Algunas consideraciones sobre las editoriales
(Parte I)
A
ctualmente el mundo editorial ha evolucionado de una forma insospechada y dinámica, esto provocado por la creciente facilidad de impresión que hoy en día existe, dando acceso y capacidad de “publicación” a cualquiera que tenga dinero para costearlo, ni siquiera en papel (por ejemplo las cartoneras), y ni siquiera de calidad, incluso los “escritores” que se pueden costear el papel, ya sea para plaquettes1 o para libros artesanales (que no toda autopublicación o editorial independiente es artesanal), podrán dejar de ser inéditos. Estos esfuerzos, en algunas ocasiones muy valiosos, no son nada comparados con la avasallante puesta en escena de las grandes casas editoriales que sólo buscan mover a sus lectores como borregos enajenados hacia lo que, políticamente, ellos ven con buenos ojos y han catalogado de “calidad”, un ellos instaurado desde la oscuridad del conocimiento, que busca perpetuar su reinado cada vez más decadente. Pero vayamos por partes, que lo que quiero decir en este ensayo es muy preciso: las editoriales independientes han venido a ocupar un sitio que anteriormente le pertenecía a las editoriales del sistema, y sin estas editoriales independientes, muchos escritores que valen la pena se habrían perdido en el olvido, en ese sentido son como las minorías étnicas o como las lenguas nativas en vías de extinción, no obstante, en esta batalla que parece desigual y desleal, también se puede derrocar a las editoriales del imperio.
Pensaba escribir en este ensayo una diatriba visceral y beligerante, una épica belicosa sobre la última antología de la editorial Visor titulada: “El canon abierto. Última poesía en español”, pero no le veo sentido, como tampoco tiene sentido volver a los cánones en estos tiempos. Hoy en día existen tantos cánones que sus multiversos hacen parecer que dicha palabra sea anacrónica, casi anacrítica. Por otro lado se podría prestar a malosentendidos, como esos que hay siempre en la poesía, y se me acuse de envidioso y anodino, de poco crítico y agresivo. Por lo anterior, prefiero encaminar la reflexión para buscar respuestas (si es que existen) al por qué de ese tipo de antologías totalitarias y totalizantes, desde un atril eurocéntrico y hegemónico, donde se sigue tratando de imponer “cánones” al latinoamericano como si éste no tuviera las herramientas epistemológicas ni críticas necesarias para hacer sus propias reflexiones, ni siquiera hablo de sus propias antologías, porque tampoco las antologías existen, en cambio sí existen las lecturas de un tipo que se le ocurrió compilar una suerte de personas que azarosamente escriben algo que han decidido llamar poesía y que otros, en su misma calidad azarosa y delirante han aceptado que lo que ese otro escribió sea “poesía”, por lo demás no existen las antologías, mucho menos los cánones. Así que continuaré la discusión desde los procesos que han desencadenado, por una parte el boom de las editoriales independientes, y por otro, los inútiles esfuerzos de las grandes casas editoriales por sostener su hegemonía.
Y con Bourdieu lo resolvemos?
Trataré de establecer las diferencias entre ambos procesos de publicación, que parecen antípodas, pero en el fondo no lo son tanto. Creo plenamente que una diferencia importante entre las editoriales independientes y las hegemónicas, es que las primeras se mantienen incólumes como los últimos bastiones de la autarquía literaria, puesto que debido a su autonomía sus procesos de publicación no están supeditados más que a dos sujetos: el editor y el autor, esto reduce su impacto, pero también garantiza su existencia. También señalo un riesgo latente que no es menor, las editoriales independientes tienen pocos filtros al depender casi exclusivamente de dos personas, esto provoca que lo que se publique o autopublique no siempre sea de la calidad deseada. Esto también se puede prestar a la autocomplacencia literaria, sobre todo en el género de la poesía, ya que tanto narradores como ensayistas, no tienen esas terribles ansias por ver su obra impresa.
Recurro al sociólogo francés Pierre Bourdieu para tratar de clarificar estos procesos sociales que desencadenan las editoriales independientes y hegemónicas. Hay dos términos que son muy útiles para definir de una forma más profunda y compleja las costumbres e ideologías de las personas, estas dos nociones son el habitus y la doxa2 (ver Bourdieu, 1998, 2003). En el mundo literario latinoamericano actual, existen ciertos habitus que los poetas han ido permeando hasta convertir en doxa. Si bien el concepto de habitus significa que las estructuras sociales internalizadas se han incorporado socialmente al agente en forma de percepción, pensamiento y acción, no son lo mismo que costumbres, aunque sí derivan de alguna forma de ese término, para explicarlo en palabras simples, el habitus son todas aquellas reglas del juego (en este caso editorial) interiorizadas en el individuo; partiendo de esto, podemos decir que actualmente en Latinoamérica el habitus del poeta se concreta en la “publicación”, un poeta no es merecedor de dicho mote hasta que no haya publicado, y como las editoriales hegemónicas no voltearán la vista a un escritor desconocido, a un poeta joven o a un poeta disidente, el último reducto de éstos es optar por publicar en una editorial independiente, y en la mayoría de los casos ellos mismos costean sus publicaciones, lo que ha derivado en que algunos opten por hacer su propia editorial, así tenemos que, casi por cada poeta, hay una editorial independiente. Otro habitus está representado en el acto de las presentaciones del libro, sin una presentación donde se vendan tus ejemplares, tampoco existe la legitimación del poeta, las presentaciones y/o lanzamientos del libro significan que socialmente has alcanzado el objetivo de ser poeta, no importa si es una plaquette de baja calidad impresa en casa y con una grapa o broche en medio, lo importante es leer ante un público presente y que al finalizar la lectura éste compre algún ejemplar de tu obra, este proceso a todas luces capitalista, está enhebrado por una fórmula sencilla: obra de calidad igual a venta, obra de mala calidad igual a no venta, por lo tanto, si el autor regalara su obra, el público receptor infiere baja calidad, esto perpetua el habitus de publicar.
Por otro lado ¿Cuál es el habitus del poeta hegemónico? Que ha buscado insistentemente entrar al sistema, ser parte del stablishment literario, esta ecuación es más simple, su habitus también está ligado al acto de publicar, pero éste tiene otras prerrogativas sobre este acto, nunca podría partir de la autopublicación, esto es casi lo mismo como regalar su obra, así como tampoco le interesan las editoriales independientes, al menos no las que son desconocidas y sin prestigio. Lo que el poeta hegemónico busca es publicar en instituciones que logren legitimar su obra, ya que las instituciones son el mejor aparato legitimador del sistema, por lo tanto publicar en universidades de renombre, así como en los Fondos de Cultura de cada país, sería lo idóneo. El problema se complejiza cuando quién decide quién es susceptible de publicar ahí, está es una doxa para perpetuar un habitus, éstos son otros escritores que antes habían seguido el mismo habitus del poeta hegemónico legitimándose por medio de esas mismas instituciones. Entonces el acto de publicar se vuelve parte de una ideología que hace diferencias entre el iletrado y el letrado poniendo en un lugar privilegiado al “letrado”, “erudito”, “conspicuo” escritor (sujeto consciente) respecto al resto de las personas que componemos la sociedad (suponiendo nuestra inconsciencia o ignorancia), pero ahí entra de nuevo en juego la doxa que actúa a través del inconsciente colectivo de lo que se denomina “escritor”, o peor aún “poeta”, para asumir que todo lo que sea publicado en las instituciones o, en su defecto, por las grandes casas editoriales vale la pena, y quien no lo crea así, será condenado por el resto de la sociedad. Hasta aquí un par de reflexiones que ampliaré en las siguientes partes de este ya, extendido ensayo.
