"Nunca me ciño a ningún arquetipo o género:
sólo intento contar historias".

Entrevista con el escritor argentino Marcelo Luján

José Ramón Gómez Cabezas
Asociación Novelpol

Marcelo Luján - Foto_ Laura Muñoz.

Marcelo Luján – Foto_ Laura Muñoz.

2016 ha sido un año grande para Marcelo Luján: su novela Subsuelo, editada por la editorial española Salto de Página, ha ganado el Premio de la Asociación Novelpol (asociación intregrada por lectores, críticos, periodistas y escritores de novela negra), el Premio Ciudad de Santa Cruz, que concede el Festival Atlántico Tenerife Noir y el importantísimo premio Dashiell Hammett, los tres galardones a la mejor novela negra publicada en el 2015.

Marcelo Luján nació en Buenos Aires en 1973, en el barrio de Mataderos. La crisis de 2001 a España lo llevó a Madrid, donde trabaja como coordinador de actividades culturales y talleres de creación literaria. Publicó los libros de cuentos Flores para Irene (Premio Santa Cruz de Tenerife 2003), En algún cielo (Premio Ciudad de Alcalá de Narrativa 2006), y El desvío (Premio Kutxa Ciudad de San Sebastián 2007). Los libros de prosa poética Arder en el invierno y Pequeños pies ingleses. Y las novelas La mala espera (Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra 2009), Moravia, y Subsuelo (Premio Dashiell Hammett 2016, entre otros). Parte de su obra fue seleccionada en campañas de fomento a la lectura y traducida al francés, italiano, alemán, inglés y checo.

Por todas esas razones, en Novelpol, aprovechando el espacio que nos cede OtroLunes, quisimos entrevistarlo.

 

Intentemos explicar a los lectores de OtroLunes qué diferencia podríamos destacar entre Marcelo Luján «autor» y Marcelo Luján «persona».

Hace muchos años, Haroldo Conti ―autor argentino al que admiro― dijo: “Soy escritor sólo cuando escribo, el resto del tiempo me pierdo entre la gente”. Adhiero totalmente a esta afirmación porque los narradores, a diferencia de los buenos poetas que son poetas a tiempo completo, sentimos el oficio mientras edificamos la ficción. Yo no pienso en cómo trabajaré cierto párrafo mientras miro, por ejemplo, fútbol. Creo que esta es una diferencia a destacar.

 

Marcelo-Lujan-Entrevista-OtroLunes43-3Subsuelo -magnífico título que merece la novela-, Premio Tenerife Noir, Premio Novelpol y Premio Dashiell Hammet, ¿Es esta su mejor novela? ¿Y qué tiene para que sea tan reconocida, quizás, una lección de vida sin necesidad de ceñirse a arquetipo literario alguno que la encorsete?

Lo de mejor novela ―o mejor libro― lo podremos saber más adelante (no quiero fijarme en eso ahora). Pero sí es verdad que Subsuelo ha tenido una excelente recepción en el público. Es una novela cuya lectura genera impacto, tanto por la historia que cuenta como por la forma en que esa historia es transmitida. Narrativamente es un libro complejo que me ha costado mucho trabajo escribir. La verdad es que nunca me ciño a ningún arquetipo o género: sólo intento contar historias. Porque lo más importante debe ser eso: la historia que queremos contar. Desconfío un poco de los autores que colocan al género, me refiero a los arquetipos ―como si eso fuese indispensable― por encima de la historia.

 

Hasta la fecha, cuál ha sido la mejor y la peor crítica literaria que ha podido recibir.

No hago demasiado caso a la críticas porque, después de todo, son opiniones personales. Pero mis dos últimas novelas ―Moravia y Subsuelo― han recibido críticas muy elogiosas, y eso no deja indiferente a nadie, porque se agradece y porque dan cuenta de que algo hemos hecho medianamente bien. En ambos casos son historias duras, donde el núcleo familiar está en el centro de la trama. Digo esto porque la familia ―como primera institución― suele ser un escenario plausible para la mayoría de lectores occidentales. Lo plausible y lo verosímil son, a mi juicio, elementos casi impostergables en literatura moderna.

 

Sus novelas son duras, profundas y sentimentales, ¿Escribe en argentino, en español o es pura literatura y lo demás estúpida adjetivación regionalista?

En materia de lenguaje hay planteado un debate muy interesante para los latinoamericanos ―hispanoparlantes― que vivimos en España. ¿Desde dónde contamos?, es la pregunta. Existe una suerte de metamorfosis lingüística que nos va atrapando según pasan los años. Nuestro castellano (en mi caso, rioplatense) se ve trastocado, se contamina, y ya es muy complicado sostenerlo discursivamente en la ficción. Es un proceso natural y nada tiene que ver con aspectos editoriales. Después de más de quince años viviendo en Madrid, para escribir una novela en castellano rioplatense ―sin fisuras y tanto discurso directo, por ejemplo― tendría que volver a Buenos Aires al menos un año. Sin embargo, esta suerte de hibridez genera nuevas voces narrativas. Y eso es bueno.

 

Marcelo-Lujan-Entrevista-OtroLunes43-2¿De verdad estamos en la era del libro digital o eso como escritor le trae sin cuidado?

Mientras la gente lea, por mí, que lo haga en cualquier soporte. También es cierto que la digitalización de los libros permite el acceso a ellos desde las regiones las remotas. Para los que escribimos en una lengua que hablan más de quinientos millones de habitantes, esta facilidad de acceso es importante y no podemos dejar de saludarla.

 

En alguna entrevista le leí que soñaba que le preguntaran qué cómo hace para vivir, dedicándose a esto de la literatura.

Es verdad pero aquello era una broma, algo que dije dentro un contexto muy puntual. De todos modos, no hay que ser mago para saber las dificultades que tenemos para sobrevivir los que nos dedicamos de lleno a la literatura con todas sus variantes culturales. Hace algunos años escribí un artículo ―en la ya desaparecida web SigueLeyendo― donde explicaba que sin un movimiento corporativo de todos los escritores, es imposible lograr nada. Esto es: cuando ninguno de nosotros acepte la gratuidad, por ejemplo, los organismos culturales o las instituciones públicas o privadas que nos convocan para dar charlas o escribir textos sin retribución económica, sólo cuando nadie acepte eso, las cosas cambiarán.

 

El lienzo de su cuerpo lo dice: Campeón de América 2014 (refiriéndose a San Lorenzo de Almagro, club argentino del que es «hincha»). Hasta qué punto el fútbol es importante en su vida y como conjugarlo con la literatura.

Sí, eso es un tatuaje que me hice cuando ocurrió lo de la tan ansiada Copa Libertadores, trofeo que venían esperando tres generaciones de sanlorencistas. El fútbol es una pasión y como buena pasión es algo difícil de explicar. Muchas veces, por la diferencia horaria, me quedo hasta las cinco de la madrugada viendo por internet un partido de San Lorenzo o de la selección Argentina… y después estoy todo el día como una marmota. ¿Quién puede entender eso? Nadie, o las personas que también tienen esa necesidad. La pasión y el amor se parecen mucho en ese concepto: la necesidad. En Argentina, hasta los años setenta, la literatura y el fútbol siempre estuvieron muy distanciados por aquello de que el fútbol es algo de las clases bajas, La literatura pertenecía a una élite patricia (sobre todo en la primera mitad del siglo XX) hegemonizada por el famoso Grupo Sur de Borges y Victoria Ocampo. Por suerte, aunque muchos años después, aparecieron Osvaldo Soriano y Fontanarrosa, y demostraron que fútbol y literatura podía convivir en paz. Yo no podría vivir sin alguna de esas dos cosas.