Luisa Etxenike
dice:
«Une bouche suffit au mois de Mai des mots»
Louis Aragon, Les yeux d´Elsa
“El arte occidental recuperará poco a poco su fuerza y su grandeza si no se olvida de los humillados…El tiempo de los artistas irresponsables ha pasado”. Estas palabras están tomadas libremente de uno de los discursos que Albert Camus pronunció en Suecia cuando en 1957 recibió el Nobel de Literatura. Y las recuerdo ahora porque me parecen una excelente puerta de entrada a la literatura de Juana Salabert que es, como ella misma, todo lo contrario de irresponsable o indiferente; que está hecha de no olvidos.
La mirada literaria de Juana Salabert recuerda y nos recuerda que no hay geografía de lo humano que no abarque todas las geografías, que no hay lejos para una humanidad asumida y querida. Y que no hay tiempo de lo humano que no esté incluido de algún modo en el presente, en las interrogaciones y las respuestas que el presente tiene que acoger como suyas.
Y así los ojos de Juana Salabert nos trasladan a la Guerra Civil española o a la II Guerra Mundial o a las dictaduras latinoamericanas; al siglo XX o al XV; al horror de la Shoah; a los escenarios siempre reconocibles de la violencia familiar; a París o a Madrid; el Madrid de ayer y el de ahora mismo, con sus establecimientos compradores de oro, chupadores de la sangre del infortunio ajeno. Los ojos de Juana Salabert recorren las geografías y los tiempos para poner en sus lectores una alerta, una lucidez nuevas; y la posibilidad por ello de una nueva resistencia contra la violencia, la mentira, la infamia, la manipulación histórica, el relativismo moral, la indiferencia frente al sufrimiento de los demás. Y yo le agradezco a Juana Salabert, a su mirada ágil y exigente, inmune al conformismo y al desaliento, que me despierte de nuevo esa “camusiana” confianza en la capacidad de los seres humanos para erigirse en réplica; para poner un no cuando el sí significaría una complicidad inaceptable; o un sí, cuando el no es cobardía, claudicación u olvido.
Como le agradezco que en un mundo por donde avanza, como una desertización, el repliegue comunitarista, su voz exprese siempre un cosmopolitismo esencial, de(l) alma. Y que en un mundo dedicado con triste ahínco al “selfie”_ también mental y moral_ sus ojos literarios busquen siempre lo otro y al otro. Y que en un mundo donde se nos toma cada vez más por tontos, sus libros_ por su hondura temática y su delicada exigencia formal_ nos tomen siempre por listos, nos consideren siempre, a cada página, interlocutores activos, imprescindibles, dignos de confianza.
Los ojos de Juana Salabert, vivos, atentos, valientes, se rebelan contra la mala “costumbre de no mirar”, y mirando instauran un “mayo de palabras”, una fertilidad ética y estética por la que la literatura recupera el sentido.
