Cine Latino de Humor Negro (V):
Cuarteles de invierno

Alfredo Antonio Fernández

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El filme Cuarteles de invierno (1984) basado en la novela de igual título y año de publicación reafirma doblemente la presencia de Osvaldo Soriano (1943-1997) en el cine y en la literatura como un autor de éxito1.

La adaptación cinematográfica de 115 minutos de duración estuvo a cargo del conocido actor y director chileno Lautaro  Murúa2.

3-Alfredo-Antonio-Fernandez-EsteLunes-Otrolunes43-1En cierta forma el filme funciona como una saga de una novela anterior (No habrá más pena ni olvido)  igualmente trasladada de la palabra escrita a la imagen cinematográfica3.

Tanto en las novelas como en los filmes las acciones transcurren  en un ficticio poblado de la periferia de la provincia de Buenos Aires denominado Colonia Vela que tiene “un doble” real en la geografía de la Argentina en el poblado llamado Capitán Sarmiento.

En lo que al tiempo ficticio transcurrido entre uno y otro filme se refiere el cambio es mínimo pues solo median unos pocos meses, sin embargo, todo parece haber cambiado drásticamente. Colonia Vela ya no es el escenario de las luchas fratricidas entre los bandos rivales del peronismo, ahora el pueblo está en poder de los militares que después de haber ganado la “guerra sucia” contra la hueste opositora han entrado en estrecha alianza con los políticos y los ricachos.

El filme Cuarteles de invierno transcurre entre el atardecer de un día sombrío y frío y el amanecer del siguiente día igual de sombrío y frío. Y de principio a fin será un filme marcado por la tristeza, el olvido  y la desolación.

A Colonia Vela, en tren, desde la gran metrópolis de Buenos Aires, llega un par desigual de idéntico desclasado status: el boxeador en proceso de jubilación Tony Rocha (actor Eduardo Pavlosky)  y el cantor de tango también en proceso de retiro Andrés Galván (actor Oscar Ferrigno).

El dúo Rocha-Galván no se conoce entre sí y su presencia en el pueblo se debe a que son invitados de honor al festival de “la pacificación” de la llamada Junta de Reorganización Nacional. Y serán los huéspedes de un anónimo señor Suárez, un anfitrión del que muy pronto sabrán su verdadera identidad: el teniente coronel Suárez (actor Arturo Maly), todopoderoso factótum  de Colonia Vela.

Ya de noche el dúo Rocha-Galván tras ser revisadas sus identidades y pertenencias por los militares comparten cena y pensión y empiezan a ser copartícipes mediante comentarios a media voz  de los secretos y misterios ocultos del pueblo.

Hace ya tres años que el ejército, la policía y los paramilitares controlan el pueblo. Los militares patrullan las calles montados en jeeps,  portan armas y otro tanto los policías de uniforme y de civil en autos Ford modelo Mustang que son emblemáticos de la represión4.

Gráficamente un parroquiano del café en el que cenan y desayunan  les hace saber al dúo Rocha-Galván el pasado y el presente.

– Los militares no dejaron perro con cola en el pueblo.

Una parte de la población se ha ido a vivir a otras zonas o al extranjero, otra parte se ha auto exilado en sus casas con el perenne recuerdo de las pasadas víctimas  de la represión de “la guerra sucia”  (el alcalde Fuentes, el piloto Cerviño, el loco  Peláez) y el temor de que puedan ser las próximas víctimas.

El  Dr. Águila Bayo, que  se esfuerza por ser  la cara amable de la Junta de Reorganización  Nacional,  invita al dúo a su mansión para hacerle saber las “reglas del juego”.

A  partir del encuentro con el comisionado la mayor parte de las futuras incidencias del filme adquieren un tono previsible que le restará dramatismo aunque el director se esfuerce para que la atmósfera sea cada vez más de humor negro y absurdo.5

3-Alfredo-Antonio-Fernandez-EsteLunes-Otrolunes43-4Serán de previsible tono de humor negro una serie de secuencias que en conjunto ocupan en pantalla la  mitad o más del filme.

  1. La regla de oro de la estancia del dúo Rocha-Galván en Colonia Vela será que ambos deben destacar en sus presentaciones el exitoso rol del ejército en las tareas de pacificación.
  2. El encuentro fortuito entre el bóxer Rocha y Martita (actriz Adriana Ferrer), la hija del Dr. Águila, desembocará en un futuro involucramiento sexual clandestino de los amantes desnudos en el lecho sorprendidos por el cantor de tangos Galván.
  3. La respuesta del cantor de tangos Galván cuando los militares le hacen saber que vendrán por él en la mañana para llevarlo a misa en la iglesia.

-Vine a Colonia Vela a cantar no ha confesar

  1. La presencia del dúo Rocha-Galván en los cafés y en las calles de Colonia Vela levantará las más disímiles reacciones.   Unos como Mingo (actor Ulises Dumont) se mostrarán solidarios con los forasteros y “les abrirán los ojos” sobre las intenciones de los militares al traerlos a Colonia Vela;  otros tomarán el gesto del bóxer Rocha, que saluda a todos levantando los brazos, como una risueña parodia rioplatense  de Rocky Balboa.
  2. En las paredes aparecerán amenazadoras pintas en alusión a los visitantes de Buenos Aires.

“En cada Rocha un torturador” denuncia una frase y otra advierte “Galván cantor de asesinos”.

¿Quiénes son los autores de las pintas? ¿Militares en activo? ¿Militantes peronistas anónimos? ¿Provocación?   ¿Auto provocación?

  1. No aparecerán los culpables y los militares, por sí o por no,  se apresurarán a cubrir con cal  los escritos y a tomar las anónimas denuncias públicas como una excusa para aumentar la represión.
  2. Galván no le firmará el autógrafo a un policía que se lo pide a punta de metralleta y lo llevarán al comando y le dirán que le van a pagar aunque no cante pero tendrá la obligación de regresar a Buenos Aires esa misma noche.

3-Alfredo-Antonio-Fernandez-EsteLunes-Otrolunes43-2Un punto de viraje o de inflexión realista dentro de una narrativa visual signada por el previsible tono de humor negro ocurre más allá de la mitad del filme cuando Galván, acompañado de Mingo –un sobrevivientes del peronismo en Colonia Vela que será asesinado por un comando parapolicial-, se acerca a una casona iluminada en medio del campo (burdel) donde los militares festejan con mujeres y bebidas anticipadamente el triunfo en el ring del sargento Marcial Sepúlveda.

El sargento Sepúlveda ha asumido la pelea como una orden de victoria o muerte dictada por el mando y jura delante de sus compañeros uniformados que colman el interior del teatro municipal de Colonia Vela que saldrá coronado campeón del ring.

El cantor Galván se da cuenta que todo ha sido un “teatro dentro del teatro”  preparado de antemano  y se esfuerza por alertar  a su compañero Rocha que el acto final de  la farsa se  avecina. Ambos deben tomar una decisión: acatar la voluntad de los militares, del comisionado Águila y de los ricachos del pueblo o rebelarse contra la previsible derrota que les tienen programada6.

Optan por la segunda solución. En los minutos que restan del filme tratarán de salir adelante dignamente y lo harán con cierta sagacidad no exenta de inocencia y candor  si se confronta con la mala voluntad de la trilogía del poder (militares, políticos y burgueses) que gobierna a Colonia Vela.

En medio del teatro Rocha reta al sargento-bóxer Sepúlveda e increpa a los militares. El gesto desata la ira del anfitrión, el inefable teniente coronel Suárez, gran factótum de Colonia Vela, al que todos temen. Rocha interrumpe el discurso del teniente coronel  y grita en medio del teatro delante de los militares mientras la policía lo arrastra a la fuerza.

-¡Me cago en este pueblo de mierda y en todos ustedes!

3-Alfredo-Antonio-Fernandez-EsteLunes-Otrolunes43-6La frase estentórea hará aún más previsible el final que le aguarda. Una vez que se trasladan al complejo deportivo en el que tendrá lugar la pelea, Galván se olvida de su oficio de cantor de tangos y le pide a Rocha que le deje ser su manager.

Rocha le pone como condición que si no se lo pide no pare la pelea pactada a diez rounds aunque lo estén moliendo a golpes. Impone una segunda condición: pide un minuto de silencio por la memoria de Mingo, el peronista que murió ahorcado por la policía en una casucha de las afueras del pueblo

El encuentro tendrá más de función dominical de coliseo romano que de pelea boxística. Y de nada vale que en un momento determinado un golpe de suerte permita que por unos segundos derribe al sargento Sepúlveda. Nada, de forma irremediable,  predeciblemente, Rocha perderá la pelea.

Por si fuera poco la presencia de la plana mayor del regimiento militar sentado en la platea un helicóptero con un potente foco de luz prendido sobrevuela el ring todo el tiempo mientras a Rocha, literalmente, lo despedazan a golpes.

Su rostro en primer plano, irreconocible, bañado en sangre y con docenas de moretones, rebotará una y otra vez en la pantalla golpeando la conciencia del público que mira el filme.

No la de los militares de uniforme o de civil que  gritan alentado a Sepúlveda a que termine de matar a golpes a Rocha mientras en el cielo de Colonia Vela estallan los cohetes de artificio celebrando doblemente la victoria del ídolo local el sargento-bóxer Sepúlveda  y la muerte en el  ring del bóxer-forastero Rocha.

 

Consideraciones finales

3-Alfredo-Antonio-Fernandez-EsteLunes-Otrolunes43-7Al llegar a este punto tendría que aparecer en pantalla predeciblemente el fin, pero la secuencia final nos reservará una sorpresa no del todo predecible como ha sido el tono dominante anterior de aproximadamente 1 hora y 45 minutos.

Pareciera que el director “se juega el final a una sola carta o golpe de efecto”.

En una larga secuencia que ocurre al amanecer de la salida -sombrío y frío  como el atardecer de la llegada- el cantor de tangos Galván emprende el camino de regreso del pueblo a la estación de trenes arrastrando por las calles desiertas la camilla metálica en la que yace tieso como una momia su compañero, el bóxer Rocha.

La larga secuencia final con una duración de unos 3 minutos y 40 segundos va acompañada, como el resto del filme, de la interpretación sonora sin asomo de voz de un tango por el maestro Astor Piazzola: lo que se dice un verdadero éxtasis melódico arranca-corazones.

¿Acertó o se equivocó el director Lautaro Murúa  al dejar para el final el estallido de la carga emotiva que se había ido acumulando en los restantes ciento y tantos  minutos del filme?

¿O será que al ser el boxeo el tema central el director se contagió y para evitar perder la pelea por puntos metafóricamente quiso ganar por knockout?

Solo un año media entre la adaptación cinematográfica por Héctor Olivera de la novela anterior de Osvaldo Soriano No habrá más penas ni olvido (1983)  y la realizada por Lautaro Murúa de Cuarteles de invierno (1984).

Toda adaptación de un texto literario al cine supone de una parte el apego al texto original y de otra parte el despegue creativo del texto en cuestión.

El  desbalance entre ambos extremos de la tensa cuerda que es trasladar la palabra escrita a la imagen cinematográfica supone el éxito o el fracaso.

Lautaro Murúa (Tacna, Chile; 29 de diciembre de 1926 – Madrid, España; 3 de diciembre de 1995).

Lautaro Murúa (Tacna, Chile; 29 de diciembre de 1926 – Madrid, España; 3 de diciembre de 1995).

Un año antes (1983) Héctor Olivera se anotó un gol con la versión fílmica de No habrá más penas ni olvido, un texto que puede ser leído y visto dividido en dos mitades: una primera mitad  cómica hasta el derroche de la risa  y una segunda mitad trágica hasta la efusión torrencial de las lágrimas.

Al examinar ambas mitades encontramos un sostenido esfuerzo por parte del director de mantener el colorido de la historia, el brillo de las anécdotas y la celeridad de vértigo (thriller) de la narración de principio a fin.

¿Ocurre igual con Cuarteles de invierno (1984)  llevado a la pantalla un año después por Lautaro Murúa?

Si se compara el segundo texto de Soriano (Cuarteles de invierno) de atmósfera lenta y opresiva con el primero (No habrá más penas ni olvido) lleno de “sonido y furia,  aquel funciona más por la acumulación de detalles que este por el tremendismo de la acción y los estallidos de cólera de los personajes7.

Y aunque la tristeza de la música de tango de  Piazzola enmarca al par de héroes “humillados y ofendidos” por la junta militar puede que no sea del todo un buen recurso dramático “jugarse entero” el filme a los tres minutos finales.

Podría sobrevenir la duda de si ¿hemos visto un filme que es una obra de arte o para seguir con las analogías boxísticas fuimos tomados por sorpresa con “la guardia baja” en el último round por un golpe de efecto?

Notas del artículo

  1. Los “vasos comunicantes” entre la literatura y el cine han sido de las más felices y fértiles uniones de lo que se ha dado en llamar intertextualidad (Julia Kristeva).  Difícilmente pueda encontrarse otro escritor como Osvaldo Soriano con igual o mejor buena suerte para las adaptaciones cinematográficas de sus novelas. La  lista que sigue es una muestra de la buena acogida de su obra literaria entre los directores: No habrá más penas ni olvido (1983) Héctor Olivera (Argentina); Cuarteles de invierno (1984) Lautaro Murúa (Chile)  y Pieter Lilienthal (Alemania) con el título Das Autogramm; El penalty más largo del mundo (2005) Roberto Santiago (España).
  2. Lautaro Murúa (1926-1995) tuvo una exitosa carrera profesional en Argentina como actor y director de una media docena de filmes de los cuales Cuarteles de invierno fue el último realizado antes de morir. En su obra póstuma contó con la colaboración del célebre compositor e intérprete de tangos argentino Astor Piazzola
  3. Ver en Otro Lunes # 41 (Mayo-Junio, 2016) el artículo “El Cine Latino de Humor Negro IV: No habrá más penas ni olvido”.
  4. Los expertos en la historia de la época alcanzan a distinguir la existencia de cuatro juntas militares entre los años de 1976-1983 en Argentina, cada una de ellas con similitudes y diferencias con las restantes.  Pero insisten en señalar que de las cuatro, fue la primera, desde 1976 hasta 1981 bajo el mando del general Videla, la peor de todas, si es que cabe hablar de matices dentro del horror de los secuestros, las desapariciones y los asesinatos de miles de personas.
  5. Al llegar a este punto se impone una reflexión acerca de si el texto narrativo de Soriano adolece de previsibilidad y Murúa al adaptarlo fue su cómplice o se trató de una adaptación libre del texto narrativo en la cual sale exonerado Soriano como autor y  Murúa queda de acusado como director.
  6. Nadie mejor que Osvaldo Soriano para explicar sus intenciones al escribir Cuarteles de invierno. “Escribí esta novela en Bélgica y Francia entre 1977 y 1979 tratando de exorcizar lo que pasaba en Argentina. Mi idea era poner en un mundo dictatorial a dos personas que, por su oficio, aparentemente están  afuera de la política, como un cantor de tango y un boxeador. El plan de ambos cuando llegan a Colonia Vela es hacer lo suyo, cobrar e irse. Su problema es que, una vez en el pueblo, toman conciencia de que la fiesta la dan los milicos”.
  7. Es de notar que mientras en No habrá más penas ni olvido se intercambian cientos de disparos, se lanzan bombas y hay una docena de muertos entre ambos grupos rivales del peronismo en Cuarteles de invierno no se  produce un solo disparo y hay solo dos muertos sin disparos: el peronista Mingo ahorcado y el bóxer Rocha ultimado a golpes en el ring.

Del Autor

Alfredo Antonio Fernández
(La Habana, Cuba) Licenciado en Historia por la Universidad de La Habana, Master en Estudios Latinoamericanos en la UNAM, México y Doctorado en Español de la University of Houston, Estados Unidos. Ha publicado: El Candidato (Premio de la Unión de Escritores de Cuba, 1978), Crónicas de medio mundo (relatos, 1982), La última frontera, 1898 (novela, primera finalista Premio de la Crítica, Cuba, 1985), Del otro lado del recuerdo (novela, 1988), Los profetas de Estelí (novela, Feria Internacional del Libro, Guadalajara,1990), Lances de amor, vida y muerte del Caballero Narciso (Premio Razon de Ser de novela, 1989 y Premio Alejo Carpentier de Novela 1993, de la Fundación Alejo Carpentier), Amor de mis amores ( novela, Planeta, México, 1996) y Adrift: The Cuban raft people (Rockfeller Foundation Grant, 1996; Arte Publico Press, Estados Unidos, 2001), Bye, camaradas (novela, 1era finalista Premio Internacional Novela Marcio Veloz Maggiolo, New York, 2002 y finalista Premio Novela La ciudad y los perros, Madrid, 2003, publicada en la Editorial El barco Ebrio, España, 2012) y A traves del espejo. El cine hispanoamericano contemporaneo. Volumen I (ensayo, Editorial El Barco Ebrio, España, 2013). Sus libros más recientes son la novela Aló, marciano y el libro de ensayos Buñuel In memoriam (ambos por la Editorial El Barco Ebrio, España, 2015). Reside en los Estados Unidos.