… mis “seres” no son de la tierra, son del agua y del aire… y casi te diría que de un mundo mágico, no son terrenales en ningún sentido. Y en esto se expresa mi primer mensaje, estoy en el cielo o en el agua pero no en la “tierra”, siempre sentí que nací fuera de lugar y de tiempo. No me siento un espíritu de mi tiempo, y así lo puede expresar. Y –con lo feo que suena, pero no conozco otra manera de decirlo- soy ciudadana del mundo, mi lugar es donde están mis afectos y/o donde me siento feliz. Barcelona es Mi lugar en el mundo, o el que me llamó hasta ahora; no descarto que pueda ser algún otro, de hecho tuve planes, que se frustraron por la enfermedad de mi perra, para ir a vivir a una aldea a 14 km de Santa Marta, al pie de la Sierra Nevada, una aldea de artistas y escritores, lo más parecido al paraíso en la tierra. Mi papá era paraguayo, que emigró a la Argentina, mis bisabuelos eran rumanos y ucranianos y de algún lugar por allí que ni sabemos, judíos askenazis todos. Llegaron a la Argentina entre 1897 y 1912, así que mis raíces “patrias” las tengo bien firmes, pero como buena judía, debo tener espíritu errante bien instalado; me encanta viajar y me gusta vivir en otros lugares, imbuirme de otras culturas, y por eso renuncié a la arqueología para ser antropóloga; ese era mi verdadero “vestido”.
Entrevistada para el dossier de Artes Plásticas en OtroLunes No. 33, Junio 2014
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Su nombre evocaba santidad. Como solo la evocaba, aquí prescindiremos de mencionarlo.
Si bien he de relatar circunstancias de su vida, “necrografía” resultó ser el género literario al que dio origen tal vida. Porque más que vida, lo que transitó fue un constante e inescrutable descenso hacia la muerte.
Murió solo; muy solo. No es que no estuviera rodeado de gente, pero sí atrapado por la más terrible de las soledades. Sembró lo que cosechó a lo largo de su poca fructífera vida. En parte fue responsable, en parte no. Genéticamente no estaba dotado con los mejores atributos de la especie humana. Se trataba de un eslabón; y era el último ejemplar de esa subespecie que finalmente se extinguió con su muerte. No es que no haya dejado descendencia; sí, la dejó: 2 hijos reconocidos y algunos otros por los que ni siquiera se interesó saber si habían llegado a este mundo. Pero los hijos que engendró no participaron de su carga genética. Operó en ellos la selección natural y los genes paternos resultaron regresivos, no manifestándose más que en algún rasgo fenotípico sin mayor importancia.
Lo poco que se sabe de él proviene de sus propios testimonios escritos porque se ocupó de dejarlos, pues intuía que con su muerte, le llegaría el olvido definitivo. Ya sabemos que los muertos sobreviven en el recuerdo de los seres que los amaron y se inmortalizan en las obras que legaron. Éste no amó ni fue amado, ni legó nada.
Se encontró una grabación del momento en que se discutía – con él muerto ya y enfriándose su cadáver – si debía ser enterrado, cremado o abandonado a la suerte de la aves de rapiña. En dicha grabación se discutían diversas hipótesis pero todas reflejaban el mismo miedo: desde si conservando algún vestigio físico suyo, la suerte quisiera otra vez favorecerlo para ser clonado, hasta el miedo a que en algún momento resurgieran individuos de su subespecie y vieran en él un dios o líder carismático y que su persona y figura fuera convertida en un profeta de nuevos malos tiempos. Conservando una tumba suya, ésta correría el riesgo de convertirse en un maldito reducto de la memoria histórica que se quería olvidar. Finalmente tras largas horas de reflexión se votó por unanimidad que su cuerpo muerto fuera abandonado en lo alto de alguna montaña, a merced de las aves de rapiña. Saquen ustedes sus propias conclusiones…
Algunas almas generosas lloraron su muerte; lloraron por la pena que les despertaba saber que existían personas con tantas maldiciones a cuestas. Se dirigían a dios preguntándole por qué… con una vida tan gris…con un destino de olvido. Hasta elevaron algunas plegarias pidiendo por la salvación de su alma, si es que ésta tenía alguna posibilidad de salvación.
Ascendió de las tinieblas para ver la luz un primero de abril, no importa de qué año…En vez de abrir los ojos o llorar como la mayoría de los niños en ese primer instante, nuestro personaje lanzó un eructo. Esa fue la manera como celebró su ingreso al orden humano. ¿Quizás aquel acontecimiento haya sido una premonición? Quién sabe…es probable. Por si aquello fuera poco, el primero de abril es el día en que los italianos consagran a gastar bromas a toda estirpe de inocentes e incautos. En latitudes sudamericanas la misma fecha está consagrada a conmemorar el día del animal.
Su muerte ocurrió en fecha no menos paradigmática: 17 de octubre, domingo en que se celebraban elecciones generales con la triste victoria de la derecha, domingo también aquel en que se cumplía un año más de la Revolución del 17 de Octubre…en fin… ¡Cuántas coincidencias!
En apariencia era un ser normal. Había alcanzado un alto nivel en sus estudios y trabajaba rutinariamente como cualquiera. Lo malo era que él mismo no tenía capacidad para discernir entre el saber y la información, entre el bien y el mal, entre lo propio y lo ajeno… poseía un egocentrismo tan pero tan grande que era incapaz de trascender su mirada y su contemplación más allá de sus narices. Su pasión por los animales y su cruzada para defender sus derechos no reflejaban otra cosa que una actitud desenfrenada por lavar su conciencia de cuánto mal provocaba – sabiéndolo – a sus congéneres.
Había obtenido ciertos triunfos inmerecidos a lo largo de su vida, entre los que se encuentran sus propios hijos, pero no eran triunfos en el verdadero sentido de la palabra; se trataba de un extraño fenómeno llamado azar que a veces concede favores inmerecidos a algunos y a veces priva de justicia a otros. Este individuo tenía el azar a su favor, y en lugar de sentirse privilegiado y con la posibilidad en sus manos de retribuir algo de la suerte que le llegaba, se mofaba de ello y lo exhibía sin piedad presentándolo como propio mérito.
No debe extrañarnos que haya tenido obsesiones; y tuvo muchas. Quisiera acá contarles una: la obsesión que desde pequeño mostraba por las redes. Nunca la superó… ni las otras…porque se negaba a sí mismo que tenía algún desorden emocional que podría haber aligerado un buen psicólogo.
Pero pasemos a conocer su obsesión por las redes. Quisiera contarles una de las posibles historias de las redes, ya que se trata de uno de los objetos más arcaicos que inventó el hombre y que aún hoy, entrando en el tercer milenio nos siguen acompañando en diversas formas, entre las cuales hay algunas muy evolucionadas.
La red, si la observamos sin mayores miramientos, no es más que un conjunto de cuerdas entrelazadas que sirven para construir una malla tejida que se puede utilizar con diversos fines: en los albores de la humanidad el hombre primitivo cazaba y pescaba ayudado por las redes, y casi podríamos decir que, depende para qué tipo de sociedades, éstas eran tan vitales como el agua. Más adelante se fue redescubriendo el valor de las redes y sus tejidos con otra infinidad de fines prácticos: se tejían cestas para almacenar alimentos, para enterrar muertos, ah!…Los celtas también tejían cestas alrededor de una persona atrapándola dentro para después colgar dicho “objeto” de un árbol y prendían fuego quemando viva a la persona allí metida: a esto llamaban ofrenda o sacrificio. También se tejieron redes para cercar espacios de juego, áreas de portería, para encestar pelotas… ya vamos viendo cómo la red pasa de tener fines meramente utilitarios a otros lúdicos o simbólicos.
A medida que la civilización avanza y las sociedades se complejizan, las redes pasan a tener un especial valor social. De las redes sociales que un individuo o grupo teje con sus afines o vecinos, dependen en gran parte sus capacidades de adaptación y probabilidades de subsistencia en medios no muy favorables: y allí el gran valor que la red social adquiere en estos días de fines de milenio especialmente.
Si hilamos algo más fino, descubrimos que red tiene otro significado que lamentablemente pocos alcanzan a comprender: red es ni más que menos que “rojo”, en “inglish”…o al menos así me enseñó la ticher…dis pencil is red, dat pencil is blu…rezaba mi rosario de infancia en la escuela durante las sórdidas clases de inglés. Pero con el paso de los años descubrí que mi corazón se inclinaba a amar a los “rojos”; los rojos habían creado grandes teorías sociales y políticas que tenían fines muy humanitarios, en los que se destacaba el valor de las redes…y de la solidaridad. Y para identificarse eligieron el color “red”, es decir el rojo. Por mis años mozos me hacía gran ilusión ser atrapada por esas redes. Hoy no es que no me siga ilusionando…es que algunas redes me dan pánico…ya me darán la razón.
Finalizaremos este breve recorrido histórico por las redes llegando a nuestra década: y encontramos la red que se creó quién sabe dónde y sin saber muy bien por qué ni para qué ni por quién. Y allí nos encontramos atrapados todos, o casi, nos guste o no; pero lo cierto es que la encontramos fascinante; es la red más grande jamás imaginada…y además es virtual!!! Ya saben ustedes a lo que me refiero.
Entonces ya estamos en condiciones de repasar las obsesiones que llevaron a aquel eslabón a cometer algunos de sus crímenes; porque desde pequeño cometía crímenes con la red. Y el último y más grande lo ejecutó también a través de la red, pero en este caso la virtual…la red, claro, no el crimen; el crimen fue bien real.
Apenas comenzaba a dar sus primeros pasos cuando encontró en el trastero de su casa un papamoscas; se hizo con él y a diestra y siniestra se dedicaba a perseguir insectos, que no siempre alcanzaba porque su psicomotricidad aún no estaba muy afinada. Con el correr de los años la mejoró notablemente. Ya contaba con los suficientes años para entrar en la escuela y allí, en pleno proceso de socialización comenzó a practicar juegos y deportes con todo tipo de red: jugó vóley, básquet, fútbol, tenis. No destacó gran cosa en ninguno.
Ya siendo adolescente, escuchó el llamado de los rojos y se acercó hasta ellos. Ejercitó alguna tibia militancia para la causa, pero no pasaba del tibio al caliente porque hasta entonces no se había percatado de que era daltónico. El llamado de los rojos lo recibió por error; es que no distinguía los colores…tras algunos años militando, se dio cuenta de que sus ideales pasaban exactamente por las antípodas de donde se hallaba situado. Y se convirtió en líder de los ultra-conservadores.
Su obsesión por las redes iba in crescendo a medida que maduraba -cronológicamente, claro – y le faltaba algo para sentirse realizado por completo. Ni él mismo tenía demasiado claro de qué se trataba, pero lo que no podemos negarle es su espíritu inquieto.
Y fue así que informándose a diario, periódico mediante, ya que la información era otra de sus obsesiones pero que la confundía con saber…, empezó a prestar atención al tema de las redes de mafias, de traficantes, de prostitución, etcétera. Imaginarán el fin de esta historia: se erigió en un capo-mafia de una red multinacional de trata de blancas y tráfico de inmigrantes. Así logró un próspero bienestar económico que detentaba opulentamente y del que sólo permitió participar a sus hijos… ¡Menos mal! Porque ni de sus padres se acordó entonces…
Los medios tecnológicos avanzaban y con ellos las posibilidades al alcance de cualquiera de utilizarlos con fines buenos o malos. ¿Y a que no saben por qué fin se inclinó este señor? Sí, bingo…han acertado…los malos, y de los malos, los peores.
Y así entró en la red virtual y se vio deleitado con las múltiples posibilidades que ésta le ofrecía de “cazar” giles, desprevenidos, inocentes, crédulos y todo tipo de personas incapaces de vislumbrar tanta maldad en un hombre escondido tras un monitor. Y encontró también mucha gente que no se distinguía demasiado de él cualitativamente hablando, pero sí cuantitativamente. Nunca nadie llegó al extremo de sus posibilidades. Sus más atroces delitos los cometió a través de esta red.
Si has llegado hasta esta parte del relato y te sigues preguntando en qué consistieron aquellos brutales delitos, te puedes sentir satisfecho y especialmente tranquilo: eres un afortunado ya que no has sido su víctima.
Me pregunto si este señor, admirando los sacrificios celtas, hubo aggiornado la práctica de la inmolación de personas vivas atrapadas en redes virtuales.
¡¡Cuidado!! Siempre hay un enemigo al acecho.
