Alberto Garrido: la mirada filosa

Sobre su legado generacional

Roger Vilar

roger-vilar-dossiergarrido-otrolunes43Roger Vilar (Holguín, Cuba, 1968) es escritor y periodista. Publicó dos libros de cuentos en Cuba, en la década del ochenta: Corceles en la pradera y Aguas de la noche. Fue incluido en dos antologías de la narrativa cubana. Vive en México desde 1993, donde editó La era del dragón,Edamex, 1998. En 2004 la editorial argentina Bellvigraf incluyó su cuento “Asterius” en la antología Escritores hispanoamericanos en el mundo. Sus cuentos y ensayos aparecen en revistas y periódicos nacionales e internacionales. Se pueden citar, entre otros, revista Crítica, de la Universidad de Puebla; La Casa de Asterión, revista de la Universidad del Atlántico, Colombia, y Conspiratio, de Jus. Sus libros más recientes son Brujas (Sediento Ediciones, 2013) y la novela Habitantes de la noche (Editorial De Otro Tipo, 2015).

–***–

De Alberto Garrido recuerdo, sobre todo, la mirada azul y penetrante. ¿O acaso era verde? Lo que de pronto me hace pensar en el inicio del “Tambor de hojalata” de Gunther Grass, donde el diminuto protagonista advierte que su ojo, por ser azul todo lo traspasa. ¿Cuándo conocí a Garrido y dónde? El tiempo, cuyas trampas expuso Proust, no me permite precisarlo muy bien. Pero me parece que fue en Santiago de Cuba, en el Castillo del Morro, que hay en el puerto de esa ciudad. Era finales de los años 80 del siglo pasado. Allí se había organizado un encuentro entre escritores de Holguín (de donde procedo) y de Santiago. Garrido estaba sentado sobre una de las almenas del castillo, y detrás de él se veía el mar, el mismo mar por donde, en el Siglo XVI, partieron las naves de Hernán Cortés con la misión de conquistar el Imperio Azteca.

Alberto, como la mayoría, leyó un cuento. No recuerdo el tema (han pasado por lo menos 30 años), pero la trama nos cautivó, demostrando que la penetrante mirada azul no sólo era física, sino también narrativa, psicológica, surgida de un inconsciente complejo, y portadora de símbolos universales.

Me encontré con Alberto Garrido, después, en diversas ocasiones. Encuentros de talleres literarios, encuentros de jóvenes escritores, en diferentes provincias y ciudades. Conversé con él, intercambiamos opiniones sobre nuestras obras, alguna vez me revisó un cuento mío, y yo alguno de él.

Éramos, en aquella época, una generación de escritores un poco ingenua. Pensábamos que podríamos crear, desarrollar y publicar nuestra obra en Cuba. El tiempo y la dictadura se encargarían de decirnos lo contrario. Ahora estamos dispersos por  el mundo, en esa patria espinosa que se llama exilio.

Me marché de Cuba el 21 de marzo de 1993 (¿Ese día empieza la primavera o estoy equivocado?) Desde entonces resido en la Ciudad de México, donde casi todo el tiempo me he dedicado al periodismo, aunque mi verdadera profesión es la de ser un “sobreviviente”.

De Alberto Garrido he tenido muy pocas noticias, pero si el eco de su libro El círculo de los infieles, que tuvo excelentes comentarios y una muy buena crítica de quienes lo leyeron. Espero poder  tenerlo en mis manos algún día, así como el resto de su obra, construida, seguramente, con esa filosa mirada azul.