Carmen Fernández de Blas
dice:
Escuché hablar de Juana bastante antes de conocerla físicamente. Salía al paso de mi vida en personas o asuntos impredecibles lo que me generó una enorme curiosidad hacia ella. Sentia que aunque nuestras vidas eran aparentemente muy diferentes teníamos unos puntos en común que nos hacían coincidir en personas o cosas, situaciones o maneras de ver la vida. Cuando finalmente la conocí todo cobro sentido, Juana es una de esas personas que te dan la nacionalidad y los papeles con una mirada y una sonrisa, en las que la inteligencia brilla sin moverse se del sitio. La pedantería no cabe en su casa ni soporta la cursilería, y cultiva con acierto el sentido del humor. Que alivio, que alegría, que gusto tener una autora como ella, porque para entonces yo era editora y ella escritora y cruzamos de nuevo nuestras vidas en varios libros, varias fiestas, varias charlas….
Además de una gran escritora, faltaría más, Juana se ha hecho más sabia con los años, algo que aseguro no le pasa a todo el mundo y confieso que mi admiración por ella ha ido creciendo. En este turbulento mundo literario no es fácil mantener sin inmutarse la curiosidad en los ojos y la media melena rubia, recordándonos donde esta el centro de las cosas. Eso pensaba cuando la escuchaba hablar en la presentación de su última novela y ahora que se nos ha ido La Matute, tener la inteligencia traviesa de Salabert en el panorama les aseguro que a mi me resulta alentador, no solo por lo que escribe, y como analiza las situaciones, sino porque me gusta como es y me divierto con ella, lo reconozco, soy una egoísta.
