El respeto

Santiago Gamboa

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Veo la efervescencia crecer, como no podía ser menos, ante el plebiscito que se acerca, y como suele pasar en este país de gente extremadamente nerviosa que, según nos dicen, es la primera o segunda más feliz del mundo, comienzan las trifulcas, los insultos, las burlas, el matoneo entre amigos y parientes, entre excompañeros de colegio, vecinos y amigos de barrio.

El Sí le dice al No que es irresponsable, que nos quiere imponer la guerra a todos, y remata exclamando que qué oso tan planetario votar No, ¿el mundo aplaudiendo nuestro proceso de paz y nosotros diciendo que No? Pero el No revira diciendo que el Sí quiere regalarles el país a las Farc y que Timochenko va a ser presidente y que lo que ellos han dado en llamar “la impunidad” (pues se niegan a incorporar a su argumento la justicia transicional) les parece sencillamente insoportable. Por eso los del No dicen que si gana el Sí habrá que irse de este país de guerrilleros, de castrochavistas, de mamertos empezando por el presidente Santos, y los del Sí les responden: bueno, queridos, pues váyanse, bye bye, escriban y manden frutas, y vuelvan cuando se les pase la rabia que acá los estaremos esperando, en el pacificado país del Sagrado Corazón.

Por mi parte votaré Sí, aunque tenga que cruzar medio mundo. Cuando el presidente Santos anunció la fecha del plebiscito y se confirmó que no habría inscripción de cédulas, casi me da algo, pues ya había aceptado una invitación a Corea del Sur que finaliza el 4 de octubre, y para acabar de completar aún estoy inscrito en Roma, donde vivía en las últimas elecciones. Pero hay milagros aéreos y gente buena, y el Ministerio de Cultura de Corea, sensible y con ganas de ayudar, accedió a devolverme el 1º de octubre hasta Ámsterdam, de donde podré viajar a Roma y estar a tiempo en el Consulado de Colombia, en el Piazzale Flaminio, para meter en la cajita electoral mi papeleta con un Sí alegre y orgulloso.

Pero volvamos a la realidad, que es lo que más contrasta con el contenido de lo que se va a decidir: ¿votaremos por la pacificación de Colombia peleando? Vaya contradicción. Que Uribe quiera votar No lo puedo entender, pues quiere venganza. Lo que no entiendo es que meta a todo el país en eso. Por eso con los promotores del No me pasa lo mismo que con el fundamentalismo islámico: sé por qué existe y cuáles son sus argumentos, pero estos me parecen inaceptables y medievales. Sin embargo, hago un esfuerzo por respetarlos, y es en este contexto en el que adhiero a una nueva iniciativa no política sino cívica lanzada por mi amigo Nicolás Umaña, experto en comunicación estratégica, una de las campañas más razonables que he visto surgir por estos días y que consiste justo en eso, en respetar a los que piensan diferente. Se llama Pacto Por el Respeto, PPR. Se los recomiendo. Búsquenlo en redes sociales. Tal vez así las cosas se calmen y no tengamos que asistir nunca más a espectáculos indecorosos, como la entrevista que le hizo Claudia Gurisatti, directora de noticias de RCN, al general Alberto José Mejía, jefe del Ejército, el pasado 29 de agosto: un reportaje que debería pasar a la historia y estudiarse en todas las universidades del país como ejemplo de periodismo partidario y tendencioso.

 

Del Autor

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Santiago Gamboa
(Bogotá, 1965). Escritor considerado uno de los más reconocidos nombres de las actuales letras colombianas y latinoamericanas. Realizó estudios de literatura en la Universidad Javeriana de Bogotá y en la Universidad Complutense de Madrid, donde obtuvo el título de licenciado en Filología Hispánica. Entre 1990 y 1997 residió en París, donde cursó un doctorado sobre literatura cubana en la Universidad de la Sorbona. Trabajó como periodista en el Servicio América Latina de Radio Francia Internacional y como corresponsal de El Tiempo de Bogotá. Ha vivido, además, en Roma y Delhi, India. Entre sus libros destacan: Perder es cuestión de método, La vida feliz de un joven llamado Esteban, Los impostores, El síndrome de Ulises y Necrópolis. El síndrome de Ulises fue finalista del Premio Médicis en 2007. “Necrópolis” fue ganador del Premio La Otra Orilla en 2009. Sus publicaciones más recientes son Plegarias nocturnas (novela, 2012) y Océanos de arena, diario de viaje por Oriente Medio (2013). Desde el 2015 reside en Colombia, luego de 30 años viviendo fuera del país.