Bruno Vidal: La oveja se viste de lobo

Salvador Gaete


Bruno Vidal es en sí mismo un juguete de guerra, libros como Arte Marcial, Poesía de Guarda y Rompan Fila, lo sitúan en el imaginario literario chileno como ejemplos de una radicalidad extrema, por lo mismo, siempre ha sido complejo leerlo desde alguna vertiente literaria, precisamente porque parece más bien romper con la tradición que lo antecede. Aún así, se le emparenta, de manera forzada a mi parecer, con poetas como Nicanor Parra, José Angel Cuevas o Elvira Hernández. Es cierto que es fácil concebir su trabajo como antipoesía, o que con los dos últimos comparte el tratamiento de lo político, pero el gesto brutal de ser “la voz de los victimarios” de la dictadura cívico-militar chilena, no tiene antecedentes, al menos en las letras chilenas. Por tanto, me propongo leer a Bruno Vidal desde otra perspectiva: la poesía del horror, la poesía de lo inenarrable, en particular lo confrontaré con parte del trabajo del poeta judio rumano Paul Celan, en un intento de encontrar las claves que permitan asir la propuesta de Vidal.

Aunque la decisión de identificarse con los vencedores, en Vidal, es un acto performativo, la manera de abordarlo debiera ser similar a la del analista que interpreta un sueño, es decir, eludiendo la fascinación fetichista de la forma y tratar de descifrar el por qué ha tomado esa forma.

En los años 50, el filósofo Theodor Adorno sentencia la imposibilidad de escribir poesía después de Auschwitz, mucho se ha interpretado de esta lapidaria frase, pero podríamos acotarla a dos elementos: La catástrofe es un fenómeno de la ilustración,pues ha sido la razón quien ha engendrado la violencia. La lírica sólo podría abordar el horror desde el reduccionismo de un lamento. Lo que parece constatar Adorno, es que las herramientas propias de la ilustración han sido quienes han provocado la barbarie, han sido utilizadas por el facismo, en especial la alegoría. La respuesta que contradice la sentencia del filósofo es Paul Celan, no porque a pesar de Auschwitz haya seguido escribiendo poesía, sería tomar la frase en sentido literal, sino porque lo hace impugnando la cultura alemana. Recordemos que los padres de Celan fueron víctimas del exterminio nazi. Para ilustrar la salida de Celan, respecto a la alegoría del horror, citaré un fragmento de su célebre poema «Todesfuge» (Fuga de muerte):

Él grita toquen más melodiosa la muerte la muerte
es un maestro de Alemania
él grita toquen más oscuro los violines entonces
subirán al aire como el humo
entonces una tumba tendrán entre las nubes allí se
yace cómodo

Celan personifica la muerte en un sádico maestro de orquesta, con esto impugna directamente a la cultura alemana, quien pronuncia la metáfora “subirán al aire como el humo” es el victimario. Celan retrata una estética del opresor, no sólo es un asesino desalmado, sino que tiene una sensibilidad, es también hijo de la ilustración, es capaz de concebir el genocidio como una épica. En otro texto, no publicado en vida por el autor, que se titula Simiente de Lobo, profundiza en otro elemento de interés para este artículo, él escribe en alemán, es decir debe realizar su arte en la lengua de los asesinos de su madre:

(…)

Madre, ellos escriben poemas.
Madre, ellos no los escribirían,
si no fuera por el poema que
yo escribí por
tu voluntad, por
voluntad
de tu
Dios.
(…)
Madre, ellos callan.
Madre, ellos toleran que
la vileza me calumnie.
Madre, nadie
corta a los asesinos la palabra.

El horror del poeta se multiplica al constatar que ellos, los asesinos escriben poemas, y que se alimentan de toda la cultura engendrada, es decir, la épica nacional socialista se constituyó como continuadora de una cultura determinada, no como su interrupción.

Es aquí, a mi parecer, desde donde debemos leer la poesía de Bruno Vidal, entrometido en esta discusión estética, tomando como referencia no Auschwitz, sino el horror de la dictadura militar chilena. La pregunta por tanto, se relocaliza ¿Es posible seguir escribiendo poesía después de los miles de detenidos desaparecidos, torturados, ejecutados políticos? ¿Es posible dar testimonio del horror a través de la alegoría? Esto, en un país atrapado en su propia histeria, entre el olvido y la reincidencia ¿No será que Vidal nos plantea, que nuestra épica, la retórica de los vencidos, la poesía maldita, es tierra fértil para una épica del opresor? Vidal, al igual que Celan, escribe con el idioma del enemigo, solo que esta vez producto de una decisión, toma las palabras, valores y gestos del enemigo como estrategia para abordar el horror, lo inenarrable:

«Estamos aquí para destruir sistemáticamente
………las matrices de significaciones preverbales»
«Nuestros enemigos deben percibirse a sí mismos
………como objetos totalmente destruidos»
«Entiéndase bien:
…….. fragmentar, dividir, despedazar, borrar»

Vidal imagina una estética del opresor, es decir, si el torturador, el asesino escribiera poesía cuál sería su pulsión, cuál sería su gesto ajustado al arte contemporáneo. La posibilidad de esta pregunta encierra en sí misma un problema de carácter mayor,que tiene que ver con la tradición cultural y el genocidio. Es decir, si ciertos valores culturales conversaron o no con los valores de quienes planificaron y perpetraron los crímenes. La construcción de una épica del victimario es posible porque épica y violencia son hermanables, Vidal solo desplaza con eficacia ciertos elementos:

EL CRANEO, LA BOCA, LA ESTRIA, LA ENAGUA, EL OMBLIGO,
LA VAGINA DESTROZADA, EL ALAMBRE DE PUA ENQUISTADO,
EN EL CUELLO, LA MUERTE DE LA MILITANTE COMUNISTA
MARTA UGARTE
-pura objetividad del arte no comprometido-
INSTITUTO MÉDICO LEGAL
LA PAZ 1012 – TELÉFONO 370389
SANTIAGO – CHILE

Este texto brutal, organizado podríamos decir como “arte objetual”, es representativo de la apuesta de Bruno Vidal. No es el poeta quien habla, sino el cuerpo de la víctima fragmentado en el poema. El cuerpo como expresión artística de denuncia; en el desplazamiento clásico de Vidal, por supuesto, se trata del cuerpo del otro/a. Sin embargo, esta intervención sugerida nos remite a la realidad, o de manera más precisa al archivo, por eso la inclusión en el pie de página de los datos del Instituto Médico Legal (el lugar donde se almacenan los cadáveres). Vidal sabe que la comprensión cabal del texto requiere ser completada con la historia de Marta Ugarte, por tanto espera que el lector tome un rol activo.De acuerdo al informe de la  Comisión de Verdad y Reconciliación, Marta Lidia Ugarte Román es detenida desaparecida desde Septiembre de 1976, fue detenida en la vía pública por agentes del Estado y llevada a Villa Grimaldi. Murió el 9 de Septiembre de 1976 a causa de la tortura y su cadáver fue encontrado en la playa La Ballena, sector Los Molles en la Ligua. Podría objetarse la crudeza y frialdad del poeta, pero Vidal al remitirnos a los hechos históricos, nos muestra la crudeza y frialdad del acontecimiento real. Si seguimos indagando en la historia de la víctima encontraremos el nombre de uno de los victimarios, el ex agente de la DINA Cristián Álvarez Morales, cuyo testimonio se recoge en un artículo de La Nación Domingo del 25 de Marzo de 2007:

«El agente se dio cuenta de que uno de los sacos se movía. En Peldehue, todos estaban nerviosos y apurados. El ruido del helicóptero Puma, listo para elevarse, aportaba otra cuota de suspenso. El mismo agente sacó un cuchillo y abrió el saco. Marta Ugarte aún sobrevivía a la inyección. Entonces, el miembro de la DINA, con sangre fría, cortó uno de los alambres que ataban el trozo de riel al cuerpo de la dirigente comunista y la ahorcó. Luego, volvió a rehacer la amarra del saco como pudo, porque su jefe, Germán Barriga, gritaba apurando para que cargaran el último cuerpo a bordo de la nave».

El cuerpo de Marta Ugarte es un cuerpo que habla, pues a través de ella se da por primera vez a conocer el método operado por los agentes de la dictadura para desaparecer los cuerpos. El artículo de la Nación Domingo prosigue:

“…Mar adentro, en la costa de la V Región, el piloto hizo una seña y Cristián Álvarez Morales, el estrangulador, tiró unos ocho bultos al vacío. La falta de una de las amarras del riel permitió que en el fondo del mar éste se desprendiera, liberando su cadáver hacia la superficie. Por eso, Marta Ugarte salió desde el océano, transformándose en la única testigo de esa vía de aniquilamiento de casi mil prisioneros de la dictadura”.

Bruno Vidal cuando nos remite al archivo del Instituto Médico Legal, nos envía directamente al cuerpo de Marta Ugarte, es éste quien contiene el verdadero mensaje. Es un cuerpo que devela.

La propuesta de Bruno Vidal, es la respuesta más radical a la pregunta de cómo escribir poesía después del horror. Es cierto que hay elementos carnavalescos en sus textos, que podrían leerse en clave bajtiniana, pero su performance esconde el secreto psicoanalítico que disfraza lo Real. La fórmula que encontró el poeta para abordar el horror fue no construyendo alegorías esquivas, no eludiendo, sino enunciando, para que el lector atento encuentre las respuestas, no en el poema, sino en el archivo del horror.

Del Autor

salvador gaete

Salvador Gaete
(Santiago de Chile, 1973). Poeta y ensayista. Ha publicado Isis desertores (Mago editores, 2007), antologado en la publicación Lecturas de poesía. Su obra aparece en diversas revistas y suplementos literarios en Chile y el extranjero.