Advertencia:
Este no es un manual para ganar premios de poesía a partir de la calidad,
así que si usted es un poeta que se considere con un mínimo de calidad,
decencia y honestidad, absténgase de leer el presente manual.
En Iberoamérica, actualmente, existen más de mil premios de poesía anuales (sin contar los segundos lugares, las menciones honoríficas y los accésit, lo cual suma una cantidad desproporcionada), ya que tan sólo en México existen más de 300 premios, siendo España el segundo país con mayor cantidad de premios con más de 100, en todo caso, cada país debería tener al menos 20 o 30 premios anuales de poesía, ya sean nacionales, estatales, regionales o, incluso, municipales. Esto quiere decir que cada año tenemos o deberíamos tener mil poetas laureados nuevos, pero, ante tal cantidad de “poetas laureados”, por qué en la masa crítica, en el grosor de poetas iberoamericanos, la calidad parece ir decreciendo, cada día aparecen poetas nuevos, de todas las edades, estratos sociales, géneros y nacionalidades, sin embargo hace mucho que no se divisa un Vallejo, un Rojas, un Lihn, un Nicanor, un Paz, un Roque, un Asturias, un Borges, un Panero, y hay atisbos en los continuadores como los Zurita, los Cisneros, los Cardenal, los Lêdo, los Mujica, los Mutis, los Pacheco, pero ¿Y de ahí? El panorama no es muy alentador en las nuevas generaciones.
Ganarse un premio de poesía muy pocas veces está relacionado con la calidad de la obra del poeta, vamos no quiero decir que nunca sea así, sino que eso sólo es la excepción de la regla. Con tantos premios actualmente, es difícil que exista relación entre calidad-obra, ya que, efectivamente, no se publican mil libros de poesía al año de calidad, vamos, yo creo que ni siquiera llegan a un centenar. Dicho lo anterior es muy probable que exista un mecanismo pragmático con comprobación empírica que vuelva eso tan subjetivo de la “calidad” en algo objetivo, sea como sea, estos serían los pasos que yo propongo para ganarse un premio de poesía:
1.- Cuidándose las espaldas. Una vez terminado tu manuscrito, nunca, pero nunca se te ocurra publicar en ningún sitio virtual ningún poema perteneciente al libro, ya que hoy día la mayoría de los jurados utilizan google para saber si has publicado o no tus poemas, sólo eso, porque jamás se van a dar a la tarea de ir a una hemeroteca.
2.- Replicando el manuscrito. Manda el mismo libro a todos los concursos que puedas a la vez, sólo cambia el título del conjunto de poemas así como el pseudónimo, por ejemplo, si tu libro se llama: “Claridad de la noche ubérrima”, intenta ponerle “Oscuridad de la tarde nemorosa”, o si se llama “Danza y contradanza”, intenta ponerle: “Contradanza de pie y barro”, o si se llama “Azogue” nómbrale “Aurígero”, los jurados jamás se darán cuenta que es el mismo libro.
3.- Engañando a los jurados. De la misma forma tienes que cambiar la disposición de los poemas dentro del libro, vamos a suponer que el libro está divido en cuatro partes nombradas: “1- Cánticos”, “2- Coplas”, “3- Réquiem” y “4- Églogas”, cada premio ve variando el orden de las partes o, incluso, cambiarle el nombre de cada sección, todo esto con el fin de despistar al jurado. Lo mismo puedes hacer si es que lo mandas al mismo premio pero el año subsiguiente.
4.- Revelando la identidad. El pseudónimo que utilices es muy importante, ya que, pese a ser un concurso donde se participe de forma “anónima”, en muy raros casos el jurado premia a poetas que desconoce, por lo general son poetas que ha leído en algún momento de su vida, ya sea que fueron sus talleristas, ya sea que fueron sus alumnos en la Universidad, en el mejor de los casos, porque en el peor son sus amigos, camaradas, compañeros o familiares, siempre es muy importante que el/los jurado/s, tengan bien claro a quién pertenecen ese conjunto de poemas.
5.- Poniendo en juego las redes. Atendiendo directamente al punto anterior, siempre intenta mandar a un concurso donde tus redes de conocidos, amigos, familiares, profesores, compañeros de borracheras, o incluso tus contactos de Facebook o Twitter creas que pueden ser jurados. Hoy día, ante la tanta cantidad de premios, casi cualquier poeta de medio pelo será parte del jurado, así es que muy probablemente lo tengas entre tus contactos de las redes sociales.
6.- Conociendo al jurado. Pero ¿Cómo saber quién será jurado de dónde? Normalmente los premios utilizan al ganador de la edición anterior como el jurado del premio del año siguiente, en ese caso si algún amigo tuyo se ganó el premio “Sagrado corazón de Jesús”, muy probablemente sea jurado el año siguiente, en todo caso debes asegurarte que conozca tus poemas. Si tomaste un taller de poesía con algún poeta de renombre, sólo debes fijarte en qué ciudades ha dado talleres, luego, saber si esa ciudad tiene un concurso literario, y ahí seguro tu “maestro” será jurado en algún momento. Si es un amigo tuyo o siente simpatía por ti, él mismo te dirá mira manda a tal o cual premio, yo creo que ahí tu obra puede ser premiada.
7.- Sobornando al jurado. Una vez identificado el jurado, tienes varias opciones para sobornarlo, tanto de manera simbólica como de manera efectiva y muy real, si es una persona cercana o amigo, incluso, luego que él ya te haya confesado que será jurado, puedes decirle directamente que dividan el premio, si es que el monto lo vale. Sin embargo, en la mayoría de los casos no tendrás amistad tan íntima con el jurado, entonces debes acercarte lo más sigiloso posible, y granjear cualquier capital cultural o simbólico que poseas para congraciarte con dicho poeta jurado, por ejemplo: si en tu ciudad puedes organizar ciclos de lectura, organiza una lectura del poeta, si puedes publicarlo en el suplemento cultural del diario local, hazlo, si tienes mayor poder, entonces lo puedes invitar con todo pagado un fin de semana a presentar toda su obra completa, el poeta siempre debe ser muy bien tratado y colmado de abundancia tal cual fuera una bacanal romana, esto te puede asegurar un premio la mayoría de las veces.
8.- Ganando premios sin contactos. La mayoría de las personas que se sienten poetas tienen el ego muy grande, por lo tanto quizá les incomode hacer todo este lobby durante meses y, a veces, años. No obstante, también es posible ganar premios sin conocer al jurado, presten atención: deben mandar su mismo poemario a todos los concursos durante todo el año, siempre atendiendo al punto 1 y 2 de este manual, si no cae en un año deberá caer al siguiente, ya que los jurados no siempre se repiten en el mismo premio. Y basándonos en el orden y la disciplina, es simple cuestión de probabilidad, estadística y numerología, mientras mandes a más premios más probabilidad de ganar tendrás.
9.- Ganando diversos premios con un mismo libro. Sabemos que escribir un libro de poesía no es fácil, menos con algo de calidad, entonces, ¿para qué ganarse un premio de poesía cuando se pueden ganar dos o tres o más con el mismo libro? Luego que, con base en la persistencia, hayan logrado ganarse un premio, pueden seguir mandando el mismo poemario a la lista de concursos que ya tengan en una agenda, puesto que muchos concursos y premios no publican las obras (sobre todo los juegos florales).
10.- Deadline o límites de cierre. Es de suma importancia tener una agenda con todas las fechas límite de cierre de las convocatorias, con base en el orden y la disciplina seguramente podrá suplir su falta de talento. Así que asegúrese que su manuscrito llegue antes de la fecha de cierre, porque si no también será descalificado.
Coda. Hasta aquí ganarse un premio de poesía no parece tarea complicada, el asunto se complica cuando reflexionamos sobre lo que significa ganar un premio de poesía; los premios de poesía hoy día se han vuelto un instrumento del sistema capitalista para tranzar con la necesidad de los creadores. Hace muchos años quedaron atrás los premios simbólicos que significaban ideología y resistencia, tal cual el Casa de las Américas, volviéndose, la mayoría, simplemente bastiones culturales de poder para promover la obra de unos pocos, crear cotos de poder, grupúsculos o sectarismo en torno a un premio de poesía que, de una u otra forma, legitime a ciertos poetas. Eso hace suponer que la transparencia en los premios de poesía es, prácticamente, nula. Sin embargo yo creo que estamos en el ocaso de los premios de poesía, ya no son un símbolo de calidad, quizá, si acaso, sólo de estatus artístico, pero en unos años quedarán relegados a simples mecanismos arcaicos de mesianismos absurdos dentro de aparatos societales de poetas con ansia de fama y reconocimiento.
