Yunier Riquenes (Jiguaní, Granma, Cuba, 12 de diciembre de 1982). Narrador, poeta, escritor radial y audiovisual. Licenciado en Letras, Universidad de Oriente, 2006. Egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, 2000. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz, la UNEAC y del Grupo de Narrativa Hacedor. Se desempeñó como especialista de promoción del Centro de Promoción Literaria José Soler Puig de Santiago de Cuba, fue trabajador más destacado durante los tres años que laboró en esta institución. Fue redactor de su Boletín mensual Ideas. Trabajó como promotor en la Editorial Oriente. Forma parte del consejo de redacción de la revista SiC. Ha recibido talleres de escritura creativa y promoción de libros. Dirigió la editorial Caserón de la UNEAC en Santiago de Cuba y su revista. Actualmente es vicepresidente de la Asociación Hermanos Saíz, en Santiago de Cuba, y miembro de la Dirección Nacional.Entro otros libros ha publicado: La edad de las ataduras (Novela, Ediciones Matanzas, 2010), No apto para mayores (Cuento, Ediciones Caserón, 2012), Todos los gatos son negros (Cuento, Universidad del Trabajo Uruguay, 2012), Los cuernos de la luna (Editorial Gente Nueva, 2012) y La espalda marcada (Cuento, Letras Cubanas, 2015).
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Preámbulo obligatorio
En 1998 supe de la existencia de Alberto Garrido a través de mi amigo y narrador Delis Gamboa, ambos queríamos ser narradores. Mejor dicho, leímos los volúmenes de cuentos Nostalgia de septiembre y El otro viento del cristal, aunque no sea ese el orden de publicación. Todavía ninguno de los dos lo conocíamos personalmente. Hablamos de la prosa y las obsesiones de los personajes en las historias de Garrido, discutimos su manera de hacer, la suerte que había tenido en encontrar a personas que lo ayudaran en el mundo de la escritura, como Guillermo Vidal, aparejado a su talento innegable.
Aún era 1998 cuando supimos la noticia del Premio de cuento en La Gaceta de Cuba y el Premio de novela erótica La llama doble. Al año siguiente el premio de cuento Casa de las Américas con El muro de las lamentaciones. Ya sabíamos que con sólo veintidós años la flecha se había clavado cerca del blanco.
En ese mismo año yo estudiaba en la vocacional y asistía diariamente a la biblioteca escolar, leía un poco y revisaba todas las revistas que no eran muchas, pero que llegaban. Así me topé con La Gaceta de Cuba donde Alberto Garrido, le respondía varias preguntas a Amir Valle, en una entrevista que conservo en un aparte de mi biblioteca personal. Desde entonces me di a la tarea de leerme unos cuantos libros que hasta ese momento habían influido en él y se habían convertido en sus libros inolvidables.
Delis y yo discutimos cada libro de Garrido como si fuera uno de los escritores que conforman nuestro Grupo de narrativa Hacedor en el árido y remoto Jiguaní. Él se entera en este momento que devoramos sus libros y lo pensamos línea a línea, porque a pesar de ciertos olvidos en separatas que estudian el cuento cubano, no sabemos por qué, Garrido se ha mantenido escribiendo con la profundidad que lo caracteriza desde los comienzos.
Siempre hemos pensado -esto no es vana apología, aclaro- que Alberto Garrido es uno de los escritores cubanos contemporáneos que escribe con el alma puesta en su mundo narrativo, al margen de farándulas y ambientes, al margen claro, por vivir en Las Tunas y por haber pasado ya a una etapa de la vida donde la creación se convierte en una esperanza para ayudar a quienes nos rodean, por supuesto legado que José Soler Puig le trasmitiera de alguna manera. Sus textos marcan la dureza, pero muestran alguna salida para que nuestras almas no queden completamente en pena.
Un nuevo círculo
Cuando Delis regresó de la Feria Internacional del libro en República Dominicana me contó que había compartido con Garrido. No me habló mucho de lo que hicieron en programas literarios, pero sí insistentemente que había leído El círculo de los infieles. Me dijo que Alberto estaba participando en el premio Casa de Teatro y que desde entonces él también, como otros de la delegación cubana, confiaba en el premio. Y así fue, en agosto lo vimos en la prensa; y Delis, muy emocionado me lo dijo: Lo sabía, eso tenía que ser el premio. Garrido sin tampoco saberlo, se entera en este momento, brindamos y festejamos porque la literatura de la Cuba profunda, la verdadera literatura, la comunicativa, la que nos pertenece de muchas maneras, volvía a traspasar las fronteras.
Cuando llegó la edición de Letras Cubanas en 2006 Delis alcanzó afortunadamente un ejemplar y lo pasamos de mano en mano por el grupo, así lo ven ya todo desgastado y rayado. Siempre comentamos la necesidad nuestra de participar en una de estas presentaciones.
El círculo de los infieles, pertenece a una trilogía, ha declarado Garrido, que comenzó con la novela La leve gracia de los desnudos, le continúa este texto y le sigue La fe y los condenados. El círculo… es un nuevo texto de Garrido que no permite pasar inadvertido para ningún lector: el más culto o el más popular. Es un libro que nos hace olvidar las obligaciones diarias y lo leemos hasta de pie, en un carro, o en cualquier parte y de cualquier manera.
Alberto vuelve sobre círculos concéntricos de su narrativa, circunferencias con disímiles tangentes. No sabemos, al menos yo no puedo distinguirlo, si la novela está hecha sobre la base de palabras o sobre la base de imágenes, se superponen las palabras y las imágenes en una especie de exposiciones personales de cada uno de los personajes.
Se hacen evidentes en estas páginas las relaciones de amistad y familiar, el compromiso con el tiempo que le correspondió vivir, sin intentos de renovar el discurso, priorizando la historia; el tratamiento del cuerpo, la sensualidad y el cambio de la conciencia a través de elementos culturales vuelven a retomarse. Es un engendro de la filosofía de Spinoza: la esencia del hombre es el deseo y dice el narrador personaje, las mujeres aman y destruyen al mismo tiempo.
El círculo… trasciende el chisme literario de un grupo de escritores y lo que significa para un escritor estar en La Habana, El Infierno. A través de un narrador personaje reflexivo que expone situaciones límites, demuestra cómo lo trágico se convierte en elementos risibles. Aquellos que conocen parte de la historia de la literatura santiaguera pueden darle varias lecturas y establecer inconsciente ciertas comparaciones, pero recordemos que las obras literarias no son el reflejo fiel de la vida y los que nos rodean.
Quiero compartir un fragmento que disfruté y marqué:
Sin coraje no hay literatura, amigo. O escribo para exorcizar mis fantasmas. Si escribo es para vaciarme, para asomarme al hueco que todos temen… en Bruno hay un virus, una manía, una ambición de conocer y hacerse conocer… no digo nada, sólo sonrío y eso hace que les caiga bien, que me pregunten por mi libro, mi único libro cuando ellos, con la misma edad, ya tienen seis o siete escritos, que son como curieles… un escritor es un comedor de carroña, escarbando en las miserias humanas para que sigamos conscientes de que este mundo sin Dios está jodido… Vine, se refiere a el infierno, como muchos, con el deseo de huir del anodino mundo provinciano. Los del Infierno nos repudian porque alcanzamos a más la pobreza, conquistamos sus mujeres, arrebatamos sus trabajos, negociamos cualquier cosa, y corremos al estadio a apoyar a los otros equipos… no hay nada más mentiroso que la literatura realista, esa que contamina el territorio autónomo de las palabras. El mundo está loco porque salgan los Kundera y Solzhenitzin cubanos. No es menos cierto que muchos han estado intentándolo. Y una que resume de cierta manera la novela: la historia es tiempo, y el tiempo, muerte. La historia es censura también.
El círculo… ratifica también las palabras que le concediera el propio Garrido a Amir Valle en aquella entrevista de 1998, donde demuestra que él no es infiel a sí mismo:
El universo de los personajes es para mí lo más importante antes de emprender un texto narrativo. Los voy modelando lentamente, acosándolos y juzgándolos y luego, cuando son lo suficientes maduros los dejo actuar libremente… y esos son los que quedan, los que te llevan a situaciones límites que imantan el texto.
La historia la escriben los hombres y el hombre miente. Si algo me interesa de la Historia es la posibilidad de comprender, incluso a través de sus mentiras o hipérboles, el ritual atávico del género humano. El hombre siempre ha sido el mismo, siempre destruyéndose, siempre temiendo a la muerte, siempre deseando salvarse. La literatura cuenta la historia secreta de los pueblos, la verdadera historia.
Reafirma, como dijera Amir, que su producción literaria de mayor madurez está en torno a una recreación de un ambiente lúdicro intelectual y a un concepto de la universalidad en la literatura nada provinciano.
Personalmente, amigos, me quedé esperando que en este año Garrido volviera a ser premio de la crítica literaria, de todas maneras el principal premio, creo yo, es el reconocimiento que hacen los lectores a obras de buena factura, ya hemos dicho que varios premios solo significan dinero al autor y sin embargo, los empobrece.
