Un monumento a la perspicacia

Sobre la novela Últimos días junto al mar, de José Luis García

José René Rigal

Últimos días junto al mar
José Luis García
Ediciones Holguín, Cuba, 2014

 

jose-luis-garcia-narrativa-librario-otrolunes37Hay mil maneras de ironizar un trozo de vida hecha jirones. Impotentes de ser pequeñísimos racionales, con espacio medular incluido, al margen de toda confrontación con el mundo exterior, a partir de nuestro encierro unipersonal, tratamos de alumbrar desde el fondo del pozo, con la voz menos lesiva que el cielo ha puesto en nuestras manos: la ironía. Finísima ironía que llega al caer la tarde como el zumbar de una mosca en pleno vuelo. Nada más que el carácter puntiagudo de José Luis García al decir de su novela Últimos Días Junto al Mar, premio de la ciudad Holguín 2013, publicada por Ediciones Holguín, ironiza hasta ridiculizar el sensacionalismo policial asumido por una cofradía de autores que hicieron de sus textos adulaciones, pretendiendo convertirse en el Raymond Chandler de la isla del sacrificio. Y es que de tanto esperar el autor ha visto agotarse el líquido existencial y ha apelado al arte de escribir ironías como única vía de nombrar lo innombrable evadiendo el chasquido del látigo sobre el tronco del naranjo.

Últimos días Junto al Mar, narra las peripecias de un agente sin nombre, al servicio de una Inteligencia añejada en el recuerdo, durante los días precedentes a la desbandada ocurrida por allá por el año 2027, y que pudo haber sido en el año 3027, a tenor de la lentitud con que la vida se despide de los actores. En ella el autor devela una trama que suena interesante a partir de una geografía que circunda el norte holguinero, donde nombres coinciden con lo regular y otros nacen de una imaginación irregular.

…tal como detallo en la nota a la jefatura, el almirante Handke me pareció un bicho raro, un hombre sin carácter, a quien le auguro muy poco tiempo al mando de las tropas de la coalición acantonadas aquí. Lo primero que desconcierta del almirante Handke es que hace un insufrible esfuerzo para decir en español las cosas más sencillas, y sin embargo, acto seguido, es capaz de expresar con asombrosa fluidez una serie de ideas complejas. Así que entre titubeos y fluideces me dijo que sus superiores creen que, de un momento a otro, esta isla puede convertirse en un matadero, aunque en su opinión no hay conflicto interno que no pueda ser resuelto con una pelea de almohadas.

Así de simplona se muestra la narrativa que oculta un lenguaje mordaz, a la caza de un entorno igual de simplón, afectado por la sordidez de un modo que se tambalea al borde de lo infantil y superfluo.

Últimos Días es uno de esos libros raros, poco comunes, que el leerlo, junto a la admiración que provocan, nos dejan la sensación de estar viviendo en las postrimerías de una era que a la sazón se presenta como traje a vestir por un mundo al revés. Y es que Últimos Días por momentos parece haber sido escrita en una época futura y trasladada mágicamente al presente, de tal manera que nos vemos medio cuerpo sumergidos en una sociedad no tan imprecisa como la actual, pero imprecisa al fin. Para su mejor lectura es necesaria una mirada amplia, crítica, desprejuiciada; un adecuado análisis para captar cada imagen, cada sugerencia, la esencia misma del mensaje. De ahí que sea un libro con un trasfondo filosófico y profundamente humano, a juzgar por los enlaces armónicos de entorno y sociedad que se desarrollan junto al medio donde crece la trama. Es un trabajo hecho sobre lo breve, que gana en intensidad lo que pierde en extensión. Texto que atrapa la atención y simpatía de los lectores  a través de un conflicto que es el elemento fundamental y con el que nos encontramos al pasar la primera página. En fin, es una obra que se adelanta a su tiempo, lista a quedar en la historia como un monumento a la perspicacia.

Atendiendo a que una obra específica, y por demás corta, no puede ser criticada por una infinitud de cuartillas, sin caer en el desacierto de un discurso dilatado y tedioso, como muchos, firmo con una sentencia del propio autor que denota a las claras su intención marcadamente sarcástica, cuando hace referencia a un pasaje de tiempo futuro, que podía ser, y por qué no,  una visión de pasado y presente en una isla cualquiera:

Hablando de votos – dijo él en tono conciliador – ¿usted cree que ahora se celebren aquí elecciones presidenciales?

Y termino con una observación que bien pudiera ser calificada como la apoteosis de su rimbombante ironía:

….el ruso me dijo que la única ventaja de nuestras fuerzas radica en que todos los estados democráticos del mundo cometen el error de creer que no hay dificultades que no puedan solucionar por la vía pacífica. Y terminó diciendo: esa es su debilidad y nuestra brecha para encausar la violencia proletaria y estudiantil.