ante mí mismo (como siempre hice con los 23 poetas que le precedieron): leer y releer en voz alta, sentir que sólo prestaba mi voz lírica, mi linguaje, a un hermano de esencia. De los muchos cientos de poemas, elegí unos setenta, le di la idea de una «antología» y, poema a poema, con los que más me identificaba, De la isla-carcel a la flor de la libertad poco a poco aparecía. Meses y meses, verso a verso, poema a poema, en un acto de respeto y humildad ante un Enorme Poeta. Espero, de todo corazón, haberle rendido el debido homenaje.
Si tuvieras que explicar la poesía que va a encontrar un hipotético lector en tu poemario “Abundatia Cordis”, publicado recientemente en Ilíada Ediciones, ¿qué le dirías a ese lector?
Sin sombra de duda, Abundantia Cordis es el libro de mi madurez como poeta, una bandera, desplegada, meciéndose a manos de las brisas de quien, de hecho, soy. Concebido, escrito, en una estructura de casa que por mis propias manos se levantó, más que una compilación de poemas es mi retrato más perfecto: lírico, homosexual, místico, agnóstico, sensual, nostálgico, panteísta, amante incondicional de la Lengua Portuguesa. Un hombre de esperanza en la desesperación. El eterno niño que pide pan, limosna, ropa en un país bajo el yugo fascista. Un poeta que lo sea de verdad tiene que desnudarse en la plaza pública. La poesía, en su registro dictatorial, no admite máscaras. Mucho mejor el rostro acariciado por los aplausos, arrugado por los sueños que aún espero que se hagan realidad.
Sabemos que eres un escritor incansable… ¿en qué proyectos de escritura andas ahora mismo?
De momento ando en la traducción de varios poetas y, al mismo tiempo, reviso textos de edición (bilingües o sólo en portugués) de los siguientes títulos: El libro de Demeter, Vita Brevis, Opus Numero Cero y El libro de los retornos.