Para el amor o la nada

Los dioses destruidos
Lola Tórtola
Rialp. Col. Adonáis. Madrid, 2023

Distinguido con un accésit del premio “Adonáis”, Los dioses derrotados es el primer poemario de Lola Tórtola (1997). Un bautismo lírico que sorprende por la fuerza expresiva de su verso y la reflexión intrínseca que atesora su discurso.

Dividido en dos apartados, el primero que da título al conjunto y “Un destrozo endiosado”, el volumen converge en una conciencia que late por lo ido y lo futuro, que se busca en las huellas que trazaron una senda y en las pisadas que aún restan por andar. Porque la autora murciana se adentra en una escritura que se hace existencial y empírica, en un decir que aúna sus viajes extranjeros -Italia, Grecia…- y desvisten en sus singladuras la intimidad y el propósito de su ánima: “Voy a encargar un dios nuevo,/ lo haré a nuestra imagen y semejanza:/ pasará/ su bello cuerpo las noches en vela/ y no sabrá nada”.

Lola Tórtola se sabe inmersa en una realidad que pareciera presentar grietas, fallas por donde la vida se desequilibra (“Lo heredamos todo destruido”). Por eso, su anhelo es construir un diálogo común que sea alternativa al diario acontecer, que deje atrás lo artificial, lo vacuo y hable de frente con la naturaleza de lo humano: “He acechado el brillo, y avanzando por la cobertura de la sombra/ he encontrado el pliegue de la luz/ y me lo he puesto entre los dedos”. Y con esa lumbre, precisamente, el yo lírico va iluminando estas páginas donde también caben la memoria y el olvido, la dicha y la tristura, en una suerte de mapa íntimo que cartografía las regiones del corazón: “La única parte mía del caudal de mi vida/ será para el amor/ o la nada”.    

Lo que antaño fuese juventud, fantasía, afán, es ahora incertidumbre, recelo, complejidad. Mas queda esperanza, pues la edad no es ahora una simple ventaja, sino un valioso privilegio desde el que remontar la mirada y fundar un horizonte sin fronteras: “No temas si notas por dentro arder las venas”.

En suma, un libro para entender y entenderse desde lo profundo, para disfrutar de la exuberancia de un verbo honesto, legitimado en “el finito olor de la vida”.

Las palabras precisas

El cielo roto de Shanghái
Estefanía Cabello
Bartleby Editores. Madrid, 2022

Tras la publicación de 13 segundos para escapar (premio de poesía “Gloria Fuertes”, 2017), Estefanía Cabello dio a la luz La teoría de los autómatas (2018), premio “Valencia Nova” de la Institució Alfons el Magnánim. De aquel poemario, dejé anotado que la identidad del ayer y su mudanza se erigían en temática principal. A la escritora cordobesa, no le era posible volver el corazón a lo pretérito ni tampoco dejarse cautivar por la incertidumbre del mañana, pues sus párpados se abrían silentes hacia nuevos horizontes prendidos a la duración de lo vivido: “Crecer no es aprender a despedirse”.

Ella, y su poesía, han crecido en este tiempo y, de ello, da cuenta El cielo roto de Shanghái, un volumen que respira reflexión y lucidez y que se sostiene desde un yo vulnerable, inclinado hacia el estupor y la soledad, hacia los interrogantes que procura el lenguaje: “¿Cómo creer en las palabras precisas,/ cómo saber lo que está dentro de mí…?”.

Esa búsqueda interior deviene en la incertidumbre de una realidad ilimitada que roza lo onírico y se dirige sin premura a los territorios ya hollados. A sabiendas de que cuanto su boca pronuncie será espacio venidero por descubrir, la autora aprehende con mimo toda la semántica de su decir y la ofrece de forma puntual, certera. Y así, entrelazada al tiempo que inunda su circunstancia, alumbra los versos conjugando lo terrenal y lo mítico: “Todos estos caminos me unen a ti/ y el mirar a través de techos/ que se abren al mar. Has venido para mostrarme/ a Eros joven y a Eros adulto”.

Al igual que para Gaston Bachelard la casa natal era no sólo origen sino también, hogar de sueños, de ilusiones y de estabilidad, para Estefanía Cabello la poesía es la morada donde reconducir la patria de la infancia, el refugio donde refundar sus creencias. Y, desde esa sugestiva atalaya, su cántico alcanza su mejor expresión en este libro de madurados y preclaros acentos, pues su verbo se hace semilla y cosecha, piel y cuerpo habitables al son del ayer: “Yo solo hubiera ido hasta el final,/ porque solo se puede ir hacia el final/ y hasta el fondo,/ en lo que dice el ruido/ en mis ojos. Muy lejos de mí/ hay una niña que baila/ frente a un espejo y se pregunta/ si hace frío ahí fuera”.

El oro de ese tiempo

Poemas con patatas y una margarita
Ana María Drack
Torremozas. Madrid, 2023

En 1970, Ana María Drack editó el primero de sus diecisiete discos. Su música y su voz fueron cómplices de una generación de mujeres que encontró en la canción protesta un vehículo de expresión durante el periodo de transición político y social de nuestro país. En 1984, publicó el primero de sus cinco poemarios, Poemas con patatas y una margarita, que reedita ahora Torremozas.

    Dividido en tres apartados cronológicos, “1968 – 1973”, “1973 – 1978”, “1978 – 1983”, el volumen radiografía -en cierta manera- la situación de la mujer española en unas décadas en las que fue progresando hacia la liberación, la autonomía, la igualdad, y, sobre todo, hacia una identidad vital con plenos derechos. 

La autora ilicitana va tornando su verso en clamor y desahogo: “Ya no tengo el horario de agujas y calceta (…) Ya no espero impaciente/ que regreses a casa,/ no tengo que dar cuerda ya/ a ningún reloj./ Ahora escribo/ y soy libre de morir/ cuando quiera”.

Lo cotidiano se alinea con la memoria y se hace realidad concreta en un proceso de despojamiento y desposesión desde el que el sujeto poético consigue deshojar las ataduras e ir despertando desde sus propias virtudes. El verso se hace catarsis (“Me busco en las palabras/ de todo lo que escribo”) y renace con pureza a través de los pensamientos y los actos que van creciendo, que van renombrándose. Porque un velo amatorio, de mutua comprensión, quiere coronarse sobre todo cuanto está sabiendo a esperanza: “Me basta el hombre simple/ que entienda mis poemas/ y me quiera a destiempo/ (cuando no hay Luna Llena)./ Que comparta conmigo/ la cocina y la noche,/ que busque en el océano/ la razón de la vida/ y en la tierra sembremos/ entre los dos un árbol”.

     Lo narrado, lo evocado, lo fabulado, conforman una visión integradora de una conciencia confesional, que quiere reafirmar su dignidad, que anhela ocupar instantes espacios propios y comunes, y cuya aspiración primigenia sea el saberse en un universo justo e igualitario: “Comparto lo que oyes,/ lo que ves, lo que sientes,/ el oro de ese tiempo/ que devoramos juntos./ Comparto la distancia/ que compartes conmigo/ y, como tú, espero/ que encontremos respuestas”.

Lo inefable del asombro

Nada desaparece para siempre
Jorge Villalobos
Pre-Textos. Valencia, 2022

Con el aval del XXXVI premio “Unicaja”, se edita Nada desparece para siempre,de Jorge Villalobos (1995). Es la tercera entrega del escritor marbellí tras La ceniza de tu nombre, premio de la Crítica de Andalucía Opera Prima (2017) y El desgarro, premio “Hiperión” (2018).

Construido con precisión sobre una atmósfera de acentuado lirismo, el volumen recorre la relación del amor y la muerte en una suerte de canto vital y pleno de acordanza. El verbo se torna recapitulación que precede a una íntima toma de conciencia y desde el que se es capaz de reescribir una simbología visionaria, benefactora.

 “Aunque cueste aceptarlo, hoy ya sabes/ que la vida es aquello que dijeron:/ una casa, un trabajo, una familia”, se lee en el poema que sirve de pórtico. Consciente de que “el asombro, la aventura, lo inefable” fueron el anhelo que ahora marca distancias con la edad, el yo lírico busca redimirse de cierta orfandad que dejó en su interior la consumada experiencia de lo acontecido. Porque, como paisano del tiempo y su circunstancia, Jorge Villalobos se expresa sin máscara alguna dando paso a una oralidad de sabios y certeros ritmos, de milimétrica textura, de cromático impresionismo, con la que pretende, además, incidir en lo balsámico de la palabra: “Quiero que mi poesía sea útil/ que salve alguna vidas (…) Que estés a gusto en estas líneas/ como en las buenas camas de hospital/ modernas, que se elevan con un mando/ para que estés tranquilo./ Dedicar mis esfuerzos, que parezca un hotel./ Cada rincón con su metáfora/ y con su ambientador”.

El valor seminal de estos poemas ahonda en el originario esencialismo de un verso depurado, de reflexiva autenticidad, que sirve para dar cuenta de la contumaz búsqueda de lo trascendente. Y, aquí y ahora, el poeta cordobés alza lo mejor de su voz en textos clarividentes, que revitalizan su fidelidad creadora y que hacen de su grito enamorado, humano y lírico compromiso: “Lo más difícil de tu muerte/ no fue verte quieta en el ataúd,/ ni tampoco llevarlo a hombros,/ sentir el peso de la pérdida (…) Lo más duro fue besar una última/ vez tu frente/ helada, rígida, distante”.

En el mar del sentido

Nadie nos cuida en el sueño
Cristóbal Domínguez Durán
Pre-Textos. Valencia, 2022

Tras la edición en 2018 de Secuelas, premio “Arcipestre de Hita”, Cristóbal Domínguez Durán (1993) publica Nadie nos cuida del sueño, premio “Universidad Carlos III de Madrid”.

En uno de los poemas más breves del conjunto, el autor vejeriego concluye: “Quiero vivir/ una imagen nunca antes/ vivida”. Y, desde ese renovado imaginario, el sujeto poético se afana en indagar en otros universos desde los que establecer coordenadas carentes de lo racional e inventariar una cartografía intuitiva, en donde se presientan el eco de los ángeles o los fantasmas del sueño “que vuelven a decir/ palabras como quien acurruca/ en las manos madroños caídos”.

En el decir de Domínguez Durán hay una itinerancia identitaria con argumentos que alientan la ficción, que rozan otros entes capaces de hilvanar geografías atemporales. Claro que, para ello, es inevitable aceptar el devenir de espacios que permitan dirigir la mirada hacia lo mítico, lo utópico, lo alegórico: “Se manifestó un día/ igual que un ectoplasma/ pero su presencia, con el rostro/ lleno de cien ojos o más/ fue tan rápida que no alcancé/ a contárselos./ Sé que en algún momento/ antes de irse me dejó dos de esos suyos/ los dos con los que ahora veo/ observo los nervios secos de las hojas/ que caen y llena de Tierra/ la Tierra”.

Dividido en tres apartados, “Desvivirse”, “Nadie” y “Presencias en el sueño”, el volumen se alinea de manera unitaria en la reformulación de una existencia que siempre es consciencia y, en donde lo cotidiano, pueda ser desprendimiento o abandono, mas a su vez, alimento indisoluble para lo venidero. El poeta gaditano anhela advertir de la pureza que sigue anidando en su pretérito y su mañana, y mediante la tensión versal de su discurso tender puentes para ser cómplice de todo aquello que pueda saber a enigma y a presagio: “Argonautas o leños flotando/ en el mar del sentido (…) Algo tartamudea/ desde el fondo/ del cerebro/ pero quien está ahí/ e intenta expresarse/ terminará por ser/ entendido (…) Para no llegar al colapso/ estar siempre en la búsqueda/ de nuestra propia interpretación/ No preferir nunca/ la ignorancia/ no preferir nunca/ no escribir”.

Afán de lo cotidiano

Compás de espera
María del Carmen Mestre
Editorial Metamorfosis, 2023

María del Carmen Mestre (Felanitx, Mallorca), lleva varias décadas construyendo una obra sincera y coherente. Su quehacer poético está jalonado por destacados premios -“Ángaro”, Alcaraván”…,- y su decir en prosa ha tenido en el relato un fiel aliado.

En 2013, dio a la luz su primera novela, Aquella canción de Elvis, donde se adentraba en una historia donde la pérdida de la inocencia se entremezclaba con la búsqueda de un compromiso vital más novedoso y fructífero. Escribí, entonces, que los personajes allí reunidos eran fácilmente reconocibles y familiares, pues la prosa de la autora balear tenía, además de los citados ecos poéticos, una difícil sencillez que aproximaba de inmediato al lector a la intimidad de los actantes.

Una década después, publica Compás de espera, cuyo hilo conductor comparten Susana y Diego, una pareja que empieza a caer en la apatía y rutina del matrimonio. Con estos mimbres, aderezados con la aparición de Julián, un constructor que atraviesa penurias económicas y de un común amigo, Alfredo, la narración va creciendo mediante una trama bien equilibrada a la hora de dosificar los acontecimientos.

Recomendaba Chejov no relativizar la trascendencia de los elementos que van apareciendo en cada relato y, aquí y ahora, María del Carmen Metre se afana en exprimir hábilmente cada una de las circunstancias que doran el ánima de sus protagonistas. Y lo hace, en muchas ocasiones, mediante diálogos plenos de agilidad, reveladores del peculiar carácter de cada uno de ellos y completando un sugerente cuadro instrospectivo. Porque la incertidumbre de las figuras  aquí reunidas se torna, en suma, sugerente y cuasi utópico afán, sobre todo cuando se alcanza a descubrir el empeño de cada cual en encontrar sentido y finalidad a su respectiva existencia.

Una de las mayores virtudes de esta novela es la forma en que la escritora mallorquina maneja los tempos narrativos y cómo sabe detener y acelerar la acción. La analepsis, la prolepsis y la elipsis son también recursos hábilmente insertados al hilo de estas páginas que dan fe de un vigorosa expresividad verbal, construida sabiamente sobre la reconstrucción y exploración de las relaciones afectivas.

Morir de lejanía

Los nadies
William Alexander González Guevara
Hiperión. Madrid 2022


Con el aval del premio de poesía joven “Antonio Carvajal”, ve la luz Los nadies, primer poemario de William Alexander González Guevara. Este nicaragüense de veintidós años, estudiante de un doble grado de Lengua y Literatura más Periodismo en la Universidad Rey Juan Carlos, remite en su bautismo lírico a una materia donde prima la realidad social vigente.

Confiese el autor en una nota previa, que es este un poemario “que escribí -más del 90 % de la obra- de los 11 a los 17 años de edad. Desde mi llegada a España allá por 2011 (etapa final del colegio) hasta mis vivencias de adolescentes en Carabanchel, barrio obrero del sur de Madrid, donde me he criado y desarrollado la segunda parte de mi vida hasta hoy en día”. Así que, desde esa óptica íntima, más rotundamente empírica, el sujeto poético se hace mensajero de los aspectos cotidianos a los que ha enfrentado su destierro: inadaptación, desamparo, terca burocracia, dificultades económicas… “Al mutismo se enfrenta el inmigrante,/ al transcurrir senderos de penuria,/ al dolor que generan los kilómetros./ El inmigrante evita morir de lejanía”.

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Don de su belleza

La lentitud de la deriva
Federico Gallego Ripoll
Mahalta Ediciones, 2022


Hay en el ser humano una inclinación al bien conforme a la naturaleza de la razón, del cual deriva su instinto de conservación, su anhelo de supervivencia. Son distintos los modos de concretar tales preceptos, si bien, es cierto que la escritura es uno de ellos. Y en el reino de la poesía, su potencia común es la voluntad de conectar, de transmitir un mensaje que sea alianza verdadera para el lector.

Desde esa premisa, Federico Gallego Ripoll lleva décadas trasladando su lírica realidad hasta su lectores, fieles sin duda a una trayectoria coherente, solvente y cómplice. Ahora, La lentitud de la deriva añade un título más a su dilatada obra y lo hace con la misma sabiduría y la misma virtud intuitiva de siempre.

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La última cosecha

Desde el azul del mundo
Andrés París
Editorial Alhulia. Col. Calíope. Granada, 2022


Tras Sonetos y velas vanguardistas (2011), Entre el infinito y el cero (2015) y Como nace el agua (2020), Andrés París da a la luz Desde el azul del mundo (2020), galardonado con el II premio internacional de poesía joven “José Antonio Santano”

Este madrileño del 95, graduado en Bioquímica y doctorando en Biociencias moleculares, vertebraba su anterior poemario desde una esencial verosimilitud, desde una intensidad acumulativa que derivaba en unánimes secuencias de las cuales extraía la itinerancia de su entendimiento.

En esta nueva entrega, su verso se hace aún más constante y su vigencia vehicula instantes que remiten a vigorosos anhelos, a desprendidas raíces, a mansos horizontes de vigente realidad. Claro que, todo cuanto palpita en lo profundo del ánima, conlleva, a su vez, un sujeto que se cuestiona e interroga sobre cuanto alberga la realidad de lo vivido: “¿Quién podría susurrar entre voces amigas,/ como anfibio acostumbrado/ sobre hojas de una charca nueva/ el silencio que nos ha encontrado alguna vez desnudos?”

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Horizonte de la desposesión

Maestro de distancias
Jordi Doce
Abada Editores Madrid, 2022


Tal vez, la duración sea la emoción vital más persuasiva en el bordón del ser humano. De un extremo a otro de nuestra temporalidad, nos sabemos finitos, si inclinados a creer que esa voz que llama desde el otro lado no dirá nunca nuestro nombre.

En este invierno que principia, frente al fuego que abraza la leña, me he dejado ganar por el último libro de Jordi Doce, Maestro de distancias. Un volumen con un centenar de textos en prosa, sabiamente ritmados, y de donde emana la iteración de palabras y silencios que afinan y memoran realidades y visiones: “En aquel sueño éramos tres contra la nieve. En aquel sueño, insensatos, éramos tres contra el empuje del frío”. Y, sin embargo, ese helor anhelante que desprenden algunas de estas páginas, se hace verbo cálido gracias a una dicción poderosa, comprendida en secuencias que atrapan y aúnan sentimientos interminables por su propia provisionalidad.

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