La vida a borbotones

Sobre el poemario Inesperadamente, de Jesús Fonseca

Jorge de Arco

Inesperadamente
Jesús Fonseca
Fundación Jorge Guillén. Valladolid, 2016

 

Jesus-Fonseca-Librario-Poesia-OtroLunes43A Jorge Luis Borges le gustaba presumir de su amor por el cuento y la poesía, y de su poca pasión por el género novelesco: “El cuento, al igual que el poema, me gusta, lo veo de golpe, y esto espolea mi actividad. Hay novelas espléndidas, no digo que no; pero la novela puede fabricarse. Un relato o un poema, no».

Y he recordado la sincera confesión del maestro argentino, tras la lectura de Inesperadamente, el último poemario de Jesús Fonseca.

Porque en esta nueva entrega -que se suma a anteriores títulos tales como Tiempo de otro tiempo, Largo intento, Palabras al alba, Poemas vestidos de viaje, Paixão portuguesa y Con palabras de carne´-, Jesús Fonseca revela con serena pulsión la autenticidad de su verbo, la verdad de un decir que mana natural y solidario, y que revela de forma íntima y precisa los múltiples estados del alma.

En su prólogo, Fermín Herrero señala que la de Fonseca es una poesía “piadosa, en cuanto se prosterna ante el misterio de lo creado y de la condición humana, que no tiene el mendaz carisma del oráculo ni el aire visionario de los oscuros demiurgos; bien al contrario, se atiene a una claridad conmovedora, como señal de acercamiento al lector, pero, sobre todo, de fidelidad ética hacia sí mismo”. Y no le falta razón al vate soriano, pues, en estas páginas de halcones y amapolas, de promesas y derrotas, de paisajes y pensares, de tinieblas y dichas, sobresale el fervor de un sujeto lírico que canta y cuenta el drama y la pureza de la existencia: “¿Y que es la vida/ sino unir tirando? (…) Tantas veces morderse/ la lengua, tantas mirar/ para otro lado. Alguna/ vez, hacer de tu capa un sayo,/ alguna vez tocar el cielo con la/ punta de los dedos”.

Dividido en seis apartados, “Me pregunto”, “Poemas recién arados”, “Olor a arcilla”, “Callar tan solo”, “Lo demás sobra” y “Es decir, Dios”, el volumen está tejido con un hilo fuerte y común que se despliega al par de una temática donde la acordanza, el amor y la Naturaleza abrochan buena parte del conjunto.

La sencillez de su verso y la honestidad de su verbo son, a su vez, la esencia de este diario, al par reflexivo y dialogante, donde el autor anda y desanda lo vivido, besa y acuna cuanto anhela y se abriga y se refugia más allá de lo terrenal: “Vuelvo a mi alma/ porque una voz,/ un murmullo allí/ me habla. Vuelvo/ a cada mirada, a/ cada mañana, a/ cada tarde, a cada/ noche, a cada silencio/ y a cada palabra,/ porque siento que/ Dios está allí conmigo./ Porque aunque yo/ duerma, mi corazón vela”.

El alma viajera de Jesús Fonseca se deja notar en muchos de sus poemas, pues su forma de contemplar cuanto habita en su derredor, su manera de expandir sus ojos frente al mundo que se le revela,  convierten su cántico en una poesía plena de conocimiento y comunicación. Además, este personal y sugestivo imaginario, abarca la inmensidad de un tiempo y un espacio cómplices, el laberinto interior de una identidad propia y colectiva, el instinto comprensivo y comprensible para pronunciar cada sentimiento, cada emoción, cada empeño: “…aguanta/ y persevera, aunque mucho esperes,/ aunque no comprendas, aunque nada/ te den, que mañana saldrá de nuevo/ el sol, con su favor y claridad y, con/ él, se abrirán nuevamente las puertas/ al júbilo propio y ajeno”.

Sabedor del carácter único del instante, de la hondura que anida en sus vivencias, el poeta no deja nada al azar, pues cada territorio, cada protagonista, se sitúa muy cerca del corazón que sostiene y alienta sus notas, sus líricos latidos y completa una hermosa y duradera sinfonía vital: “La vida a borbotones, dentro y/ fuera; un torrente de luz y más luz; tu presencia viva, nada más. Yo/ también sueño con sorber/ la vida, con empezar cada día para/ seguir buscando, para encontrar/ sentido, frente a los que a todo/ ponen precio”.