Lo he dicho en varias ocasiones: identificar si una abuela es del interior o no, es sencillo. Tan solo debes entrar a su cocina y ahí descubrirás la respuesta. Sí. Es justo lo que estás pensando: vasos con diseños de flores.
Llegas de visita improvisada con una sorpresa que consiste en unas vajillas nuevas (incluye vasos finos) Ella recibe la caja envuelta, la abre y observa el presente con una mirada fúnebre. De inmediato, por educación, te murmura “gracias” y procede a esquivarte con sutileza. Se marcha a hacer cualquier cosa con cierto nervio, como quien no sabe qué palabras utilizar para no herir.
Tú, interrumpes el momento.
–Abuela, ¿vio? Ya tiene vasos nuevos.
–¡Ay, la hija! Sí. Gracias. Los usaré para ocasiones especiales.
–Abue. Todos los días son ocasiones especiales.
Ella no sabe cómo escurrirse de tu incómoda respuesta y te da la excusa de que va a empezar la novela. Se sienta en su sillón (también de flores) y de repente, aparece el comercial de algún almacén con un anuncio que resplandece sus ojos cansados. “Vasos decorativos US$ 2.99”.
Tu abuela sonríe. Se emociona. A ti no te queda más remedio que permitirlo. Entonces, guardas tu regalo y dices:
Está bien, abu. Los míos quedarán para “ocasiones especiales”.
La señora respira con alivio y tú, taciturno, aceptas el desprecio.
Hace un par de semanas, escribí este mensaje en mi muro de Facebook, lo que generó entre los lectores una aprobación unánime sobre mi punto de vista.
Un par de días después de haberlo posteado, mi amiga Gaby organizó un paseo adonde vive su abuelita en el Valle de Antón. Fuimos 5 los invitados.
Apenas hubimos llegado, pedimos agua, lo que implicaba entrar a la cocina y adivinen qué encontramos: vasos con diseños de flores. Reímos.
La abuela, al notar nuestra carcajada, preguntó que cuál era la gracia. La invitamos a leer mi post y con voz fuerte respondió:
–¡AH!, pues con ellos me voy a la tumba. Y tienen razón. Esos vasos son algo muy de nosotras, las viejas. No creo que ese gusto se pierda, como se han perdido algunas costumbres.
–¿Cómo cuáles? – preguntamos.
En ese momento, doña Mima, quien es algo tecnológica, nos comentó acerca de uno de los memes que recibió en su chat.
“¿Huevos? Huevos era atreverse a llamar a la casa de la chica que te gustaba y hablar con el papá. No como ahora, por whatsapp.”
–¿Se dan cuenta, muchachos de cómo era antes? Dejen la zoquetada y vayan de frente ¡Carajo!–los aconsejó.
– Y eso sin contar las barrabasadas y faltas ortográficas que cometen con los pulgares: kieres q t recoja n tu casa????? Tas super wena n tu foto de perfil – explicó Gaby.
–El abuelo me escribía cartas de amor y muy bien redactadas. Yo le brindaba chicheme en vasos como estos de los que ustedes se burlan. A él le gustaba.
–¿Y escribía bien su esposo? ¿Sin faltas?–la cuestioné.
–Era impecable. Y ustedes deberían hacerlo correctamente también. Si no están seguros de cómo se escribe algo, consulten el diccionario de papel. Es más divertido. Además, aumentas el vocabulario, pues al buscar una palabra, lees el significado de otras por añadidura o por curiosidad. ¡Cuántas cosas se han perdido!
En este momento se acercaba Lourdes, una india guna encargada de la limpieza de aquella casa.
–Díganmelo a mí que ni mis hijas ni mis sobrinas quieren aprender a hacer molas. Me preocupa.
Su intervención nos abotagó el asombro y los 5 gritamos al unísono
–¡NO! ¡Las molas no pueden desaparecer!
Luego, nos observamos en silencio, invadidos por un sentimiento de pérdida.
Yo no quiero perder ni las cartas de amor, ni las molas, ni las artesanías, ni la aventura de consultar el diccionario de papel.
Sólo quiero volver a sentir de vez en cuando, lo que es hacer una fila para pagar la luz y ver gente. Reír.
Quiero recordar lo que implica que un chico se pare frente a mis ojos y, tiritando, me confiese su amor.
Quiero escuchar la sabiduría ancestral que transmiten esas viejitas apasionadas por sus vasos con diseños de flores.
Siempre es bueno volver a lo básico.
