La sinfonía del lobo
Marius Daniel Popescu
Nocturna Ediciones, 2013
Tuve la sensación de haberme colado en la memoria de alguien que narra a alguien. Me sentí dentro de una conversación a la que solo podía asistir en silencio porque lo que se decía, en muchos aspectos, también lo decían de mí. En La sinfonía del lobo (Nocturna Ediciones, 2013), el autor se sirve de un narrador que le cuente, que le diga cómo fue su vida antes de su vida, cómo eran los espacios en blanco a los que no llega. Se busca a un abuelo que narra a su nieto, que narra a su hijo, que nos narra todos: pasajes de una vida que remite a los años fríos de una historia que jamás debió ser.
Marius Daniel Popescu (Craiova, Rumania, 1963) construye su narración sobre una sólida segunda persona, directa. La ausencia aparente de elaboradas técnicas narrativas, dejan al descubierto a un autor que no rehúye el cuerpo a cuerpo con los recuerdos, con los suyos y con los de sus lectores. Mira de frente, cuenta, narra muertes, años tristes, primeras veces, traiciones, felicidad, una dictadura. No quiere que nada distraiga al autor del féretro abierto de su padre, de esa despedida, el principio de ver y experimentar el mundo (la página 87, terriblemente elocuente, hermosamente rotunda “…no somos lo que está escrito en los libros, no somos imágenes…). Popescu dibuja una historia franca, que narra y se inventa su memoria, que pone al servicio de la evocación reflexiva, una época crucial de la historia rumana.
La sinfonía del lobo es en el fondo una novela del padre, de su ausencia y presencia y como ambas influyen en una vida. El padre ausente, el padre muerto, el hijo que es luego padre, las hijas que aman a su padre, el hijo que es hijastro. Padres, todos estos distintos, matices del mismo, del mío del de todos del que seremos del que somos del que quisimos tener, del que ya no tenemos en vida en la muerte. Lo que emociona profundamente, es como el abuelo narra el padre a su nieto. Una narración que me persigue mucho tiempo después. Ustedes querrán también en su vida un narrador como este, ese virtuosismo del rumano que consigue una historia brillante.
Los escenarios, lo detalles a ráfagas conforman una atmósfera aplastante. Lo rural, lo compacto, lo agobiante del partido único, el temor en los personajes, el proceso de enfriamiento de la libertad. No es fácil que mientras cuentas, en el fondo y a la vez, consigas que un rumor, apenas una leve brisa narrativa, se esté apoderando de todo. Esto lo consigue el autor con una inteligente sobriedad.
Cabe destacar que la traducción de esta novela la hizo la escritora Juana Salabert, y que le valió el premio Mots Passants que otorga la Universidad Autónoma de Barcelona por la traducción del francés.
Y una reflexión, sencilla, de fondo. Un juego que dura toda la novela. Hay palabras, dice el autor, “que no deberían existir”: tragedia, lenguaje, desesperación… y muchas otras a lo largo de la novela. Sumen las suyas a este diccionario de palabras muertas: olvido, miseria, pobre, dictadura, único. Son palabras que creo, tras la lectura de La sinfonía del lobo, no deberían existir.