"Los muertos que me salen no saben escribir literatura"

Entrevista al escritor cubano Otilio Carvajal Marrero

Por Rafael Vilches

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El escritor Rafael Vilches Proenza y su entrevistado, el también escritor Otilio Carvajal Marrero.

Esto es quizás como preguntar qué fue primero el huevo o la gallina, pero por aquí comenzaré la entrevista con Otilio uno de los escritores más importante de la Isla, aunque él no lo crea.

 

¿Supiste de ante mano que ibas a ser escritor, o soñaste otra profesión?

Yo no supe nada. Incluso, todavía no sé mucho. Un escritor es Salinger y yo ando muy lejos de eso. Cuento historias, creo fórmulas para que la gente me las crea y no se aburra. Escribo lo que siento, lo que quiero. A veces tacho más de lo que dejo. Lo que me aburre, lo borro de un tirón; lo que no me parece honesto, lo desaparezco.

Un día, cuando pase mucho tiempo, quizás considere que soy un escritor… por ahora me gusta más considerarme un fabulador… es cierto, y te lo digo sin un tilín de falsa modestia. Ser escritor es lo que, ahora mismo, más me gustaría ser, pero aún voy de viaje.

Quise jugar al beisbol, dedicarme al beisbol, pero nunca me gustó mucho exponerme al sol. Me encanta el sol, pero desde la sombra. Marinero, también. Hubo una época en que quise ser marinero. El mar es la perfección: el sonido, la fuerza, los sentimientos del mar. Creo que dejé ese sueño el día en que se ahogó mi amigo Rogelito; fue en el río, pero igual me sacudió la muerte… me sacudieron el agua y la muerte.

 

¿Por qué la literatura?

Otilio-Carvajal-entrevista-2-OtroLunes37En la literatura uno puede contar muchas guayabas y que la gente en vez de ponerse brava, lo agradezcan. Yo mismo le agradezco a García Márquez el paquete de Remedios, la bella. Ese paquete fue muy importante en mi vida.

La literatura permite que se eliminen los límites entre la verdad y la mentira; que se confundan la justicia y la venganza; que se reduzcan las distancias entre el bien y el mal.

 

¿Cuál de los géneros que escribes pide más esfuerzo y talentos?

Todos. Cada género exige lo suyo, si es que vas a asumirlos con seriedad.

 

¿Cómo llegas a cada uno de los géneros que escribes?

Escribo poesía solamente cuando el recipiente está al desbordarse. La poesía es un lujo del espíritu y jamás hago un solo verso que no salga del mismísimo centro de mi corazón. No me interesa la poesía inteligente; me motiva la poesía emocional.

Ya casi no escribo teatro, pero cuando lo hice fue pensando más en el deseo de mostrar escenas autobiográficas. Mis obras siempre son un cacho de vida propia que no me permití olvidar.

Narrativa escribo todo el tiempo. Necesito hacer catarsis con todo ese mundo loco que me ha tocado; revelarlo, compartirlo, que la gente conozca los episodios que he visto, las múltiples maravillas de las que he sido testigo.

 

¿En tu literatura prefieres escribir sobre la realidad que te rodea y vives, o la manipulas a tu antojo para hacer de ella un hecho fantástico?

Manipular la realidad es una maravilla. Me hace sentir intenso, demoledor. Me gusta hacerlo, cambiarle la dirección a los sucesos…

 

¿Qué relación mantienes con el teatro, la música, y el cine, que sé te son muy cercanos?

Antes veía más teatro. Ahora me aburre mucho lo que veo. Hay muy poca novedad. Música escucho más o menos la misma de siempre, depende la hora del día y el motivo. Tengo una excelente colección… muy variopinta. Cine veo de todo lo que llega, que es mucho y bueno. Del cubano me he desentendido porque es repetitivo en lo temático y también en lo relacionado con las puestas en pantallas. Lo artístico de la Industria se está yendo a pique. Los directores y guionistas se centran más en el retrato social, en denuncias refritas, en subtramas salcochadas una y otra vez.

 

¿Tienes otras pasiones aparte de las que te he mencionado, y que le aporten a tu escritura?

El licor y el sexo son pasiones maravillosas. El primero con “medidas” y el segundo con mujeres. Me encanta folgar. A ello dedico casi todo mi tiempo libre. Folgar aligera y alegra el espíritu, conforta en la enfermedad y permite que uno escriba mejor… viva mejor, sonría.

 

¿De qué paradigma estético-artístico te sientes deudor?

En este momento de ninguno, pero hubo una época en que la novela social española me sedujo mucho… También el gran poeta cubano Eliseo Diego… pero a quién no.

 

¿Cuándo escribes tiene que existir una circunstancia específica para lograr el hecho literario?

Que los que amo estén bien de salud. Cuando hay alguien enfermo, no puedo escribir ni leer ni conseguir equilibrio.

 

¿Qué le debe la literatura que escribe Otilio Carvajal a las ciudades donde ha pernoctado?

Todo. Son el telón de boca y de fondo de mis libros. Hay pueblos y ciudades que tienen una presencia mayor que otras en mis textos: Chambas, Ciego de Ávila y Santa Clara son las más visibles…

 

¿Crees que como escritor algún acontecimiento, persona o lecturas, te marcó?

Muchos acontecimientos, lecturas y personas me han marcado. Podría hacer una relatoría, pero no es la idea. Prefiero señalar un acontecimiento, una persona y una lectura, para que sirva de ejemplo.

Acontecimiento: La Revolución Cubana.

Persona: Carmen Bárbara Hernández Peña.

Lectura: Peter Pan y Wendy.

 

¿Naciste y te criaste en Chambas qué le aportó eso a tu persona, al escritor que eres, cómo influyó en tu vida en tu formación haber nacido en un pueblo de campo, qué recuerdos tienes de ese sitio memorable?

Chambas no es un pueblo de campo. Es una ciudad pequeña y muy hermosa, donde vive gente muy especial. Mi cuerpo está en otros sitios –por ahora en Santa Clara- pero mi corazón no se ha marchado de allí. Yo sigo siendo un chambero más. Ningún agua sabe mejor. Los frijoles negros son pura pulpa y el café se queda media hora en los labios. Una maravilla. Siempre invito a mis amigos a que visiten Chambas. El río surca el pueblo de lado a lado. Es de un agua limpia y dulce. Todavía la gente saluda quitándose el sombrero o la gorra y tiene el Hotel Colón, con una barra envidiable. Las parrandas son muy excitantes, y las mujeres son robustas y plenas… En Chambas están sembrado los cadáveres más amados: mi madre, mis abuelos paternos… En Chambas vive mi padre de 98 años, casi todos mis hermanos, las novias y amigos de la adolescencia. Cuando voy –que es menos veces de las que quisiera- hacemos fiestas donde mi hermano Agustín, y la gente pasa a saludarme y a saber de mis correrías. Pasamos horas libando Ávila y contándonos miles de patrañas. Comemos del cerdo que vende el gran Yeyo, frito por las expertas manos de mi cuñada Carmen Delia, y las más de las veces nos sorprende el amanecer aferrados a la nostalgia.

 

¿Me puedes hablar de tus primeras lecturas, libros y autores de la infancia?

Leí mucho desde siempre. Primero sin riendas y luego con el auxilio de mi primer mentor literario, que se llama Eldys Mariño Córdova. Soy tan engreído que nunca le agradecí lo mucho que me ayudó con las lecturas y mis primeros escritos. Es un hombre muy humilde, pero en Ciego de Ávila muchos le debemos un abrazo. Yo el primero. Hay tres libros que siempre menciono y creo deben ser de obligatoria lectura para todos los seres humano: El guardián en el trigal, El gran Meaulnes y Peter Pan y Wendy.

 

¿Alguna vez te ha perseguido el fantasma de otro escritor?

No. Jamás. Los muertos que me salen no saben escribir literatura.

 

¿Recuerdas lo primero que escribiste?

Un poema al Che Guevara. No conservo ni el recuerdo de una línea.

 

¿Cómo es tu proceso de escritura?

Depende. El poema ni lo pienso, viene solo y me dejo llevar. Días después reviso y borro o cambio.

En las novelas escribo todos los días; trabajo mucho, a veces demasiado. Primero hago un croquis, que puede incumplirse, pero en mi caso es imprescindible. Ahí derramo el tema, construyo los escenarios, caracterizo los personajes. Es decir, cuando me siento a redactar ya casi todo está hecho con antelación. No me gusta improvisar aunque a veces el desarrollo de la escritura tironea bastante.

 

¿Cómo concibes a los personajes y las historias?

No te voy a revelar toda mi fórmula porque forma parte del misterio personal, pero sí te diré que hasta que no tengo bien clarita la historia y absolutamente delineados los personajes no escribo una línea. Las veces que por impericia, cuando era más joven, o por entusiasmo, cuando era más entusiasta, lo hice, todo el texto fue de cabeza a reciclaje. Ya no tengo tiempo ni energías para ensayar así que voy a lo concreto. Tengo un montón de fábulas redactadas, decenas de croquis hechos, mucho material; de ahí elijo y comienzo a decidir tipo de narrador, tonos, etc.

 

¿Sobre qué cosas te interesa escribir?

Los traumas de adolescencia me motivan. Yo no fui un adolescente infeliz, pero sí muy insatisfecho con los caminos que elegí y la manera de transitarlos.

Los temas íntimos, familiares, también me arrastran. Fíjate en mis novelas: todo parte desde la familia y termina en la familia.

 

Háblame de los libros que escribes ahora.

No. Prefiero mantener discreción absoluta sobre lo que escribo. Solo una dosis pequeña de amigos lo conoce y quiero que se quede así.

 

¿Alguna vez formaste parte de algún taller o grupo literario, como muchos escritores de provincia? ¿Qué de bueno o malo tienen los talleres y grupos literarios?

No. Never. Los grupos me dan tabardillo. Voy solo. Dos personas muy estimadas leen y discuten conmigo mis originales. Denise Ocampo, una muchacha sabia, muy sabia, que vive en La Habana y que de alguna manera se ha convertido en mi lectora más aguda, y a veces Félix Sánchez Rodríguez, que es un gran narrador y me conoce desde mi infancia creativa.

 

¿Si conformaras una antología del cuento, cuáles seleccionarías?

Todos los cuentos buenos que se hayan escrito. Sería un volumen de 20 000 hojas.

 

¿De poder armar tu biblioteca, qué libros preferirías tener en ella?

Todos los que están en la Biblioteca Martí de Santa Clara, que es la que a mano tengo.

 

¿De quién te has sentido discípulo?

De nadie. Me hubiera gustado mucho recibir consejos de Eliseo Diego. Creo que es el escritor más grande que ha dado este país, pero lo vi en dos ocasiones y hablamos muy poco. Una pena. También me hubiera gustado estar más cerca de Jorge Luis Hernández, un formidable narrador que falleció demasiado pronto. Sus libros son de los mejores que se han escrito en Cuba. Era un hombre muy humilde y sabio. Nunca supo cuánto lo admiré, la importancia que tuvo para mí la lectura de Un Tema para el Griego.

 

¿Crees que la literatura plagia a la vida o viceversa?

La buena literatura no plagia nada. Crea algo nuevo. Una vida nueva. Y la vida no sabe plagiar, es una rueda que va hacia adelante, sin detenerse a orinar o secarse el sudor.

 

¿Qué críticos literarios te merecen algún criterio?

De Cuba, aplaudo mucho a Luis Álvarez Álvarez, del Camagüey, me parece muy auténtico. De afuera Harold Bloom, que es una maravilla… Umberto Eco…

De Cuba y de Afuera, leo con placer a Rafael Rojas, Antonio José Ponte y a Roberto González Echevarría.

Sobre literatura infantil me gusta leer a Enriquito Pérez Díaz, tiene una excelente columna en cubaliteraria…

 

¿Qué crees de la crítica literaria escrita en Cuba?

Es decadente y sociolista. Con finísimas excepciones, se realiza por encargo. Ahora hay unos jóvenes que están haciéndola con más seriedad…

 

Te gusta la farándula de los café y estar rodeado de amigos ¿Crees que eso le hace bien a literatura? Y de los cuatro amigos que tienes me gustaría que me hablaras de tres de ellos, Francis Sánchez, Jorge Luis Mederos (Veleta) y Ángel Santiesteban, este último actualmente se encuentra en prisión.

Voy a los cafés y como soy feo la gente me rodea. Me siento bien en los cafés. También en los bares. El del 1800 es mi preferido en Santa Clara, allí siempre me tienen cubitos de hielo y una reserva de ron decano. En Chambas voy al Colón, que es una barra nonagenaria: en ella bebió Ginebra mi bisabuelo y hemos sido bautizados todos los carvajales. En Ciego de Ávila prefiero la pequeñísima barra de Los Realejos donde se bebe fino y en buena compañía; el café lo bebo en La fontana, con Ileana y Francis, que saben muchísimo de poesía. En Bayamo prefiero el Piano-bar, con el grupo Ébano de fondo y un cubata bien frío… Es decir, en cada ciudad, un bar y un gentío de gente que me quiere mucho…

Francis es imprescindible en mi vida. Nuestra amistad es muy misteriosa porque casi no tenemos nada en común, y no obstante es imposible que exista en este planeta alguien que me conozca mejor, que me haya protegido más y que domine tantas intimidades de mi vida. Es una criatura especial, con una fuerza espiritual deslumbrante y ninguna capacidad para la traición o la mentira. El muy cabrón no sabe mentir, no sabe doblarse. Yo lo admiro mucho. Junto a él he vivido cientos de episodios. Conozco y amo a sus hijos desde que nacieron. Fui testigo del chispazo divino que les mandó Dios a él y a su esposa Ileana Álvarez. Lamentablemente me fui de Ciego y ahora compartimos muchísimas menos cosas de las que los dos quisiéramos. También admiro mucho su obra escrita sin ceder un milímetro al mercado.

Veleta es otra variante de amigo. Nos queremos de puro milagro. Es ese aliado con el que discrepo en casi todo, pero que es capaz de dejarse cortar una mano por asegurarles a todos que yo soy un gran hombre. Nos unen muchísimas cosas, grandes y pequeñas, pero muy especialmente un cariño que ninguno de los dos sabe de dónde surgió, y que no se larga.

Angelito y yo nos conocimos en ese revolcadero que es el mundo literario. Nuestra amistad surgió hacia inicios de los noventas y fue haciéndose sólida durante diez años. A ambos nos gusta estar en los mismos sitios, nos divertimos mucho el uno con el otro. Es un hombre íntegro, de una sola pieza, que defiende las cosas en que cree y paga los precios de su fe.

Rafael Vilches y Otilio Carvajal (al fondo) durante una gira de lecturas por la liberación del escritor Ángel Santiesteban Prats.

Rafael Vilches y Otilio Carvajal (al fondo) durante una gira de lecturas por la liberación del escritor Ángel Santiesteban Prats.

¿Alguna vez te has sentido impotente ante la hoja en blanco?

Jamás. Impotente, jamás. Aturdido, tal vez…

 

¿Has pasado periodos en los que no puedes escribir?

No. De menos facilidades para la creación, sí.

 

Estuviste en Venezuela como colaborador cultural ¿Qué le aportó tu estancia allí a tu escritura?

Fue una experiencia que espero no tenga segunda temporada. A mi escritura no le aportó nada. A mí, como gente, sí. Conocí la miseria humana, el encierro, el miedo a la muerte. Todos los días de Dios soñaba con regresar a Cuba. Soy de los que se desimantan con facilidad, y en Venezuela me sentí desimantado…

 

¿Dentro de la literatura cubana en qué generación o grupo te ubicas, y crees en las generaciones y en los grupos literarios?

Yo empecé a escribir a finales de los ochentas y principios de los noventas, por lo que no soy ni de allá ni de acá. Creo en las claves generacionales, en los discursos corales, pero no me veo en ninguno de ellos. Mis amigos literarios son de cualquier generación o grupo. Por ejemplo, Waldo Leyva es mi socito literario, pero también lo es Reynaldo García Blanco o Sergito García Zamora. Los tres traen timbres distintos y en el fondo se parecen un poco.

 

¿La literatura te ha dado alguna satisfacción?

Muchas. En la literatura encontré un proyecto de vida.

 

¿Dónde encuentra Otilio las historias que luego recrea en sus libros?

En Otilio, en la vida que ese Otilio ha vivido; en las canalladas que ese Otilio ha perpetrado. A veces me da la impresión que escribo para recomponer los huesos de mi vida; el agua que se escurrió por la alcantarilla… No sé, trata de entenderme…

 

¿Cuáles son tus compromisos con la sociedad?

Esta pregunta está un poco “confusa”. Quizás no sea eso exactamente lo que quieres preguntar, pero no lo haces porque crees que me vas a meter en un aprieto. Me da la impresión de que lo que quieres preguntar es: ¿Qué compromisos tienes con la Revolución Cubana?

Comprometido, mi hermano Rafael, comprometido hasta las cejas. A favor y en contra. Soy un crítico feroz, pero a la vez un adorador ferviente de la Revolución. Un día te contaré con lujos de detalles cómo la Revolución salvó a mi familia. Jamás podría estar en contra de algo que le haya hecho tanto bien a los míos.

 

¿Cuál de tus libros ha marcado tu vida?

El libro más triste del mundo ha navegado con bastante éxito; se edita y reedita; gana premios acá y allá, pero hay un libro que me sacó la vísceras, está inédito aún, se titula La manito la tengo quemada.

 

¿Cómo definiría Otilio Carvajal a Otilio Carvajal?

Una maravilla de persona. Fiel a sus amores y más fiel aún a sus enemigos. Muy rencoroso. Demasiado a veces. Tanto que puede agazapar la vendetta por años y luego hacerla saltar y desquitarse de una vez.

Es también –y sobre todo- un sacerdote de la literatura; cuida los detalles como orfebre, y saber decir no, basta y vete a la m…

Cobija a los suyos; en ocasiones los sobreprotege. Es fan de la masa de cerdo frita, de la música de Joaquín Sabina y cree firmemente que Peter Pan existe.