Los lectores opinan – Selección
*****
Amir Valle
Sobre las novelas de Juana Salabert
Cuando urdió esa maravilla musical que es “La catedral sumergida”, Claude Debussy tenía en la mira una vieja leyenda bretona de la ciudad de Ys, que quedó sumergida por las aguas y de la que pueden verse durante las mareas bajas los cimientos de la catedral. Visto así, parece sencillo. Pero esa pieza te hace pensar en muchas cosas: el reflejo en el agua de algo no definible sumergido en las profundidades; el fin de toda la gloria que encierra esa arquitectura ahogada; el tiempo detenido; o el breve atisbo de algo que está hundido, atrapado en un pasado que, sin embargo, hurga en el presente siempre que las aguas bajan.
Siempre me vienen a la mente todas esas alegorías cuando pienso en la obra narrativa de la española Juana Salabert; narradora que, como ya he dicho en alguna ocasión, destaca por la singularidad de sus propuestas novelísticas en medio de un escenario donde prima la frivolidad, los modismos temáticos aplastados por el facilismo, la improvisación superficial disfrazada de cuestionamiento social, enseñoreado todo lo anterior por un cada vez más preocupante mercantilismo literario.
En los tres libros que he leído de esta autora: Velódromo de invierno, El bulevard del miedo y La noche ciega, las tramas, como es ya usual en otros narradores que abordan estos temas sólo apelando al impacto que ellos mismos encierran, no se limitan a la persecución de los judíos en París o Francia (Velódromo…), el mercado ilegal del patrimonio artístico y cultural expoliado en Europa por los nazis (El bulevard…) o la Guerra Civil en España (La noche…). Nada hay de carnavalesco, de superficial ni de oportunista en estas historias. Bastaría apuntar al poder lingüístico de Salabert: un verdadero despliegue de esa rica sonoridad, limpieza y precisión de nuestra lengua, sin hacer concesiones facilistas al lector. Pero vuelvo a remitirme a la idea de catedral sumergida: en cada una de estas obras hay una humanísima profusión de elementos esenciales que se convierten en el mejor caldo de cultivo para convertir a estas historias en un análisis serio, profundo y (repito) humanísimo del pasado de una nación (La noche…), de un triste fenómeno hoy renaciente, el antisemitismo (Velódromo…) y de un crimen contra la cultura universal (El bulevard…).
Son espejos, atisbos de la permanencia de un pasado supuestamente derrotado, aplastado, sumergido bajo las aguas de la historia, en el presente que habitamos. Y llama mucho mi atención, por ejemplo, que Ilse Landerman, protagonista deVelódromo de invierno, al invocar desde la actualidad (1992) recuerdos de una vida que salvó luego de abandonar a su madre y a su hermano en un graderío del velódromo (culpa de la cual no puede desprenderse), esté lanzando un claro grito al resurgimiento del pensamiento antisemita en España y la Europa actual (curiosamente encabezada esta tendencia en España por la izquierda y buena parte de sus intelectuales). O que Federico Fernet, en El Bulevard del miedo, desande con sus conflictos, sus vacilaciones y sus pactos de conveniencia entre una fauna humana podrida por sus miserias muy parecida a esa fauna actual, igual de podrida y contaminante, que depreda la sociedad española actual aunque hoy sean otras las mercaderías y tengan el sello de la corrupción política, financiera y social. Como también me sorprendió que La noche ciegasea una de las más profundas reflexiones, desde el alma de la familia española, sobre todos esos traumas, todas esas pérdidas éticas, o todas esas cosas que el franquismo truncó; y me sorprende por lo raro, pues percibo hoy mayormente una expansión palpable de la desmemoria sobre un tema como la Guerra Civil que, sin dudas, las generaciones presentes y futuras están obligados a revisitar debido a todos esos puentes invisibles que construyó a la fuerza hacia la modernidad española actual.
Esa es mi propuesta: léase cualquiera de las obras escritas por Juana Salabert con el prisma de que estamos mirando una catedral sumergida bajo las aguas y, estoy convencido, encontraremos un mundo de búsquedas secretas, pasadizos morales ocultos, matices de una exquisita reflexión sociológica, destellos diamantinos de esa preocupación ética y humana que derraman en sus obras los grandes escritores.
*****
Carmen Sigüenza
Sobre La regla del oro
La escritora Juana Salabert ha cambiado de pie y se ha pasado a la novela negra para indagar en la avaricia, “de los defectos más repugnantes del ser humano”, y en la crisis con La regla de oro, una trepidante historia en la que pone lupa al complejo comportamiento humano.
La regla de oro (Alianza) se suma así a las novelas negras que sirven para desmontar y denunciar las aguas más turbias del sistema y analizar las muchas y diferentes aristas que componen a las personas. Todo ello enmarcado en la España de 2012.
Una novela escrita y alimentada por la “indignación” y “sentimiento de estafa” que dice sentir Juana Salabert (París, 1962) desde que estalló la crisis.
“La historia me vino, como todas, como un fogonazo -explica a Efe-, y fue cuando un señor me dio una propaganda de vendo oro. Para mí el oro es el ejemplo de la metáfora que siempre ha cautivado los sueños de los seres humanos, y llevaba tiempo queriendo hablar de la avaricia que, por otra parte, creo que es lo que hace más desgraciado a un ser humano”.
A esto le añadió “el temor y las dudas acerca de todo lo que me produjo la crisis, la indignación y el ver que lo conquistado se caía en pedazos. Creíamos en Occidente que ya no íbamos a tener más guerras y que todo iba a discurrir en un estado de medio bienestar, pero resultó que no, que la gente se quedó sin trabajo, que perdían sus casas y esa realidad devastadora y de derrumbe de la clase me hizo perder la confianza que yo tenía en la Europa que salió del 45”.
La regla de oro comienza con la aparición de un joyero degollado y muerto tirado entre dos contenedores de basura y con un mensaje cosido al pecho. Un joyero madrileño que se dedicaba a la compra venta de oro a las familias asfixiadas por la crisis y que es el tercer muerto en un corto espacio de tiempo.
Un caso que deben resolver los dos inspectores de policía, Alarde y Castro, creados por la autora de Velódromo de invierno y que no responde a los perfiles estereotipados de la novela negra.
Pero La regla de oro también es un obra coral, con personajes muy ricos que tratan de la familia o las relaciones laborales, en medio de un Madrid desigual, marcado por las diferencias sociales, entre barrios y entre vidas diferentes.
Y es que para Juana Salabert, además de la música de las palabras, lo más importante en la novela es la creación de personajes.
Para llevar a cabo esta creación, el género negro le ha venido como anillo al dedo. “Siempre he sido lectora de novela negra y tenía muchas ganas de escribir una policiaca, además, es que se la debía a Ana María Matute (gran amiga suya y lectora empedernida del género) porque siempre me lo decía”, aclara.
Así, Salabert se suma a la nómina de escritores que se desdoblan en dos géneros, como John Banville que se convierte en Benjamin Black cuando firma novela negra; Camilleri, o Cristina Fernández Cubas, entre otros muchos autores, solo que Salabert no ha querido cambiar de nombre a la hora de escribir “noir”.
“Me planteé escribir con pseudónimo, porque en realidad es un juego; pero luego me pareció una tontería y un poco absurdo, porque no tengo que pedir perdón por escribir novela policiaca”, aclara.
Por La regla de oro, Salabert deja pasar mucho pensamiento, muchas de sus reflexiones hechas a raíz de sus estudios sobre economía o los diferentes sistemas financieros, realizados a raíz de no entender las palabras con las que se expresaban los políticos y sobre una Europa que no la gusta, a pesar de ser un continente al que dice adorar.
“Ahora es esto de que los homosexuales no puedan donar sangre, luego podrán que se prohíbe donar sangre a los que no lleven una dieta o tengan colesterol… en fin, es como un ocaso del continente”, sostiene la autora.
Salabert se añade a la lista también de escritores que ven como la crisis o los problemas sociales se cuela en sus páginas, sin hacer literatura panfletaria, como Rafael Chirbes, Belén Copegui, Isaac Rosa o Pablo Gutiérrez.
*****
Carol Inabé Barba
Sobre La regla del oro
(extracto)
En una terraza del centro de Madrid, en The Hat, un céntrico hostal para estudiantes y viajeros que saben que la comodidad no es un lujo de pocos, fuimos convocados un día de nubes, algo abochornado con ese clima indeciso que marca las primaveras madrileñas, un grupo de expectantes periodistas, escritores y lectores para hablar sobre la última novela de Juana Salabert, La regla de oro…
Es en este entorno privilegiado, con los tejados de Madrid de fondo, que estuvimos una mañana larga llena de preguntas y revelaciones sobrepersonajes, temas y el duro trasfondo de la crisis en España, porque de eso se trata la novela. De crisis, asesinos en serie y un misterio por desvelar. Además es la primera incursión de Juana Salabert en la novela negra…
…esta novela, porque de rabiosa actualidad, nos muestra esta dura crisis a través de un asesinato, de un asesino en serie, pero nada es lo que parece. Un reto, deambular por escenarios desconocidos: los “compro oro”, la calle, la usura de los compradores y la frustración de los que venden. Porque todo se desarrolla en el entorno del paro, de la crisis, de la “prima de riesgo”, donde se aprenden conceptos nuevos y la gente va por la vida temerosa, envuelta en una “jerga orweliana” como señala Juana, las familias con los esquemas rotos, con el estupor pegado a la espalda impidiéndoles ver un poco más allá. Ella ha elegido la novela negra porque se prestaba para ello, para mostrar esta crisis de un modo cabal.
Aunque no cree en la “novela denuncia”, se siente una “súper indignada” considerando a la Unión Europea casi como una “troika”, en sus propias palabras un “madrastrón insoportable y regañón”, porque regula, no deja respirar, se atiene a fórmulas obsoletas.
En este sentido, y volviendo a la novela, la asfixiante sensación que no hay una solución cercana a esta debacle económica es donde se centra la autora, en la familia, que es el origen de todo, porque “la crisis entra como un vendaval en todas las casas”, derrotando hasta al espíritu más positivo dentro de ella.
Porque los ingredientes de esta novela, que es la razón por la que nos hemos congregado en la terraza de The Hat, son estos: un Madrid duro, pero cálido a la vez, esta España como prima pobre de la E.U., que nos hace caminar más lentos por el sendero de la estabilidad económica, un asesino en serie que se ceba con los “compro oro” y que va a desenmascarar esta crisis que derrota familias y te deshumaniza.
Por esto para la autora es importante el motivo, como dice Rilke: “antes de ver hay que aprender a mirar”, observar, buscar fuentes y sobre todo, noticias, por ello es que “los chicos de la prensa”, como cariñosamente llamaban a los periodistas en su entorno, es un elemento esencial a la hora de escribir esta novela, ellos aportan la información, la verdad en cierto sentido, el pulso de la ciudad. Es que en la novela se puede mostrar una realidad, para ello hay que estar con el oído y la mirada atenta. Siempre.
*****
Francisco Vélez Nieto
Sobre La regla del oro
La novelista Juana Salabert, apasionada lectura de novela negra ha cogido en marcha el autobús que transporta la pestilente y dañina carga de la corrupción nacional de “coge el dinero y corre que estás protegido” “Adelante la indecencia”, para colarse disfrazada de Marlowe hispano con faldas y no a lo loco en ese pantano de la inmundicia en la que se ha convertido España. Y de este viaje resulta conseguir una interesante novela que retrata con precisión crítica la actual sociedad española, donde la suma y el misterio del asesinato de tres compradores de oro de los muchos que han surgido como hongos con la Crisis de fortuna para ricos y miseria para los de abajo. Propia y oportuna esta narración para mostrar literatura de denuncia, ese mundo desolado en el que el estado de la nación y la degeneración política forman el guión de primera línea para una buena trama.
Es la primera vez que la reconocida novelista Juana Salabert se adentra en este género en alza que es la novela negra donde el curso narrativo de la historia cuenta la vida de un “comprooros”, acertado retrato muestra de la actualidad nacional de la padecida Crisis, donde los ricos aumentan sus ganancias y la clase media y la trabajadora padecen la reducción de las migajas de las limosnas que como “ganancias” parecida costumbre diaria de aquella abuela rociando los granos de maíz a las gallinas en el gallinero del corral. Y señala la autora: “siempre“ siempre me ha ocurrido que la idea central para una novela me surge a partir de la foto de un periódico o de algo que ves en la calle” Y en este caso se la pintado calva ese anunciador callejero con el cartelón de “Compro su oro al máximo precio” Sin que ello signifique por su parte la “intención demonizar al gremio de los joyeros, seguro que hay muchos muy decentes”, pero les vino a ver la diosa fortuna “cuando quebró el sistema porque el patrón oro siempre se mantiene estable y la gente que tenía problemas económicos no tenía mas remedio que vender”.
De manera que durante la narración de la historia entre la ficción y la cruel e injusta realidad, los personajes que por ella desfilan y muestras sus propios vicios y comportamientos, el inspector Alarde, joven y perspicaz representante responsable del caso de estos tres asesinatos propietarios de tiendas de “comprooró”, libre de prejuicios del pasado, no desdeña cualquier pista para investigar sobre un caso, donde denota que no es solo el avaro deseo del típico prestamista sin decoro alguno sino que el suceso también puede mostrar deseos de venganza entre determinados personajes de la historia, donde el pasado, entre franquismo y herederos tradofranquistas, pura actualidad nacional, igualmente juegan su papel al ser todavía influyente actualidad social y política en nuestros días. Por lo que nada en la novela son recursos casuales de la autora sino realidades que, ciertamente, una empecinada desmemoria política irreal pretende ocultar y borrar del escenario español.
Corren las navidades de 2012 en el gran Madrid cuando un joyero que se dedica a la compraventa de las escasas joyas de las modestas familias, lo encuentran degollado con un mensaje pegado a una parte del cuerpo que lo acusa de indignos comportamientos. Y no deja de resultar curioso cuando anteriormente en un corto espacio de tiempo de unas semanas, han aparecido asesinados con los mimos brutales métodos otros dos colegas de “comprooro”, lo que crea el consiguiente miedo entre las vecindades de una sociedad ya temerosa ante la incertidumbre del diario vivir. Estado que le sirvió a la observadora escritora muy pendiente de la actualidad, “La titulé justamente La regla del oro el día que por 2012 se decidió en las Cortes que primero el déficit y después el resto” Sólidos argumentos, lo de esta gran tragedia social ya establecida en toda Europa la que determinan “una historia que pudiera leer todo el mundo y que después cada uno pudiera sacar sus propias conclusiones”. Esa es la regla de oro para la nueva novela de Juana Salabert en esta su primera aventura en el envolvente mundo de la novela negra, que ha desplazado a un segundo y tercer término el de la novela histórica. Aunque advierto al lector que en este boom policial no todo el monte es orégano.
*****
Gonzalo Valdivia Dávila
Sobre Velódromo de invierno
Juana Salabert (París, 1962) es una novelista y traductora cuya familia se exilió en Francia huyendo de la dictadura de Franco. Su novela Velódromo de invierno cuenta la historia de Ilse Landerman, una niña judía que es salvada por un ex brigadista sefardi, Sebastían Miranda de la reclusión en el velódromo de invierno de París, pues ya estaban por enviarla con los prisioneros al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. La novela habla sobre algunas autoridades francesas que apoyaron a los nazis durante la ocupación de Francia, como un hecho lamentable.
Esta también el lado dignificante en la historia, la resistencia francesa, a favor de la cual combate Miranda. Este hombre se vuelve un héroe para el hijo de Ilse, pues viajará a Francia 50 años después de ocurridos los hechos para conocerlo. Esta es otra novela de memoria histórica, pues aún quedan las heridas de las guerras del siglo pasado y tenemos en los sobrevivientes de ellas verdaderos modelos para pasar a la ficción, recreando dramas humanos como cargar con el trauma del conflicto, las vejaciones y la esperanza de subsistir.
La tragedia cambia la vida de las personas, es una prueba a la que sobrevive el héroe demostrando su virtud. En la segunda guerra mundial hay ejemplos de infortunio que han trastocado vidas de familias y pueblos enteros. Las víctimas de la persecución nazi tuvieron que desarrollar estrategias para salvarse y apoyar a los suyos. Miranda en la novela organiza una precaria red de salvamnento de niños judíos. Para evitar el genocidio, las etnias en peligro buscan salvar a sus pequeños, a fin de que sobreviva la cultura y el ethos de su pueblo.
Para el hijo de Ilse encontrar a Miranda es una forma de recuperar el pasado de su familia, este hombre se vuelve un héroe cercano, alguien que hizo algo en concreto por su madre, lograr su supervivencia y hacer posible que Ilse se recupere y encuentreun destino. Solo la guerra y la ocupación nazi podría volver un velódromo un sitio de cautiverio para gente injustamente condenada a muerte. La protagonista pasa por un proceso de reconstrucción emocional que deja huella en su hijo, interesado en rescatar la verdad de una época difícil.
La ocupación nazi causa un momento de vergüenza mientras hay gente coludida con los genocidas, pero da pie a un momento dignificante con la resistencia del pueblo francés. Es en este periodo que Miranda salva a la pequeña Ilse, para dejar una huella de gratitud que perdurará en su hijo, cincuenta años después de ocurridos los hechos.
*****
Isabelle Touton
Sobre las novelas de Juana Salabert
Yo soy francesa de abuelos maternos refugiados de la Guerra Civil española. Cuando llegó de Córdoba mi abuela a los dieciséis años, había perdido a dos o tres niños, tenidos con un torero casado, pero de eso se enteró mi familia hace apenas unos años. Ella consignó la historia de su vida en un manuscrito ahora desaparecido que quería darme a traducir. Mi abuelo, miembro de la FAI, participó en atentados anarquistas en Barcelona antes de la guerra y fue luego responsable de transmisiones, en particular en el frente de Brunete. Pero apenas habló a lo largo de su vida de esta época de su juventud, menos dos o tres años antes de morirse, cuando empezó a contármelo todo —a mí, la única nieta interesada por su trabajo, por España—, una y otra vez, hasta el punto de que grabé su testimonio. Sobre la Segunda Guerra mundial, el relato era cronológico y ordenado, pero el del traumatismo inicial, la Guerra Civil, daba pruebas de una memoria torturada, y no dejaba de arrancarle lágrimas. Hasta ahora me he dedicado mayoritariamente a desmantelar la argumentación falaz y manipuladora de las ficciones históricas españolas reaccionarias, nacionalistas, revisionistas o relativistas. Esto explicará quizá por qué quise cotejar la obra de Juana Salabert con otros discursos, y otras novelas que son, para mí, repeticiones de mentiras y crímenes pasados, porque creo que, al contrario de lo que suele afirmar, Juana Salabert es una autora comprometida, en el sentido que da Antonio Tabucchi a esta palabra:
Pour moi, être engagé, c’est d’abord être engagé avec soi-même, ce qui signifie être sincère… Ladémocratie n’est pas donnée, c’est une conquête continue. Si on prend la démocratie comme un matelas sur lequel on peut dormir, ce dernier peut rapidement se transformer en « matelas de fakir.
Y porque me parece que sus novelas cumplen con el objetivo de las verdaderas obras de arte como“lucha contra el olvido” —“c’est-à-dire comme un antidote aux automatismes qui finissent par exclurecertains aspects du monde, tout ce que l’habitude efface, de notre champ de vision” —, el olvido de unas experiencias humanas sustituidas por unas huellas, unos vestigios, unas cifras necesarias pero inexactas.
*****
Javier Yuste
Sobre La regla del oro
La crisis económica que arrancó en 2008 dio lugar a una compleja realidad que puso de moda algunos términos que hasta ese momento pasaban bastante desapercibidos: preferentes, recortes, ajustes, EREs, desahucios, las irresistibles tarjetas black y demás vocabulario de constreñimiento del ciudadano. Estas palabras han venido a ocupar las páginas de muchas novelas de género negro, que en la actualidad proliferan con fruición. El noir siempre ha sido el espejo que refleja los peores vicios de la sociedad. Destila los humores más pestilentes de la calle y se adentra en las alcantarillas de la ciudad para llevar al lector la esencia del mal que nos rodea en cada época. Pocos autores se resisten a la tentación de incorporarse a esta caudalosa corriente que tan buena acogida tiene entre los lectores y en la que circulan escritores como Dashiell Hammet, Manuel Vázquez Montalbán, James Ellroy, John Banville con su alias Benjamin Black y Lorenzo Silva. Ahora se suma a este río Juana Salabert (París, 1962) una autora que ha construido una sólida y personal trayectoria literaria, desde Varadero hasta La faz de la tierra pasando porVelodromo de invierno (premio Biblioteca Breve), basada en el rigor y la coherencia pero que aún no había puesto a prueba sus genio entre los márgenes de los géneros.
“A mí siempre me ha ocurrido que la idea central para una novela me surge a partir de la foto de un periódico o de algo que ves en la calle”, explica Salabert. En esta caso el estímulo que dio lugar a La regla del oro(Alianza Negra) fue un hombre con un llamativo cartelón publicitario a la espalda que rezaba ‘Compro su oro al máximo precio’. Esta encuentro prendió en la autora la llama de una idea: las crisis también son épocas de oportunidades y siempre hay alguien que saca partido de las desgracias ajenas. “No es mi intención demonizar al gremio de los joyeros, seguro que hay muchos muy decentes, pero les vino a ver la diosa fortuna cuando quebró el sistema porque el patrón oro siempre se mantiene estable y la gente que tenía problemas económicos no tenía mas remedio que vender”.
La regla del oro arranca en las Navidades de 2012 de Madrid cuando un joyero centrado en la compraventa del modesto oro familiar, aparece degollado con un acusador mensaje encima. Semanas antes, otro comprooro había sido asesinado de modo similar en medio de una ciclogénesis social a punto de estallar por el miedo al porvenir inmediato de los ciudadanos. “La titulé justamente La regla del oro el día que por 2012 se decidió en las Cortes que primero el déficit y después el resto”. Salabert, nacida en París y licenciada en Letras Modernas por la Universidad de Toulouse-Le-Mirail, dice ser admiradora de Pierre Mendès France, un político francés de entreguerras que votó en contra de la creación de la Comunidad Económica Europea porque pensaba que tarde o temprano un país impondría al resto políticas económicas. “Es lo que ha pasado. De pronto Europa es una especie de madrastra espantosa con tipos a los que nadie había votado como Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional…”, explica Salabert. “Si le quitan la posibilidad a un parlamento de hacer sus presupuestos, te quitan la posibilidad de hacer política. No soy nacionalista pero si soberanista en cuestión presupuestaria”.
La investigación corre a cargo del inspector Alarde, un joven y perspicaz policía empeñado en darle la espalda a sus propios fantasmas y traumas del ayer. Abierto e intuitivo, sensible y observador, Alarde no desdeña tirar de ningún hilo que le conduzca a la verdad. “A mí Alarde me caía muy bien. Un novelista tiene que decidir comprender a sus personajes sin juzgarlos pero lógicamente unos te caen fatal y otros muy bien. Alarde es de esos tipos que te gustaría tener de amigo”. Tan bien le ha caído el personaje a Salabert que ya ha ideado una serie de entre 8 y 10 novelas con él de protagonista. “Quiero que vaya cambiando, cumpliendo años, que evolucionen las circunstancias de su vida. Siempre me da pena despedirme de los personajes por eso siempre he metido alguna referencia en mis nuevas novelas sobre personajes que aparecían en novelas anteriores”.
La escritora afirma que no se ha documentado en exceso para la creación de la novela.”Me basta con cuatro pinceladas que me pueda dar el pulso de una profesión. No me interesan esas novelas que parecen CSI, con una carga excesiva de detalles técnicos”. En este sentido, Salabert no ha querido elaborar una novela ni de ideas ni de militantes ni de tesis, La regla del oro es una novela de personajes, y ninguno en blanco y negro. “Las personas no son planas”, dice la autora. “Hasta el que peor nos cae puede tener aspectos que nosotros desconocemos y que lo convierten en entrañable”.
El objetivo de la autora era hacer “una historia que pudiera leer todo el mundo y que después cada uno pudiera sacar sus propias conclusiones”. Esa es la regla de oro para la nueva novela de Juana Salabert.
*****
Joaquín Arnáiz
Sobre La faz de la tierra
A veces el lector sensible tiene la sensación de que Juana Salabert se asoma a las vísceras de sus personajes, de que otea en los surcos que crea la lluvia en la faz de la tierra empapada, allí donde yacen los sueños de quienes viven en sus novelas. Salabert, hija de españoles que vivieron el exilio tras la Guerra Civil, conoce el extrañamiento del lugar de las raíces, y de alguna manera sus personajes viven así: sabiéndose extraños en un mundo donde florecen siempre antes el dolor y el rechazo que ninguna otra cosa.
Finalista del Nadal en 1996 con Arde lo que será, Juana Salabert obtendrá el Premio Biblioteca Breve 2001 con Velódromo de invierno y el premio Fernando Quiñones, en 2007, con El bulevar del miedo. Y con su obra, La faz de la tierra», ha conseguido alcanzar una obra maestra de introspección y sensibilidad. El «decorado» ya no es un determinado y crítico periodo histórico; el desarrollo de la acción no enreda tiempos y vivencias: el lector siente como si levantara una piedra y viera debajo de ella con precisión la sucia batalla de escorpiones y escolopendras, Aquí, Juana Salabert ha afilado el bisturí, e incluso una cierta tendencia poética, expresa en otras obras, aquí es contenida ante el sustantivo cruel y tan real como el relámpago en medio de una noche de tormenta.
Una mujer huye de un reciente hijo muerto en la cuna, de un marido, Álvaro, atractivísimo, que la golpea. Ella quiere refugiarse en la casa de un amigo de la infancia, Jonás. Pero el destino hace que el autobús tenga un accidente y ella acabe en coma en el hospital. Allí se reúnen los otros personajes: la madre de Álvaro, una mujer que vive del odio y del recuerdo de una escena de pederastia donde una vez vio a su marido; el hermano de Alvaro, Adrián; su mujer, Sofía; la médica que ha realizado la operación. Salabert nos enseña que en la faz de la Tierra a veces no hay sol, sino sólo una luna negra que ilumina la tierra devastada de Eliot.
*****
José María Sanchez Pardo
Sobre La regla del oro
Entre los contenedores de basura de una céntrica calle madrileña aparece el cadáver degollado de Fabián Domínguez, joyero y comprador de oro, con un cartel plastificado en el que se le acusa de usurero y canalla.
Es el tercer asesinado del gremio de los compro-oro de la capital, en parecidas circuntstancias, lo que tiene en vilo a la policía de la capital.
La investigación dirigida por el inspector Jorge Alarde y el subinspector Ernesto Castro, resulta de lo más descorazonadora, pues aunque la situación social está en plena ebullición —nos encontramos en las navidades de 2012 en plena vorágine de despidos y de desintegración del estado del bienestar— no hay forma de encontrar un móvil o un asesino a quien adjudicar esta macabra serie de asesinatos, con la presión social, periodística y desde el poder que esto implica para los encargados de las pesquisas. La investigación mostrará cómo estos muertos, pero especialmente el último, llevaban a cabo otras muchas sórdidas ocupaciones de las que el buitrear con el oro de los desesperados era casi una mera pantalla.
La novela produce de esta forma un poderoso fresco de personajes, que con la crisis que implica un brutal asesinato, irán mostrando todas sus facetas, las más brillantes y las más vergonzantes, resultando una galería de motivos y comportamientos de gran riqueza, y que permite una trama policíaca llena de matices, hasta su sorpresivo e impactante desenlace. Nos recuerda a aquellas tremendas disecciones personales que hacía el gran Simenon a través de su comisario Maigret, que se convertía en un sabueso de la capacidad humana para el dolor y el daño, lo que le hacía un espléndido policía, y con un conocimiento de las múltiples y a veces contradictorias facetas del alma humana, que le permitía entender antes que juzgar a sus culpables. Esta variedad y riqueza de personajes y personalidades, permiten crear una trama compleja, muy alejada de lo estrambótico e impactante, que es fácil solución de muchos otros libros de intriga.
Pero no sólo de buenas historias personales está preñada esta novela, sino también de la lúcida y amarga crónica de una situación concreta en la sociedad española de esos momentos, arrasada en muchas ocasiones por una situación económica que aboca a la pobreza y la falta de subsidio social, tanto económico como asistencial, a buena parte de la población, aunque se centra en las clases medias madrileñas, más o menos intelectualizadas, que sufren estupefactas, horrorizadas y muy angustiadas, un cambio socioeconómico que en muchas ocasiones los abocará a lo que se llamó proletariado, cuando no directamente a la indigencia, sin percibir la posibilidad de que esta situación remita. Lo que el gran Petros Markaris nos ha contado en sus últimas novelas de la situación por la que pasa la población griega, la autora nos la muestra en un segmento muy concreto de la clase media urbana madrileña, en donde grandes dramas y situaciones desesperadas son el pan nuestro de cada día.
Y todo esto dentro de una trama policial muy bien llevada, que nos tiene en vilo hasta una resolución original y sólidamente justificada. Y con una prosa brillante y seductora poco habitual en estos pagos, lo que hace de la lectura de esta novela algo más que una experiencia atractiva e interesante.
*****
Juan Carlos Rodríguez
Sobre La faz de la tierra
La familia es un constante tema literario. De hecho, está presente en toda obsesión narrativa. Juana Salabert (París, 1947) es una sólida autora que nunca deja atrás en sus novelas esta permanente necesidad de mirar alrededor, y escribir una y otra vez sobre vivencias familiares. Lo ha hecho en distintos contextos históricos, como el exterminio nazi en Velódromo de invierno, con mayor o menor poso autobiográfico y con distinto papel protagonista. Aquí, en La faz de la tierra, la familia ocupa por completo la novela, a partir del maltrato como eje e infierno cotidiano. Es el que sufre la joven Ela. Sobre ella y su familia se posa la mirada detallista, profunda y poderosa de una narradora que no da tregua a los secretos y las envidias. Salabert sabe indagar en las preguntas siempre pendientes de una familia y aportar una mirada lúcida desde diferentes puntos de vista, al punto que ha creado una novela coral. Adopta, por lo demás, un tono de duelo, dramático, aunque deja una ventana abierta a la esperanza.
*****
Marta Landeira
Sobre La regla del oro
En las navidades de 2012 aparece degollado entre unos contenedores un joyero dedicado a la compra de oro. Ese creciente negocio que ha aflorado durante la crisis y que aprovecha la asfixia de aquellas personas más débiles para enriquecerse. Semanas antes, otros “comprooro” fueron asesinados de manera similar en Madrid. ¿Estaremos ante un asesino en serie?
Juana Salabert (París, 1962) novelista y traductoraes una de las “plumas” más comprometidas del panorama literario actual. Su obra Varadero y Arde lo que será, fue finalista del Premio Nadal y El bulevard del miedo ganó el Premio de Novela Fernando Quiñones. Ahora vuelve con una novela centrada en el retrato de la situación que atraviesa la sociedad española en los años de la crisis.
En un momento, el actual, en el que la era digital marca los tiempos, al escribir sus obras Juana Salabert afirma: “Imagino, narro, cuento, y quien me lee saca sus propias conclusiones. Los 140 caracteres no compiten con la tarea del escritor, no tienen nada que ver con su voz…”.
La escritora nos brinda en este nuevo relato una serie de crímenes a través de los cuales conoceremos un abanico de personajes que con sus luces y sus sombras harán las delicias del lector.
*****
Miguel Ángel Gómez Juárez
Sobre La regla del oro
Con La regla de oro (Alianza, 2015) la escritora Juana Salabert se adentra por primera vez en el género de la novela negra para ofrecernos una original trama policíaca, con un asesino en serie de “comprooros” y unos complejos y oscuros personajes, que resulta también un retrato de la situación actual de crisis tanto en España como en Europa.
La autora se ha atrevido con el género policíaco, del que es ferviente aficionada, consciente de que en la novela policíaca “se puede desentrañar perfectamente el lado oscuro de la sociedad, su reverso invisible y palpitante”. Salabert ha afirmado que no ha querido hacer una novela de denuncia, aunque sí “una crónica literaria del momento presente”. Pero la realidad es el que el “momento presente” es denunciable, con un aprovechamiento de la crisis para que unos pocos se beneficien y “aumenten su patrimonio a costa desastre ajeno”.
La novela se le ocurrió de forma casual en un cruce callejero cuando un hombre se le acercó, con un llamativo cartelón publicitario a la espalda y le ofreció la típica hojita amarilla de propaganda que rezaba “Compramos su oro al máximo precio”. Y de esto va su novela, de la codicia y la avaricia, de una “fiebre del oro” que es la de “unos pocos aprovechados y sin escrúpulos, enriqueciéndose mientras la gran mayoría lo pasa mal”.
Nada en la novela parece ser casual. La fecha elegida para comenzar es la Navidad de 2012, con todos los funcionarios enrabietados al habérseles quitado la paga extraña y el país sumido en la indignación general por la crisis, los recortes y los abusos de poder. El caso policíaco es el asesinato de un joyero, que se une a la muerte de otros “comprooro”, que según la autora son símbolo“de la crisis actual, del derrumbe de, por ejemplo, las clases medias y de la destrucción programada del llamado estado de bienestar europeo”. Y el encargado de la investigación es el inspector Alarde, con un pasado trágico, complicado y dolorosoa, enfrentado a sus traumas y a sus propios fantasmas.
La regla de oro es una historia de personajes, que la autora destripa para mostrar los efectos de la crisis en toda su dimensión, adentrándose en los rincones más oscuros de la sociedad y de la naturaleza humana. Y es que Salabert tiene claro que los personajes de una novela tienen que resultar “creíbles, verosímiles en medio de una trama. Tienen que “estar” vivos sobre la página, en tu mente y en la de los lectores”.
Y esto es lo que sucede con los que aparecen en una novela que la autora espera que disfruten tantos los enamorados del género policíaco como el resto, y que a buen seguro que así será porque trasciende el género negro y se convierte en plato apetitoso para ser devorado por cualquier lector que quiera saborear una historia de las que dejan un regusto amargo, pero no por la decepción de la lectura, sino por la crudeza de una realidad, “una ciclogénesis explosiva social” y “una basura de mundo”, que la autora refleja con gran realismo.
*****
Pilar Castro
Sobre La regla del oro
La regla del oro es la primera incursión de Juana Salabert en la novela negra, un paso atrevido, por lo que supone cambiar de registro y de tono, aunque ya adelantamos que sale bien parada, que su personalidad literaria y su compromiso con la realidad social y humana (ahí está el ensayo Hijas de la ira, 2005) se mantienen como sólidos contrafuertes sobre los que se erige una intriga policial que nace de la rabia frente a la situación política y social desatada en España, en 2012, cuando el dinero, “o su falta”, se convirtió en la regla que sigue justificando toda clase de desmanes. Y nace también de la idea de que es preciso desentrañar este presente turbio y sombrío que sirve en bandeja la realidad negra que registra su propuesta. Es, por tanto, ficción con marcado componente testimonial, porque la crónica alcanza la complejidad de las ambiciones y de las relaciones humanas, el lado oscuro de algunas vidas y la pericia de sortear adversidades que conforman personalidades inescrutables.
La del inspector Jorge Alarde, protagonista de esta trama policial, es uno de los aciertos de la autora. El caso que le tiene absorbido se presenta como un “amasijo de piezas” que tardan en encajar: tres asesinatos en menos de un trimestre, el último un hombre apodado “Cabezudo”, un usurero prestamista, un “comprooro” igual que los anteriores, enriquecidos con la crisis, solo que este combina ese negocio “atesorando secretos con los que luego chantajea a sus víctimas”. Los sospechosos son muchos y la cadena de tejemanejes, reveladora de la codicia imperante, impulsora de acciones secundarias: fortuna evadida a paraísos fiscales, herencia arrebatada, trama montada como la de un supuesto asesino en guerra y cruzada contra los “comprooro”. Una trama policíaca realista, bien urdida, ambientada en el Madrid más actual, y abrigada con un universo humano rico y variado, lo que permite extender el pretexto de la investigación a otras realidades de la contundencia con la que se impone la “regla del oro” en nuestros días.
Pero es sobre todo la novela de una narradora exigente, fiel a su admirada Ana María Matute, a quien rinde homenaje, y afanada en la construcción de universos que se reconocen deudores de los clásicos (Dickens, Maupassant, Galdós…). Merece alguna objeción la tendencia heredera del naturalismo francés al maniqueísmo de algunos tipos , en contraposición al franco reconocimiento que merece este inspector a quien deseamos que se le prolongue la vida en sucesivas historias.
