Narrador, poeta y crítico, Alberto Garrido Rodríguez nació en Santiago de Cuba, el 24 de septiembre de 1966. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Hermanos Saíz de jóvenes creadores. Ha sido galardonado con varios premios literarios, entre ellos: el Premio de novela erótica «La llama doble» y el Premio de cuento La Gaceta de Cuba en 1998, el Premio de cuento Casa de las Américas en 1999 y el Premio de la crítica en 2000. Además, en 1999 recibió la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Abril, y la Réplica de la Pluma de El Cucalambé.
Entre sus obras se destacan la novela La leve gracia de los desnudos (1998); los libros de cuentos El muro de las lamentaciones (1999), El otro viento de cristal (1993), Nostalgia de septiembre (1995) y Cuentos de amor (1995); los poemarios Siglos después de las fraguas de Vulcano (1992), Sueños sobre la piedra (1998) y Morir sin los ángeles (1999); y los libros de críticas El texto y sus códigos (1995) y Tres mundos narrativos alucinantes. Sus cuentos han sido incluidos en numerosas antologías en Cuba y en el extranjero. Reside en Las Tunas.
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Preguntas de los amigos de LiteraturaCubana.com
Pregunta del lector Juan Morales Agüero (Las Tunas, Cuba)
Garrido, un abrazo fraternal. Nos conocemos desde hace unos cuantos años y hasta me tomo el atrevimiento de decir que somos amigos. He leído casi todos tus libros –algunos de ellos me los dedicaste de tu puño y letra–, y siempre me hago la misma pregunta: ¿Puede un escritor como tú, reconocido y laureado, incursionar narrativamente en los temas sociales de la Cuba de hoy echándole mano para concebir tus personajes tanto a la realidad como a la ficción?
Por supuesto, mis personajes juzgan y son juzgados por este tiempo devastador. Uno vino a dar testimonio. Suelo tomar frases, imágenes, gestos, historias, recuerdos y sueños de personas que conozco. No me gusta hacer lo que aquí llaman vida social. No me interesan las reuniones etílicas. La gente se sorprende si me encuentran en alguna porque me ven como un lobo estepario, alguien que no saben si vive aún en Las Tunas o en la caverna de mi apartamento. Pero me gusta oír a la gente. Diariamente me paro en las colas, subo a los camiones, y escucho lo que hablan: Ese humor corrosivo contra todas las banderas, el juicio implacable, los vicios, las mitomanías cotidianas, ese discurso polifónico, alegre y sucio, después, de alguna manera, van al papel. En un Video Arte que le hicieron dos talentosos realizadores a mi poema «Logos», quise que pusieran a los viejos de los parques, a los locos, los niños y los obreros con sus zapatos y corazones rotos, a todos los cubanos que andan como ovejas sin pastor, pero que no dejan de pelear. Escribo eso: sus fracasos, sus sueños y sus esperanzas.
Preguntas del lector Alejandro Aguilar (Filadelfia, Estados Unidos)
Garro, con gusto te haría estas preguntas en vivo y en directo, especialmente la segunda, tan personal, pero estoy lejos, ya sabes, y no quiero pasar por alto esta ocasión: ¿Crees que la narrativa cubana que se escribe en estos días acusa señales de vigor o más bien hay una dispersión, un enfriamiento de lo que pudieron ser los mejores momentos de finales de los 90s?
No me gustaría comparar las épocas, Ale. Estaría juzgando dos tiempos que me parecen en realidad uno solo. Creo que en materia literaria, estos primeros años del nuevo milenio son una extensión de los años 90. Tal vez haya un proceso de sedimentación, un resplandor superior en el territorio de la novela sobre el cuento o incluso la poesía. Pero no estoy en condiciones de juzgar qué tipo de luz origina ese resplandor, ni su permanencia en nuestras letras.
¿Cómo valoras a Guillermo Vidal dentro de la literatura cubana y en especial dentro del círculo de amigos y colegas que tuvimos la suerte de estar cerca de él, tú más que la mayoría de nosotros? Un abrazo desde Filadelfia.
Guillermo Vidal era mi hermano mayor, y el narrador más grande que he conocido. Desde la aldea de Las Tunas se ganó casi todos los premios del país, sin hacer concesiones a izquierdas ni a derechas. Escribía tan bien como hablaba y fue el más brillante conversador, el menos pedante y el más querido por las diferentes generaciones de escritores cubanos. Me sé de memoria su vida, sus ambiciones y sus miedos. Si alguien entre nosotros amaba a Dios, ese era él. Guille pasó las peores cosas que le pueden pasar a un ser humano: su madre y su hijo mayor estuvieron presos en diferentes momentos; vivió con su esposa, Sol, en una cuartería, excretaba en una lata. Después hizo una compra ilegal de vivienda. Estuvo viviendo con el deseo de tener su casa, quería comprarla. Dijeron que le iban a asignar una. Le mintieron en vida. Le estuvieron mintiendo mientras se moría de cáncer. Ahora le mienten a su viuda y a su huérfano. Sé que Dios le dio una morada en los cielos al Guille. Pero los hombres le siguen negando una casa a los suyos. Me preguntas sobre la obra de Guillermo y hablo sobre su vida, pero su obra no es más que su vida pasada por un espejo.
Preguntas del lector Arquímedes Ramírez Capristán (Perú)
El pensamiento traspasa todas las barreras. ¿No cree usted que sería conveniente que, por intermedio de su embajada, se promocione su literatura? Ya que como es sabido, el Perú tiene muchos nexos culturales con Cuba, entonces, ¿por qué no dejar, por lo menos, que conozcamos las nuevas corrientes filosóficas o literarias cubanas que se están gestando en la isla? ¿Qué opina usted sobre esto?
Sería muy bueno que todos los pueblos nos conozcamos. No sé cuán bien podrían hacerlo las embajadas. Debe haber, imagino, un agregado cultural, o algo por el estilo, al que le paguen por eso. Pero no sé qué promocionan. Es una pregunta sobre la que no quiero ironizar porque desconozco cómo funcionan estos mecanismos. Pero podría ser también peligroso: los enlatados culturales dirigidos por puntos de vista oficialistas pueden dar una magra idea de nuestra cultura en general y de nuestra literatura en particular. Le agradezco a esta página de literatura cubana el poder enterarme de un mundo para mí, casi desconocido, bueno, le agradezco a ustedes de mil formas. Atentamente.
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Preguntas de Literaturacubana.com
¿Quisiera hablarnos de su niñez, dónde creció? ¿Sobre su familia?
Mi infancia son recuerdos de un patio del Caney de Oriente, junto a mi tía Mireya, tío Lalito, mi prima querida (Mireyita) y un perro enorme y amarillo (como el de Simenon) llamado Venceremos, al cual envenenaron con un bistec infectado con vidrios molidos. Mi infancia es una calle del reparto Sueño (la avenida de Céspedes) donde viví hasta los 23 años. Mi madre y mi padre eran obreros en su juventud. Ella trabajó en mil oficios. Fue oficinista en la Clínica de los Ángeles y llegó a mantener con un salario de 85 pesos a sus nueve hermanos, uno de ellos, el comandante de la Revolución Evelio Saborit. Ella es la mujer más hermosa de la tierra, recuerdo que cantaba como un ángel, hasta que mi padre le presentó la demanda de divorcio. Mi padre, el hombre más fuerte del mundo, el que jamás levantó una mano contra uno de sus hijos. Se divorciaron cuando yo tenía 13 años. Un día él leyó un cuento que escribí a los 17 años: «Conversación con el padre en no sostenido mayor». Dijo que yo había escrito allí algo que yo nunca me había atrevido a decirle. Sentí vergüenza. Era verdad. Jamás he discutido con él. Vive hoy en Tampa. Hace dos días hablé con él por teléfono. Me llamó por mi cumpleaños. A veces me dan ganas de estar con mi madre en Santiago o con mi padre en Tampa para ayudarles en su vejez. De mi padre me hubiera gustado tener sus habilidades, o incluso sus vicios. Él sabe hacer de todo… menos escribir un cuento.
Ahora, ¿quisiera hablarnos de su juventud, de sus deportes y pasatiempos favoritos?
R: Siempre me han gustado mucho los deportes: el atletismo, el fútbol, el béisbol. Hace poco, en una entrevista por televisión dije que era un fanático de los Yanquis de Nueva York (sospecho que no me volverán a invitar al programa). Y me gustaba mucho el Real Madrid, cuando no tenía tantas estrellas. Pero más que los deportes, me gustaron la pintura y la actuación. Creo que en realidad, hubiera disfrutado más el ser pintor, o actuar. Escribir lo llevo como una bendita maldición. Digo bendita porque creo que es un don de Dios; y maldita, porque es un vicio que he querido dejar durante años, pero siempre vuelve. Siempre.
¿Qué lecturas disfrutó más durante su infancia y su adolescencia? ¿Cuáles considera que marcaron su vida intelectual?
En mi infancia, El conde de Montecristo, antes que nada. Lo leía mil veces mientras estuve 180 días en cama. Tenía nueve años, lo recuerdo porque después de eso aprendí nuevamente a caminar. Después, Tom Sawyer y Huckleberry Finn. Y entre esos clásicos una serie de más de 200 libros de Enid Blyton, una escritora inglesa que nadie quiere recordar, pero era tremenda para el niño que fui. Después han venido muchos autores y libros. Entre los autores, Hemingway influyó mucho en el Garrido principiante. Y Vargas Llosa, que posee la virtud de convertirlo casi todo en oro. Y Cabrera Infante, por esa orgía de la palabra. Y Onetti, el Maestro. Y la novela rusa. Y un libro, el de la vida, La Biblia, el que me llevaría a la isla desierta o al cielo.
¿De dónde le viene la vocación por la literatura? ¿Cuándo supo que sería escritor?
La vocación me viene de Dios, quién lo duda. Mi padre todavía se asombra de ese aborto genético que fue tener un hijo escritor, que se gana los premios más importantes del país y aparece mencionado en sitios de Internet. Soy como el escapado, la oveja negra entre mis hermanos. Tengo buenos recuerdos de cuando escribí mis primeros cuentos serios. Los leí en la terraza de José Mariano Torralbas, que ahora vive en Miami. Y allí estaban Amir Valle (que no era el gordito bonachón que ahora todos conocen, sino un tipo flaco como un güin y con estampa de terrorista cultural), Marcos González, y otros. Nos hostigaron por decir que íbamos a tocar temas tabúes. No aprendimos a escribir, pero si aprendimos a saber lo que valía un amigo.
Sin embargo, no tengo memoria de esa suerte de epifanía: tal vez porque nunca me ha interesado mucho el status de escritor. Lo que me interesa es escribir.
Sabemos que domina varios géneros literarios, ¿tiene preferencia por alguno de ellos, a la hora de escribir? ¿Por qué?
Me gusta la novela, sobre todos los géneros. Es el más difícil, aunque cualquier género es intolerablemente difícil de enfrentar. Me gusta por su falta de pureza, porque desde el Quijote nació siendo moderna. Porque sufro y me divierto más. Porque es una carrera de fondo, como la misma vida del hombre.
¿Cuál es su lugar habitual para escribir? ¿Necesita condiciones especiales para hacerlo? ¿Tiene algún objeto fetiche que necesite para escribir? ¿Cómo le llegan las musas cuando escribe poesía?
He escrito hasta en sitios que no sería recomendable mencionar. Preferiría hacerlo siempre en casa, porque los muchachos (mis musos) se me acercan y me dan un beso y me preguntan por sus juguetes (los dejan por todas partes) y mi esposa me trae un café humeante y sé que no estoy solo. Me gusta poner música cristiana mientras escribo. La pongo alto y las canto estruendosamente y oigo como los niños y mi mujer se ríen del loco que tienen en casa. Generalmente, estoy escribiendo dos o tres libros al mismo tiempo. Por eso me paso tres o cuatro años sin publicar nada, y de pronto aparecen todos.
Usted recibió el Premio de novela erótica «La llama doble» por su novela La leve gracia de los desnudos, ¿cuál es su opinión sobre el erotismo y los desnudos, en la literatura y en el arte en general (cine ,televisión, pintura, etc)? ¿Cómo deslindar entre literatura erótica y pornografía barata de mal gusto para ganar teleaudiencia o lectores?
Siempre estamos desnudos, la única diferencia es que al principio no nos avergonzaba, y hoy no parece importarnos. Somos seres eróticos (esa es una de nuestras mejores diferencias con respecto a los animales, que sólo son sexuales), Dios nos dio los sentidos, puso una mujer desnuda a nuestro lado, nos hizo despertar y nos dijo que era bueno. El erotismo es la llama doble, la pornografía es un fuego extraño; el erotismo huele a vida; la pornografía, a negocio sucio. El erotismo sublima el cuerpo y la mente, la pornografía le pone precios. El erotismo es poesía, misterio; la pornografía ofende la dignidad del ser humano.
Sabemos que en sus obras pone especial cuidado en la expresión y el lenguaje. ¿A qué se debe esto? ¿Qué opinión le merecen los escritores que abusan del lenguaje vulgar o chavacano en sus obras?
A un poeta de la ciudad de Santiago de Cuba le decían el hombre de las cien palabras. Es un mal elogio, ¿no creen? Sobre todo ante un idioma de riquezas indomables. Aquí estamos, con nuestras pobres palabras, tratando de inventar una región autónoma, la de nuestras ficciones, que exigen que los personajes, los lugares, los sucesos tomen vida. Necesitamos la palabra exacta, el tono preciso. Y eso exige un gran entrenamiento con el lenguaje. No critico a los que se valen de una expresión, digamos, marginal. He leído excelentes textos de autores cubanos que no necesitan ponerse el traje de Carpentier o Lezama para que los críticos escriban bien de ellos. Pero hay otros que, desgraciadamente, parecen una mala traducción española de un cuento de Bukowski.
¿Cuáles son los temas que más le interesan abordar en sus obras? ¿Cómo elige y moldea a los personajes de sus obras? ¿Con cuál de sus personajes se identifica más?
En 1983 empecé a escribir un libro contra la guerra de Angola, esa pesadilla eterna sobre el destino de nuestra nación. Hizo que mis cuentos fueran censurados hasta que pudieron publicarse, en 1994. Para entonces, el hambre del período especial empezaba a crear una amnesia colectiva y la gente estaba preocupada no por lo que iba a comer ese día, sino por si podrían comer ese día. Pero había otras hambres también despertándose: muchos huían en balsas, otros entraban a las iglesias, con los zapatos rotos pero el corazón dispuesto a hallar a Dios. Hambres políticas, artísticas y religiosas. De eso trata el libro de cuentos que estoy terminando: Todas las hambres. La escisión familiar me preocupa mucho como autor, como ser humano. El erotismo es otro de los temas. Y la fe, la necesidad de la fe, ese instinto soteriológico que ilumina al hombre.
¿Hasta dónde se puede conocer a Alberto Garrido leyendo sus obras?
Es una buena pregunta sin respuesta. También me gustaría saberlo.
Si quisieras ser recordado sólo por una de sus obras, ¿cuál sería? ¿Por qué?
Sería un poema. Es mucho más fácil de recordar, ¿no creen? Y resume de alguna manera mi credo poético. Se titula «Logos», y lo transcribo:
LOGOS
Para Noel y Maribel,
pastores de la grey de Dios.
En soledad con Dios, la vida escribo,
los oficios del hombre y sus desiertos,
la piedra memorable de los muertos,
el corazón de un salmo, y lo que vivo.
De un viernes tan humano, ya cautivo,
donde testamentar mis heredades.
Con Dios en soledad, y mis verdades:
una mujer, mi justo tiempo humano;
y la humilde intemperie de un hermano
y dos hijos, dos patrias, dos ciudades.
En soledad con Dios, por el espejo
oscuro como befa de un escriba
la muerte nos golpea tan arriba
que sorbemos debajo su reflejo.
Mas guardo una palabra, y la entretejo
como un pastor callado hasta que encienda.
Una sola palabra, tibia venda;
la del único Verbo que me nombra:
así la soledad pierde su sombra
y Dios me da su voz para que entienda.
En una entrevista que le hizo Antonio Arias para la revista cultural Quehacer de Las Tunas, usted expresó: «He sido completamente libre al escribir, en decirle al vino, vino; y soy responsable de cada frase de cada personaje, incluso de los que no piensan como yo». ¿Esto no le ha causado problemas con las autoridades culturales de la isla?
He tenido más problemas con lo que digo que con lo que escribo. Para El Excelsior de Méjico, en 1999, dije que el escritor que se dedicara a vivir de lo que escribe en Cuba, se moriría de hambre. Estos años no han hecho más que darme la razón. Pero hubo mucha gente de la Cultura Oficialista a quienes les molestaron mis palabras. Gentes con poder, ¿sabes? Con ese poder de suprimirte de todas las listas de viajes a diferentes ferias a las que me habían invitado. Gentes capaces de sembrar rumores por todo el país de que yo me había vuelto un fanático fundamentalista que estaba perdido para la literatura. Los he perdonado, pero ellos no parecen haberme perdonado a mí. La Gaceta de Cuba, sin embargo, había publicado antes una entrevista mucho más aguda que la de El Excelsior, donde no me censuraron nada y a nadie pareció molestarle las cosas que yo decía. Soy libre al escribir porque no escribo para los censores ni para complacer o darle loas a nadie. No quiero hacer el trabajo de los periodistas, si no lo hacen, allá ellos. No me interesa la inmediatez, ni estoy apurado por publicar. No necesito ver mi nombre en más de doce puntos para sentirme feliz. Escribo y guardo. Si tres o cuatro años después todavía me parece sensato lo que leo entonces considero que he pasado la mejor de las pruebas: la del tiempo.
¿Cuáles son, a su juicio, las ventajas y desventajas, para escribir, que tienen los autores que viven en la isla, con respecto a los que viven fuera?
Mi motherboard está costando en el mercado internacional 4.99 dólares. En Cuba puedo negociarla por 50 dólares. Todo es tan caro que nos parece que un día nos venderán el aire enlatado y por moneda libremente convertible. El escritor cubano es en realidad un plomero, un albañil, un profesor que le timará el tiempo a la Empresa y escribirá mientras arregla una tubería o pinta una pared o carga los televisores en una escuela secundaria. Escribirá de madrugada sobre la piel de su mujer el libro de su vida, y luego tratará de ponerlo en orden en una remington museable o un ordenador que ha ido armando por piezas, como a un Frankestein que resistirá los embates de la electricidad, la falta de hojas DIN A4, y ciertas crisis más notables que la de Octubre.
¿Qué libros de autores cubanos contemporáneos de dentro y fuera de la isla considera que vale la pena leer por su valor literario?
Advierto que desde hace un tiempo me he estado sumergiendo nuevamente en la novela rusa y francesa del siglo XIX. Me niego a hacer un esfuerzo de memoria, o sea, un ejercicio del olvido. Dentro de una semana la lista podría variar notablemente. No soy tan aburrido como para andar pensando constantemente en la fatua grandeza de los escritores, y terminaría haciendo una lista de mis amigos. Todas las listas que he visto de los mejores libros de un período, al cabo de unos pocos años han demostrado la pobre sensatez de los que las inventaron.
¿Considera que la literatura cubana tenga algún rasgo especial que la distinga del resto de la literatura latinoamericana? ¿Por qué?
Hay algo inasible en el ritmo, en la música interna de las palabras, en el jadeo de la expresión. Algo ecléctico, más mestizo que en el resto de las literaturas de América Latina. Es eso que vemos en la orquesta del Benny, que tenía un formato de banda de jazz. Me gusta este símil, porque el jazz es muy creativo, rico en improvisaciones, como nuestra literatura. Al mismo tiempo, como ninguna otra, hemos tenido una literatura de la resistencia, que se ha negado a absorber lo impostado, la basura ideológica entre las dos orillas. Debería pedir disculpas por haber tratado de precisar algo que no se puede definir, que es sólo respiración, pulso vital, misterio.
¿Cuál es el consejo más valioso que ha recibido durante su carrera como escritor? ¿Qué consejos les darías a los nuevos escritores?
El mejor consejo me lo dio mi hermano Guido. Me dijo: «Escribe sobre un sueño». Y a los nuevos siempre les enseño algo que me dijo Onetti: «Si quieres ser escritor, únete al primer grupo literario que veas. Pero si lo que quieres es escribir, no tengo ningún consejo que darte.»
Usted es considerado por la crítica como uno de los narradores más importantes de su generación actualmente. ¿Qué opina al respecto?
Hay muchos escritores valiosos en mi generación. Me parece que he estado engañando con mucha suerte a los críticos.
¿Además de escribir, qué otra cosa hace para vivir? ¿Pudiera describirnos un día promedio de la vida actual de Alberto Garrido?
Soy pastor evangélico. Lo digo con rubor, no por el miedo a la intolerancia religiosa, sino porque el título me parece grande y pesado en los hombros de alguien que nunca ha sido lo suficientemente fiel a Dios. No me es difícil resumir un día de mi vida. Escribo o leo por la mañana, si están las condiciones creadas para que mi familia pueda comer ese día. Por las tardes llevo a mis hijos a un parque cercano. Por la noche salgo en bicicleta a las afueras de la ciudad y visito a hermanos muy humildes que aunque han oído hablar poco de Schakespeare, saben bien lo que es el amor. Allí conspiramos para ser más felices.
¿Qué considera importante en su vida para ser feliz?
Conocer a Jesucristo. Eso cambió mi vida. No hablo de religión. Las religiones (incluyo al marxismo) son el opio de los pueblos. Hablo de intimar con Dios, de sentir su presencia, de verlo trabajando, sudando con uno. Hablo de una experiencia transformadora.
¿Visita Literaturacubana.com con frecuencia? ¿Qué opinión le merece?
No. No tengo Internet, ni siquiera tengo un servidor oficial del cual pueda conectarme sin zozobra para enviar un correo electrónico. Tengo, eso sí, muchos amigos que me tienden la mano. Parece una exageración, una locura o una mentira que no tenga correo, pero es la simple verdad. Tengo computadora (con módem) y teléfono, pero nadie sabe decirme qué pasa. Hace más de cuatro años que ando haciendo reclamaciones. Iroel, el presidente del ICLL tramitó mi caso con el ministerio de Cultura y allí se empantanó todo. Ya me cansé de eso. No me importa viajar ni que me den limosnas. Desde un sitio de cuyo nombre no quiero acordarme me colé un día en Internet y me hice una cuenta por yahoo. Si alguien quiere escribirme y sostener un diálogo amistoso o literario, pueden hacerlo por esa vía: La dirección es albertogarrido2004@yahoo.es
¿Qué nuevos proyectos tiene en mente Alberto Garrido para el futuro?
Ya te hablé del libro de cuentos Todas las hambres. Y otro poemario, sin título aún. Y termino de rescribir en breve mi novela La fe y los condenados. Este es el proyecto más ambicioso que jamás haya emprendido. Ha consumido más de diez años de mi vida. Pero la literatura es eso, un sacerdocio, porque ¿qué es un escritor, sino un pastor de palabras?
Nota del Editor:
El sitio LiteraturaCubana.com, aunque de una existencia fugaz, fue muy importante para promover en Estados Unidos y otras latitudes a los más importantes autores de la isla, cuyas entrevistas fueron publicadas en ese sitio en internet, en momentos en que en Cuba las revistas y sitios literarios en web apenas comenzaban a dar sus primeros pasos.
