Berta Tabor
dice:
Juana es una gran escritora. Su escritura es exigente y desprovista de frivolidad. No teme abordar temas incómodos ni remover las conciencias con una inteligencia nunca carente de empatía. Su contundente prosa posee no obstante un hermoso lirismo y las imágenes que evoca perduran en el tiempo y en la memoria.
Años después de haber leído La noche ciega, conservo aún con nitidez la imagen de una niña columpiándose en un bello jardín, ajena aún a la tragedia de una cruenta guerra civil. Recuerdo haber sentido como propio el terror y la impotencia de las familias hacinadas en el Velódromo de invierno, y percibido la bocanada de aire cálido que golpea el rostro de la niña y el repentino aturdimiento que debió de embargarla cuando logra escabullirse milagrosamente del infierno y escapar a una calle parisina insultante de normalidad.
Juana hace inteligibles la maldad y la mezquindad que se engordan en una dictadura y que la nutren, en El bulevar del miedo; la pederastia y el maltrato ocultos tras la fachada de una familia bien, en La faz de la tierra; pero sabe reflejar también lo mejor del ser humano, la belleza, la entrega desinteresada, el amor, como ocurre en su La noche ciega.
Juana sabe hacer y hace buena literatura.
Juana Salabert es además, tal y como cabe esperar cuando se ha leído su obra, una gran mujer. Es una persona buena, generosa, coherente en palabras y hechos, a la que tengo la gran fortuna de considerar mi amiga. A ella le debo que mi primera novela viera la luz. Después de que la entrevistara en la radio a raíz de la publicación de su poderosa Hijas de la ira, su maravilloso homenaje a la valentía de unas mujeres durante la Guerra Civil, charlamos como dos viejas compañeras del Liceo Francés de Madrid que no se habían visto hacía años. Juana se ofreció a leer el manuscrito que yo había escrito y me llamó al poco tiempo para decirme que le había gustado. Unos meses más tarde me llamaba de nuevo, esta vez para pedirme que se lo enviara a un editor amigo suyo que quería leerlo. Tuve la suerte de que a él también le gustara y que decidiera publicarlo. Cuento esto para mostrar que Juana es así, generosa y comprometida también en su vida. Una mujer que se involucra, una escritora que no se aísla en su torre de marfil.
