El bordado

Poesía

Catalina Espinosa


Catalina Espinoza (Santiago, 1987). Licenciada en Literatura Hispánica y Chilena por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Magister en Literatura Latinoamericana y Chilena en la Universidad de Santiago de Chile. Ha sido becaria de la Fundación Pablo Neruda en dos ocasiones: el año 2009 en La Sebastiana, Valparaíso; y el 2012 en La Chascona, Santiago. Parte de su obra ha sido publicada en diversos formatos, destacando: Antología 10 años de poesía en Balmaceda (Balmaceda Arte Joven2009), Entrada en Materia: 17 poetas jóvenes chilenos (Altazor, 2014), Niñas con Palillos (Balmaceda Arte Joven, 2014), proyecto desarrollado junto al colectivo homónimo y ganador de la Beca Jóvenes Talentos de la Fundación Mustakis. Actualmente hace clases de Lengua y Literatura en la periferia de la ciudad.

–***–

I

El bordado fue siempre un sacrificio:

quedarse en silencio para hallar otros modos de escritura
mientras nos destrozábamos los dedos
en el ir y venir de puntos nada más ornamentales
consiguiendo formas ininteligibles y repetidas
en las que pedía, ubicaras mi corazón.

II

Sospecho que este cuidado puede mal interpretarse:
quererse es una falta de respeto
y yo lo intento demasiado.

 

III

Dijo que la mujer que borda no puede ser mala persona

como si en cada puntada no nos ardiera la sangre.
Como si la labor no significara ir rebanando la tela
así como se rebana la carne
así como se rompen otros textiles.

 

IV

Cree que no me hago daño
que la aguja no llega al fondo de las yemas
que es imposible que un dedo se llame corazón
que el codo no está conectado a los nervios
que si me golpeo no debo sobarme.

Me ignora, supongo.
Lo he bordado tanto, supongo.

 

V

Le digo que no se preocupe
se acordará de mi de todos modos
pues dejé hebras en la alfombra
y varias agujas en el suelo de su pieza:

todos artículos imposibles de recoger fácilmente.