La cuarentena me agarró en la ciudad de Xalapa en un momento en que se acumulaban planes; entre ellos la difusión de un par de libros recién publicados que no alcanzaron a distribuirse. Estaba en el punto más alto del entrenamiento para mi primera salida internacional A competencias de natación. Además, a punto de terminar la corrección de mis Memorias. ¿Qué hacer con todo el tiempo libre que se anunciaba? ¿Y con toda la energía acumulada por no poder ir a entrenamientos a la piscina?
Como días antes de la declaratoria de la cuarentena ya se comenzaba a comentar que pronto íbamos a vernos confinados en casa, justo el día anterior al día “C” fui a la biblioteca universitaria y tomé prestados cuatro libros. Uno, de Joseph Roth, Confesiones de un asesino; otro, una antología de aforismos de Lichtenberg; Miedo a los cincuenta, de Erika Jong y Juventud en Viena, de Arthur Schnitzler.
Así equipado, con un par de libros míos que tenía en proceso y un par de pesas de dos kilos y medio (“para fortalecer mis bíceps”) me dispuse a afrontar la afortunada circunstancia… Porque ya se sabe: los mejores presos somos los escritores: nadie disfruta más de los encierros y la soledad que los escritores… y las santas.
De modo que en el tiempo libre que me dejaba el lavar platos, barrer, trapear, ir al mercado y al supermercado (enmascarado y con una especie de casco de astronauta al frente) (bueno, la verdad es que la mayor parte del trabajo no la hacía yo, sino mi poco sufrida y no resignada esposa que durante el encierro refinó las técnicas de tortura conyugal convencionales) pude cumplir con proyectos aplazados. El primero: revisar y dejar terminado el libro que llamé Memorias indiscretas. Para cumplir cabalmente mi propósito decidí subir a Facebook por lo menos diez páginas diarias, de modo que al final del mes de abril tendría publicadas las 300 páginas de las que constaba el libro. Lo logré, con el acompañamiento de un número de lectores diarios que variaban de cero a 84. Hubo días en que no encontraba ni un comentario y otros en los que se acumulaban 20 o 30.
Una vez cumplido cabalmente mi propósito de corregir y publicar en Facebook mis Memorias, ofrecí públicamente terminar la escritura de una novela que desde hace muchos años tengo atravesada. También ofrecí publicarla por entregas en Facebook. Se llama La plenitud del amor y no tengo dudas de que cuando este artículo sea publicado en Otro lunes la obra estará terminada y publicada.
De modo que el confinamiento ha sido para mí muy productivo. El juicio sobre la calidad de lo escrito se lo dejo a los futuros lectores.
Falta decir que soy adicto a comprar cosas viejas y que en una de esas visitas al monte de piedad adquirí una báscula alemana. Todos los días de esta cuarentena, religiosamente, me he pesado desnudo del todo y después de ir al baño a desocupar. El objetivo ha sido bajar de peso, pues de acuerdo a mi estatura antes del confinamiento (un metro ochenta) y mi peso (noventa y nueve kilos) tenía diez kilos de sobrepeso.
El razonamiento para querer bajar de peso fue el siguiente: cuando estoy nadando voy arrastrando diez kilos de más: como si llevara una bolsa de papas además de mi cuerpo… Y si logro liberarme de esa bolsa de papas, podré nadar más rápido. De modo que sin diez kilos de sobrepeso y con unos bíceps poderosos gracias a las pesas podré nadar más rápido y ganarle a los dos o tres nadadores máster que generalmente me han ganado en competencias mexicanas ¿Resultado? En los cuarenta días de confinamiento he bajado cinco kilos.
Y sin embargo ya quiero que acabe este encierro. Extraño la absoluta soledad que se consigue en casa cuando mi esposa, mi hijo mayor y mi nieta están cada uno en sus actividades y yo reino a mis anchas en mi cabaña de madera en el tercer piso. Y extraño, naturalmente, los extenuantes entrenamientos de natación.
¿Balance? Terminé dos libros propios: mis Memorias y la novela que he tenido en la punta de la tecla desde hace casi 30 años, La plenitud del amor. Mis bíceps engordaron y estoy listo para ayudar a difundir los dos libros ya publicados, Cuentos ligeramente perversos y Formas de luz (el sentido de la melancolía). Y en junio de 2021 espero estar compitiendo en el Campeonato panamericano de natación máster en Medellín.
Y lo que sucedió fuera de mi confinamiento ya lo saben. Millones de muertos. Desde los tiempos del Decamerón de Boccaccio ha habido quienes sacan de la desgracia ajena algún producto no tan deplorable. No es una disculpa. Es un hecho histórico.
