El mundo es una favela

Andrés R. Rodríguez

El mundo es una favela, no la ciudad de Dios. El edificio civilizatorio ha sido concebido y edificado por partes, improvisadamente, sin seguir un plan. Ha emergido de las profundidades del Cosmos y la continuidad de las eternidades.   Algunos pretenden entrever un diseñador, un demiurgo fundador. Otros, con notable arrogancia intelectual, pretenden ser diseñadores o reestructuradores, al menos, de algunas de sus partes, a priori o a posteriori.

En mi criterio, la coherencia natural del planeta, y su sostenibilidad, se contrapone con la incoherencia que le hemos adicionado los seres humanos al acelerar ritmos con nuestras palancas culturales y civilizatorias. Algunos, repito, con evidente arrogancia intelectual se han adjudicado la correcta interpretación de demiurgos o arquitectos celestiales que nos pastorean. Pero el resultado es tan evidentemente incoherente, que tal arquitecto sería muy incompetente. Por ahora, solo quisiera dejar sentada mi duda al respecto. Duda. Agnosticismo. No tengo la última palabra al respecto, y mis convicciones son anémicas.

En la estructura del mundo, hecho por los seres humanos y en especial por los más atrevidos, abundan emplastos diversos e improvisaciones permanentes. Si el planeta por millones de años fue funcional, nuestra especie lo ha transformado en un mundo disfuncional. Ahora incluye construcciones humanas con muchas piedras, ladrillos o bloques, pero escasea mezcla cementante y columnas. Al constructo humano le falta tanto lo aglutinante, que muestra numerosas resquebrajaduras.

El mundo puede venirse abajo, se parece más a una favela que a una ciudad urbanizada. No es, doblemente, la Ciudad de Dios. Desde el Racionalismo en que entronizamos la Razón, no creemos que exista un orden superior al que debemos respetar. Pero la Razón ha resultado bastante irracional, anárquica, puntual e inmediatista. Porque imponemos nuestro orden tecnológico que, a los efectos de la biosfera y del Cosmos, es un desorden.

La cultura intenta crear su pretendido orden dentro de lo construido, dentro de las murallas de la civilización, a expensas de la salvajina. Muchas mentes han pretendido poder pre-pensarnos: Confucio, Platón, Homero….o Julio Verne, Thomas Mann, Saint Exúpery…..intentaron pre-pensarnos pero apenas nos despensaron y los post-pensadores les desdibujaron y borraron asiduamente. Y luego la masa se engulló al genio. Nos quedamos con un aquelarre de ingenieros creando diodos, algoritmos y equipos, que no les interesa el sistema, y lo erosionan sin compasión.

Los pensadores apenas lograron ser entendidos, apenas balbucearon alguna idea a las que se prestó momentánea atención y luego el mundo avanzó por su eterno camino hacia su diseño utilitario, medible, improvisado. Mediante la improvisación como diseño, estamos rediseñando el planeta y lo hacemos el mundo. El resultado es la favela como paradigma urbanistico-civilizatorio del mundo.

De vez en cuando, lo cultural se ha percatado de que es suicida avanzar por el sendero de lo faveliano, el de la improvisación centrípeta. Es como deshilachar el arcoíris. Emerge entonces la alta cultura Se producen aquí o allá saltos integradores, se piensan los problemas integralmente, y en ese lugar y período se entreteje un trecho de sostenibilidad, real civilización. ¿Hubo tales saltos en la Grecia de Sócrates y Pericles, en la India de Sakiamuni, en la Inglaterra victoriana, en la Argentina de Sarmiento, la Prusia de Bismark o en las Trece Colonias de Jefferson?

Hoy, ¿Estamos en uno de esos periodos: tejemos cultura global o la civilización se viene abajo?

Hoy, ¿nos debatimos en la necesidad de la integralidad y en la necesidad de dejar atrás la especialización y superespecialización como forma de éxito social, que se impuso cuando la llamada Revolución Industrial? (¿quién la impuso: la Reina Isabel, la Reina Victoria, o Newton, James Watt, Bernard Shaw, Winston Churchill? ¿Bismark o Kant?, ¿Bismark o Franklin?; ¿la propusieron o la impusieron?), ¿la propusieron o la impusieron?).

Hoy tenemos que incrementar mucho el número de aglutinadores, de generalistas y que cada ser humano deje de navegar mental y culturalmente solo sobre unos estrechos railes y carreteras de la miopía especializada, que apunta a pequeñas parcelas de saber, conduce a lo inmediato y se mide monetariamente. Una propuesta para alejarnos de esa situación es lo ecológico.

El especialista ha llenado su cometido durante un periodo de la historia, pero no es un destino final. Construir una civilización globalizada y sostenible es imposible con especialistas. Deconstruirla no es tarea de filósofos de Academia. El Racionalismo y el Positivismo del siglo XVIII, base de la ciencia, se enfocaron mucho en sumar o multiplicar y muy poco en integrar. La integración no puede hacerse en lo material, con tecnicismos, ni pensando en la semana que viene, ni como especialización de algunos pretendidos académicos, que se autodenominan filósofos cuando en la práctica son sofistas.

La integración debe hacerse con mente prospectiva, con sublimaciones, metafóricamente, muy apuntando al mito, no al marketing. Mito como puerto, no marketing como escape de la tormenta. Porque el ser humano, en cuanto Ser, es una metáfora o mito. Solo nos podemos integrar en el mito y la espiritualidad. Tenemos que hacerlo a partir de una base creíble, modular e integrable, es decir, La Ciencia, pero también avanzando por los laberintos de la consciencia, la intuición y las inexactitudes de la metáfora humana: el humanismo y la metafísica. Y entonces, resurge allá en nuestros laberintos el demiurgo. ¿Los demiurgos?

El planeta es un libro, un libro ecológico. Leerlo es más difícil que interpretar un libro de convenios humanos hecho con palabras. Pretender que la esencia de los conocimientos ecológicos puede ser apropiadamente representada por libro alguno que no sea el planeta La tierra, es pura arrogancia intelectual. Pero por ahora, no podemos hacer más. Pero seamos arrogantes con cierto comedimiento.

Hoy se manejan en o alrededor de la Ecología, el ecologismo y la educación ambiental conceptos y métodos que rompen con lo previo. Hacen falta muchos libros con propuestas atrevidas de divulgación de la ciencia y de la educación ambiental, que sean propuestas de síntesis equilibrada y accesible de los planteamientos ecológicos actuales, del nivel del conocimiento medioambiental presente. Y estas ideas, estos neo-mitos, deben apuntar a un joven preocupado, en especial estudiante universitario que no esté proyectando profesionalmente hacia las ciencias ambientales. Necesitamos sosegadas e innovativas propuestas pedagógicas, de redireccionamiento en los métodos de comunicación y lectura, por ejemplo, con estructura hipertextual, modular y visual de la información.

Necesitamos una civilización planetaria del conocimiento, que se proponga la sostenibilidad, con métodos de educación repensados, comunicación redirigida multidireccionalmente y con visión de vista larga. Eso será que lo que nos salve como especie. En otras palabras, necesitamos rectificar nuestro acervo cultural ciegamente compartimentado, industrialista, puntual e inmediatista, superar esa manera sesgada de ver al mundo que quiere que la economía sea la quintaesencia de lo que debemos ser. Y economía es lo que se cuantifica, es objeto y crecimiento medido en número de televisores, toneladas de acero, autos o pies cúbicos de manera vendidos. Ese crecimiento no es evolución. Crecer no es hincharse. Creceremos cuando nuestro espíritu se inflame nuevamente.

No somos un producto de fatalismos económicos, ni geográficos, ni industriales. Tenemos que superar esas visiones con fatalismo histórico o económicos, aquella que le cuesta trabajo valorar lo que aporta a la economía el idealismo humano, el saber profundo e integro o un bosque en pie o los servicios de ecosistema del océano o la atmosfera. Somos parte de una tendencia cósmica, al menos de ciertas partes del cosmos: la perfectibilidad, la evolución de los sistemas.

Son cosas etéreas, muy intangibles o que por siempre haber estado allí, asumimos como un derecho de nacimiento, no relacionado con nuestra gestión de los ecosistemas y de la biosfera, ahora que somos 7 300 000 Luis XIV.

Tenemos que redirigir la producción hacia lo intangible, volvernos sociedades que enaltecen el saber, que propenden la sabiduría. La tecnología, la filosofía, la teología y la ciencia, son escalones o herramientas, pero no la escalera. Debemos reenfocar nuestro hacer y pensar hacia lo sistémico, integral, sinóptico, sostenible, hacia lo mediato y a largo plazo. Solo así podremos lidiar con un mundo hipertecnologizado y densificado (post explosión demográfica), para realmente hacerlo globalizado humanamente sin desmedro de sus equilibrios ambientales esenciales. El mundo no es ni será un parámetro macroeconómico. Pretenderlo, es dejar que la civilización global languidezca en degradación cultural, ambiental y moral, desidia masificada, inviabilidad de lo que creemos querer con respecto a lo que podemos ser.

Debemos aclarar que lo ecológico no es verdad dada, ni catecismo, ni Ciencia dura. Entre los ecólogos, no hay acuerdo de donde terminan las ramificaciones de la disciplina, incluso algunos que no la pretenden muy disciplinada dentro de los esquemas previos de las ciencias. Tal vez porque por vez primera una rama científica no se propone en primer término delimitar su campo de acción (un exclusivo “coto de caza”) y crear un lenguaje especializado. Por el contrario, lo ecológico es transversal y holístico, su lenguaje es inclusivo de todas las valencias de la cultura, que son  recontextualizadas para un marco ecológico o ambiental informal-formal.

Insistimos que a la Ecología no le preocupan las fronteras. Por ello, lo ecológico se inmiscuye en lo evidentemente ecológico (ecosistema, ecotono, nivel trófico, nicho ecológico), pero también en lo biológico (población,  especie, naturaleza), la jurisprudencia (norma ambiental, ordenación territorial), lo tecnológico (sistema, industria, subproducto), lo químico (nocivo, agresivo, contaminación), la oceanologia (océano, bentos, necton), la economía (sostenibilidad, productividad, rendimiento), lo sociológico (multidisciplinario, naturismo, noosfera, pacifismo) o lo filosófico (felicidad, nirvana).

Lo ecológico es alfabetización para leer el libro holístico, que podría haber sido una enorme enciclopedia que abordara toda la cultura humana acumulada, en sus múltiples versiones étnicas y culturales, cosmovisiones e interpretaciones del mundo. Más un libro que se pretendiera genuinamente holístico no podría ser otro que el propio planeta Tierra, de una inmensidad y complejidad tal, que, aunque algunos que le han sabido leer ciertas páginas luego de encontrar una que otra piedra de Rosetta, aun permanecemos analfabetos para su lectura integral.  Insistimos que pensar ecológicamente es representarnos al mundo como todo. Una representación analítica es una falacia. Luego del análisis, tiene que venir la síntesis.

Nada asombra la amplitud de intereses ecológicos, porque los tentáculos de lo ambiental se introducen por todas partes de la biosfera y la civilización, el planeta Tierra y el mundo que vamos creando, plenos de vida, como enormes ecosistemas con múltiples corrientes intercomunicantes en y por debajo de sus 3 capas fluidas: Océano, Atmósfera y Pensamiento.

Va a ser una tarea muy ardua integrar humanamente y en el mito, un mundo que creyó y cree en objetos y que mientras más humeantes chimeneas industriales se ven en el horizonte, mas inventiva tienen los humanos y más felicidad llevan a casa el obrero al salir de su labor diaria. Contra esas concepciones tan huérfanas de futuro, envejecidas culturalmente pero aun con el filo de una espada de oxidiana y la talla de Polifemo, si  alguno quijotescamente le enfila su lanza, puede resultar malherido.

Nadie que conozca cómo funciona la naturaleza y esté planteando repensar este asunto, está planteando retornar a las cavernas. Se trata de volver a una manera de pensar que garantice nuestra supervivencia y la sostenibilidad de una humanidad muy densa y numerosa. Se trata de controlar sabiamente, sin autoritarismo, pero con energía, principalmente a partir de educación, mediante la educación y arribando a la educación. Y así redireccionar el cambio, hacerlo sostenible y no rendirnos a miopes economicismo, industrialismo o inmediatismo.

En nuestra miopía, y hasta ceguera, están cooperando los medios de difusión masiva, en especial la TV, que banalizan la cultura, y que tienden a que al que ven con proyecciones más allá de mañana, lo consideran un soñador, un descentrado o un antisistema. Al respecto es bueno recordar lo que dijera Karl Lorenz, eminente científico estudioso del comportamiento animal: “Cada hombre llega a un campo cada vez más refinado de conocimiento en el cual debe ser un experto para poder competir con otras personas. El especialista sabe más y más sobre menos y menos que finalmente lo sabe todo acerca de nada”.

Para cambiar nuestro rumbo insostenible, obstinadamente desarrollista, economicista e industrialista, habrán de generarse propuestas, atajos culturales, diversas maneras de comunicar lo antes encerrado en religiones, filosofías, academias. La Ecología es un intento de cambiar la mente del ciudadano (o citadino) empeñado en dominar su entorno y ser adorador de objetos, cosas o sus imágenes, y transformarlo en “Homo holo” un ser proyectado hacia lo holístico y lo cósmico. Tal vez así, renazca el mito, nuestros demiurgos fundadores. No sé. Solo dudo.

Evolucionando hacia ser cultivador (culturizador?) de lo no “evidente”, lo mediato, y los valores intangibles de siempre, crecerá el ser humano integro, aquel que llamara J. Martí el Hombre total.  Un ser siempre imperfecto, pero siempre perfectible.

Del Autor

Andrés R. Rodríguez
Nacido en Santa Clara, Cuba. Como investigador en Ciencias Biologicas  recibió 4 premios nacionales y 2 de Divulgación Científica. Ha sido  profesor, consultor, periodista, escritor o asesor en distintas instancias en Cuba, México, Venezuela, Puerto Rico, EEUU. Ha impartido docencia, charlas y conferencias en ciencia y turismo. Ha publicado unos 100 trabajos en revistas especializadas, e innumerables artículos periodísticos o colaboraciones literarias. Ha sido anchor de radio, guía, touroperador y profesor de Ecoturismo. Autor de los libros: Lista de Nombres comunes y científicos de peces marinos cubanos (Nomenclator) (1984, CIP, 82 pp); Breve Diccionario de Biología Pesquera (Mar y Pesca, 1986-1987 80pp), Peces marinos importantes de Cuba (1987, Ed. Científico-Técnica, 236 pp), Ecología Actual, Conceptos Fundamentales (2000, UdO, 134 pp.), Maritime Dictionary-Diccionario Marítimo (Eng-Spa)” (2009 Ed. Myths and Books, 400 pp), Fábulas vivas (Amazon/Alexandria Library, 2015), Colonial Havana˗Trinidad (2018, Amazon/Ed. Alexandria 150 pp), Havana 500 Anniversary (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp). ), Destellos al Alba (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 120 pp, Ensayo), Caribbean Touristic Dictionary (2019, Amazon/Ed. Myths and Books 165 pp) y Ecology for Ecotourism (2020, Amazon 325 pp). En preparación el libro: La Verdad es llama (Ensayo).