Eugenia Rico
dice:
Juana Salabert no sólo es una de mis novelistas preferidas de los últimos tiempos, es además una de las personas que más quiero del mundo literario en español. Juana es una gran escritora, de esas que te hacen descubrir que las palabras son puertas que llevan a otros mundos. Leerla es reconciliarse con la literatura como acto de dignidad. Hace ahora algunos años que no nos vemos pero no hemos dejado de querernos literariamente. El tiempo de los libros que no es el tiempo de los hombres marca nuestra relación desde que leí Velódromo de invierno y me quedé impresionada. Yo no puedo vivir sin leer. Todo lo que soy lo descubrí en los libros y para mí descubrir un autor nuevo que me llena y me colma es descubrir un color, un sabor., una nueva forma de estar en el mundo. Yo era muy joven y con Salabert descubrí el concepto de “libro necesario”, una noción a la que necesitamos acudir ahora que el entretenimiento se nos impone como la razón de ser de la industria editorial. Nunca lo fue y nunca lo será. Ni Flaubert ni Salabert escriben sus novelas para entretenernos sino para sacudirnos, para darnos placer y también dolor como saben hacerlo el amor y las buenas novelas.
Hay otros mundos pero no están en este. Las series de televisión y los videojuegos superan pueden dedicarse a entretener. Desde el “Lazarillo” la buena literatura está consagrada a conmover los cimientos de nuestra conciencia, a darnos otra dimensión de la vida y de nosotros mismos.
Recientemente mi querida Ana María Matute y Juana Salabert reivindicaban en un gran medio que las escritoras dejasen de ser las hermanas pequeñas de la literatura. La primera mujer que entro en la Academia fue Carmen Conde en 1978. Estoy segura de que veremos a Salabert en la Academia y espero que cuando esto suceda el único género importante sea el género literario.
La literatura no es en Juana una diversión sino una exigencia, un descubrimiento, la necesidad de regalarnos pedazos de realidad que de otra forma no podrían ser nuestros. Escribir en España es llorar. Al menos gracias a autoras como Juana Salabert leer en España no lo es.
