Escribir porque sí

Carlos Enrique Cabrera

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Escribir porque sí
o el incierto y azaroso oficio de las letras

 

porque a pesar de todas las negaciones y las
imposibilidades la escritura, como cualquier
oficio, es sobre todo un acto de
afirmación. Escribir porque sí.

Antonio Muñoz Molina

 

El advenimiento del Internet y sus numerosos y potentes recursos,  ha hecho posible  que todo mortal que se precie sea hoy un escritor en ciernes o en frenética actividad productiva profesional que promociona y difunde y publicita sus obras de la mañana a la noche en blogs, páginas webs, correos electrónicos y redes sociales. Añádase a esto la muy cómoda y accesible vía de la auto publicación en plataformas como Google Play, NookPress, AutopublicaciónTagus, Lulu, CreateSpace, Bubok, MyEbook, KoboWritinglife, Smashwords y la muy poderosa Amazon.

Hoy tenemos así clarísimamente más escritores1 que público lector. Se escribe y se publica en la actualidad más que nunca, hay una tremenda, escandalosa, abrumadora sobreabundancia de textos y contra textos y recontra textos que generan un ruido ensordecedor, una auténtica maraña inextricable y por completo inmanejable.2En estostiempos un escritor (sea cual sea su tipo y  real dimensión y calidad) tiene más competencia (leal y desleal) que nunca antes en la historia, competencia  que le  asalta desde todos los frentes: radio, cine, televisión, medios digitales operables en diversos dispositivos: computadoras de escritorio y portátiles, tabletas, teléfonos inteligentes…

El escritor  de hoy (bueno o malo o mediocre o regular) se afana y  esfuerza, se entrega con denuedo y tesón  a la promoción y difusión de su obra. Además de producirla y escribirla con esmero y dedicación y derroche de  talento e imaginación, es su  propio promotor. La actividad resulta extenuante. Tremendamente  estresante. Acude para ello el escritor a todos los medios a su alcance:  recitales, publicaciones impresas, ruedas de prensa, viajes promocionales, recitales y conciertos, pero sobre todo a Internet y  los múltiples recursos y aplicaciones de la portentosa red de redes.

Las estrategias que usa un escritor actual  para avanzar, para hacer que su nombre suene, para darse a conocer y ser reconocido, para lograr que su obra llegue a los lectores, son muy numerosas y de muy variada naturaleza.

Se acude a las relaciones y a los amigos (el viejo “amiguismo” siempre tan vivo y fructífero y  eficaz), se une uno a un grupo determinado (gais o lesbianas), o  a grupos regionales o culturales o raciales o simplemente (cuando todavía se puede y no nos ha caído encima irremediablemente la edad…) al colectivo jóvenes (así a secas) que siempre es un magnífico y eficaz reclamo mercadológico-publicitario.

Optar a (o mejor, apostar por) premios locales, regionales, nacionales  e internacionales es asimismo una vía posible de progreso y afianzamiento en la competitiva carrera de las letras. Hay verdaderos especialistas en estos arduos menesteres3, profesionales   que se presentan de forma metódica y sistemática (como auténticos administradores y gerentes empresariales) a cuanto premios, concursos y certámenes se producen durante todo el año  a lo largo  y ancho de un territorio, región, estado o país.

De idéntica forma  el escritor voluntarioso persigue con denuedo  la obtención de las apetecibles becas de creación que suelen otorgar  diferentes instituciones en países como España, México, Colombia, Venezuela, EUA, etc., y cuya dotación por lo general proporcionaal escritor un respiro de todo un año. 4

Otra puerta  abierta al éxito y la consagración es el conseguir ser representado por un agente literario (Carmen Bacells es la estrella indiscutible de las letras hispanas) y de su mano lograr entrar en los catálogos de los grandes grupos editoriales de obras de ficción en español: Planeta, Santillana (PRISA), Anaya, RamdonHouseMondadori(Betelsmann), RBA, SM, Grupo Z, o en su defecto, en alguna  pequeña o mediana empresa editorial independiente.

Es como se ve frenética y constante la actividad.Pero no terminan aquí los afanes del escritor que debe siempre, ya por definición, procurarse un trabajo (o a veces dos o más y por lo general todos precarios, a no ser que le sonría  la suerte o desarrolle en su máxima potencia  el talento de trepador) que lo sustente, pues como sostenía el escritor español Sergi Bellver, autor de Agua dura  en un reciente artículo de  El País: “La gente seria tiene un trabajo normal y luego escribe en su tiempo libre.” (…) “Y es que es difícil sobrevivir juntando letras.”Y en efecto, el autor debe sostenerse con trabajos regulares para paliar la precariedad en la que lo coloca el oficio de las letras que en muy contadísimos casos permite la generación de recursos suficientes como para poder vivir sólo y exclusivamente de éste.

En nuestros países de Latinoaméricaexiste un eficaz  recurso que permite al escritor alcanzar  alguna relevancia y trascendencia en el mundo cultural y literario  a la par que se hace  con un puesto de trabajo relativamente seguro: la militancia política partidaria o el apoyo puntual en tiempos de campaña electoral a un determinado candidato. Esto muchas veces hace  posible que el escritor se alce, tras el triunfo de su candidato en los comicios electorales, con un puesto de relevancia media o alta en la administración del Estado (como es bien sabido durante largos años fue la carrera diplomática el destino casi obligado de escritores e intelectuales en Latinoamérica) con lo cual  el escritor ciertamente mata dos pájaros de un tiro.

En la República Dominicana  una  buena parte de  los escritores pertenecen a la nómina del  Ministerio de Cultura y allí, además de percibir  un salario, procuran sacar provecho de su situación de privilegio a través del usufructo y reparto de prebendas y beneficios.5

Pero  todavía el escritor de hoy debe dar otra vuelta de tuerca en su estresada vida de escribidor para lograr el éxito de forma rotunda (el éxito de crítica y de público, el  éxito de ventas), adaptando por lo generalsu obra a los gustos del lector de hoy, en cuya estructura mental  predomina el facilismo, lo obvio, la frívola vaciedad. Público embobado, que no va a lo esencial, y exige una obra ligera y de fácil digestión y asimilación. Tramas, argumentos personajes y  lenguaje se generan pensando en gustar, en llegar al corazón blando, sentimental y lacrimoso del limitado público de nuestros días y a su reblandecido y adocenado cerebro. Se usan fórmulas ya probadas, clichés gastados, recursos claramente manidos. Se asimila el lenguaje coloquial y la jerga juvenil urbana al uso con incorporación de términos del inglés y del spanglish. Pero también se puede recurrir a la sobada y gastada pose del malditismo(iconoclastas y heterodoxos de tres al cuarto o de salón pululan hoy por doquier, enarbolando ante nuestras ojos  palabras y escenas más o menos escabrosas e irreverentes que ya a nadie asustan ni alarman y mucho menos desestabilizan el ánimo de ser vivo alguno salvo el de los peleles de másflácido espíritu) o a una controlada apariencia de complicación y/o  profundidad y hondura en los planteamientos y en  la ejecución y evolución y desarrollo de la obra.

Lograr el éxito y la consagración literarios en nuestros días es pues tareatremendamente  ardua y difícil, penosa y desgastante que no siempre culmina  conforme se había deseado,pensado y planificado. La misma  genera bastante a menudo serias disfunciones e injustos despropósitos. Como señala acertadamente Antonio Muñoz Molina en su discurso de entrega del Premio Príncipe de Asturias, es bastante frecuente que exista hoy en día una “divergencia escandalosa entre el mérito y el reconocimiento”  “(…) sabe [el escritor] –añade el novelista en el textoreferido- que lo mejor unas veces es reconocido de inmediato y otras veces es ignorado, y que lo que parecía mejor a veces se desmorona al cabo de muy poco tiempo, y que una extraña justicia tardía alumbra mucho tiempo después, sin compensación posible, al talento verdadero que no brilló en vida.”

Todo lo señalado  hace  claramente  incierta y azarosa la carrera del escritor, siempre asediado por la más extrema y desestabilizante incertidumbre.  Como si el escritor se moviera de forma persistente a través de  un auténtico tremedal.

Pero pensemos por un momento en el mejor de los escenarios posibles, idílico, de plena y total realización del sueño profesional del escritor. Traigamos a nuestra mente el nombre rutilante de un escritor de auténtico éxito, aquel que arropado  y propulsado y promocionado por uno de las más célebres agencias literarias del momento ve incorporadas sus obras en el catálogo de un poderoso grupo editorial (Planeta, PinguinBooks, RandonHouse) las cuales ahora, traducidas a todas las lenguas conocidas del planeta,  se exhiben en todas las vastas superficies comerciales del mundo globalizado, en todas las gigantescas  librerías de grandes capitales y en las más modestas de capitales  de provincias. Donde se venden cantidades ingentes de ejemplares. Este autor gana premios de renombre, resulta cada dos por tres reconocido y homenajeado  por asociaciones profesionales, entidades culturales y universidades, acude y asiste a coloquios, charlas, conferencias y encuentros profesionales internacionales: Ferias, Congresos, simposios, etc. Los grandes medios de masas acogen en sus espacios toda noticia relacionada con su figura personal o con su obra y da cuenta de todo acontecimiento nuevo y noticia puntual de cada nueva producción  salida de su ingeniosa y creativa cabeza.

Ahora bien, ¿puede este escritor  de éxito de  hoy medirse en popularidad y aceptación  y cariño y empatía del público con un deportista de alta competición, con una súperestrella de lo que en nuestros días se entiende por música o una de las figuras de la moda o del cine o de la televisión? ¿Logrará imponerse o al menos igualarse  en la aceptación y deslumbradaadmiraciónde las masas con los genios del entramado tecnológico afincado en Silicon Valley, con los banqueros y los tiburones de las finanzas de la City y de Wall Street, los detentadores  de las grandes fortunas del planeta cuyas listas regularmente publica (a  bombo y platillo) la prestigiosa revista Forbes y da a conocer la  poderosaAgencia Blumber?

¿Puede un escritor de éxito de hoy hacer ostentación de ventas de libros  frente a las de las multimillonarias facturaciones y transacciones comerciales de  las grandes corporaciones transnacionales. ¿Cuántas Coca-Colas vendepor minuto la Coca-Cola y Pepsis la Pepsi Cola  y cuántos smarphones y tabletsAple o la surcoreana Samsung o automóviles la Ford, la Audi o la Toyota…?

Las cifras, lo sabemos, son de vértigo… y bajo ningún concepto podemos comparar las unas con las otras.

Todo  escritor, pues (es mi modesta opinión)debería manejarse hoycon extremas sencillez, humildad y modestia. Porque así como las humanidades (filosofía,  filología,  historia,   estudios de arte, etc.) han perdido peso en la sociedad actual, neoliberal y posmoderna, signada por la voraz e implacable patología de la alta y compleja especulación financiera,  del lucro y del beneficio a toda costa, y de la frivolización de la vida humana, idénticamente los escritores  han caído en franca depreciación, por no decir en el mayor desapego y menosprecio.  El escritor en la actualidad es  un singular espécimen  cuya voz  no cuenta para nada y por nadie prácticamente es tomada en cuenta.6Y la mercancía que oferta y a veces logra colocar  en el mercado bajo la férrea  ley de la oferta y la demanda de ningún modo es percibida por el gran público como un producto imprescindible, sino por el contrario como algo absolutamente superfluo y prescindible.

Como explicaba  Aldo García,editor de A. Machado Libros (España):

El libro lleva tiempo menospreciado por la sociedad. A nadie le parece extraño que una comida o una camiseta cueste 20 euros, pero sí un libro, sin tener en cuenta que es un producto de trascendencia. Es hora de recuperar su prestigio. (…)

Y antes había señalado el prestigioso editor y librero: “es que el libro ha perdido presencia en las aulas y en la sociedad en general. Pero sobre todo en la universidad donde se está graduando gente sin leer libros.

Así andan las cosas. Ante este panorama, pues,  ¿vale la pena escribir, vale la pena seguir escribiendo y fabulando, hacer literatura, debe uno alentar a los jóvenes a que se sumen a las filas de una actividad tan azarosa e incierta como lo es la de la creación literaria, tan solitaria y esforzada y de la que para colmo tan poco en realidad  puede esperarse?

No quiero cerrar este artículo con un tono sombrío de pesadumbre y derrota. Me sumo sin más al pensar y sentir de un notable novelista norteamericano de nuestros díasde grandísimo éxito, Paul Auster, quien ha dejado dicho (me excusan lo largo de las citas pero entiendo que no debo prescindir de ellas y su luminosa y lúcida positividad):

La literatura –nos dice Auster– es una fuerza en el mundo y no me imagino la vida sin literatura. La vida sin arte es inimaginable, pero como todos saben, cada vez hay menos lectores. Cada vez la literatura tiene que competir con otras formas de ocio. Esto nunca me ha preocupado, porque los libros tienen algo que no tiene la música u otras formas de arte: los libros se leen individualmente. Aunque haya un lector o haya un millón, siempre hay un lector y un libro. Es una relación uno a uno, autor y lector colaborando juntos. Y en cierto sentido, es el único lugar del mundo donde dos extraños pueden conocerse y reunirse en términos de igualdad. La gente habla de la muerte de la literatura, pero yo creo que no se va a producir.

Y la segunda cita de Paul Auster,dice  así:

Creo que todos los artistas, de una u otra forma, son personas dañadas. Y a veces el mundo  real no es suficiente. Tenemos que explorar un mundo inventado. Admiro a la gente que se contenta con las cosas como son, que viven en el presente y no tienen la carga que parecen tener los artistas. Es una compulsión, como una enfermedad. Si estás enfermo, seguramente debes tomar pastillas; ser escritor es algo parecido: debes lidiar con tu enfermedad sentándote todos los días a escribir.

Seguiremos, pues,los “escritores enfermos” escribiendo contra viento y marea porque, en definitiva, para bien y para mal,es una auténtica necesidad, una solitaria e improductiva actividad irrenunciable.

Notas del artículo

  1. Claro que debo precisar que cuando hablo de escritores aludo a una realidad muy amplia, variada y compleja que va desde el escritor en ciernes al consagrado, desde el absolutamente desconocido o apenas leído al que ha logrado trascender y colocar su obra en lo más elevado, logrando altísimas cotas de éxito y de renombre internacional. Y dentro de este último tipo hay que señalar la existencia de diferentes especímenes cada uno con sus particularidades y especificidades, que van desde los escritores de textos de autoayuda (Paulo Coelho) o todos los grandes escritores anglosajones de bestsellers hasta figuras como Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa o Isabel Allende, en el mundo hispano; o más recientemente el chileno Roberto Bolaño o escritores como el norteamericano Paul Auster o el japonés HarukiMurakami.
  2. Con mayor ferocidad alude el escritor argentino Rodrigo Fresán al referido fenómeno: “Se lee y se escribe más, dicen las estadísticas, pero es más mierda: la gente lee y escribe sobre ella, facilitado por artilugios electrónicos: la sublimación de la tontería”.
  3. El chileno Roberto Bolaño, hoy célebre, se vio obligado largo tiempo en España a apelar a los concursos para subsistir siempre en precarias condiciones de salud.
  4. Es famosa en EUA la beca Gugenhein. Otras becas de Creación literaria son: Beca de creación literaria fundación Han Nefkens - IDEC-UPF, Barcelona; CONACULTA (México) La Fundación para las Letras Mexicanas; Beca de creación literaria “CintioVitier” (Cuba); Beca Emili Teixidor de Creación Literaria. Ediciones Columna Cataluña España; Beca ACVF para la creación literaria. ACVF Editorial - La Vieja Factoría y asimismo las concedidas en España por el Ministerio de Cultura.
  5. Remito al lector interesado al artículo de Fernando Valerio-Holguín, “Clase política, compadrazgo y hampa cultural en la formación del canon literario dominicano (1996-2012)”, TRANSMODERNITY: Journal of Peripheral Cultural Production of the Luso-HispanicWorld, 3(2) , 2014, donde se da buena cuenta de este estado de cosas en el país y se hace un exhaustivo y certero análisis de la referida situación.
  6. A este respecto expresaba en una entrevista el escritor Paul Auster, profusamente citado en estas páginas: “Pero en los Estados Unidos, nuestra realeza son los actores de Hollywood, les preguntan a ellos qué piensan de la política. Yo diría que los escritores somos personas marginales, como sombras en los límites de la sociedad…”

Del Autor

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Carlos Enrique Cabrera
(La Vega, República Dominicana). Se licenció en Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid (España) y realizó estudios de Bibliotecología y Documentación en instituciones educativas de esa capital europea. Durante años se desempeñó como funcionario de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad Autónoma de Madrid y como colaborador externo de importantes editoriales españolas (Editora Nacional, Plaza y Janés, Alfaguara, Playor). En 2001 fundó la revista de letras, artes y pensamiento Caudal, que bajo su dirección dio a la luz, de forma ininterrumpida, 29 números. Ensayos y cuentos suyos han aparecido en diversos medios impresos y digitales y son de su autoría los libros Reflexiones de bolsillo (2002), Tiempos difíciles (2010) –recopilación de ensayos– y el conjunto de microrrelatos: Conjuros y otros microcuentos (INTEC, 2013). Es también coautor de la obra didáctica Español Universitario (Santillana Universitaria, 2006) y el de información turística Ciudad Colonial Santo Domingo (Tando Editora, 2011). Asimismo, mantiene en la Red varios blogs: Conjuros en “La Comunidad” del diario madrileño El País, y en Blogger el personal Carlos Enrique Cabrera (CEC) y el promocional de la revista Caudal, así como el educativo: Español CEC. Desde 1994 es profesor a tiempo completo del Área de Ciencias Sociales y Humanidades del Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC).