«Tú tienes lle-ca», me dijo el chico que había conocido en la interminable cola de un viejo cine limeño al que había ido sola, poco después de cumplir mi mayoría de edad a finales de los años ochenta. En esa ocasión a aquel simpático muchacho le entendí que se refería a que yo no le parecía tonta, sino lista, o sea, astuta; es decir, en otras palabras y por el machismo que salía de su mirada: le parecía bien ‘zorra’. Y es que la verdadera escuela de la vida en las grandes urbes del mundo como Lima parece tener que ser la escuela de las calles, primero las de tu barrio y luego las que vas conquistando poco a poco; solo que en sociedades como la Lima de ese entonces las aceras parecían reservadas para cosas de hombrecitos y no de niñas. Pero, de verdad: ¿nos dejan alguna moraleja las veredas, las esquinas, la avenida, la callecita, el pasaje? Leer más…
La mirada al abismo: Nietzsche profeta
El profeta y analista del más importante y profundo tema de la modernidad, la muerte de Dios, o más preciso, la dificultad creciente de la creencia racional en Dios, es Friedrich Nietzsche. La creencia en Dios, en un propósito trascendental dictado por un ser sobrenatural, es ahora, al menos en occidente, mucho más difícil de asumir, ha sido usurpada por las explicaciones naturalistas de la evolución de las especies, el comportamiento de la materia en movimiento y las causas inconscientes de los comportamientos y actitudes humanas. No obstante, sin Dios o un propósito trascendente es muy difícil soportar el peso de la existencia, el sufrimiento, la muerte inevitable, el horizonte inexorable de la nada de donde venimos y a donde vamos. Leer más…
Verdad y ficción en el México de Jorge Volpi
Resulta paradójico que la mejor novela de Jorge Volpi esté ambientada en México; después de todo, a mediados de los noventa él fue punta de lanza del Crack, un grupo de escritores que entre sus principales postulados señalaba la necesidad de la ruptura de esa alianza tan cercana entre nación y narración que ha existido en la literatura mexicana (y latinoamericana). De esas paradojas está hecha la literatura; Una novela criminal, ganadora del premio Alfaguara 2018, es, más allá de que contradice el manifiesto del Crack, un gran libro.
Una novela criminal se presenta como «documental» o «sin ficción», y se basa en el célebre caso de la francesa Florence Cassez, arrestada a mediados de la década pasada y acusada de pertenecer a una banda de secuestradores; los años demostraron que todo fue un montaje de la policía y la justicia mexicanas (por ello, Cassez debió pasar siete años tras las rejas, y su pareja y supuesto líder de la banda, Israel Vallarta, sigue en la cárcel). Aunque Volpi sigue la pista a los numerosos expedientes del caso y a toda la documentación existente, también es lo suficientemente flexible como para arriesgarse a imaginar los vacíos cuando es necesario.
La novela pasa por diferentes fases: en la primera parte Volpi desmonta el operativo de la AFI -Agencia Federal de Investigación- contra Cassez y su «banda», para concluir con contundencia que la organización criminal no existía y que el arresto, visto en directo por los espectadores a través de Televisa, era «una ficción meticulosamente construida por la AFI, convertida para el efecto en una agrupación teatral». Pero Volpi no se queda ahí y luego se enfoca en el proceso judicial al mismo tiempo que en el frente diplomático, que llega a una crisis por la decisión del presidente Calderón de no dar su brazo a torcer frente a las presiones francesas, incluso cuando era claro que el proceso mostraba fallos gruesos (Calderón quería victorias mediáticas en su «cruzada» contra la violencia que asolaba al país).
Sabemos que los gobiernos latinoamericanos usan el poder judicial como un arma arrojadiza para arrinconar a quienes ven conveniente; el mérito de Volpi consiste en arrojar luces sobre la forma específica en que se lleva a cabo este abuso. De a poco, Volpi acumula pruebas para mostrar cómo este caso policial puede servir de núcleo generador de una «verdad» social. La «verdad» de la novela sirve para entender la forma en que en México las instituciones al servicio de los ciudadanos -el poder judicial, la policía- son capaces de armar «una argamasa de verdades y ficciones» con tal de arribar a conclusiones decididas de antemano: se puede acusar sin problemas a los inocentes si es que un par de policías de peso -Luis Cárdenas Palomino y Genaro García Luna- ha decidido inventarse un triunfo para el gobierno (las razones suelen ser incluso más burdas y arbitrarias). En un sistema tan corrupto como el mexicano, ya no se trata simplemente de mentir de manera sistemática, sino de crear un ambiente donde estas mentiras «ya no incomodan a nadie y la distinción entre verdad y mentira se torna irrelevante».
Cassez fue liberada gracias a la presión internacional. El mexicano Israel Vallarta no tenía quien presionara por él, y por eso sigue en la cárcel. Una novela criminalsugiere que es inocente. Pero estamos en México, donde no hay presuntos inocentes sino presuntos culpables, de modo que Israel seguirá ahí hasta que un poderoso no decida hacerle caso a los expedientes sino a su intuición o necesidad política.
Velada entre amigos
Desde hace algún tiempo vengo trabajando fuerte en mi actual proyecto literario. Confieso que este verano ha sido duro, tanto por lo mucho que he debido estudiar y escribir como por ciertos asuntos de orden familiar que no viene al caso mencionar aquí. Pero lo cierto es que apenas he tomado algún que otro baño en las playas —hermosas como pocas— del lugar de España donde vivo. Tal vez por eso aprecié tanto la visita de una pareja de amigos que hace unos días vinieron a casa para compartir un rato de buena conversación a la hora de la puesta del sol y la caída de la tarde. Era agosto y la noche se presentaba calurosa; pero en la terraza corría el fresco, el vino estaba frío y la mesa bien servida, ideal para recordar vivencias, historias y amistades compartidas. Por esto y porque nos debíamos noticias de todo tipo —libros y autores, compatriotas y colegas, ideas y planes futuros— las horas corrieron y nos dejaron el recuerdo de una linda velada entre viejos amigos. Desde hacía unos meses no conversaba durante varias horas seguidas con gente de mi tierra. Los de esta historia son personas inteligentes, honestas y con intereses parecidos a los nuestros. Con ellos comparto el desarraigo y la nostalgia por la Cuba que fue. Coincidimos también en muchos juicios y opiniones sobre el estado actual del mundo. Y compartimos, sobre todo, la pasión por las letras y la buena literatura. No he dicho, ni creo que haga falta decirlo, de quiénes hablo aquí. Son, sencillamente, un matrimonio de cubanos que, como nosotros, decidieron un día emprender el camino del exilio. Leer más…
Jugar a los nazis

Jóvenes neonazis durante los funerales del líder neonazi Mauricio Egaña en el Cementerio General en Chile.
A principios de los años noventa tuve la oportunidad de servir como columnista en un periódico costarricense. De las muchas columnas que escribí, la que causó mayor impacto fue una titulada “Jugar a los nazis”. Para ser honesto, no recuerdo detalles de su contenido, pero sí tengo presente una de las motivaciones: el ser o querer se nazi cuando se ha crecido en América Latina. Esa motivación partía de un recuerdo de adolescencia. Un compañero de colegio se me acercó una vez a proponerme que me uniera a un grupo nazi que él estaba formando. De mi reacción lo que ha quedado en mi memoria es una frase como, “Si vos y yo nos presentamos a los nazis de verdad en Alemania, no va a pasar mucho antes de que nos ejecuten”. Lo que quiero rescatar de la anécdota es tanto una posición moral –el nazismo es malo– como una identitaria: solamente con ciertos rasgos y cierta herencia se puede optar al nazismo. El ser nazi surge por exclusión. Leer más…
Una pastilla de jabón
La noche anterior su mujer salió del baño, se sentó en la cama para secarse los pies y le dijo, algo molesta: “Ya se acabó el jabón”.
Había usado la última astilla, ya casi del fino de una hoja de papel, hasta que se diluyó entre sus dedos, sin poder enjabonarse todo el cuerpo. Por eso su molestia. Él la conocía y desde aquellos primeros años del noviazgo, cuando ambos eran muchachones con deseos de comerse el mundo que se habían subido al carro de la Revolución de Fidel dispuesto a dar su vida por cambiar ese mundo tan imperfecto e injusto donde vivían, él siempre había admirado en ella su limpieza, su empecinamiento en andar olorosa, su vicio de andar detrás hasta de las motas de polvo que, cada día, entraban por las ventanas hacia los muebles de la casa adonde se fueron a vivir después que se casaron. Leer más…




